LAS LEYES
Platón


LAS LEYES.
UN EXTRANJERO, 
ATENIENSE (1).—CLINIAS, CRETENSE. MEGILO, LACEDEMONIO (2).
LIBRO PRIMERO.  Libro XII

ATENIENSE. Extranjeros, ¿quién pasa entre vosotros por el primer autor de vuestras leyes? Es un dios? Es un hombre? CLINIA8. Extranjero, es un dios; y no podemos conceder semejante título á otro que no sea un dios. Aquí es Júpiter; en Lacedemonia, patria de Megilo, se dice, según creo, que es Apolo (3). ¿No es cierto, Megilo? (1) Cicerón en el primer libro de sus Lej/ei dice que el extranjero
ATENIENSE es el mismo Platon. (2) Los tres personajes conversan, marchando i lo largo del camino desde Onosa k Creta, con dirección á la cueva j templo de Júpiter, fin de su viaje. (S) Júpiter, dice Cicerón, ó Minos, inspirado por Júpiter, si se da crédito á los poetas, dio las leyes & Creta. Tiue*l. 11.—Licurgo, dice también, hizo confirmar por la autoridad de Apolo Deifico las leyes que destinaba á Lacedemonia. Deditinit. I, 48.—Véase Herodoto. Cito, 65.—Polibio, X, 1. 58 MEGILO. Sí. ATENIENSE. ¿Refieres el hecho como Homero, el cual dice, que de nueve en nueve años iba Minos puntualmente á ver á su padre, y que en vista de las respuestas de este dios, redactó las leyes para las ciudades de Creta? (1) CLIMAS. Tal es, en efecto, la tradición admitida entre nosotros. También se dice que Radamanto, hermano de Minos, cuyo nombre no os es sin duda desconocido, fué el más justo de los hombres; y creemos nosotros, los cretenses, que ha merecido este elogio por su integridad e^ la administración de justicia. ATENIENSE. Muy digno es ese elogio, y cuadra perfectamente á un hijo de Júpiter. Yo espero, que habiendo sido educados vosotros, lo mismo uno que otro, en Estados tan bien administrados, no llevareis á mal, que durante el camino Conversemos sobre las leyes y la política. Por otra parte, según he oído decir, el viaje es largo desde Cnosa hasta la gruta (2) y templo de Júpiter. Los grandes árboles, que encontraremos por el camino, nos proporcionarán bajo su sombra lugar para descansar y para librarnos del calor de la estación. En nuestra edad será más oportuno que nos detengamos con frecuencia para tomar aliento; y así entreteniéndonos mutuamente con el encanto de la conversación llegaremos sin fatigarnos al término de nuestro viaje. aiNIAS. Extranjero, más adelante encontraremos en los bosques (1) Odüea,X1X. ITO. , (2) Es la grata donde Júpiter flió educado desde su Infancia por las abejas. DieUu ee*íi regtm pavere tud antro. TtofOio. 6tur$ittt, IT, tM. 59 consagrados á Júpiter cipreses de una altura y de una belleza admirables 7 praderías en donde podremos sentamos y descansar. ATENIENSE. Tienes razón. CUNIAS. Si, pero cuando lleguemos allá, entonces diremos esto con más gusto. Marchemos, pues, bajo los auspicios de la fortuna. ATENIENSE. Sea así. Y bien; dime, te lo suplico ¿por qué ha establecido la ley entre vosotros las comidas en común, los gimnasios y la clase de armas de que os valéis? CUNIAS. Es fácil, extranjero, á mi entender, conocer cuál ha sido entre nosotros la razón de estas instituciones. Observad la calidad del terreno en toda la Creta, y veréis que no hay en él llanuras como las de Tesalia. Y por lo tanto, así como en Tesalia están en uso las carreras de caballos, aquí lo están las carreras á pié, siendo estas entre nosotros un ejercicio más propio á causa de los accidentes del terreno. En este caso se encuentran las armas, cuya ligereza debe corresponder á este ejercicio, para que su peso no perjudique á la velocidad; y bajo este concepto no podían inventarse unas armas más convenientes que el arco y las flechas (1). Estas instituciones, por otra parte, han sido creadas en consideración á la guerra; y se me figura, que en todas las demás nuestro legislador no se propuso otro fin que este mismo; porque al ordenar las comidas en común, figúraseme, que tuvo en cuenta lo que pasa en todos los demás pueblos, que cuando están en campaña procuran comer juntos por vía de seguridad por todo el tiempo que dura (1) Es sabido que los oretanos eran loa mejores arqueros de la Grecia. 60 la guerra. Y con esto ha querido condenar el error de la mayor parte de los hombres, que no ven, que entre todos los Estados hay siempre una guerra permanente; y si es indispensable para la pública seguridad, en tiempo de guerra, que los ciudadanos coman en común, y que tengan jefes y soldados siempre dispuestos á cuidar de la defensa de la patria, no lo es menos en tiempo de paz; y así es efectivamente, porque lo que suele llamarse paz lo es sólo en el nombre, y realmente sin que exista declaración alguna de guerra, cada Estado está naturalmente armado siempre contra todos los que le rodean. Considerando la cuestión bajo este punto de vista, veréis que el plan del legislador de los cretenses, en todas las instituciones públicas y privadas, parte de la suposición de un estado de guerra continuo; y que al recomendarnos la observancia de sus leyes, ha querido hacemos comprender, que ni las riquezas, ni el cultivo de las artes, ni ningún otro bien nos servirían de nada si no fuéramos los más fuertes en la guerra, porque la victoria traspasa á los vencedores todas las ventajas de los vencidos. ATERIENSB. Veo, extranjero, que has hecho un estudio profundo de las leyes de tu país. Pero explícame eso mismo con más claridad. A mi juicio no consideras que un Estado está perfectamente ordenado, sino cuando su constitución le da sobre los demás Estados una marcada superioridad en la guerra, CLIMAS. SI, y creo que Megilo en este punto es de mi dictamen. VBGILO. Mi querido Clinias, ¿cómo podría un lacedemonio pensar de otra manera? ATENIENSE. Pero está máxima, que es buena tratándose de unos 61 Estados respecto de otros,.¿no será mala si se trata de una población respecto de otra? CLI1«IA8. Nada de eso. ATENIENSE. ¿Quieres decir que están en igual caso? CLIMAS. Sí. ATENIENSE. Pero quél ¿está en el mismo caso cada familia de una población respecto de las demás familias, que cada particular respecto de los demás particulares? CLIMAS. Sí. ATENIENSE. ¿Y será preciso que el particular mismo se mire á sí propio como enemigo? ¿Qué diremos á esto? CLIMAS. Extranjero ateniense (te injuriarla si te llamara habitante del Ática, y creo que mereces que se te llame más bien con el mismo nombre de la diosa) (1), has dado á nuestra discusión nueva claridad volviéndola á su principio ; de suerte que ahora te será más fácil reconocer si tenemos razón en decir, tanto respecto de los Estados como de los particulares, que todos son enemigos de todos y que cada individuo está en guerra consigo mismo. ATENIENSE. Explica eso; te lo suplico. CLIMAS. Con relación á cada individuo, la primera y más brillante de las victorias es la que se consigue sobre sí mismo; como igualmente de todas las derrotas, la más vergonzosa (6) Minerva, en griego 'AO^vi), de donde viene el nombre de Atenas y de Ateniense. 68 y la más funesta ea la de vecse vencido por si mismo; todo lo cual supone, que cada uno de nosotros vive dentro de sí en una guerra intestina. ATENIENSE. Cambiemos, pues, el orden de nuestro razonamiento. Puesto que cada uno de nosotros es superior ó inferior á sí mismo ¿diremos que esto tiene lugar igualmente respecto de las familias, de las poblaciones y de los Estados? ¿ó no lo diremos? CLIRIAS. ¿Qué quieres decir? ¿que los unos son superiores á sí mismos, y los otros inferiores? ATENIENSE. Sí. CLINIAS. Con mucha razón me haces esta pregunta, porque los Estados en este punto están absolutamente en el mismo caso que los particulares. En efecto, allí donde los buenos ciudadanos se sobreponen á los malos, que son los más, puede decirse de semejante Estado que es superior á sí mismo, y una victoria de esta especie merece con razón los mayores elogios; lo contrario se verifica donde lo contrarío sucede. ATENIENSE. No examinemos ahora si alguna vez puede suceder que el bien sea superior al mal, porque esto nos llevaría muy lejos. Comprendo tu pensamiento; quieres decir, que en un Estado compuesto de ciudadanos que forman una especie de familia, sucede algunas veces, que la muchedumbre de los malos, llegando á reunirse, hace uso de la fuerza para subyugar al pequeño número de los buenos; que cuando los malos tienen la superioridad, puede decirse con razón que el Estado es inferior á sí mismo y malo; y, por el contrario, que cuando están debajo, el Estado es bueno y superior á sí mismo. 63 CLINIAS. Es cierto que a primera vista parece eso difícil de concebir; sin embargo, es necesario convenir en que no es lo que pasa. ATENIENSE. Sea así, j ahora examinemos este punto. Supongamos muchos hermanos nacidos de un mismo padre y una misma madre. No seria una cosa extraordinaria, que los más de ellos fuesen malos, y que los menos fuesen buenos. cimiAs. No. ATENIENSE. No estaña bien ni en vosotros ni en mí el indagar si, siendo los malos los más fuertes, deberla decirse que toda la casa, toda la familia, es inferior ¿sí misma, y que si son los más débiles, es superior; porque no se trata aquí de examinar qué expresión conviene ó nó según el uso, lo cual seria cuestión de palabras, sino lo que es bien ó mal en materia de leyes según la naturaleza de las cosas. CLIMAS. Nada mis cierto que lo que dices, extranjero. MEGIO. Por lo que á mí hace, hasta ahora estoy contento de lo que acabo de oír. ATENIENSE. Consideremos ahora lo siguiente. ¿No puede suponerse' que estos hermanos, de que he hablado, tienen un juez? CLINUS.' Sin duda. ATENIENSE. ¿Cuál seria mejor juez? ¿el que hiciese morir i todos los malos, y mandase á los buenos que se gobernasen por si mismos; ó el que poniendo toda la autoridad en manos de los buenos, dejase vivir á los malos, después Je haberlos obligado ¿ someterse voluntariamente ¿ los primeros? Y 64 si se encontrase un tercero, que, tomando ¿su cargo poner el oportuno remedio ¿ las disensiones de dicha familia, sin hacer morir ¿ nadie, imaginase un medio de reconciliar los espíritus y hacerlos amigos para lo sucesivo, obligándolos á observar ciertas leyes, este tercero superarla indudablemente ¿ los anteriores. CUNIAS. Ese juez, ese legislador, seria el mejor sin comparación. ATENIENSE. Sin embargo, en las leyes que les propusiese, tendría un fín que seria diametralmente opuesto al de la guerra. CUMAS. Es cierto. ATENIENSE. [Pero qué! cuando se trata de constituir un Estado, ¿llegará el legislador á conseguir su objeto con más seguridad , dictando todas sus leyes en vista de las guerras exteriores más bien que de esta guerra intestina, llamada sedición, que tiene lugar de tiempo en tiempo en el interior de un Estado, y que todo buen ciudadano debe desear que no nazca jamás en su patria, ó si nace verla sofocada en su raíz? CLIMAS. Es evidente, que conseguirá mejor su objeto, formando su plan en vista de esta Segunda clase de guerra. ATENIENSE. Y en el caso de una sedición ¿hay alguien, que prefiera una paz comprada con la ruina de uno de los partidos y la victoria de otro, mas bien que con la unión y la amistad restablecidas entre ellos por medio de un buen acuerdo, volviendo toda su atención sobre los enemigos exteriores? CUMAS. No hay nadie que no prefiera para su patria esta segunda situación á la primera. 65 ATENIENSE. ¿Y puede el legislador desear otra cosa? CLINIAS. No, ciertamente. ATENIENSE. ¿No es consultando al mayor bien, como todo legislador debe formar sus leyes 7 CLINIAS. Sin contradicción. ATENIENSE. El mayor bien para un Estado no es la guerra ni lo es la sedición (por el contrario, se deben hacer votos porque no haya necesidad Üe ellas), sino la paz y la buena inteligencia entre los ciudadanos. La victoria, que un Estado consigue , por decirlo asi, sobre si mismo, puede pasar por un remedio necesario, pero no por un bien. Eso equivaldría á suponer, que la mejor situación posible del cuerpo humano es aquella en que se encuentra, cuando, estando enfermo, es purgado cuidadosamente por el médico, sin tener en cuenta que su mejor situación es aquella en la que no necesita remedios. Cualquiera que se atenga á esos mismos principios con relación á los Estados y ¿ los particulares, y considere como su objeto único y principal las guerras exteriores, no será nunca buen político, ni sabio legislador; antes bien es indispensable, que todo lo relativo á la guerra lo arregle en vista de la paz, en vez de subordinar la paz á la guerra. CLIMAS. Extranjero, lo que acabas de decir es muy exacto; sin embargo, ó mucho me equivoco, ó nuestras leyes, lo mismo que las de Lacedemonia, se preocupan enteramente de lo que pertenece á la guerra. ATENIENSE. Quizá es así, pero no es este el momento oportuno para hacer cargos á vuestros dos legisladores, antes bien
TOMO IX.
interroguémonos pacíficamente, como si su fin y el nuestro
fuesen uno mismo, y prosigamos nuestra conversación.
Hagamos comparecer aquí al poeta Tirteo, nacido, en
Atenas y ciudadano de Lacedemonia, el hombre que más
aprecio ha hecho de las virtudes guerreras, como se ve en
el verso que dice:
Creo indigno de elogio y no hago caso alguno
del que no se distingue en la guerra, aun cuando por otra
parte sea el más rico de los hombres y posea todas las preeminencias.
Y aquí el poeta las enumera casi todas. Sin
duda, Clinias, tú has oído recitar las poesías de Tirteo; en
cuanto á Megilo, creo que estará cansado de oirías.
IKGILO.
Dices verdad.
GlINIAS.
También de Lacedemonia han pasado á nosotros.
ATENIENSE.
Interroguemos los tres á este poeta, y digámosle: Tirteo,
poeta divino, tú has mostrado tu talento y tu virtud, colmando
de elogios á los que se han distinguido en la
guerra. Megilo, Clinias y yo estamos conformes contigo
en que esos elogios son justos, pero quisiéramos saber si
tus alabanzas y las nuestras recaen sobre unas mismas
personas. Dinos, por lo tanto, si reconoces, como nosotros,
que hay dos clases de guerra. Creo que no hay necesidad
de tener el espíritu de Tirteo, para responder que es cierto
que las hay; una, que todos llamamos sedición y que,
como antes dijimos, es la más cruel de todas las guerras.
También creo que estamos conformes en la segunda clase
de guerra, que es la que se hace á los enemigos exteriores
y á las naciones extranjeras, la cual es mucho más suave
que la primera.
CLmus.
Sin duda.

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ATENIENSE.
¿De qué guerra hablabas, Tirteo, y á qué hombres querías
alabar ó censurar? A mi juicio hablabas de las
guerras exteriores, porque dices en tus poemas, que no
puedes tolerar á aquellos que no se atreverían á
Mirar de frente la muerte sangrienta
Y venir á las manos con el enemigo.
Ck>n el texto de estos versos estamos autorizadosparadecir,
que tus alabanzas se dirigen á los que se distinguen en
las guerras exteriores, de nación á nación. ¿No se verá
Tirteo precisado á convenir en esto?
CLINIAS.
Sin duda.
ATENIENSE.
Nosotros, por el contrario, haciendo justicia ¿ los guerreros
de Tirteo, sostenemos, que deben ser preferidos, y
en mucho, los que se distinguen honrosamente en el otro
género de guerra, que es la más violenta; y tenemos en
nuestro apoyo al poeta Teognis, ciudadano de Hegara de
Sicilia (1), que dice:
Cirno, el hombre que es fiel, en el día de una sedición
Es más precioso que la plata y el oro.
Sostenemos, que el que se distingue en esta guerra,
mucho más peligrosa que la otra, supera en tanto al guerrero
de Tirteo, como la justicia, la templanza y la prudencia,
unidas ala fuerza, superan á la fuerza sola; porque
para ser fiel é incorruptible en la sedición, es preciso
reunir todas las virtudes; mientras que, entre soldados mercenarios
, que son todos, salvo un corto número, insolen-
(1) vivía hacia la Olimpiada LIX. Escribió sentencias en versos
elegíacos, de las que nos han quedado machos fragmentos dirigidos
& Cirno, joven que se propone educar.

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tes, injustos, sin costumbres y los más insensatos de todos
los hombres, se encuentran muchos que, según la expresión
de Tirtoo, se presentarán al combate con altivo continente
y arrostrarán la muerte. ¿A qué conduce todo este
razonamiento, y qué nos proponemos probar con él, sino
que todo legislador un poco hábil, y sobre todo el de Creta,
instruido como estaba por Júpiter mismo, no se propone
otro objeto que la más acrisolada virtud, la cual, según
Teognis, no es otra que una fidelidad á toda prueba en
circunstancias difíciles, fidelidad que se puede llamar
con razón justicia perfecta? Respecto á la virtud que Tirteo
tanto ha alabado, tiene indudablemente su mérito, y
este poeta supo elegir la mejor época para cantarla; pero
á pesar de eso, sólo puede ocupar el cuarto lugar en orden
y dignidad.
CLIMAS.
Siendo así, ¿excluimos á Minos de entre los legisladores
de primer orden?
ATENIENSE.
No es á él, ysí á nosotros mismos, mi querido Clinias, á
quienes tratamos de esa manera, cuando creemos que Licurgo
y Minos han tenido principalmente la guerra por
objeto en las leyes que han dado, el uno en Creta y el
otro en Lacedemonia.
CLINUS.
¿Y entonces que deberá decirse de Minos?
ATENIENSE.
Lo que creo conforme á la verdad, y lo que es justo
que digamos de una legislación hecha por un dios; á
saber, que Minos, al formar el plan de sus leyes, no se ha
fijado en una sola parte de la virtud, en la que es quizá
la menos estimable, sino en la virtud toda entera; y que
se ha inspirado en cada una de las especies que la componen
en los pormenores de sus leyes, siguiendo en esto un
camino bien diferente del que siguen los legisladores 

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actuales, que se ocupan únicamente del punto que tienen
necesidad de arreglar y proponer en el acto; éste, de herencias y
herederos; aquél, de las violencias; otros, en fin,
de una multitud de cosas de esta naturaleza; mientras
que, en nuestra opinión, la mejor manera de proceder en
materia de leyes es comenzar por donde nosotros hemos
comenzado, porque me ha gustado mucho la manera
como entraste á hablar de las leyes de tu país. Es justo, en
efecto, comenzar por la virtud, y decir, como tú has hecho,
que Minos no se ha propuesto otro objeto que éste en
sus leyes. Pero lo que no me ha parecido justo, es, que tú
has supuesto que sus miras se limitaban á una parte sola de
la virtud, y la menos considerable, y aquí tienes lo que me
ha comprometido á entrar enla presente discusión. ¿Quieres
que te diga cómo hubiera deseado que tú me hubieses
explicado esto y lo que yo esperaba de ti?
ÓLINIAS.
Si, dímelo.
ATENIENSE.
Extranjero, me habrías dicho, no sin razón las leyes de
Creta son singularmente apreciadas en toda la Grecia,
puesto que tienen la ventaja de hacer dichosos á los que
las observan, procurándoles todos los bienes. Hay bienes
de dos clases: unos humanos, otros divinos. Los primeros
están ligados á los segundos; de suerte que un Estado
que consigue los más grandes adquiere al mismo tiempo
los más pequeños, y no teniendo aquellos, está privado de
los unos y de los otros. A la cabeza de los bienes pequeños
estala salud, después sigue la belleza, luego el vigor ya
en la carrera, ya en los demás movimientos del cuerpo.
La riqueza entra en cuarto lugar; no el Pluto ciego, sino
él Pluto perspicaz que se ajusta á las reglas de la prudencia.
En el orden de los bienes divinos, el primero es la
prudencia, después viene la templanza, y de la mezcla de
estas dos virtudes y de la fuerza nace la justicia, que

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ocupa el tercer lugar; la fuerza es la cuarta. Estos últimos
bienes merecen por su naturaleza la preferencia sobre los
primeros; y es un deber del legislador el conservársela.
Por último, es preciso que enseñe, que todas las disposiciones
de las leyes se refieren á estas dos clases de bienes, en
concepto de que los bienes humanos se refieren á los divinos,
y estos á la prudencia, que ocupa el primer lugar.
Según este plan, arreglará primero lo concerniente á
los matrimonios; después el nacimiento y educación de los
hijos de ambos sexos, siguiéndoles desde su juventud hasta
su ancianidad, indicando lo que es digno de estimación ó
de reprensión en todas sus relaciones, observando y estudiando
sus dolores, sus placeres, sus deseos y todas sus
inclinaciones, y aprobándolas ó condenándolas en sus leyes
conforme á la recta razón. Y lo mismo respecto á sus enojos,
á sus temores, á las turbaciones que la adversidad
excita en el alma, y á la embriaguez que la prosperidad
provoca, y á todos los accidentes á que los hombres están
sujetos en las enfermedades, en las guerras, en la pobreza
y en las situaciones adversas; es preciso que les enseñe y
determine lo que hay de digno y de vergonzoso en la
manera con que se ha de conducir en todos estos conflictos.
Después es necesario que fije su atención en las fortunas,
para arreglar su' adquisición y su uso; que en todos
los convenios y pactos, libres ó involuntarios, que el
comercio ocasione, distinga lo justo de lo injusto, y las
convenciones equitativas de las que no lo son; que establezca
recompensas para los fieles observadores de las
leyes, y penas para los que las violen; y arregladas de
esta manera todas las partes de la legislación, concluirá
por ordenar lo relativo á la sepultura de los muertos
y á los honores que deben dispensárseles. Una vez establecidas
estas leyes, propondrá , para que cuiden de su
observancia, magistrados, de los cuales unos poseerán el
«espíritu y el pleno conocimiento, y otros no pasarán de

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lo que constituye la verdadera opinión; de manera que este
cuerpo de instituciones, unido y ligado en todas sus partes
según las prescripciones de la razón, se le vea marchar
conforme á las reglas de la templanza y de la justicia y no
de la riqueza y de la ambición.
Tales, extranjeros, la manera como deseaba, y deseo
aún, que os hubieseis explicado, demostrándome cómo
todo lo que acabo de decir se encuentra en las leyes de
Minos y de Licurgo, atribuidas á Júpiter y á Apolo Pitio;
y cómo el orden mismo, que acabo de indicar, se patentiza
en ellas á los ojos de un hombre, ¿ quien el estudio
y la práctica han hecho hábil en la legislación, mientras
que se oculta á las miradas de todos los demás.
CLINUS.
Extranjero, ¿que método deberá observarse en lo que,
después délo expuesto, resta por decir?
ATENIENSE.
Creo, que debemos de recorrer de nuevo todos los ejercicios
que pertenecen á la fuerza y de que ya comenzamos
á ocupamos; luego pasaremos, si queréis, á otra especie
de virtud, y de ésta á una tercera. El método, que observemos
en el examen de la primera, nos servirá de modelo
para la discusión de las siguientes, y discurriendo de esta
manera, haremos más agradable nuestro viaje. Concluiremos
por considerar la virtud en general, y demostraremos
, si los dioses lo permiten, cuál es el centro á donde
va á parar todo lo que hemos dicho hasta ahora.
MEGILO.
Muy bien. Comienza por nuestro compañero Qlinias,
que es el abogado de Minos.
ÁTINKNSK.
Sea asi, pero también será preciso, que tú y yo nos
sometamos é^ la misma prueba, porque en este punto
todos estamos igualmente interesados. Y así respóndeme.
¿Estamos conformes en que el legislador ha establecido las

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comidas en común y los gimnasios en consideración á la
guerra?
MEGILO.
Sí.
ATENIENSE.
¡y qué ha establecido en tercero y cuarto lugar? Permitidme
esta enumeración, porque quizá nos veremos precisados
á emplearla siempre que tengamos que hablar de lo
que yo llamo partes de la virtud, y lo mismo podría emplearse
cualquiera otro nombre, con tal que exprese el sentido
que yo le doy.
MBGILO.
Diré con gusto, y todo lacedemonio lo dirá también,
que la tercer cosa que el legislador ha establecido es la
caza.
ATENIENSE.
Tratemos, si es posible, de decir cuál es la cuarta ó la
quinta.
MBCILO.
Colocaría en cuarto lugar los ejercicios que tienen por
fin resistir el dolor, ejercicios muy frecuentes entre nosotros,
como las luchas, y ciertos robos, que no se pueden
ejecutar sin exponerse á graves compromisos. Además
tenemos un ejercicio llamado criptia, que es de un
efecto maravilloso para acostumbrar el alma al dolor (1).
Otro tanto digo del hábito que tenemos de marchar conlos
(1) Hé aquí, según Heráclito y Plutarco, en qué consistía la
criptia (del yerbo xpbTcrtiv ocultar); los jóvenes espartanos se dispenaban
por la campiña, se emboscaban de dia y sólo sallan de
sus escondites de noche para sorprender y matar los ilotas. Se
quería por este medio impedir la excesiva propagación de los esclavos;
pero según el Escoliasta, la criptia era simplemente un ejercicio
guerrero que tenia por objeto habituar los jóvenes á una
vida de emboscadas y fatigas. Los jóvenes espartanos, que se dejaban
sorprender, eran castigados severamente.

pies desnudos en el invierno, dormir sin abrigamos, servirnos
& nosotros mismos sin valemos de esclavos, y marchar
acá y allá por todo el país, lo mismo de noche que de
día. Los juegos, que se verifican con el cuerpo desnudo,
son también admirables, porque nos obligan á soportar el
exceso del calor. No concluirla jamás, si me propusiera
recorrer todos los ejercicios que tienden al mismo fin.
ATENIENSE.
Tienes razón, extranjero lacedemonio. Pero dime;
¿haremos consistir la fuerza únicamente en la resistencia
que se opone á los objetos terribles y dolorosos? ¿No se ejercita
igualmente luchando contra los deseos, los placeres
y las seducciones, que enervando el corazón hasta de los
que se creen más firmes, los amoldan como la cera á todas
sus impresiones?
MBGILO.
Creo que la fuerza se ejercita también en todo esto.
ATSRIBNSK.
Recordemos lo que se dijo antes. Clinias sostenía, que
hay Estados y particulares inferiores á sí mismos. ¿No es
así, extranjero de Cnosa?
CLIMAS.
Sí.
ATENIENSE.
Cuál de los dos, á tu parecer, merece con más motivo
el nombre de cobarde, ¿el que se rinde al dolor, ó el que
se deja vencer por un placer?
CLiraAS.
Me parece que este último; y todo el mundo está conforme
en decir, que el hombre que cede al placer es inferior
á sí mismo de una manera más vergonzosa que el que
cede al dolor.
ATIRIBNSI.
Y que! vuestros dos legisladores, inspirados por Júpiter
y por Apolo ¿sólo han establecido una fuerza coja, que

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sólo puede sostenerse por el lado izquierdo y se cae del
lado derecho hacia los objetos agradables y lisonjeros? ¿ó
esta fuerza puede sostenerse por uno y otro lado?
CLINIAS.
Yo creo que por uno y otro lado.
ATENIENESE.
Así como acabáis de mostrarme las instituciones de
vuestro país, que lejos de permitiros huir del dolor, os
ponen en frente de él. y os obligan á triunfar mediante la
esperanza de la recompensas y el temor de los castigos,
mostradme en igual forma cuáles son en vuestras dos ciudades
las instituciones que os enseñan á vencer el placer,
no evitándole, sino gustándole. ¿Hay en vuestras leyes alguna
cosa semejante con relación al placer? Dime lo que
03 hace igualmente fuertes contra el placer y el dolor, y
por consiguiente lo que os coloca en posición de vencer
todo lo que es preciso vencer, y no ceder á enemigos terribles
y que sin cesar nos rodean por todas partes.
MKGILO.
Me ha sido fácil referirte las numerosas leyes, que nos
dan armas contra el dolor; pero no me será tan fácil mostrarte
otras respecto al uso de los placeres, quiero decir,
leyes notables y sobre objetos importantes, porque sobre
objetos de poco interés ya podría presentar algunas.
CLINUS.
También por mi parte convengo en que me seria muy
difícil mostrarte algo de eso en las leyes de Creta.
ATENIENESE.
|0h, vosotros, los mejores de todos los extranjeros nada
dé lo que decís me sorprende. Sin embargo, si alguno
de los presentes, buscándolo verdadero y lo más perfecto,
encuentra algo que criticar en las leyes de nuestra patria,
no nos ofendamos por ello, y tomemos su critica en buen
sentido.

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CLINUS.
Exigencia justa, extranjero ateniense, que no debe
perderse de vista.
AnmiNsi.
Con tanta más razón, Clinias, cuanto que no seria propio
de nuestra edad disgustamos por un motivo semejante.
CLIMIAS.
No, sin duda.
ATENIENESE.
No se trata aquí de decidir sí se critica con razón ó sin
ella el gobierno de Lacedemonia y de Creta;. Y quizá estoy
yo en mejor posición que vosotros para saber lo que se
dice en los demás países. En efecto, por sabias que puedan
ser las demás leyes vuestras, una de las mejores es la que
prohíbe á los jóvenes toda indagación sobre lo que puedan
aquellas tener de bueno y de defectuoso, y que les
ordena, que, á una voz y de concierto, digan que son
perfectamente buenas, como que tienen los dioses por
autores, y que no escuchen á quien en su presencia hable
de ellas de otro modo; permitiendo sólo á los ancianos someter
sus observaciones sobre este objeto álos magistrados
y á los que sean de su edad, pero siempre estando ausentes
los jóvenes.
CLITUAS.
Perfectamente, tienes razón, extranjero; y como un
adivino hábil, que sabe lo que pasa lejos de él, tú has
conjeturado muy bien la intención que tuvo el legislador
cuando hizo está ley, y á mi entender nada has dicho que
no sea cierto.
ATENIENESE.
Puesto que no hay presente ningún joven, y que nuestra
edad nos da derecho para usar del permiso que nos
dispensa el legislador, no pecaremos contra su ley comunicándonos
aquí unos á otros nuestro modo de pensar
sobre esta materia.

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CUNIA8.
No; y asi critica sin escrúpulo todo lo que encuentres
reprensible en nuestras leyes, tanto más cuanto que nunca
es deshonroso reconocer que una cosa es defectuosa; sino
que antes, por el contrario, la censura hace posible el remedio
de los abusos para el que la escucha sin ofenderse,
ó más bien, con reconocimiento.
ATENIENESE.
Muy bien. Por lo demás os declaro, que no me resolveré
á censurar vuestras leyes, sino después de haberlas
examinado con toda la atención posible, ó más bien, no
haré más que proponeros mis dudas. Vosotros (cretenses
y lacedemonios) sois los únicos entre todos los griegos y
los bárbaros que conocemos, á quienes el legislador ha
prohibido el uso de las diversiones y de los placeres más
•vivos; mientras que en cuanto á las fatigas, á los peligros
y al dolor, ha creído, como dijimos antes, que si desde la
infancia se intenta evitarlos, cuando después se expone
uno por necesidad á ellos, se huye delante de los que
están en ellos ejercitados y se hace uno esclavo de los mismos.
Me parece, sin embargo, que un pensamiento
igual debía ocurrir al espíritu con relación á los placeres,
y que debía decirse á si mismo: si mis ciudadanos no procuran
desde su juventud experimentar los más grandes
placeres, si no están de antemano ejercitados en vencerlos
cuando se ven expuestos á ellos, de suerte que la tendencia,
que á todos nos arrastra hacia el placer, no les
mueva á cometer una acción vergonzosa, les sucederá lo
mismo que aquellos á quienes el peligro abate. Caerán de
otra manera y con mayor vilipendio en la esclavitud de
aqi)ellos, que serán bastante fuertes para resistir á los placeres,
de aquellos mismos á quienes se permite libremente
el goce de ellos, y que algunas veces están completamente
corrompidos; su alma sea en parte libre y en parte esclava;
y que merecerán el título de hombres verdaderamente

•77
valientes y verdaderamente libres. Ved si lo que digo os
parece razonable.
CLIMAS.
-Me parece tal mientras hablas; pero creer sobre la marcha
y á la ligera en materias de tanta importancia ¿no
cuadraría mejor á jóvenes y á hombres imprudentes que
á nosotros?
ATENIENSE.
Ahora, Clinias y tú, extranjero de Lacedemonia, si pasamos,
como nos hemos propuesto, de la fuerza á la templanza,
¿qué diferencia hay en este respecto, así como
acabamos de verlo en cuanto á la guerra, entre vuestras
repúblicas y las demás que sólo se gobiernan á la aventura?
MBGILO.
No es fácil decirlo.
CUMAS.
Yo encuentro, que las comidas en común y los gimnasios
están muy bien ideados para inspirar á la vez valor
y templanza.
ATENIENSE.
Veo bien, extranjeros, que en punto á leyes es difícil
arreglar todas las cosas, ni en teoría, ni en la práctica, de
modo que nadie tenga nada que decir; y me parece, que
con la política sucede lo que con la medicina, en la que es
imposible prescribir para cada temperamento un régimen,
que no sea al mismo tiempo dañoso y saludable en ciertos
conceptos. En efecto, vuestros gimnasios y vuestras comidas
públicas son ventajosas á los Estados bajo muchos
puntos de vista, pero tienen graves inconvenientes con
relación á las sediciones. Los milesios, los beocios y
los turienses suministran la prueba (1). Otro mal gra-
(1) .El abuso de los ejercicios del cuerpo habla hecho á estos
pueblos turbulentos j lu sediciones fteiles entre ellos.

78
visimo han causado los gimnasios, que ha sido el pervertir
el uso de los placeres del amor, tal como se halla arreglado
por la naturaleza, no sólo para los hombres sino también
para los animales; y vnestras dos ciudades, en primer
término, y los demás Estados en que se han introducido los
gimnasios, son la CMUsa de este desorden. Bajo cualquier
aspecto que se examinen los placeres del amor, sea en serio,
sea en chanza, es indudable, que la naturaleza los ha
ligado á la unión de los dos sexos, que tiene por objeto
la generación; y que cualquiera otra unión de varones con
varones y de hembras con hembras es un atentado contra
la naturaleza, que sólo ha podido producir el exceso de la
intemperancia. Todo el mundo acusa á los cretenses de
haber inventado la filbula de Ganimedes. Pasando Júpiter
por el autor de sus leyes, ellos han imaginado esta
fábula aplicándosela á él, á fin de poder disfrutar este
placer á ejemplo de su dios; pero abandonemos esta ficción.
Cuando los hombres se proponen hacer leyes, casi
toda su atención debe fijarse sobre estos dos grandes objetos,
el placer y el dolor, tanto con relación á las costumbres
públicas como á las de los particulares.
Son dos fuentes abiertas por la naturaleza que corren
incesantemente. Todo Estado, todo hombre, todo animal,
que bebe en ellas en el sitio, en el tiempo y en la
medida oportunos, es dichoso; y por el contrarío, el que lo
haga sin discernimiento y fuera de proposito, es desgraciado.
MIGILO.
Extranjero, todo e^o es verdad mirado bajo cierto punto
de vista, y cuando buscamos medios de combatirlo, nos vemosmuy
embarazados. Sinembargo, creo que no sin razón
el legislador de Lacedemonia nos ha prescrito huir de los
placeres. Dejo á Clinias el cuidado de defender las instituciones
de Cnosa; con respectoá las de Esparta, me parece
que no es posible prescribir reglas mejores que las que allí

rigen tocante al uso de los placeres. La ley ha desterrado
de todo el pais lo que puede dar á los hombres ocasión
para entregarse á los excesos del placer, de la intemperancia
y de la brutalidad. Y asi en los campos y en las ciudades
dependientes de Esparta no verás banquetes, ni
nada de lo que es consiguiente á ellos, y que excita en
nosotros el sentimiento de toda especie de placeres. Si uno
encuentra un conciudadano, que haya llevado su diversión
hasta el punto de embriagarse, le castiga sobre la
marcha con la mayor severidad, sin que sirva de disculpa
al embriagado el haberlo hecho en las fiestas deBaco. Ño
es esto lo que sucede en vuestro pais, donde vi dias pasados
hombres en este estado en carrozas (1); ni lo que sucede
en Taranto, una de nuestras colonias, donde vi, el dia de
las bacanales, toda la población entregada ala embriaguez.
Nada de eso acontece entre nosotros.
ATEinBIfSB.
Extranjero lacedemonio, esta clase de diversiones son
laudables cuando se entrega uno á ellas con moderación;
y sólo perjudican cuando se llevan al exceso. Por otra parte
, nuestros atenienses podrían también volver ataque por
ataque echándoos encara el abandono en que dejais vivir á
vuestras mujeres (2). En fin, en Tarento, lo mismo que
(1) En Atenas, durante lu bacanales, gentes enmascaradas
iban en carretas por las calles j dirigían toda clase de injurias á
los que pasaban. También representaban farsas j i esta grosera
diveraion debe su origen el mks noble de los espectáculos.
Ignoíum trágica genut invenüse Canmnm
Dicitwr, etplaUstrit vewit$e Thespit,
Qua canerent agere*tq%e perwuti ft$eib%t ora.
, Hontie, JM ar(. fott., tTIt.
(2) Aristóteles echa en cara i Licurgo el haber despreciado
lo relativo á las mujeres; y affade que en todas partes donde se ha
omitido este punto, la' mitad del Batado no tiene lejes. Véase la
Política, n, 9.

entre nosotros y entre vosotros, una sola razón basta par»
justificar todos esos usos y probar que están bien establecidos.
Al extranjero, que se sorprenda á la vista de una
costumbre á que no está habituado, todo el mundo tiene
derecho á responderle: Extranjero, no lo extrañes; tal es
la ley entre nosotros; quizá entre vosotros será otra distinta.
Pero en esta conversación, mis queridos amigos, no
se trata de las preocupaciones del vulgo, sino de la sabiduría
y de la ignorancia de los legisladores mismos. Entremos
, por lo tanto, en algunos pormenores en punto á
los excesos de la mesa en general. Este es un punto de
grande importancia, y el arreglarlo bien no es para un
legislador vulgar. No hablo del uso del vino precisamente,
ni de si vale más beberlo que abstenerse de él. Hablo del
abuso en este punto y pregunto si es más conveniente
usarlo como los escitas, los persas, los cartagineses, los
celtas, los iberos y los tracios, naciones todas belicosas,
ó como vosotros. Vosotros os abstenéis completamente de
este licor, según tá dices, mientras que, por el contrario,
los escitas y los tracios lo beben siempre puro asi ellos
como sus mujeres; y llegan hasta derramar el vino sobre
sus vestiduras, persuadidos de que este uso nada tiene de
particular, y que en esto consiste la felicidad de la vida.
Los persas, aunque más moderados, tienen también en
esto un prurito que vosotros repugnáis.
HEGUO.
Así es, que á todos esos pueblos los hacemos huir cuantas
veces nos vamos á las manos con ellos.
ATENIKNSE.
Créeme, amigo mío; no des tanto valor á ese hecho,
porque ha habido y habrá aún muchas derrotas y victorias,
cuya causa es difícil señalar. No nos sirvamos de batallas
ganadas ó perdidas como si fueran una prueba decisiva
de la buena ó mala disposición de las leyes, porque esta
prueba es muy dudosa. En tiempo de guerra, los grandes

81
Estados vencen y subyugan á los pequeños. Y asi los siracusanos
han subyugado á los locrios, que pasan por
el pueblo más culto de esos países, y de igual modo los
atenienses han sometido á los habitantes de Ceos. Podrían
citarse otros mil ejemplos semejantes. Lo que más bien debemos
examinar es cada institución en sí misma y sin
fijarse en las derrotas y victorias. Digamos que tal costumbre
es buena en sí, que cual otra es mala; y, ante todo,
escuchadme sobre la manera como creo que debe examinarse
lo que es bueno en este género y lo que es malo.
MEGILO.
iCómo deberemos conducimos en este examen?
ATENIENSE.
Me parece, que todos aquellos que, discucurriendosobre
cualquiera costumbre comienzan por aprobarla ó desaprobarla
apenas han oido el nombre, no se conducen como
deben. Esto es precisamente lo mismo que si, diciendo alguno
que el trigo es buen alimento, se pusiera otro á contradecirle,
sin haberse informado antes de sus efectos, ni
de la manera como debe aprovecharse, ni cómo, ¿quién,
con qué, en qué estado, tanto respecto de la cosa como de
las personas, es preciso usarle. Hé aquí lo que vosotros y
yo hacemos en este momento. No hemos hecho más que
hablar de excesos de la mesa, y ya vosotros habéis prorumpido
en exclamaciones, al paso que yo lo he aprobado,
lo cual acredita poco juicio en vosotros y en mí, porque
para sostener nuestra opinión, no hemos hecho otra cosa
que acudir á testigos y autoridades; yo he creído decir
algo concluyente en favor de esta práctica, haciendo ver
que está en uso en machas naciones; y vosotros, por el
contrarío, os habéis apoyado en que los pueblos, que desconocen
semejante práctica, son superíores á los demás en
los combates, prueba muy equívoca, como ya hemos visto.
Si siguiéramos este mismo método en el examen de las
demás leyes, no caminaría nuestra conversación en la
TOMO IX. 6

82
forma que yo deseo. Para ventilar la cuestión que nos
ocupa, quiero proponeros otro método, que, á mi parecer,
es el que debe seguirse, y por este medio intentaré daros
una idea de la verdadera manera como debe tratarse esta
clase de asuntos; siendo tanto más imprescindible esto,
cuanto que si siguiéramos por el primer camino que habíamos
tomado, nos encontraríamos con una infinidad de
naciones, que de ningún modo estarían de acuerdo en este
punto con vuestras dos ciudades.
MEGILO.
Si el camino que propones, nos conduce más directamente
á nuestro objeto, habla; estamos dispuestos á oírte.
ATENIENSE.
Examinemos la cuestión de esta manera. Si alguno dijese
que era bueno criar cabras, porque de este animal se
puede sacar gran provecho, j otro pensase lo contrario
por haber visto pastar las cabras en terrenos cultivados
y causar en ellos grandes daños, y formase el mismo
juicio sobre cualquier otro animal, por haberle visto sin
pastor ó con mal pastor, ¿creeríamos que semejante oposición
pudiera tener de su parte razón alguna, cualquiera
que fuera el objeto sobre que recayera?
MEGILO.
No, seguramente.
ATENIENSE.
^Basta, para ser buen piloto, tener un conocimiento
exacto de la navegación, aun cuando por otra parte esté
uno expuesto á marearse? ¿qué diremos á esto?
MB6IL0. '
Nada de eso; la ciencia no sirve de nada al piloto que
esté expuesto i esa enfermedad.
ATENIENSE.
Un general de ejército, que posee el arte de la guerra,
¿se hallará en estado de mandar, si es tímido en el peligro
y el miedo turba su cabeza?

83
MECaO.
De ninguna manera.
ATENIENSE.
¿Y si i la vez fuese cobarde y sin experiencia?
MRGILO.
Seria muy mal general; más ¿ propósito para mandar á
mujerzuelas que & hombres de corazón.
ATENIENSE.
Pero aquél si alguno aprobase ó desaprobase una asamblea
cualquiera, que por su naturaleza debiese tener un
jefe y que podría ser útil estando bien gobernada, pero á
la cual no ha visto nunca ordenada y bajo la dirección de
un jefe y si abandonada á si misma ó mal conducida,
¿creeremos nosotros que la estimación ó el menosprecio,
que le merezca semejante asamblea, tenga algún peso?
MEGILO.
¿Cómo podría tenerle, si nunca ha tenido ocasión de ver
ninguna asamblea bien gobernada, ni de asistir á ella?
ATENIENSE.
Pues bien; los banquetes y los convidados que loa componen
¿no forman una especie de asamblea?
MEGILO.
Sin duda.
ATENIENSE.
¿Pero hay alguien que haya visto nunca orden y regla
en estos banquetes? Fácil os es á ambos responder, que
jamás lo habéis visto; esto no está en práctica entre vosotros,
y la ley os lo prohíbe. Pero yo que he asistido á muchos
banquetes en diversos parajes, y que he procurado ver
lo que pasa, os puedo asegurar, que no he visto, ni he oido
de uno solo donde todo pasase con regularidad. Es verdad
que en ciertos lugares se observa algo de orden en algunos
puntos, pero son estos contados y de poca importancia;
mas lo esencial, ó por mejor decir, el todo, de ninguna
manera está arreglado.

84
CLITIUS.
¿Qué quieres decir con esto, extranjero? Explícate con
más claridad; porque no teniendo nosotros, como has
dicho, ninguna experiencia de estas asambleas, aun
cuando asistamos á ellas, seremos quizá incapaces de
reconocer inmediatamente lo bueno ó malo que encierran.
ATENSSSB.
Así debe de ser. Escúchame, pues, porque voy á ponerte
al corriente en este asunto. Comprendes que en toda
asamblea, en toda sociedad, cualquiera que sea su objeto,
si ha de ser ordenada, necesita un jefe.
CLINIAS.
Si.
ATENIENSE.
Acabamos de decir que el jefe de un ejército ha de ser
valiente.
CUMAS.
Sin duda.
ATENIENSE.
El hombre valiente estará meaos expuesto á turbarse en
frente del peligro.
CLIMAS.
Es evidente.
ATENIENSE.
Si hubiere medio de poner á la cabeza de un ejército un
hombre, que no temiese nada y que no se turbase por
nada, ¿no haríamos los mayores esfuerzos para servirnos
de él?
CLIMAS.
Sin duda.
ATENIENSE.
Pero no fie trata aquí de un jefe que mande uN ejército
enfrente del enemigo en tiempo de guerra, sino de un jefe,
que en el seno de la paz presida á sus amigos, reunidos
para pasar algunos momentos en una fiesta.

88
CLINUS.
Muy bien.
ATENIEMSE.
Una asamblea semejante no puede tener lugar sin qoe
haya algún tumulto, si los excesos de la mesa aparecen
en ella; ¿no es así?
CLINUS.
Ciertamente, debe ser muy tumultuosa.
ATENIEMSE.
Luego lo primero que necesita una asamblea semejante
es un jefe.
CUMAS.
Si; no hay nada que lo necesite tanto.
ATENIENSE.
¿No es preciso, si es posible, proporcionar ala asamblea
un jefe enemigo de tumultos?
CLIMAS.
Sin duda.
ATENIENSE.
También es necesario que sea conocedor de las leyes
de semejante asamblea, puesto que su deber es, no sólo el
de vigilar por que se mantenga la buena amistad entre
los convidados, sino también el de trabajar para que estas
reuniones estrechen más y más los lazos que los unen.
CLIMAS.
Nada más cierto.
ATENIENSE.
Por lo tanto, es preciso poner al frente de esta reunión,
enardecida con el vino, un jefe sobrio y entendido, porque
si tiene las cualidades contrarias, si es joven, poco entendido,
y se embriaga como los demás, será una fortuna
que no resulten de esto graves males.
CLIMAS.
Convengo en ello.

ATENIENSE.
Si alguno, suponiendo estas asambleas arregladas en
el Estado tan perfectamente como sea posible, las condena
fundado en sus condiciones fundamentales, quizá semejante
censura sea racional. Pero si su censura no tiene otra
base que los grandes desórdenes que en ellas ha visto, es
evidente, en primer lugar, que ignora que las cosas no
pasan como deberían pasar; y en segundo lugar, que todo
aquello á que falte un superior ó jefe sobrio, está expuesto
á los mismos inconvenientes. ¿No observáis, en
efecto, que un piloto ó cualquier otro jefe, si está ebrio,
todo lo trastorna, nave, carruaje, ejército, en una palabra
, lo que se le ha confiado?
CLINUS.
Lo que acabas de decir, extranjero, es perfectamente
exacto. Pero desearía saber aún, qué ventaja podría resultar
de que en los banquetes se observasen las reglas que
tú has dado. Y, para servirme de los ejemplos que acaban
de citarse, un-buen general ala cabeza de un ejército es
para éste una prenda segura de la victoria, la 9ual no es
un bien pequeño, y lo mismo sucede con todo lo demás. De
igual modo ¿qué ventaja deberá resultar á los Estados y
á los particulares de un banquete arreglado con todo el
orden posible?
ATENIENSE.
¿Qué gran bien creéis vosotros que resultará á uñ Estado
de la buena educación de un niño ó de una cuadrilla de
niños? Si se nos hiciese esta pregunta, ¿no responderíamos
que un solo niño bien educado es poca cosa para todo el
Estado? Pero si me preguntases qué interés resulta al bien
público de la educación de toda la juventud, no sería difícil
responderte, que los jóvenes bien educados serán un
día buenos ciudadanos; que siéndolo, se conducirán bien
en todas ocasiones; y que particularmente en la guerra
conseguirán la victoria sobre el enemigo. Y así la buena

87
educación es causa de la victoria, pero la victoria & su
vez pervierte algunas veces la educación, porque se ha
visto con frecuencia que las empresas militares engendran
la insolencia, y ésta en seguida produce las mayores desgracias.
Nunca una buena educación ha sido funesta para
nadie, mientras que las victorias han sido y serán m&s
de una vez funestas para los vencedores.
CLI5IAS.
Figúraseme, que estás convencido de que los banquetes
, como reine en ellos el orden, son dé gran trascendencia
para la educación.
ATENIENSE.
No lo dudo.
CLIMAS.
¿Y podrás probarme la verdad de lo que dices?
ATENIENSE.
Como hay muchos, que son de dictamen contrario al
mío, sólo un Dios puede asegurar que en efecto sea exacto
lo que yo digo. Pero si queréis saber mi modo de pensar
sobre este punto, os lo comunicaré con gusto, ya que estamos
resueltos á pasar el tiempo hablando de las leyes y de
la política.
CLIMAS.
Por lo mismo deseamos saber tu dictamen sobre un
asunto en que están tan divididas las opiniones.
ATENIENSE.
Es preciso satisfacer vuestros deseos, y para ello prestadme
mucha atención; por mi parte redoblaré mis
esfuerzos para explicaros claramente mi pensamiento,
^ro ante todo es bueno haceros una advertencia. Los
atenienses, según opinión de toda la Grecia, gustan de hablar
y hablan mucho; los lacedemonios, por el contrario,
tienen fama de hablar poco; y los cretenses de ser más
pensadores qué habladores. Temo, por lo tanto, que me
tengáis á mi por un vano charlatán, cuando veáis, que doy

comienzo & un largo discurso tratándose de un objeto tan
fútil como los banquetes. Pero me es imposible explicaros
clara y suficientemente cómo deben ordenarse, sin deciros
algo tocante á la verdadera naturaleza de la música, y no
puedo hablar de música, sin abrazar todas las partes de
la educación, lo cual me obligará á entrar necesariamente
en largas discusiones. Y así deliberad sobre lo que deberemos
hacer, y si convendrá que, dejando este asunto por el
momento, pasemos á cualquiera otra consideración sobre
las leyes.
MRCILO.
Extranjero ateniense, quizá no sabes, que mi familia
está encargada en Lacedemonia de la hospitalidad pública
])ara con Atenas (1). Se ve con frecuencia que los jóvenes
, cuando son hospedados en una ciudad, la toman
afecto y la miran como una segunda patria después de la
que les dio la existencia; por lo menos yo he experimentado
este sentimiento. Desde mimas tierna juventud, cuando
oía á los lacedemonios alabar ó censurar á los atenienses,
ó cuando se me decía: Megilo, vuestra ciudad nos ha
servido bien ó mal en tal ocasión; tomaba yo sobre la
marcha la defensa de vuestros conciudadanos contra los
que hablaban mal de ellos, guardando siempre á Atenas
toda clase de miramientos. Vuestro acento me encanta, y
lo que se dice comúnmente de los atenienses, de que cuando
son buenos lo son en el más alto grado, me ha parecido
siempre exacto. Son efectivamente los únicos que no
deben su virtud á una educación forzada; nacen con ella y
la reciben de los dioses como un presente; es una virtud
franca y no afectada. Y así, por lo que á mí toca, puedes
hablar con confianza todo lo que tengas por conveniente.
CLINIAS.
Extranjero, cuando hayas oído y recibido favorable-
(1) Hpó^tvoa, projeno, a^nte encargado de recibir 7 servir de
auxiliar á loa extranjeros de tal ó cual ciudad.

89
mente lo que tengo que decirte por mi parte, creo que no
tendrás embarazo en hablar cuanto te parezca delante de
mí. Conoces sin duda de oídas & Epimenides; este hombre
divino era de Cnosa y de mi familia. Diez afios (1) antes
de la guerra de los persas, habiendo ido á Atenas por
orden del oráculo, hizo allí varios sacrificios que le había
prescrito el dios, y como los atenienses estaban esperando
la invasión de los persas, lea predijo, que éstos no vendrían
en diez años y que después de ver frustrada su empresa
, se volverían á su país, habiendo causado á los
griegas menos mal que el que ellos recibieran de éstos.
Entonces vuestros antepasados concedieron á mi familia el
derecho de hospitalidad, y desde aquella época ha continuado
siendo de padres á hijos muy amiga de los atenienses.
ATENIENSE.
Os veo muy bien dispuestos á escucharme, y yo respondo
de mi buena voluntad; pero temo que las fuerzas
me falten; sin embargo, hagamos un ensayo. (Comencemos
por definir lo que es la educación, y cuál es su virtud.
No podemos dispensarnos de comenzar por aquí la
discusión que traemos entre manos, hasta que ella nos
conduzca por grados al dios del vino.
CUMIAS.
Entremos en materia, si te parece conveniente.
ATENIENSE.
Mirad si la idea que me formo de la educación es de
vuestro gusto.
CUMAS.
¿cuál es?
ATENIEKSB.
La siguiente. Digo, que para ser un hombre completo
en cualquiera profesión, es preciso que se ejercite en ella
(1) Véase Tucídides, I. IM; j Plutarco, Vida d« Solom.

90
desde la infancia, lo mismo en sus diversiones que en los
actos serios, sin despreciar nada de lo que tenga relación
con la misma; por ejemplo, el que quiera ser un buen labrador
ó un buen arquitecto, es preciso que se entretenga
desde los primeros años, el uno en construir pequeños
castillos, el otro en remover la tierra; que el maestro que
los enseñe, facilite & uno y á otro pequeños instrumentos
modelados por los instrumentos verdaderos; que haga que
aprendan desde luego lo que es necesario que sepan
¿ntes de ejercer la profesión; por ejemplo, el carpintero á
medir y nivelar; y el guerrero ¿ montar á caballo ó cualquier
otro ejercicio semejante por vía de pasatiempo; en
una palabra, en preciso que por medio de juegos dirija el
gusto y la inclinación del niño hacia aquello á que debe
consagrarse, para cumplir su destino. Defino, por lo tanto,
la educación: una disciplina bien entendida, que por
vía de entretenimiento conduce el alma del niño á amar
aquello que, cuando se(i grande, debe hacer de él un hombre
cabal en el género de ocupación que ha abrazado.
CLINIAS.
Sí, sin duda.
ATENIENSE.
Pero no dejemos con una significación vaga lo que llamamos
educación. Muchas veces, en forma de alabanza ó
de censura, decimos de ciertas gentes, que tienen ó que no
tienen educación, siendo así que hau recibido una muy
buena para el tráfico, para el comercio marítimo y para
otras profesiones semejantes. A lo que parece, al hablar
así, no nos hemos fijado en esa educación propiamente
dicha, que tiene por objeto formamos en la virtud desde
nuestra infancia, y que inspira al hombre el deseó ardiente
de ser un completo ciudadano y de saber mandar ú obedecer
conforme á las reglas de la justicia. Ahora bien; ésta
es la que intentamos definir y que, á mi parecer, es la
única que merece el nombre de educación. En cuanto ala

91
que tiene por objeto la riqueza, la fuerza del cuerpo y el
talento, cualquiera que él sea, pero en la que la sabiduría
y la justicia no entran para nada, esta es una educación
baja y servil, ó más bien, una educación indigna de este
nombre. Pero no disputemos sobre el valor de las palabras
con el vulgo. Tengamos como positivo lo que acabamos de
sentar; que los que han sido bien educados se hacen por
lo común hombres estimables; que por-lo mismo no debe
despreciarse jamás la educación, porque es para un hombre
virtuoso la primera de las ventajas; y que si se está
desprovisto de ella, es preciso hacer los mayores esfuerzos,
durante toda la vida, para reparar esta desgracia, si
es que es posible.
CLIRIAS.
Tienes razón, y en todo estamos conformes.
ATENIENSE.
Pero ya convinimos en que los hombres de bien son
aquellos que tienen un imperio absoluto sobre sí mismos,
y los malos los que no le tienen.
CLIMAS.
Es cierto.
ATENIENSE.
Reproduzcamos y desenvolvamos más lo que entendemos
por esto, y permitidme que h&gB. un ensayo para ver
si con el auxilio de una imagen puedo ser más claro en mi
explicación.
CLINIAS.
COn mucho gusto.
ATENIENSE.
¿No admitimos que cada hombre es uno?
CLIMAS.
Sí.
ATENIENSE.
¿Y que dentro de él hay dos consejeros insensatos, en
oposición uno con el otro, que se llaman placer y dolor?

92
CLIMAS.
Asi es.
ATENIINSI.
A esto es preciso añadir el presentimiento del placer y
del dolor futuro, al que se da el nombre común de espera;
pero la espera del dolor se llama propiamente temor;
y la del placer, esperanza. La razón preside á todas estas
pasiones, y ella declara lo que tienen de bueno y de malo;
y cuando el juicio de la razón se convierte en una decisión
general para un Estado, entonces toma el nombre de ley.
CLINIAS.
Alguna dificultad tengo en seguirte; pero no por eso
dejes de continuar.
MKGILO.
En el mismo caso que Clinias me encuentro yo.
ATIMENSE.
De todo esto formemos ahora el concepto siguiente. Figurémonos,
que cada uno de vosotros es una máquina animada,
que sale de la mano de los dioses, ya la hayan
hecho por divertirse, ya en vista de un plan serio, porque
en este punto nada sabemos. Lo que si sabemos es, que las
pasiones, de que acabamos de hablar, son otras tantas
cuerdas ó hilos que tiran cada uno por su lado, y que á
consecuencia de la oposición de sus movimientos, nos
arrastran á cometer acciones opuestas; que es lo que constituye
la diferencia entre el vicio y la virtud. En efecto,
el buen sentido nos dice, que es un deber nuestro obedecer
sólo á uno de estos hilos, siguiendo siempre su dirección,
y resistir con firmeza á todos los demás. Este hilo no
es otro que el hilo de oro y sagrado de la razón, llamado
ley común del Estado. Los otros hilos son de hierro y ásperos,
mientras que éste es suave, porque es de oro;
además no tiene más forma que una, mientras los otros
tienen muchas y de muchas especies. Es preciso sujetar y
someter todos estos hilos á la dirección perfecta del hilo de

93
la ley, porque la razón, aunque excelente por su natura^
leza, como es dulce y extraña á toda violencia, tiene necesidad
de auxiliares para que el hilo de oro grobieme á loa
demás. Esta manera de representamos cada uno de nosotros
como una máquina animada, mantiene á la virtud
todos sus derechos, explica lo que quiere decir ser superior
ó inferior á sí mismo, y hace ver, que todo hombre,
que sabe cómo deben moverse todos estos hilos, ha de conformar
su conducta á este conocimiento; y que todo Estado,
ya sea deudor de este conocimiento á un dios, ya lo
sea á un sabio que por sí mismo lo haya adquirido, debe
convertirlo en ley de su administración, así interior
como exterior. Este conocimiento nos da nociones más claras
del vicio y de la virtud, y estas nociones á su vez nos
harán quizá conocer mejor lo que es la educación y las
demás instituciones humanas; y en cuanto á los banquetes,
que podía uno sentirse tentado á admirar como un objeto
de muy escasa importancia, para que nos hayamos
ocupado de él mucho tiempo
CLimAS.
No; todo lo contrario; bien merecen que lo hayamos tratado
po^ despacio.
ATENIENSE.
Muy bien; procuremos lleguar en ese punto á alguna
conclusión digna de tan largo discurso.
ClINIAS.
Habla, pues.
ATENIENSE.
Dime ¿qué sucedería á esta máquina, si se la hiciese
beber mucho vino?
CUNIAS.
¿Con qué intención me haces esa pregunta?
ATENIENSE.
No es aún tiempo de explicarla. Sólo pregunto en general
qué efecto producirá la bebida en la máquina; y

94
para que comprendas mejor el sentido de mi pregunta, te
suplico me digas, si el efecto del vino es dar un nuevo
grado de vivacidad ¿ nuestros placeres y ¿ nuestras penas,
¿ nuestros enojos y á nuestros amores.
CLIMAS.
Sin duda.
ATENIENSE.
¿Da asimismo una nueva actividad á nuestros sentidos,
' á nuestra memoria, á nuestras opiniones y á nuestros razonamientos?
¿ó más bien el vino, cuando se bebe hasta
embriagarse, extingue en nosotros todo esto?
CLINIAS.
Enteramente lo extingue.
ATENIENSE.
La embriaguez reduce, pues, al hombre, en cuanto al
alma, al mismo estado que cuando era niño.
CUNUS.
Precisamente.
ATENIKNSB.
Sin duda que en tal situación está muy distante de ser
dueño de sí mismo.
CLINIAS.
Si, ciertamente.
ATENIENSE.
La disposición de un hombre que se encuentra en tal estado,
¡no es muy mala?
CLINIAS.
Sin duda.
ATENIENSE.
Y así, al parecer, no es sólo el anciano el que se vuelve
niño, sino que lo mismo sucede á todo el que se embriaga.
CLINIAS.
Tienes razón, extranjero.
ATENIENSE.
En vista de esto, ¿crees que haya alguno tan atrevido,

95
que intente probar. no sólo que no debe huirse, cuanto
sea posible, de la embriaguez, sino que es conveniente
satisfacer algunas veces esta pasión?
CLIMAS.
Es preciso probarlo, puesto que á ello te has comprometido.
ATENIENSE.
Me he comprometido, es cierto; y estoy dispuesto á
cumplir mi palabra, visto el groa deseo de oírme que manifestasteis
ambos.
CLIMAS.
¿Cómo no hemos de estar deseosos de oírte, aunque no
fuera más que por lo sorprendente y extraño que es el decir
que un hombre debe de buena gana ponerse en el estado
más vergonzoso?
ATENIENSE.
¿Sin duda hablas del estado del alma?
CLINIAS.
Si.
ATENIENSE.
Pero aquél con relación al cuerpo, ¿te parecería extraordinario
que se consintiese en reducirle á un estado de
demacración, de deformidad y de debilidad, que causase
compasión?
CLIMAS.
Ciertamente.
ATENIENSE.
¡Qué! ¿creeremos que los que van á casa de los médicos
á tomar medicinas, ignoran que estos remedios, desde
el acto de tomarlos, los pondrán por muchos días en una situación
tan mala, que si hubiera de durar siempre, preferirían
la muerte? ¿No sabemos también que los que se
dedican á los penosos ejercicios gimnásticos, se ven en los
primeros días dominados por la debilidad?

96
CLINIA8.
Todo eso lo sabemos.
ATINRNSB.
Y además sabemos que ellos hacen de suyo esto á
causa de la utilidad que debe resultarles.
CLIT4IA8.
Es cierto.
¿No debe formarse el mismo juicio acerca de todas las
demás cosas de la vida?
CLINIAS.
SI.
ATSMBNSK.
Y en consecuencia ¿no sucede lo mismo respecto al uso
de los banquetes, si es cierto que tienen igualmente sus
ventajas?
CUMAS.
Sin duda.
ATENIENSE.
Luego si encontramos que esta costumbre encierra
tanta utilidad como la gimnasia, será justo que sea
preferida á ésta, puesto que la una va acompañada de
dolores, y la otra está exenta de ellos.
CUMAS.
Tienes razón; pero me sorprendería mucho si encontrases
en el uso de los banquetes la utilidad que pretendes.
ATENIENSE.
He ahí lo que es preciso que demuestre ahora. Respóndeme:
¿notasen nosotros dos clases de temores completamente
opuestos?
CLIMAS.
¿Cuáles son?
ATENIENSE.
Los siguientes. En primer lugar, tememos los males -
de que nos vemos amenazados.

97
CLINIA8.
Sí.
ATENIENSE.
Además tememos en muchas ocasiones la opinión desventajosa
que pueda formarse de nosotros, cuando damos
motivo para ello con acciones y palabras poco decorosas.
A este temor le llamamos pudor, y creo que sea
éste el nombre que se le da en todas partes.
CLINIAS.
Sin duda.
ATENIENB.
Tales son las dos clases de temores á que me refería.
El segundo ataca y combate en nosotros la impresión producida
por el dolor y por los demás objetos terribles, y no
es monos opuesto á la mayor parte de los placeres, y sobre
todo á los más grandes.
CLIMAS.
Tienes razón.
ATENIENSE.
No es cierto, que el legislador y todo hombre de buen
sentido tienen á este temor las mayores consideraciones y
que, dándole el nombre de pudor, califican de impudencia
la confianza que se le opone, mirándola como el
mayor mal que pueden experimentar los Estados y los
particulares?
CLINIAS.
Dices verdad.
ATENIENSE.
Este mismo temor constituye nuestra seguridad en
muchas ocasiones importantes; en la guerra, á él más que
á ninguna otra cosa se debe la salvación y la victoria. En
efecto, dos cosas contribuyen á conseguir la victoria; la
confianza enfrente del enemigo y el temor de desacreditarse
para con sus amigos.
TOMO n . 7

98
CLINIAS.
Es cierto.
Es preciso, pues, que cada uno de nosotros no tenga
miedo j sea temeroso á la vez, y ya hemos dicho
por qué.
CLIKUS.
Sí.
ATENIENSE.
Cuando se quiere hacer á alguno intrépido, ¿no se consigue
exponiéndole con precaución á toda clase de temores?
CLINIAS.
Sin duda.
ATENIENSE.
;Y qué haremos nosotros para inspirar á alguno el
temor de lo que debe temer? ¿No le pondremos frente á
frente de la impudencia? Y ejercitándole contra ella, ¿nO' le
enseñaremos á combatirse á si mismo yá triunfar de los placeres?
¿No es, luchando sin cesar contra sus tendencias habituales
y reprimiéndolas, como es preciso que adquiera
la perfección de la fuerza? El que no tenga ninguna experiencia,
ninguna costumbre de esta género de combates,
sólo será Tortuoso ¿ medias; jamás será perfectamente moderado, si no ha estado en pug^a con una multitud de sentimientos
voluptuosos y de deseos, que nos arrastran á no
avergonzamos de nada y á cometer toda clase de injusticias;
si no se ha ejercitado en vencerlas mediante la reflexión
y un método constante, así en sus pasatiempos
como en sus ocupaciones serias; y sí, por el contrario, nunca
ha experimentado los ataques de las pasiones.
CUMAS.
Así debe de ser al parecer;
AnNIENSB.
¡Pero aquél ¿ha dado algún dios á los hombres algún

99
brebaje para inspirar temor, de suerte que cuanto más de
él se beba, tanto más desgraciados se consideren, y tanto
más sientan aumentar el terror á cerca del presente y del
porvenir; que, tomado hasta el exceso, llene de espanto al
hombre más intrépido; y que, sin embargo, sea tal que el
hombre vuelva á su primer estado tan pronto como se
duerme y cesa de beber?
cimiAS.
Extranjero, ¿existe en la tierra un brebaje semejante
ATENIENSE.
No. Pero si lo hubiese, ¿no se valdría de él con utilidad
el legislador para inspirar valor? ¿Y no tendríamos
motivo para decirle: Legislador, cualquiera que sea el
pueblo á que des leyes, sea Creta ú otro, ¿no será el principal
objeto de tus cuidados conocer, por medio de una
prueba cierta, su modo de ser con respecto al valor y i la
cobardía?
CLINIAS.
No hay nadie que no responda que si.
ATENIENSE.
¡Qué! ¿no querrías también, que esta prueba pudiera hacerse
sin riesgo ni peligro grave más bien que de otra
manera?
CUMAS.
Todo legislador preferirá hacerlo sin riesgo.
ATENIENSE.
Y te servirlas de este brebaje para probar el alma de
tus ciudadanos, asegurándote de sus disposiciones, empleando
los estímulos, los consejos y las recompensas para
hacerlos superiores á todo temor, llenando por el contrario
de oprobio á todo el que no se esfuerce en ser absolutamente
tal como quieres tú que sea; y si en estos ejercicios
mostrasen buena voluntad y valor, nada tendrías que
temer de tu parte, mientras que en otro caso no podrían

100
esperar otra cosa que castigos, ¿ó bien renunciarías á
emplear absolutamente este brebaje, ¿un cuando por
otra parte no estuviese sujeto ¿ ningún inconveniente?
cimus.
¿Y porqué razón, extranjero, no había de emplearlo un
legislador?
ATENIENSE.
Esta clase de prueba, mi querido amigo, sería de una
maravillosa facilidad, en comparación de las de hoy día,
para todo el que quiera ejercitarse solo, frente afrente de
si mismo, ó con otros, en grande ó en pequeño número. Y
si por pudor y temeroso de ser apercibido en este estado
¿ntes de estar suficientemente aguerrido, prefiriese ejercitarse
en la soledad, en lugar de valerse de otras mil cosas,
no tendría que hacer más que echar mano de este
brebaje y podría estar seguro del buen éxito. Lo mismo
sucedería, si fiando bastante en sus disposiciones naturales
y en los ensayos hechos, no temiese ejercitarse con
otros y dar en su presencia una prueba de su fuerza, para
superar las penosas é inevitables impresiones de este brebaje;
de suerte que no dejase escapar ninguna acción
indecente, y que tuviese bastante virtud para preservarse •
de toda alteración, y con tal que se retirase ¿antes de haber
bebido con exceso, temiendo los efectos de este brebaje
capaz al fin de echar por tierra ¿ cualquiera hombre.
CLINIAS.
SI, sería prudente usar de él de ese modo.
ATENIENSE.
Volvamos a nuestro legislador. Es cierto, le diremos,
que los dioses no han hecho ¿ los hombres el presente de
un remedio semejante contra el miedo, y que tampoco
nosotros hemos podido imaginarle, (porque yo no cuento
con los encantadores), pero no tenemos un brebaje, cuyo
efecto es inspirar una seguridad y una confianza temerarias
é indebidas? ¿Qué dices ¿ esto?

101
CLINIAS.
Tenemos uno, responderá; y éste es el vino.
ATENIENSE.
¿No tiene esta bebida una virtud completamente opuesta
al brebaje de que acabamos de hablar, haciendo por lo
pronto al hombre más alegre que estaba antes, llenando
su alma, á medida que bebe, de mil bellas esperanzas;
dándole una idea más ventajosa de su poder, y, por
último, inspirándole una plena seguridad de hablar de
todo como si nada ignorara, y haciéndole de tal manera
libre, de tal manera superior á todo temor, que sin
detenerse, dice y hace todo lo que le viene á la imaginación?
CLIMAS.
Todo el mundo convendrá contigo en eso.
MBGILO.
Sin duda.
ATENIENSE.
Recordemos ahora lo que hemos dicho há poco: que
hay dos cosas, en las que es preciso aguerrir nuestra
alma; la una, no temer nada es ciertas ocasiones; y la
otra, temerlo todo en otras.
CLINIAS.
Me parece que á este segundo temor le dabas el nombre
de pudor.
ATENIEN8B.
Justamente. Puesto que la fuerza y la intrepidez no
pueden adquirirse sino ejercitándose en arrostrar las
cosas terribles, veamos si para el objeto opuesto es indispensable
emplear medios contrarios.
CLINIAS.
Asi parece.
ATENIENSE.
Por consiguiente, en las cosas que tienen la virtud de
producir en nosotros una confianza y un atrevimiento 

102
extraordinarios, es donde debemos buscar un remedio á la
impudencia y al desenfreno, aprendiendo ¿ ser tímidos
y circunspectos, para no decir, hacer, ni sufrir nada de
que tengamos que avergonzamos.
aiMAS.
Así debe de ser.
ATENIKNSB.
¿Qué es lo que expone á incurrir en semejantes faltas?
¿No es la cólera, el amor, la intemperancia, la ignorancia,
la codicia, la cobardía, y también las riquezas, la
belleza, la fuerza? ¿Noes, en fin, todo lo que nos embriaga
con el placer y nos hace perder la razón? Ahora bien;
para ensayar desde luego estas pasiones y ejercitarse
después en vencerlas, ¿hay una prueba más fácil y más
inocente que la del vino? y cuando se toman las precauciones
convenientes, ¿hay una diversión más propia á
este efecto que la de los banquetes? Examinémoslo de más
cerca. Para reconocer un carácter excéntrico y huraño,
capaz de mil injusticias, ¿no es más peligroso tratar con
él á nuestro riesgo y ventura, que examinarle en un festín
báquico? Para asegurarnos si un hombre es esclavo de
los placeres del amor, le confiaremos nuestras hijas,
nuestros hijos y nuestras mujeres, y haremos un ensayo
de sus costumbres con riesgo de lo que nos es más querido?
No concluiría nunca, si me propusiese exponer todas
las razones que prueban lo ventajoso que es estudiar los
diversos caracteres así, en una diversión, sin parecer quererlo
y sin correr ningún peligro; y estoy convencido de
que no hay nadie, sea cretense ó de otro país, que no reconozca
que esta manera de sondear el alma de otro es
muy conveniente y, entre todas las pruebas, la menos
costosa, la más segura y la más corta.
«•UMUS.
Es cierto.

103
ATENIENSE.
Ahora bien; aquello que permite conocer el carácter y
la disposición de los hombres, es sin duda la cosa más
útil al arte, cuyo objeto es hacerles mejores; y éste es,
A mi juicio, uno de los objetos de la política. ¿No es así?
CLIMAS.
Seguramente.
 

Libro XII
 


ATENIENSE Si alguien finge ser un embajador o heraldo del estado ante un gobierno. extranjero, o, si realmente fue enviado, no informa las propuestas que se le encargan llevar, si al final se descubre que no ha informado de su misión como embajador o heraldo de lo que tiene oído por los enemigos o aliados, será juzgado, como el de un hombre impío que violó, a pesar de la ley, las instrucciones y órdenes de Hermes y Zeus, y, si está convencido, calcularemos qué oración o qué multa tendrá que sufrir. Robar dinero es algo indigno de un hombre libre; deleitarlo es un rasgo de impudicia. A ninguno de los hijos de Zeus le gustaba practicar tampoco, ya sea por fraude o violencia. Que nadie cometa tales fallas, sea seducido por poetas u otros contadores de historias, y solo crea robando o robando, no hace nada vergonzoso y hace solo lo que hacen los dioses; porque esto no es ni verdadero ni verosímil, y quien viola la ley no es ni dios ni hijo de los dioses. El legislador debe, por supuesto, conocer mejor qué son todos los poetas. ¡Quien cree en nuestro discurso es feliz y puede serlo siempre! Pero si alguien se niega a creerlo, entonces lucha contra la próxima ley. Para que el tesoro público sea robado de una suma grande o pequeña, la multa será la misma; porque, al robar una pequeña suma, uno muestra la misma codicia, pero menos poder, y el que se apropia de la mayor parte de un depósito que no ha hecho es tan culpable como él. él había tomado todo el asunto. Por lo tanto, no es de acuerdo con la grandeza del robo que la ley juzgue a uno más punible que el otro, porque tal vez uno todavía sea curable y el otro no. Más. Por lo tanto, si un extranjero o un esclavo se convence en el tribunal de haber robado el dinero público, los jueces se preguntarán si es probable que pueda ser enmendado, para decidir la sentencia o la multa que debe ser infligido. Pero si un ciudadano, criado de acuerdo con nuestros principios, se sorprende de robar su patria de manera violenta o violenta, haya sido o no atrapado en el acto, será castigado con la muerte como incurable sin duda. II. En lo que respecta a las expediciones militares, habría muchas cosas buenas que hacer y muchas cosas por hacer. Pero lo más importante es que no hay nadie, ni hombre ni mujer, que escapa a la autoridad de un líder y que se acostumbra, ya sea en peleas serias o en juegos para actuar solo y solo, pero siempre, en paz como en la guerra, todos tienen los ojos puestos en el líder, lo siguen y se dejan gobernar por él, incluso en las cosas más pequeñas; que, por ejemplo, cuando él lo ordena, uno se detiene, uno camina, uno se esfuerza, uno toma un baño o una comida, uno se despierta para montar la guardia o para transmitir órdenes: En medio del peligro, nadie debe ser perseguido, y uno retrocede ante alguien solo en una señal de los jefes, en una palabra, que uno no se acostumbra a hacer nada solo, aparte de otros. y que no buscamos saber y saber absolutamente nada sin ellos, sino que vivimos todos y siempre, tanto como sea posible, agrupados en una vida común. No hay ni habrá ni habrá una mejor manera de invención, ni de arte más efectivo para asegurar al Estado la salvación y la victoria de la guerra. Esto es lo que los ciudadanos deben practicar desde la infancia, incluso en tiempos de paz; deben aprender a mandar y obedecer; es necesario desterrar el espíritu de independencia de toda la vida de todos los hombres y animales sometidos a los hombres. Incluso en la institución de los coros de baile, es al valor bélico que uno debe apuntar, cultivando para este propósito agilidad y habilidad. También es para este fin que uno debe entrenarse para padecer hambre, sed, frío, calor, dormir en una cama dura y, lo que es más importante, no para debilitar la fuerza. cabeza y pies, envolviéndolos con cuerpos extraños y evitando así que el cabello natural crezca y que las plantas de los pies se endurezcan. Porque, como la cabeza y los pies están en los extremos del cuerpo, tienen la mayor influencia sobre él, según se los mantenga en buenas o malas condiciones; porque los pies son los mejores sirvientes del cuerpo, y la cabeza está especialmente hecha para mandar, ya que es en ella donde la naturaleza ha puesto todos nuestros principales sentidos. Esto es lo que los jóvenes deberían imaginar en el trabajo de guerra, que han escuchado que los elogien, y aquí están sus leyes. Todos los que han sido alistados o encargados de una misión en particular irán a la guerra, y si uno de ellos abandona el ejército sin la licencia de los generales, será acusado de negarse a servir, acusado a su regreso de la campamento. Será juzgado por todos los que han participado en la expedición, por la infantería y la caballería por separado, y por todos los demás cuerpos de tropas. El soldado de infantería será trasladado ante los soldados de infantería, el jinete ante los jinetes y los demás ante sus cuerpos. Aquel que es condenado nunca más podrá clasificarse por el precio del valor, ni acusará jamás a nadie de haber evadido el servicio, ni actuará en ese sentido como un denunciante; Además, el tribunal calculará la pena o la multa que tendrá que pagar. Luego, cuando se hayan juzgado los juicios por denegación de servicio, los líderes volverán a reunir todo este cuerpo de tropas, y el que pretenderá pagar el precio del valor será juzgado en su cuerpo de tropas, pero no mencionará ninguna guerra. previo, no llamará a ningún testigo, no alegará ninguna afirmación de testigos para confirmar su dicho; él solo hablará de la expedición que acaba de tener lugar. El premio de la victoria será para cada uno (los ganadores una corona de olivo, que dedicará en el templo de las divinidades guerreras que elegirá, con una inscripción que atestiguará toda su vida que fue juzgado digno del precio Los ganadores del segundo y tercer premio harán lo mismo. Si alguien, habiendo ido a la guerra, regresa a casa antes de tiempo, sin haber sido despedido por sus jefes, será perseguido por deserción ante los mismos jueces que están a cargo de los juicios por denegación de servicio, y está convencido de que le infligirán las mismas penas que infligieron a las anteriores. En todas las acusaciones que se puedan presentar, se debe tener cuidado, en la medida de lo posible, de acusar a alguien de cometer un error, voluntaria o involuntariamente; porque se dice, y con razón, que la justicia es hija de la modestia; sin embargo, la modestia y la justicia naturalmente odian las mentiras. Por lo tanto, es necesario en todas las cosas no pecar contra la justicia, pero es necesario especialmente cuando se acusa a alguien de haber arrojado sus armas en la lucha, por temor a que, sin tener en cuenta los casos en que un soldado se ve obligado a arrojarlos, hacerlos objeto de vergüenza y oprobio, e inducir acciones injustas a alguien que no lo merece. Aunque no es fácil distinguir uno de estos casos del otro, la ley debe intentar de alguna manera distinguirlos de acuerdo con las circunstancias particulares. Digamos entonces, recurriendo a la fábula, que si Patroclo, traído de vuelta a su tienda sin sus brazos, hubiera tenido otro aliento de vida, como le sucedió a otros mil, mientras que las primeras armas del hijo de Peleo, que los dioses tenían Los datos, dice el poeta, a Thetis, el día de su boda, estaban en manos de Héctor, todos los cobardes del ejército podrían haberle reprochado al hijo de Menaitios por haberle arrojado los brazos. También se podría mencionar a todos aquellos que perdieron sus armas por haberse precipitado de lugares escarpados, o que los perdieron en el mar o en lugares donde, sorprendidos por la tormenta, fueron arrastrados por torrentes de agua, y mil otros casos similares que se utilizan para justificar y excusar un mal difamatorio. Por lo tanto, es necesario, en la medida de lo posible, distinguir entre lo más vergonzoso y lo más desafortunado de lo que no es así. Esta distinción se encuentra, por así decirlo, en los nombres abusivos que uno se da a sí mismo en estas ocasiones. Por ejemplo, no sería justo decir que todos los que perdieron su escudo son cobardes porque lo han echado, y el caso de alguien que ha sido realmente despojado de su escudo por la violencia. No es lo mismo que el caso de quien lo ha deshecho deliberadamente; él difiere de eso en absoluto en todo. Entonces, establezcamos la siguiente ley: si alguien, sorprendido por los enemigos con sus armas en la mano, en lugar de enfrentarlos y defenderse, cobardemente los arroja voluntariamente o los arroja, prefiriendo asegurarse una vida vergonzosa con bastante rapidez que confrontando valientemente una muerte bella y feliz, uno tendrá acción contra él por haber deshecho sus armas tirándolas, mientras que para el caso citado anteriormente el juez no tendrá que encargarse de ello. Siempre debes castigar a los cobardes, para que mejoren, pero no los desafortunados; porque no avanza a nada. Pero, ¿cuál es el castigo que le conviene a quien, teniendo armas para defenderse, los arrojó a rendirse? No es posible que el hombre haga lo contrario de lo que se dice que hizo un dios cuando se metamorfoseó en un hombre, Thessalian Kaineus, que hasta entonces había sido una mujer ( 45 ). Sin embargo, para un hombre que se ha desprendido de su escudo, no hay un castigo que esté mejor justificado que la metamorfosis contraria a la de Kaineus, el cambio de hombre a mujer. Pero, para acercarse lo más posible a su amor a la vida, para que pase el resto de su vida sin correr ningún riesgo y viva el mayor tiempo posible en su cobardía y vergüenza, aquí está el ¿Qué lleva puesto en este tema? Si un hombre ha sido condenado por haber perdido vergonzosamente. sus armas de guerra, que ningún general u otro oficial admitirán a este hombre como soldado y no lo clasificarán en ningún cuerpo de tropas. Si no, el censor impondrá impuestos a quien lo haya admitido a las filas del ejército con mil dracmas de multa, si es de primera clase; en cinco minas, si es del segundo; a tres, si él es del tercero; a uno, si él es cuarto. En cuanto al condenado, además de ser removido, de acuerdo con su cobardía, de los peligros que corren los hombres, pagará una multa de mil dracmas, si es de la primera clase; cinco minas, si es del segundo; de tres, si es del tercero, y de uno, si es del cuarto, exactamente como el anterior. III
ATENIENSE. ¿Qué debería proponerse acerca de la censura ejercida sobre los magistrados instituidos, algunos por sorteo y por un año, los otros por varios años y con la opción? ¿Dónde puedo encontrar a alguien que pueda obligarlos a rendir cuentas, si uno de ellos, inclinado bajo el peso de su carga, no tiene la fuerza suficiente para ejercitarlo adecuadamente, es culpable de alguna acción sombría? ? Aunque de ninguna manera es fácil encontrar un magistrado superior a los demás en virtud, uno debe intentar descubrir a esos hombres divinos capaces de censurar a los demás. Hay muchas causas que pueden llevar a la ruina de un estado, como lo hay para un recipiente y para un animal en lo que llamamos varios nombres, resortes, cinturón, nervios y tendones, aunque, colocados en varios lugares, son de la misma naturaleza. Pero la censura en cuestión es sin duda uno de los factores más importantes para la preservación o descomposición de un gobierno; porque si los que hacen responsables a los magistrados son mejores que ellos, y si cumplen su función con toda justicia y de manera irreprochable, todo el país y el estado prosperan y prosperan. Pero si se comportan de otra manera en su censura, entonces la justicia, que es el vínculo común de todas las partes del gobierno, se disuelve, todos los magistrados chocan entre sí, y en lugar de conspirar para el mismo propósito, hacen que muchos de ellos sean una república, y se apresuran a precipitar su ruina. Esta es la razón por la cual los censores deben ser absolutamente admirables en todo tipo de virtud. Imagine un proceso para elegirlos. Cada año, cuando el sol ha pasado los signos del verano a los signos del invierno, todos los ciudadanos se reunirán en un lugar dedicado al mismo tiempo al Sol y Apolo para designar con el dios tres de ellos, cada uno escogiendo, para la exclusión de sí mismo, que él juzgará en todo sentido lo mejor, con la condición de que quien elija tendrá al menos cincuenta años. Entre los ciudadanos propuestos, uno tomará la mitad de los que hayan reunido la mayoría de los votos, si están en números pares; si son de un número impar, excluimos al que haya tenido el menor número de votos, y dejaremos de lado a la otra mitad, la que tendrá el menor número de votos. Si hay varios que tienen el mismo número de votos y que hacen la mitad más fuerte que el otro, eliminaremos el excedente empezando por el más joven; luego volveremos a votar sobre aquellos a quienes hemos admitido, hasta que quedan tres que no tienen el mismo número de votos; si los tres o dos de ellos tienen el mismo número, se dejará al destino y buena suerte; el ganador, y también el segundo y el tercero, y, después de haber pagado el precio de la virtud, a los tres, proclamar que la república de los Magnetos, habiendo obtenido una vez más su salvación del dios, ha designado al Sol a sus tres mejores ciudadanos, y que los consagra, según la antigua costumbre tanto de Apolo como del Sol, como los primeros frutos del Estado, para mientras su conducta responda el juicio que ha dado. Estos crearán el primer año doce censores, cada uno de los cuales permanecerá a cargo hasta la edad de setenta y cinco años, después de lo cual crearemos tres más cada año. Estos censores, dividiendo todas las oficinas públicas en doce partes, pondrán a prueba a quienes las llenen por todos los medios adecuados para hombres libres. Vivirán, mientras estén a cargo, en el lugar dedicado a Apolo y al Sol, donde fueron elegidos. Ellos juzgarán, a veces cada uno en particular, a veces todos juntos los magistrados liberados de su cargo, e indicarán al Estado, mediante un informe escrito de cada magistrado, que depositarán en el lugar público, la sentencia o la multa que habrán infligido a cada uno de ellos. Si un magistrado no está de acuerdo con la justicia del juicio en su contra, puede convocar a los censores antes, los jueces de élite, y, si su gestión se reconoce correcta, atacar a los censores, si lo desea. Pero si se lo declara culpable y los censores han pronunciado contra él la pena de muerte, se hará simplemente, muere, ya que no es posible duplicar esta sentencia; pero para aquellos que se pueden duplicar, pagará el doble. En cuanto a los censores mismos, debemos decir cómo, los trataremos. En su vida, aquellos hombres que la ciudad ha considerado dignos del precio de la virtud, tendrán el primer lugar en todas las asambleas solemnes. Además, en los sacrificios comunes a toda Grecia, en las delegaciones a las fiestas religiosas, y en todas las ceremonias que se realizarán en concierto con otro Estado, es entre ellos que se elegirán los líderes de cada delegación. enviará; solos, entre todos los ciudadanos, estarán adornados con una corona de laurel. Todos serán sacerdotes de Apolo y del Sol, y cada adnate será elegido para el sumo sacerdote, cualquiera que haya sido juzgado como el más digno de los sacerdotes del año anterior. Su nombre se inscribirá en los anales, de modo que puede servir para contar el número de años, mientras el estado subsista. Después de su muerte, la exhibición de sus cuerpos, su cortejo fúnebre, su entierro se hará de forma diferente que para otros ciudadanos. Estarán vestidos completamente de blanco; no los lloraremos, no gemiremos por ellos. Un coro de quince niñas y otro de quince jóvenes, colocados a cada lado de la cama fúnebre, cantarán un himno compuesto en alabanza a los sacerdotes, y los bendecirán en sus canciones durante todo el día. A la mañana siguiente, la cama será llevada a la tumba por un centenar de jóvenes, los que asisten al gimnasio, elegidos por la familia de los muertos. En la cabeza estarán los jóvenes solteros, vestidos con su equipo de guerra, los jinetes montados en sus caballos, los hoplitas con sus armas y otros cuerpos por igual. Delante de la cama, los niños se acercarán cantando la canción tradicional, y detrás vendrán las niñas y mujeres que han alcanzado la edad de tener hijos. Después de ellos estarán los sacerdotes y sacerdotisas, que, aunque excluidos de los otros funerales, los atenderán porque todo es puro allí, pero suponiendo que la Pitia lo juzgue así y le otorgue el sufragio. El monumento, construido bajo tierra, tendrá la forma de una bóveda oblonga y hecho de piedras esponjosas lo más duraderas posible, y habrá nichos situados uno al lado del otro a cada lado. El cuerpo de este feliz mortal se colocará allí, y después de levantar un montículo circular, se plantará un bosquecillo sagrado alrededor de la reserva en un lado, para que los entierros se extiendan allí por siempre. sin la necesidad de nuevos montículos para depositar otros cuerpos. Cada año celebraremos en su honor competencias musicales, gimnásticas y ecuestres. Tales serán las recompensas de los censores cuyos informes habrán sido aprobados. Pero si uno de ellos, confiando en la elección de la cual ha sido el objeto, muestra que él es un hombre y se vuelve malvado después de su elección, la ley ordena que cada ciudadano lo acuse. El caso se escuchará en el tribunal de la siguiente manera. Este tribunal incluirá primero a los guardianes de las leyes, luego a los censores vivientes, a los cuales se agregarán los jueces de élite. Quienquiera que traiga la acusación lo formulará así: Tal o cual no merece el precio de la virtud y la censura. Si el acusado está convencido, será despedido y privado del entierro y otras distinciones que se le han otorgado. Pero si el acusador no ha cumplido con la quinta parte de los votos, pagará una multa de doce minas, si es de primera clase; ocho si es del segundo; de seis, si es del tercero, y de dos, si es del cuarto. IV El proceso utilizado por Rhadamanthe para juzgar los juicios de los que estamos hablando merece nuestra admiración. Al ver que los hombres de su tiempo estaban claramente convencidos de la existencia de los dioses, lo que era aún más natural porque en ese momento la mayoría eran hijos de los dioses, entre los que se encontraba, dijo Él mismo parece haber sido persuadido de que no se debe dar ningún juicio a ningún hombre, sino a los dioses. Entonces su forma de hacer justicia fue tan simple como rápida. Desafió el juramento a las partes en cada punto disputado y así salió del problema de forma rápida y segura. Pero hoy, que entre los hombres, algunos no creen en absoluto en la existencia de dioses, que otros piensan que no están interesados ​​en nosotros y que otros finalmente, y estos son los más muchos y los más perversos, imaginen que los dioses, aceptando sus pequeños sacrificios y sus adulaciones, favorecen su rapiña y que a menudo escapan de grandes castigos, la forma de juzgar a Rhadamanthus sería desplazada entre los hombres de este carácter . Entonces, entonces, que las opiniones que uno tiene de los dioses han cambiado, uno también debe cambiar las leyes. Entonces en los procedimientos judiciales, la ley, si se ha hecho de manera inteligente, reprimirá los juramentos de las dos partes; el demandante escribirá sus quejas sin juramento, y el acusado también escribirá sus denegaciones sin jurar nada. Sería una tontería, teniendo en cuenta el gran número de demandas que se realizan en un Estado, saber sin dudar que casi la mitad de los ciudadanos son perjuros que toman sin dificultad su comida en común con los demás y se reúnen en otras reuniones públicas y en el comercio privado. Establezcamos, entonces, la siguiente ley: Todo juez prestará juramento antes de pronunciar su sentencia, y todo hombre que designe a una persona para magistratura, jurando que está bien designado o que lleva los votos del altar, tomará el mismo juramento. . Será lo mismo para el juez de los coros y la música en general, y para los presidentes y los árbitros de los juegos de gimnasia y equitación, y en todas las reuniones donde, según la opinión de los hombres, no haya nada para ganar perjurándose a sí mismo. Pero en aquellos en los que obviamente se obtiene un gran beneficio al negar y desautorizar algo por juramento, todos los litigantes serán juzgados sin prestar juramento. Los presidentes de los tribunales no sufrirán de ninguna manera jurar para obtener más crédito, o para hacer imprecaciones contra uno mismo y su familia, o para recurrir a súplicas indecentes o lamentaciones que solo de acuerdo con las mujeres, pero ordenarán a las partes que presenten sus quejas decentemente y escuchen las respuestas de los demás; de lo contrario, los magistrados actuarán como si dejaran la cuestión y los traerán de vuelta constantemente. Para los extranjeros, las cosas sucederán como ahora: recibirán, si lo desean, y prestarán juramento legal; porque no envejecerán en el estado y, al no hacer su nido allí, no dejarán a los herederos de sus modales para ser los dueños del país. El juicio se hará de la misma manera en todas las demandas entre ciudadanos, cuando la desobediencia a las leyes del estado no merezca azotes, encarcelamiento o muerte. Si alguien se niega a participar en coros, procesiones u otras ceremonias públicas similares, o a los servicios públicos de pagar los sacrificios en tiempos de paz y hacer contribuciones para la guerra, Para reparar estos errores, primero será necesario poner a los culpables a la multa. Si no quieren pagarlo, aquellos a los que el estado cobra para recuperar tomarán una prenda sobre su propiedad y, si se niegan a entregarla, la aprovecharán y venderán, y el dinero se pagará al tesoro. pública. Si fuera necesario castigarlos con mayor severidad, los magistrados a los que atiende el caso los convocarán a la justicia y les infligirán el castigo que juzguen adecuado, hasta que consientan en hacer lo que se les exige. ellos. V Para un Estado que no realiza ningún otro comercio que no sea el de los productos producidos por su suelo, y no el comercio exterior, es necesario consultar el reglamento relativo a los viajes de ciudadanos fuera del país y la recepción de extranjeros desde el exterior. El legislador, por lo tanto, debe dar consejos sobre este punto a sus conciudadanos y tratar de persuadirlos. El efecto natural del comercio entre los Estados es una mezcla de costumbres de todo tipo, debido a las novedades que los extranjeros aportan unos a otros y que hacen que los que tienen un buen sistema político sean los más serios. daño. Por el contrario, para la mayoría de los Estados, dado que se rigen por leyes defectuosas, no les importa en absoluto exponerse a esta mezcla al recibir extraños en casa y en parte por placer. otros países, cuando les apetece viajar a algún lugar y en cualquier momento en su juventud, en una edad más avanzada. Por otro lado, negarse a recibir extraños y no poder ir a otro país, estas son dos cosas inelegibles que parecerían salvajes y bárbaras para otros hombres. Nos reprocharían lo que llaman la expulsión de extranjeros y nos tomarían por personas arrogantes y duras. Nunca debemos descuidar la reputación buena o mala que tenemos en otros; para la mayoría de la gente puede carecer de verdadera virtud, pero no juzgan exactamente la iniquidad y la inofensividad de los demás, y los malvados tienen una visión cuasi divina, al punto que muy a menudo las personas muy Las personas corruptas saben muy bien cómo discernir en sus discursos y en su corazón a los hombres virtuosos de los pervertidos. Es, por lo tanto, en la mayoría de los Estados una excelente máxima para hacer una gran reputación entre otros. Pero lo mejor y más importante es ser verdaderamente virtuoso y buscar la reputación solo en esta condición, si uno aspira a la virtud perfecta. Por lo tanto, es apropiado en el estado. que encontramos en Creta el cuidado de los demás, la más hermosa y la mejor reputación de virtud, y tenemos todos los motivos para esperar, si de acuerdo con las probabilidades de que se funda según nuestra idea, que el Sol y los otros dioses pronto lo verá en el número de Estados y países bien vigilados. Entonces, esto es lo que hay que hacer para viajar a otros países y otras ciudades y recibir extranjeros. En primer lugar, que no se permite a ningún ciudadano menor de cuarenta años viajar en el extranjero, a ninguna parte, y que nadie tiene derecho a viajar en privado, pero solo en nombre del estado, como heraldo, embajador o delegado en las fiestas de Grecia. En cuanto a las ausencias para la guerra o expediciones militares, no deben contarse entre los viajes oficiales, como si fueran de la misma naturaleza. Pytho será enviado a Apolo, a Olimpia en honor de Zeus, a Nemea, y al Istmo de los delegados para participar en los sacrificios y juegos celebrados por estos dioses, y trataremos de enviar al mayor número posible de ciudadanos mejores y más virtuosos, para que den una buena idea de nuestra república y le den una reputación igual a la de las hazañas militares. De regreso a casa, enseñarán a los jóvenes que las instituciones políticas de otros pueblos son inferiores a las de su país. Para las delegaciones a las fiestas solemnes, los guardianes de las leyes también enviarán personas dotadas de las mismas cualidades. Si algunos ciudadanos quieren estudiar más a gusto lo que se hace en otros lugares, ninguna ley los impide; porque un estado que no sabe lo que es bueno y malo entre los hombres, y que no tiene comercio con ellos, no puede volverse perfectamente civilizado, ni preservar sus leyes, si se limita a practicar en sus modales, sin haber penetrado en la mente por reflexión. En las filas de la gente, siempre hay algunos hombres divinos, en pequeñas cantidades, es cierto, que merecen ser muy frecuentados. Se originan en estados mal vigilados, así como en aquellos que son buenos. Los habitantes de ciudades bien gobernadas, si son de virtud incorruptible, no deben dejar de irse de su país para rastrearlos en tierra y mar, a fin de afirmar lo que es sabio en su solo para corregir lo que está defectuoso. Un estado nunca permanece perfecto si no hace estas observaciones y búsquedas, o si les duele.
CLINIAS ¿Cómo corregiremos o corregiremos las leyes? VI
ATENIENSE. De esa manera. Primero que nada, nuestro observador debe tener más de cincuenta años y haber ganado una buena reputación por toda su conducta, y particularmente en la guerra, si quiere ser en los otros Estados el modelo de guardianes de la ley. Tan pronto como haya cumplido los sesenta años, tendrá que renunciar a su oficina de observadores. Después de haber llenado durante estos diez años todo el tiempo que quiera, irá, a su regreso al país, en la asamblea de los magistrados a cargo de la inspección de las leyes. Este consejo, mezclado con hombres jóvenes y viejos, necesariamente se llevará a cabo todos los días desde el amanecer hasta la puesta del sol. Se formará ante todo sacerdotes que habrán obtenido el precio de la virtud, luego de los diez mayores guardianes de las leyes, finalmente de quien actualmente preside toda la educación de los jóvenes, y de todos los que han llenado este cargo. . Ninguno de ellos vendrá solo, sino con un joven de entre treinta y cuarenta años, a quien habrá elegido a su gusto. En sus reuniones, discutirán solo las leyes, el gobierno de su país y lo que han aprendido de notables dosa tocando los mismos asuntos en otros países. También hablarán de las ciencias que les parecen relacionadas con esta investigación, y cuyo conocimiento ayuda a aquellos que las han aprendido a comprender la ley más fácilmente, y cuya negligencia la hace parecer más oscura e ininteligible. Lo que los viejos habrán juzgado bien en estas ciencias, los jóvenes pondrán todo su celo para aprenderlo. Si uno de los que han sido llamados parece indigno de la elección que se hizo de él, toda la asamblea le reprochará quién lo llamó. En cuanto a los jóvenes que serán bien vistos, todos los ciudadanos tendrán sus ojos puestos en ellos, observarán su conducta con especial atención y los honrarán, si se portan bien, pero los despreciarán más que a los demás, se vuelven peores que la gente común. Es en esta asamblea que el observador de los usos de otros pueblos tendrá que ir a su llegada y, si ha conocido personas que le han sugerido alguna idea de la legislación, educación o educación, o si él mismo tuviera alguna idea personal, la diría y la compartiría con todo el consejo. Si vemos que no ha vuelto peor o peor, al menos será elogiado por ser celoso. Si ha regresado mucho mejor, será aún más elogiado durante su vida, y después de su muerte todo el consejo le pagará los honores que merece. Si vemos, por el contrario, que ha vuelto malcriado, y que él afecta una sabiduría que él no tiene, que no tiene ningún negocio con nadie, ni joven ni viejo. Si obedece a los magistrados, se le permitirá vivir como un individuo privado; si no obedece y se convence de interferir de manera indiscretiva con la educación y la legislación, será condenado a muerte. Si un magistrado, habiéndolo encontrado culpable, no lo nombra en la justicia, será necesario reprocharle, cuando uno decorará los precios de la virtud. Esas son las condiciones bajo las cuales podemos viajar y quién nos permitirá la ley. Si, después de este, un extraño viene a nosotros, debe ser bienvenido. Hay cuatro tipos de extraños que deben decirse. Los primeros son los que nunca vemos en verano, porque generalmente es en esta temporada que asisten al extranjero. Viajan como aves de paso, y la mayoría de ellos toman su vuelo hacia el mar y revolotean, en verano de una ciudad a otra, para comerciar y hacerse ricos. Los magistrados nombrados para este fin los recibirán en los mercados, en los puertos y en los edificios públicos, en el exterior, pero cerca de la ciudad. Se asegurarán de que estos extranjeros no aporten ninguna innovación; dividirán entre ellos, cuando estén en juicio, una justicia exacta, y tendrán con ellos solamente las relaciones indispensables y las relaciones más raras posibles. Los segundos son aquellos que vienen como espectadores, para ver y escuchar todo lo que pertenece al servicio de las Musas. Para los extranjeros de este tipo es necesario que haya cerca de los templos de las hosterías listos para recibirlos y que los sacerdotes y tutores de los templos los cuiden y se aseguren de que después de haber visto durante el tiempo adecuado y escucharon por lo que vinieron, se van, sin haber causado o sufrido ningún daño. Serán juzgados por los sacerdotes, si son víctimas o autores de una injusticia, cuando el daño será de menos de cincuenta dracmas; si se estima más, tendremos que dar la decisión a los agoranomas. Los extranjeros del tercer tipo se recibirán a expensas del público: son los que vienen de otro país para un asunto de Estado. Los estrategas y los hipparks estarán solos a cargo de recibirlos, y aquel a quien habrán bajado y recibido la hospitalidad se encargará de su conversación con los prytanes. Los extranjeros del cuarto tipo, si es que alguna vez sucede, lo cual es raro, pero finalmente si proviene de otro país, son aquellos que vienen a observar nuestras costumbres, ya que observaremos las de los demás. Quien venga de casa debe tener al menos cincuenta años. Es necesario, además, que él proponga ver en nosotros algo más hermoso que en los otros Estados, y mostrar a otra ciudad lo que ha aprendido de la belleza. Él puede, sin ser invitado, visitar a los ricos y sabios, ya que él también es sabio; puede alojarse en la casa del magistrado que preside la educación de la juventud, persuadido de que es digno de ser recibido por dicho invitado, o en la casa de un ciudadano que ha ganado el premio de la virtud . Después de haber acompañado a algunos de estos hombres, haberles enseñado lo que sabe y haber aprendido de ellos, regresará lleno de regalos y honores dignos de un amigo para recibir de sus amigos. . Estas son las leyes que nuestros ciudadanos observarán al recibir extraños y extranjeros de otro país y enviar personas desde sus hogares. Así honrarán a Zeus, hospitalario, y no se negarán a dar la bienvenida a los extranjeros a su mesa y sus sacrificios, como hacen los niños del Nilo, y no cerrarán su país a ellos con proclamas bárbaras. VII Si alguien da libertad bajo fianza a otro, hágalo en términos precisos y ponga por escrito todas las condiciones bajo las cuales acepta, en presencia de al menos tres testigos, si la suma no aumenta en más de mil dracmas, y al menos cinco, si va más allá. El que vende en nombre de otro también será garantía para él, si hay fraude por parte del vendedor o si no está en condiciones de responder. Y el intermediario, como el vendedor, puede ser demandado. Si alguien quiere buscar a alguien, tendrá que aparecer desnudo (46) o con una túnica corta y sin cinturón, después de tomar para presenciar a los dioses designados por la ley que espera encontrar lo que perdió ; él solo puede hacerlo bajo esta condición. El otro tendrá que abrir su casa y dejar que busque entre los objetos sellados o no sellados. Si alguien no permite la búsqueda de alguien que quiere buscar un objeto que ha perdido, puede demandarlo por el rechazo, después de estimar el valor del objeto buscado; y si el otro está convencido, pagará el doble del precio estimado. Si por casualidad el dueño de la casa está ausente, su gente permitirá que los objetos sin sellar sean registrados y el interesado pondrá su sello sobre aquellos que estén cerca del maestro, y confiará la guardia a quien desee durante cinco días. Si la ausencia del maestro dura más tiempo, llevará consigo los astinomas, y así podrá buscar, aflojando incluso los objetos sellados, después de lo cual reemplazará los sellos de la misma manera en presencia de la gente de la casa y los astinomas. Con respecto a los bienes en disputa, habrá un tiempo fijo más allá del cual la persona que ha disfrutado de él ya no puede ser molestada. No puede haber disputa con nosotros por tierras y casas; para los otros bienes, si se demuestra que quien tuvo posesión de ella la usa en la ciudad, en el lugar público, en los templos, sin que nadie los reclame, y que el dueño del objeto en disputa afirma habiéndolo buscado durante este tiempo, aunque el otro ciertamente no lo ocultó, después de que hayan pasado el año, uno disfrutando de la cosa, el otro buscándolo, ya no estará permitido reclamación. Si la persona en posesión del objeto no lo usa en la ciudad o en la plaza pública, sino en el país y abiertamente, y nadie parece reclamarlo dentro de los cinco años, estos últimos cinco años ya no tendremos derecho a reclamarlo. Si el poseedor hace uso del objeto en su casa, en la ciudad, el término prefijo será de tres años; si lo usa en secreto en el país, el plazo será de diez años, y si lo usa en un país extranjero, en un tiempo que el verdadero maestro lo encuentre, no habrá prescripción. Si alguien usa la violencia para evitar que su parte o los testigos se presenten en la corte, ya sea que estos testigos sean sus esclavos o los de otros, la sentencia será nula e inválida. Si es un hombre libre a quien ha impedido aparecer, además de la nulidad del juicio, será encarcelado durante un año y quien sea capaz de acusarlo de plagio. Si alguien impide por la fuerza a su competidor competir en gimnasia, música o cualquier otro concurso, el que así lo decida contar a los presidentes de los juegos, y estos abrirán libremente la carrera a quien luchar Pero si eso ya no es posible, y si el que impidió que el otro participe en la pelea gana, el premio será otorgado al competidor impedido, y él ingresará su nombre como ganador en los templos. él querrá. En cuanto a la otra, se le prohibirá dejar cualquier monumento o inscripción relativa a tal combate, y, ya sea que haya sido conquistado o conquistado, estará obligado a pagar el perjuicio que haya causado. Quien esconda un objeto robado, quien quiera que sea, sabiendo que ha sido robado, estará sujeto al mismo castigo que el ladrón, y quien reciba un paria será castigado con la muerte. Cada ciudadano debe considerar como amigo y enemigo a aquellos que el estado posee para tal. Y si alguien lo hace a nombre propio y privado, fuera del estado, la paz o la guerra con cualquier persona, él también será castigado con la muerte. Si cualquier parte del Estado hace la paz y la guerra por sí misma, los estrategas llevarán ante la justicia a los perpetradores de tal empresa, y la pena será la muerte para aquellos que son condenados. Los que están al servicio del país deben servirlo sin recibir regalos, bajo ningún pretexto, y sin afirmar que la razón generalmente aprobó que debemos aceptar regalos para hacer el bien, pero que debemos hacer el mal, no. Este discernimiento no es fácil de hacer, y cuando se ha hecho, es difícil contenerse. Lo más seguro es escuchar la ley y no servir para recibir regalos. Quien la haya violado y esté convencido de la justicia simplemente será ejecutado. Con respecto a los impuestos a pagar al tesoro público, es necesario por varias razones que cada uno haya hecho la estimación de su fortuna y que los miembros de cada tribu le entreguen por escrito a los agrónomos el estado de su cosecha anual, de modo que Como hay dos clases de contribuciones, el recaudador elige cada año después de la deliberación lo que le ha gustado, y así toma una parte de la fortuna total o de los ingresos de cada año, sin incluir el gasto requerido por ellos. comida en común. Para los dioses es necesario, si se tiene una mente moderada, hacer que también sean ofertas moderadas. La tierra y el hogar de cada vivienda ya están consagrados a todos los dioses. Que nadie se los dé por segunda vez. En otros estados, el oro y la plata que brillan en casas privadas y templos despiertan envidia. Ivory, extraído de un cuerpo sin vida, no es una ofrenda pura. El hierro y el bronce son instrumentos de guerra. Que cada uno haga una ofrenda en los templos públicos, ya sea en madera o piedra, pero de una sola pieza; y, si se le ofrece un tejido, que no exceda el trabajo que una sola mujer puede hacer en un mes. Para los colores, es blanco que se adapta a los dioses en telas como en otros lugares. Otros tintes se usarán solo para ornamentos militares. Los regalos más divinos son pájaros e imágenes de tal manera que solo un pintor puede actuar en un solo día. Todas las demás ofertas deben estar en el modelo de aquellos. VIII Ahora que hemos distinguido claramente las distintas partes del estado y hemos demostrado lo que deberían ser, y que hemos hecho lo mejor que hemos podido en nuestras leyes sobre las convenciones en los asuntos más importantes, tenemos que llegar a un acuerdo con la administración. de justicia El primero de los tribunales consistirá en jueces a quienes el demandante y el demandado hayan elegido en concierto, y para quienes el nombre de los árbitros sería mejor que el de los jueces. El segundo estará compuesto por los jueces de cada aldea y cada uno. tribu, distribuida en cada duodécima parte del estado. Es ante ellos que uno irá a suplicar, cuando uno no podrá estar de acuerdo con los primeros; pero la multa será más fuerte. Si el acusado tiene una segunda ofensa, pagará una quinta parte de la cantidad del cargo. Quien, insatisfecho con sus jueces, quiera declararse por tercera vez, llevará el caso ante los jueces de élite y, si vuelve a tener a los muertos vivientes, pagará la mitad además de la suma que constituye el fondo del juicio. En cuanto al demandante, si, golpeado frente a los primeros jueces, no se queda callado y apela a este último, recibirá, si gana su caso, una quinta parte de la suma, y, si la pierde, pagará mucho más. Si, en lugar de apegarse a las sentencias anteriores, recurren al tercer tribunal, el demandado, si es golpeado, pagará, como dije, una mitad adicional, y si es el demandante él pagará la mitad de la suma. Ya hemos hablado del sorteo de los tribunales, cómo llenarlos, el establecimiento de las personas que sirven a cada magistratura, el momento en que cada una de estas cosas debe hacerse. la forma en que los jueces darán sus votos, la suspensión y todas las formalidades de este tipo, de las que no se puede prescindir en los juicios, y también las acciones iniciadas en primera y segunda instancia, la necesidad de respuestas, apariencias y otros procedimientos similares; pero no está mal regresar dos o tres veces a lo que es bueno. En cualquier caso, si el antiguo legislador ha omitido prescripciones de poca importancia y fáciles de encontrar, le corresponde al joven legislador proporcionarlas. Los tribunales particulares estarán bastante bien regulados de esta manera. En cuanto a los tribunales públicos y comunes, y todos aquellos a quienes los magistrados deben recurrir para administrar los asuntos que pertenecen a cada uno de ellos, hay en muchos Estados un buen número de instituciones que no deben ser despreciadas y que son obra de personajes calificados Los guardianes de las leyes atraerán a todos aquellos que sean buenos para establecerse en el estado que hemos fundado, después de haberlo pensado, de haberlos corregido y probado por costumbre, hasta que se juzgue que cada uno es bastante perfecto. Por lo tanto, poniendo fin a su trabajo, los sellarán para que ya no puedan tocarlos y los harán mirar por el resto de sus vidas. En cuanto al silencio de los jueces, su discreción al hablar y las fallas de lo contrario, así como muchas otras prácticas diferentes en la mayoría de los casos de aquellos que se consideran justos, buenos y bellos en otros estados, ya tenemos tocó algo y volverá a él al final. Cualquiera que desee convertirse en un juez imparcial y justo tendrá que vigilar todas estas regulaciones, tenerlas por escrito y estudiarlas, porque, entre todas las ciencias, las que son más adecuadas para hacer que quien las aprende mejor. son aquellos que tienen relación con las leyes, a condición de que las leyes se establecieron de acuerdo con la razón correcta; o es en vano que la ley, una cosa divina y admirable, tiene un nombre similar al del intelecto. Y, de hecho, a juzgar de todos los otros discursos, los que uno sostiene en los poemas para alabar o culpar a ciertas personas, ya sea aquellos que uno posee en escritos en prosa y en las conversaciones diarias donde se disputa el espíritu de contención, y algunas veces haciendo vanas concesiones, para juzgar todo esto, los escritos del legislador son una piedra de toque infalible. Por lo tanto, es necesario que el buen juez los conserve en su memoria como antídotos contra otros discursos, para dirigirse y dirigir al Estado, para dar a la gente de buena perseverancia y progreso en la justicia, reduciendo a su a los malvados, que se desvían de ella por ignorancia, libertinaje, cobardía, en una palabra, por toda clase de vicios, en la medida de lo posible cuando sus opiniones son curables; cuando están realmente incrustados en ellos, la muerte es el único remedio para las almas afectadas, y, como podemos repetir con razón, los jueces y los magistrados que los presiden merecen que los elogien todos los ciudadanos. Como se han probado los juicios en el transcurso del año, aquí están las leyes que deberán seguirse para exigir su finalización. Primero, el tribunal que ha pronunciado entregará al ganador todas las propiedades de los condenados, a la reserva de las que sean necesarias para él ( 48 ), que serán ejecutadas inmediatamente después de cada sentencia por un heraldo en presencia de los jueces. Si, en el mes siguiente al mes en que se pronunció la sentencia, el condenado no organiza de mutuo acuerdo con su adversario, el tribunal que conocerá el caso, apoyando al conquistador, le abandonará la propiedad del condenado. . Si no tiene suficiente dinero para pagar y si no tiene al menos una dracma, ya no tendrá derecho a entablar acción contra nadie, hasta que haya absuelto a todos sus bienes. deuda con la parte ganadora; pero otros ciudadanos tendrán este derecho para él. Si una persona condenada perjudica a los jueces que lo sentenciaron, aquellos a quienes injustamente ha perjudicado lo citarán ante el tribunal de los guardianes de las leyes; y si es condenado en tal caso, será castigado con la muerte, por haber atacado a todo el Estado y las leyes. IX Y ahora, cuando un hombre nace y se cría, cuando ha engendrado y alimentado a niños, se ha comportado honestamente en su trato con los demás, cuando ha reparado los errores que ha podido para causar y obtener reparación para aquellos a quienes ha sufrido, y para haber vivido como debería por la observación de la ley, debe morir para obedecer la ley de la naturaleza. En lo que respecta a los hombres y mujeres muertos, corresponde a los intérpretes decidir por qué ceremonias religiosas los dioses subterráneos y los de arriba deben hacerse propicios. No enterraremos en ninguna tierra cultivable, no levantaremos una tumba, ni grande ni pequeña; pero donde la tierra es naturalmente tal que no puede servir para otro propósito que no sea para recibir y ocultar el cuerpo de los muertos, con el menor inconveniente para la vida, es allí donde se llenará de tumbas. No es necesario que nadie, vivo o muerto, prive de la vida a la comida que la tierra, nuestra madre, está dispuesta a proporcionar a los hombres. Ningún hombre será criado más de cinco hombres en cinco días hábiles, y los cippes de piedra con los que será coronado no deberán exceder las dimensiones correctas necesarias para alabar la vida del hombre. muerto en cuatro versos heroicos a lo sumo. Antes que nada, el cuerpo no estará expuesto dentro de la casa más de lo necesario para ver si está fallando o realmente muerto, y, de acuerdo con el curso de los asuntos humanos, el tercer día parece ser el término suficiente para transportarlo a la tumba. Debemos escuchar al legislador en todas las cosas, pero especialmente cuando dice que el alma es completamente distinta del cuerpo, y que en esta misma vida lo que representa a cada uno de nosotros no es más que el alma, que nuestra el cuerpo es solo una imagen que acompaña a cada uno de nosotros, y que estamos en lo correcto al llamar a los cuerpos de los simulacros muertos, que el ser real y verdaderamente inmortal que somos llamados es el alma, y ​​se irá a otros dioses, para dar cuenta de su conducta, como dice la ley ancestral, valientemente si es bueno, con temblor si es malo, y que después de la muerte no encontrará apoyo en nadie; porque fue durante su vida que todos sus parientes debían acudir en su ayuda, para que pudiera vivir en la tierra con la mayor justicia, de la manera más holística posible, y después de la muerte escapar del castigo que aguardaba a los criminales. en la vida que sigue a la de aquí abajo. Como es así, uno nunca debe arruinar su casa, en la persuasión de que somos nosotros los que estamos enterrados cuando uno entierra esta masa de carne. Por el contrario, debe decirse que este hijo o hermano, o quienquiera que sea, que se arrepiente y se imagina enterrado, se fue después de haber cumplido y cumplido su destino, y que por el momento cumplirá con su deber haciendo un gasto moderado, como un altar inanimado dedicado a los dioses subterráneos. Es el legislador el que puede estimar con más precisión la medida que debe observarse. Así que aquí está lo que será la ley. Los gastos de entierro no ascenderán en total a más de cinco minas para los ciudadanos de la primera clase, tres para los de la segunda, dos para los de la tercera y uno para los de la cuarta. Así es como se mantendrá la medida. Los guardianes de la ley necesariamente tienen mucho que hacer, y deben cuidar muchas cosas, pero sobre todo la conducta de niños, hombres de hecho y ciudadanos de todas las edades, y cuando uno de ellos muere, es un guardián de las leyes que los padres del difunto tomarán para presidir el funeral, y será para él un tema de alabanza, si se hace de manera adecuada y con medida, un tema de culpa, si se lastiman. La exposición del cuerpo y el resto se hará de acuerdo con la ley que regula este tipo de cosas. El legislador de la ciudad también debe tener el derecho de promulgar las medidas que voy a decir. Sería inapropiado ordenar o prohibir llorar a los muertos; pero es necesario prohibir las lamentaciones y los gritos que salen de la casa y evitar llevar el cadáver expuesto en las calles, gritar durante el viaje y salir de la ciudad antes del día. Estos serán los usos aprobados por la ley en estos asuntos. Si los seguimos, no estaremos sujetos a ninguna multa; pero si uno desobedece a uno de los guardianes de las leyes en este punto, uno será condenado al problema que todos estos magistrados reunidos juzgarán para infligir. Para los enterramientos particulares que se realizarán a ciertos muertos, tales como parricidas, sacrilegios y otros criminales, hemos hablado de ellos anteriormente y promulgado las leyes que les conciernen, para que nuestro plan de legislación sea más o menos completado. Sin embargo, lo que sea que sea una empresa, no está terminada porque uno ha ejecutado o adquirido algo o fundado un establecimiento; solo cuando uno ha encontrado los medios para mantener el trabajo en su perfección, uno puede halagarse de haber hecho todo lo que es necesario; hasta entonces el trabajo es imperfecto.
CLINIAS Está bien dicho, extraño, pero explícanos aún más claramente en vista de lo que dices lo que acabas de decir. X
ATENIENSE. Los antiguos, CLINIAS, han dado bellos nombres de muchas cosas, pero podemos decir que las de Moires ( 49 ) no son las menos bellas.
CLINIAS ¿Qué nombres les dieron?
ATENIENSE. Llamaron al primer Lakhesis, al segundo Clotho, al tercero, que mantiene las decisiones del destino, Atropos. Han sido llamados así porque sostienen firmemente los destinos que han girado y evitan que se desenreden. Esto es lo que se debe hacer en cada estado y cada gobierno; no solo es necesario proporcionar salud y seguridad a los cuerpos, sino también poner en las almas el amor de las leyes, o más bien la preservación de las leyes. Me parece que lo que aún falta en nuestras leyes es que están naturalmente tan alteradas que ya no podemos desenredarlas.
CLINIAS No es una pequeña empresa, suponiendo que sea posible, encontrar una manera de preservar los bienes que tenemos.
ATENIENSE. Bueno, es posible, por lo que puedo juzgar en este momento.
CLINIAS No debemos desalentarnos de ninguna manera antes de haber obtenido esta ventaja de nuestras leyes; porque es ridículo no fundar un trabajo sobre cimientos sólidos y tener problemas para nada. ATHENIEN Haz bien en alentarme, y verás que comparto tu opinión.
CLINIAS Estoy encantado. ¿Cuál es, entonces, este medio de preservar nuestro Estado y las leyes, y cómo debemos proceder?
ATENIENSE. No hemos dicho que debería haber en nuestro Estado un consejo compuesto por diez guardianes de las leyes, siempre elegidos entre los más antiguos, a los que se sumarían todos aquellos que hayan obtenido el precio de la virtud. y aquellos que fueron al extranjero para ver si no aprenderían algo que pudiera contribuir a la preservación de las leyes y quienes, sanos y salvos en su patria, y probado por los mismos miembros del consejo , habrá sido considerado digno de ser asociado? ¿No dijimos también que cada uno de ellos llevaría consigo a un joven que no tenía menos de treinta años y que se había juzgado a sí mismo que este joven era digno por su carácter y su educación? llevarlo a los otros, quienes, si juzgaban lo mismo, debían agregarlo a él, y que, de lo contrario, la sentencia emitida sobre él debería mantenerse en secreto de los demás, y especialmente del joven que había sido excluido. ; por último, que este consejo debe celebrarse al amanecer, en un momento en que todos están menos ocupados con otros asuntos, ya sean privados o públicos? Eso es lo que dijimos antes.
CLINIAS Eso es correcto. EL
ATENIENSE Volviendo a este consejo, digo que, lanzado como un ancla para salvar al Estado y provisto de los poderes apropiados, puede mantener todas las leyes que queremos mantener.
CLINIAS ¿Cómo es eso? EL ATENAS Ahora depende de mí explicarme claramente y usar todo mi celo.
CLINIAS Este es también quien habla bien. Haz lo que oyes
ATENIENSE. Es necesario darse cuenta. Clinias, que no hay un ser que naturalmente no tenga lo suficiente para mantener sus obras; es en el animal el papel esencial del alma y la cabeza.
CLINIAS ¿Cómo es eso?
ATENIENSE. Es la virtud de estas dos cosas lo que asegura a cada animal la preservación de su ser.
CLINIAS ¿ De qué otra manera? EL
ATENIENSE. La inteligencia que, entre otras facultades, reside en el alma, y ​​la vista y el oído que, entre otros sentidos, tienen su asiento en la cabeza, en resumen, la inteligencia asociada con lo mejor de nuestros sentidos y estrechamente unidos con ellos, eso es lo que podemos llamar el principio de conservación en cada uno de nosotros.
CLINIAS Hay toda apariencia. ATENAS Sí, por cierto. Pero, en un barco, por ejemplo, ¿dónde está esta mezcla de inteligencia y sentidos que lo mantiene en la tormenta y en la calma? ¿No es a la vez el piloto y los marineros, cuyos sentidos están unidos con la inteligencia del piloto, que se salvan al mismo tiempo que la nave?
CLINIAS Sin dudas. ATENAS No es necesario dar muchos ejemplos sobre este tema. Preguntémonos solamente qué propósito proponen los generales del ejército y todos aquellos que se preocupan por la medicina cuando apuntan precisamente a la preservación de su objeto. ¿No es, para los generales, la victoria y la derrota del enemigo, y para los médicos y sus ayudantes, la restauración de la salud del cuerpo?
CLINIAS Sin contradicción. EL
ATENIENSE Pero si un médico no supiera qué es el cuerpo para lo que acabamos de llamar salud, o un general, ¿qué es la victoria, y por lo tanto de los otros de los que hablamos, podríamos decir que ¿Tiene inteligencia para tocar a alguien con estos objetos?
CLINIAS ¿Cómo podría ser?
ATENIENSE.ICO Y cuando se trata de un estado, si ignoramos el objetivo político al que debemos aspirar, primero podemos llamarnos magistrado, entonces podemos mantener un algo que no sabemos en absoluto el propósito?
CLINIAS ¿Cómo sería? XI
ATENIENSE. Así que ahora, al parecer, si queremos completar los cimientos de nuestra colonia, debe haber en ella un cuerpo de ciudadanos que conozca ante todo qué objetivo proponemos en nuestra constitución política y, en segundo lugar, ¿A dónde vamos desde allí, y luego cuáles son las leyes, luego los hombres que nos darán buenos o malos consejos? Si no hay un órgano de este tipo en un estado, no es sorprendente que, al ser privado de inteligencia y sentido político, siempre actúe al azar en todas sus acciones.
CLINIAS Eso es correcto. EL ATENAS Ahora, ¿en qué parte o qué institución de la ciudad encontramos algún cuerpo organizado capaz de mantener la constitución? ¿Podemos indicarlo?
CLINIAS No puedo, extranjero, indicártelo con certeza. Pero si es permisible conjeturar, me parece que la pregunta está dirigida a este consejo que, según dijiste, debe realizarse de noche. ATHENIEN Has adivinado muy bien, Clinias. Necesitamos este consejo, como hemos dicho, él cumple con todas las virtudes, el principal es no ir por mal camino en la búsqueda de varios objetivos, pero mantener un ojo en un solo objeto, el cual , siempre, por así decirlo, tirar todas sus características. Clinias estoy totalmente de su opinión.
ATENIENSE. Entendemos ahora que no hay nada que preguntarse en las instituciones fluctuaciones políticas, porque en cada legislación estatal tiende a diferentes propósitos; y, en general, no es sorprendente que consisten cada uno hace justicia a los altos cargos del Estado a algunos ciudadanos, independientemente de si son buenos o malos; los otros dan la adquisición prevista de la riqueza, sin meterse en problemas si uno es esclavo ni libre; otros se dirigen a la libertad de todo sus aspiraciones; otros proponen la legislación en dos objetivos simultáneos, dirigido tanto a ser libre y para convertirse en maestros de otros Estados; finalmente, aquellos que se enorgullecen de ser los más hábiles tienen para todos los objetivos y los de la misma clase,sin ser capaz de decir que hay un solo colocan encima del otro y para el que todos ellos persiguen. Clinias Bueno, extraño, el asunto no ha-ya bien colocado con nosotros cuando nos dijo que en nuestra ciudad todas las leyes deben apuntar a un objetivo y estuvimos de acuerdo en que este objetivo sólo podría ser la virtud?
ATENIENSE. derecho. Clinias Y nos han dividido en cuatro partes virtud?
ATENIENSE. bien. Clinias y hemos puesto a la cabeza de todas estas virtudes la inteligencia, que debe relacionar los otros tres partidos y todo lo demás?
ATENIENSE. Has muy bien lo que se ha dicho, Clinias; continúa siguiendo lo que me queda por decir. Hemos dicho que la inteligencia del conductor, el médico, el general fue dirigido a la única meta que se debe aspirar; y ahora estamos buscando cuál es el propósito del hombre de Estado, decir a él, como si estábamos cuestionando a sí mismo: "Y tú, hombre maravilloso, ¿cuál es tu propósito ¿Qué puede hacer este objeto único? tales como que el médico inteligente dice sea claramente su? ustedes que adula a ser superior a todas las personas inteligentes, no se puede decir lo que es la suya? "y que, Megillus y Clinias, ¿puede decirme responder con claridad en su lugar ¿qué es esto, ya que a menudo he hecho por otra vis-a-vis usted? Clinias que soy totalmente incapaz, en el extranjero.
ATENIENSE. ¿Es capaz de decir que hay que aplicar a conocer y dónde encontrarlo? Clinias Dónde quiere usted decir?
ATENIENSE. Dado que, como ya hemos dicho, la virtud se divide en cuatro especies, es evidente que cada una de estas especies es necesariamente, ya que son cuatro. Clinias probablemente.
ATENIENSE. Y sin embargo, los llaman todos un nombre común. Decimos que el valor es la virtud, la prudencia es una virtud, y así los otros dos, como si fueran no muchos, pero sólo uno, virtud. Clinias derecho.
ATENIENSE. Lo que estas dos virtudes son diferentes entre sí y por qué se les dio dos nombres, no es difícil de explicar; y es el mismo de las otras dos especies. Pero ¿por qué se le dio estos dos y otro nombre común de la virtud no es tan fácil. Clinias ¿Cómo se dice?
ATENIENSE. Lo que digo no es difícil de probar. Por esto y preguntarnos ¿Respondemos a su vez el uno al otro. Clinias lo que has dicho de nuevo?
ATENIENSE. me pregunte por qué, dando tanto el nombre único de la virtud, aún le damos dos nombres, el de valor y que la precaución. Yo te diré por qué: es el valor sobre el miedo, y que los mismos animales estaban allí en primer lugar, y está en la naturaleza de los niños desde una edad temprana; porque el alma puede ser valiente por naturaleza, sin la ayuda de la razón, mientras que sin la razón, nunca ha habido, no hay, no habrá nunca un alma dotada la prudencia y entendimiento, porque es algo que no sea el valor. Clinias Dices verdad.
ATENIENSE. Lo que estas cuatro especies difieren y bajo son dos, que acaba de aprender de mí; pero la forma en que son una y la misma cosa es que ahora que se lo explique. Recuerde que usted hace un cómo, siendo cuatro, que son sólo una, y, cuando se ha demostrado, me pregunta en su turno la forma en que son cuatro. Después de eso, considerar si tiene conocimiento de alguna otra cosa que tiene un nombre y una definición, sólo sé sólo el nombre, haciendo caso omiso de la definición, o si no está bien visto que un hombre que tiene algún valor para ignorar tanto cuando se trata de cosas que se distinguen por su tamaño y belleza. Clinias Me parece que esto es una vergüenza.
ATENIENSE. ¿Hay un legislador, un guardián de las leyes, y para todo aquel que cree son mayores que el otro bajo y que ganó el premio, algo más importante que estas cosas que estamos hablando esta vez, el valor, la templanza, la prudencia y la justicia aquí? Clinias ¿Cuántas ¿verdad?
ATENIENSE. ¿No sería que todos estos objetos, artistas, jóvenes maestros, los legisladores, los ciudadanos de los guardias son más capaces que otros para enseñar y explicar a fondo lo constituye el vicio y la virtud que necesita para aprender y conocer o ser corregido y reprendido cuando él tiene la culpa? O sufrimos un poeta llegó a nuestra ciudad, o cualquier otro que le dan a un maestro de la juventud parece mejor que el que consiguió el premio en cualquier tipo de virtud? Y cuando los guardias no son capaces de cumplir con su oficina de la palabra y de obra llanto y no tienen ningún conocimiento exacto de la virtud, no es de extrañar que en un estado tal, carente de guardias, los mismos males que experimentan que muchos estado actual? Clinias No, en absoluto, y que debemos esperar. XII
ATENIENSE. ¿Pero qué? lo que acabamos de decir, el, vamos a correr? ¿Cómo nos va a entrenar a los guardias que son más diligentes que los ciudadanos comunes para observar la virtud en sus acciones y en sus discursos? ¿Cómo podemos entender que nuestro estado es similar a la cabeza y detecta los magos, en el que una advertencia similar a ellos? Clinias ¿Cómo y de qué manera hemos de entender esta asimilación?
ATENIENSE. Obviamente, esto sólo puede ser si el Estado mismo es la cabeza, donde el más joven de los guardias, elegidos entre los más dotados y se colocan como los ojos en la parte superior de la cabeza con una vista muy aguda , oso mira a su alrededor todo el estado, y que, en guardia, que confían sus observaciones a su memoria, para llevar el más antiguo todo lo que sucede en la ciudad; que, a su vez, a los ancianos, que vio la superioridad sobre los demás por la extensión y el alto valor de su conocimiento, la inteligencia y tener en cuenta las deliberaciones, y que mediante el Ministerio de los jóvenes y consultar con ellos cada una y otra guardar todo el estado actuando en concierto. ¿Esto es algo que se debe hacer? de lo contrario,¿De qué otra tenemos que organizarnos? o que todos los ciudadanos deben ser, y no se que habrá algunos que han sido perfeccionados por la educación y la formación que han recibido? Clinias pero entonces mi amigo increíble, nuestro proyecto no sería viable.
ATENIENSE. Así que imagine una educación más perfecta que la que se discutió anteriormente. Clinias pensarían. El Ateneo es que sólo tenemos una palabra que no es casual que necesitamos? Clinias Si, seguro.
ATENIENSE. ¿No decimos que un trabajador consume en su arte y un guardia tenía que ser capaz no sólo de llevar su atención a varios artículos, pero para luchar por un objetivo, así XI y el 'percibida, sintonice abrazándolo todo, desde un punto de vista? Clinias bien.
ATENIENSE. Puede alguien mirar y ver nada más que besarse bajo una idea varias cosas que se diferencian? Clinias tal vez.
ATENIENSE. No es tal vez, querida, porque es real no es para la mente humana más brillante que este método. Clinias Voy a tomar su palabra en el extranjero, y lo reconozco; por lo tanto, continuar en este caminar nuestra discusión.
ATENIENSE. Debemos, por lo tanto, al parecer, también obligando a los guardianes de nuestra ciudad divina para ver exactamente lo que primero puede ser idéntica, como decimos en estas cuatro virtudes, valor, la templanza, la justicia y la prudencia, la llamamos con razón un nombre. Este punto, mis amigos, si queremos, se dan ahora firmemente y no dejar ir, hasta que haya explicado suficientemente lo que es la meta a la que debemos aspirar, ya sea como una sola cosa, ya sea como en su conjunto, o como a la una y la otra, en una palabra, cualquiera que sea la naturaleza. Si esto se nos escapa, podemos creer que nunca seremos capaces de saber exactamente lo que la clave para la virtud, siendo incapaz de decir si se trata de varias cosas, si cuatro, o si es uno.Así que si quieres seguir mi consejo, vamos a tratar de encontrar la manera de dar a luz este conocimiento en nuestra ciudad. Sin embargo, si usted es absolutamente cree que debe renunciar a ella, renunciar por ello. Clinias n, en el extranjero; el nombre del dios de la hospitalidad, no deje este asunto, porque su opinión parece perfectamente bien; pero la forma de encontrar el camino?
ATENIENSE. Antes de hablar de la forma, vamos a decidir por acuerdo o no la buscan. Clinias tienen que, si es posible. XIII
ATENIENSE. ¿Pero qué? Por qué no pensamos lo mismo sobre lo bello y lo bueno? Nuestros guardias que deben ser confinados a saber que cada una de estas cosas es más, e ignoran cómo y dónde está? Clinias parece casi fundamental que también conciben como es.
ATENIENSE. lo suficiente lo ven, sino que también son capaces de demostrar por el discurso? Clinias ciertamente no; de lo contrario, no tendrían más ingenio que esclavos.
ATENIENSE. Pero qué ? No puede decir de todos los objetos de interés serio? No es necesario que los que han de ser verdaderos guardianes realmente saben la verdad sobre estos objetos, que son capaces de explicar con palabras, para cumplir con ella en la práctica y para juzgar lo es o no es naturalmente bella? Clinias Sin lugar a dudas.
ATENIENSE. Uno de los mejores conocimientos que ella no es la relativa a los dioses, su existencia y el alcance de su poder, hemos demostrado a fondo, y que cada hombre necesita saber tanto como sea posible. La mayoría de los residentes de nuestro estado son excusables que simplemente escuchar la voz de las leyes; pero para los que toman parte en el cuidado del estado, se debe tomar sólo aquellos que se aplicará a reunir todas las pruebas de la existencia y el poder de los dioses, y nunca debe ser permitido elegir como guardián de las leyes ni estar entre el virtuoso no será un hombre divino y profundamente versado en estos asuntos. Clinias Es de hecho la derecha para guardar, como usted dice, para los extraños a las cosas bellas aquellos que son indolentes o incapaz de s'aplicarlo.
ATENIENSE. ¿No sabemos que hay dos cosas que conducen a creer todo lo que hemos comentado anteriormente? Clinias verdad?
ATENIENSE. La primera es lo que dijimos del alma, es el más antiguo y el más divino de todos los seres que el movimiento ha creado y dotado de esencia eterna. El otro es el orden que reina en las revoluciones de las estrellas y todos los demás organismos de inteligencia que organizó el universo. No hay nadie que, habiendo considerado esta orden con una mente atenta y sobre el enemigo común, más o menos de los dioses que está más allá de los sentimientos contrarios a los de la vulgar. Se imagina que los que manejan este tipo de la ciencia con la ayuda de la astronomía y artes necesarias que trabajan con ella convertido en ateos porque se han dado cuenta de que todo sucede por necesidad, no de acuerdo con los diseños deuna voluntad que todo lo dirige hacia el bien. Clinias.¿Qué, pues?
ATENIENSE. Lo contrario de lo que pensamos ahora y lo que pensamos cuando las estrellas representaban el cuerpo inanimado. Sin embargo, incluso entonces el asombro causado por las estrellas se deslizó en la mente y sospechaba lo que ahora se considera como algunos de los que han visto las cosas de cerca que nunca los cuerpos inanimados usarían para hacer cálculos tan admirablemente exacta, si no eran hombres de entendimiento. Es cierto que algunos filósofos han atrevido incluso entonces aventurarse a decir que la inteligencia había ordenado todo lo que sucede en el cielo ( 50). Pero, por otro lado, los mismos filósofos que abusan de la naturaleza del alma, que es más antiguo que el cuerpo, e imaginando que ella es más joven, no tienen prácticamente todo molesto, y -La misma más que todo el resto; porque todos los cuerpos que se mueven en el cielo que estaban disponibles para ellos parecían llenos de piedras, tierra y muchos otros la materia inanimada, que han atribuido la causa de la armonía del universo. Esto es lo que ha producido tantos ateos y ha causado tantos problemas a los que se preocupan por estas cosas. Ahí es donde los insultos vinieron poetas filósofos que comparan a los perros que se entregan a los ladridos vano, y que la caída de otras cosas sin sentido; pero hoy en día, es, como ya he dicho,todo lo contrario. Clinias ¿Cómo así? XIV
ATENIENSE. No es posible que ningún mortal tiene una sólida piedad, si no conoce las dos cosas de las que hablamos, que el alma es el más antiguo de todos los seres que existen por vía de generación, es inmortal y que ordena a todos los órganos, y, además, no está en las estrellas como hemos dicho muchas veces, una inteligencia que gobierna todos los seres. También debe ser versado en la ciencia necesaria para preparar este conocimiento, y después de entrar en las relaciones que tienen con la música, no estamos acostumbrados a ajustarlos costumbres, instituciones y leyes finalmente fue capaz de dar cuenta de las cosas que son susceptibles de definición. El que no es capaz dela adición de estos conocimientos a sus virtudes civiles nunca será un jefe de estado a la altura de su tarea; no puede estar al servicio de los demás. Ahora depende de nosotros, y Clinias Megillus, para ver si tenemos que añadir a todas las leyes que han promulgado que establecerán, para mantener y preservar la ciudad de acuerdo a la ley, un consejo nocturno de magistrados que han recibido la educación integral que hemos expuesto. Si no es así, lo que por supuesto tomamos?educación integral que hemos expuesto. Si no es así, lo que por supuesto tomamos?educación integral que hemos expuesto. Si no es así, lo que por supuesto tomamos? Clinias no podemos, querido amigo, que prescinden del complemento, siempre y cuando la cosa está en nuestro poder. El Ateneo es por esta razón por la que todos debemos trabajar juntos. Para mí, voy a ayudar de todo corazón y tal vez voy a encontrar a otros que se unan a mí, con la experiencia que he adquirido en estos asuntos y búsquedas frecuentes que hice. Clinias Sí, en el extranjero, primero tenemos que avanzar en este camino donde Dios parece conducirnos. Pero, ¿cómo podemos tener éxito, eso es lo que ahora debe mirar y explicar.
ATENIENSE. Todavía no es posible, y Megillus Clinias, para hacer leyes sobre estos asuntos antes de que se organizó la junta. Entonces será el momento de fijar por ley la autoridad que debería tener. Por ahora, si queremos que nuestra empresa tenga éxito, debe ser preparado por instruirnos mediante conversaciones frecuentes. Clinias ¿Cómo? Qué quieres decir con eso ?
ATENIENSE. En primer lugar debemos hacer una lista de todos aquellos que son exclusivos de una guardia de esta naturaleza por la edad, por el valor de sus conocimientos, su carácter y hábitos. Después de eso, en la ciencia que necesitan para aprender, no es fácil de inventar a sí mismo, o para tomar otra lección que les habría inventado. Además, no tendría sentido establecer por escrito cuándo y cuánto tiempo hay que estudiar cada ciencia; porque incluso los que aprenden no saber exactamente el tiempo para hacerlo, antes de tomar el control de esta ciencia. Por lo tanto, ya que no podemos decir nada claro al respecto, sería fuera de lugar hablar, y lo que podía decir antes de que el tiempo iba a aclarar nada. Clinias Si es así, en el extranjero, ¿qué debemos hacer?
ATENIENSE. Podemos, mis amigos, decir con el dicho de que todo es común entre nosotros, y, si es que va a jugar todo lo alto en toda nuestra constitución, o, como se suele decir el conjunto de claves llevar el punto más alto o el más bajo, hay que hacerlo. A mí mismo, voy a compartir el riesgo con usted, que le dice y le dice lo que he encontrado bien en la formación y la educación que acabamos de discutir. El riesgo es grave, es cierto, y otros encontraría poco beneficio. Es usted, Clinias, les pido que tome el cuidado de; porque si se organiza bien la República de magnetes, o cualquiera que sea el nombre que Dios le dé, que va a ganar un gran gloria, o al menos que no dejará ir al más valiente de los que vienen después usted.Si es así nace este consejo divino, se le dará queridos amigos, el guardia de estado. No hay duda acerca de ello y podemos decir que no hay legisladores actuales encontrarían que decir. Así que hemos, creo que, en realidad logrado lo que hemos soñado ahora nos mantiene, cuando formamos una especie de conjunto de imágenes de la cabeza y la inteligencia de mezcla, si los miembros del consejo son exactamente emparejados y si, después de recibir la instrucción adecuada y después de ser colocado en la fortaleza como la cabeza del país, que se conviertan en guardianes hicieron específica para guardar el estado, ya que nunca he visto en nuestra vida.podemos decir que no hay legisladores actuales encontrarían que decir. Así que hemos, creo que, en realidad logrado lo que hemos soñado ahora nos mantiene, cuando formamos una especie de conjunto de imágenes de la cabeza y la inteligencia de mezcla, si los miembros del consejo son exactamente emparejados y si, después de recibir la instrucción adecuada y después de ser colocado en la fortaleza como la cabeza del país, que se conviertan en guardianes hicieron específica para guardar el estado, ya que nunca he visto en nuestra vida.podemos decir que no hay legisladores actuales encontrarían que decir. Así que hemos, creo que, en realidad logrado lo que hemos soñado ahora nos mantiene, cuando formamos una especie de conjunto de imágenes de la cabeza y la inteligencia de mezcla, si los miembros del consejo son exactamente emparejados y si, después de recibir la instrucción adecuada y después de ser colocado en la fortaleza como la cabeza del país, que se conviertan en guardianes hicieron específica para guardar el estado, ya que nunca he visto en nuestra vida.Imagen mediante la mezcla de la cabeza y la inteligencia, si los miembros de nuestra junta están exactamente emparejados y si, después de recibir la instrucción adecuada y después de ser colocado en la fortaleza como la cabeza del país, se convierten en guardias consumados propia para guardar el estado, ya que nunca he visto en nuestras vidas.Imagen mediante la mezcla de la cabeza y la inteligencia, si los miembros de nuestra junta están exactamente emparejados y si, después de recibir la instrucción adecuada y después de ser colocado en la fortaleza como la cabeza del país, se convierten en guardias consumados propia para guardar el estado, ya que nunca he visto en nuestras vidas.
MEGILO Estimado Clinias, después de todo hemos oído, o que debe renunciar a la fundación de la colonia, o no dejar ir a este extraño, pero asociado con la fundación de la ciudad por las oraciones y por todos medios posibles. Clinias lo que usted dice, Megillus, es muy cierto, y voy a tratar de hacerlo: mi segundo de su lado.
MEGILO Me segundos ¿verdad.
44 Véase el canto XVI de la Ilíada, donde Patroclo toma las armas de Aquiles y, después de haber logrado muchas hazañas, muere a manos de Héctor.
45 En Kaineus ver Ovid, Metam. XII.
46 Véase Aristófanes Las nubes 497 y ss. : Sócrates frente a Estrepsiades que requiere entrada en su escuela: Vamos a ir abajo de la capa. - Estrepsiades: ¿He hecho ningún error? - Sócrates: No, pero es la regla a desnudarse. - Estrepsiades: Pero no vengo metiendo en un receptor de bienes robados.
47 de forma incorrecta aparente Platón NNow Intelligence con nñmow , la ley.
48 La propiedad que le obligaba son la tierra asignada a cada ciudadano y lo que es necesario cultivar.
49 Las Parcas y Destinos (Parques los romanos) eran tres: Cloto, Lakhesis y Atropos.
50 Allusion à Anaxagore qui soutint le premier que le chaos primitif avait été débrouillé et mis en ordre par l'Intelligence.

 
 
 

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