Sátiras

Juvenal

 

Sátira I. — Por qué Juvenal escribe sátiras 1

Sátira II. — Los hipócritas 17

' Sátira III. — Las molestias de Roma 30

! Sátira IV.— El rodaballo 51

Sátira V. — Los parásitos 66

Sátira VI. — Las mujeres. . . . , 77

Sátira VII. — Pobreza de los literatos 120

; Sátira VIII.— Los nobles 138

1 Sátira IX.— Ncevolus 159

Sátira X. — De la vanidad de nuestros deseos. . . . . 160

Sátira XI.— El lujo de las cenas 181

Sátira XII.— El regreso de Catulo 196

Sátira XIII.— El deposito 206

Sátira XIV.— El ejemplo 220

Sátira XV. — El fanatismo egipcio 

i Sátira XVI. — Prerrogativas de la milicia 251




1


¿Siempre he de ser oyente? ¿Atormentarme
Codro (1) con su Teséida cada dia
Podrá y no he de vengarme?
Impune un drama éste, una elegía
Aquél me habrá de recitar? Impune
Me aburrirá Telefo, interminable
U Orestes, no acabado, y suyo verso
Inmenso libro llena, sin que inmune
Haya quedado margen ni reverso? (2). . ...
Su hogar ningún romano
Conoce* como el bosque de Quirino (8)


(1) Codro, poeta obscuro, autor de un poema ó tragedia intitulada Teséida. Habla de él Juvenal también en la sátira
tercera.

(2) Los Romanos solían escribir una sola de las caras del papiro ó pergamino. Para ponderar el poeta la extensión inconmensurable de la tragedia Orestes, dice que estaba exenta en
un gran libro, ocupando las márgenes y el reverso §in hallarse
cóncluida.

. (3) Aludé á las fábulas sobre el origen de Koma, á las de los
Ciclopes y Vulcano, y en general á todas las que consti tuian el
asunto favorito de los poetas. Muchos interpretan este pasaje
en un sentido literal y conio si Juvenal dijera: «Nadie mejor.
que yo podria alcánzar fama escribiendo sobre las materias en
que se ejercitan todos los poetas, pues conozeo mejor que elio»
estos lugares comunes.» Para admitir tal interpretaci ón seria
preciso suponer en Juvenal una presunción y confianza de su
propio mérito insoportables, pues que se renere no sólo á lo»
maios, sino á los buenos poetas:

Expectes eadem á summo minimoque poeta.

Parece, pues, que él sentido es éste: «Yo también, que conozeo
esas fábulas corno cualquier otro poeta, podria alcánzar fama
describiéndolas en mis versos: yo también. que he practicado los
preceptos de los retóricos, podria ejercitarme en. las pueriles
declamaciones de la escuela; pero no; otra tarea mas útil y
noble reclama hoy los esfuerzos del poeta, y es la corrección de
lós vicios por medio de la sátira.)) Los que llaman á Juvenal un
declamador, atrabiliario en la forma é indif erente en el fondo,

 


Conozco yo, y el antro de Vulcano, /span>

AA las rocas eóiicas vecino.

Los plátanos de ronto (1), lag colamna.

Con la frecuencia de tectores rotas, ¦ v * ;

Y los convulsos máarmoles. resuenan
Sin cesar repitiendo cuanto estrago
El Euro biciera en las armadas flotas;
Como en el negro lago

A las dolientes sombras Eaco duro
Con bórridoa tormentos acóngoja;
Por qué sitios Jasón hallo camino
Para lograr el áureo vellocino,

Y cuantas lanzas el Centauro arroja f .
Del mayor y del mínimo poeta

Lo mismo escucbarás. También yo un día,
Con la mano & la ferula su jeta,
A Sila aconsejé (2) que su tirano
Poder por la apacible medianía
Trocará del obscuro ciudadano,

Necia clemencia, pues, ya que los vates


harán bien en fijarse en este y otros pasajes, donde al par que
mmuestra justa indignación y la mayor sinceridad de sentimi en-
ios pone de realce la elevada idea que tenia de la noble misión
del poeta, /span>

(1) Era Fronto un patricio, gran protector de literatos y
poetas, que concurrian á su casa a leer sus obras. Acerca de las
llecturas públicas es muy interesante el estudio de Mr. Nisard
en su obra Poétes latin* de la décadence, tomo I, capitulo qne
dedica á Stacio.

(2) En este pasaje, además de la idea principal, anteriore
mente indicada, se contiene una alusión, llena de la mas fina
ironia, á las estériles declámaciones de las escuelas, corno acori-
sejar a Sila que deje la dictadura, piritar el paso de los Alpej
por Anibal, etc. De estos ridiculos ejercicios se ,burla tambiéi)
mas addante, y éspeciálméhte en la sátira décima.


Hierven, es perdonar el pergamino

Destinado & morir. Mas ¿por qné intento

Entrar en : el camino

Por do guió* los rápidos corceles

El alumno de Arnnca (1) peregrino?

2 Oh mis amigos fieles!

La razón escuchad, si os causa agrado

Y el tiempo no os hostiga. /p>

jCuando con torpes rinculos se liga
EEunuco vii, 6 al jabalí toscano
Mevia (2), el carcax sobre el desnudo seno,
Lanza el venablo con robusta mano; /span>
Cuando de orgullo y de riqueza lleno


(1) Lucilio, primer poeta satírico latino. Era natural de
Suessa, ciudad de los Auruncos (hoy Sezza). De él dice Quinti-
liano: nEruditio in eo mira et libertaé, atcfue inde acerbitá* et
abunde salis.» Al juzgar á este poeta, Quintiliano se aparta de
la opinion de sus admiradores, que le antepongali á los demás
satiricos, y de la de Horacio, que si bien le llama agudo y chis-
toso, le acusa de desalii) ado, y supone que el raudal de sus
versos «arrastraba tal vez algo aceptable entre Un torrente de
cieno». El mismo Horacio dedica ptra sátira entera. la décima
del libro I, & la critica de este poeta, acusándole de incorrección, dureza de estilo e infracción de las reglas. Sólo restan
fragmentos de las 30 sátiras que escribió. En ellos se notan los :
defectos de improvisación que le atribula Horacio. pero también se observa la energía y originalidad que debió servir de
fundamento a las alabanzas de Quintiliano, Cicerón y Juvenal,
asi como al entusiasmo de sus admiradores. Rayaba este en delirio, si hemos de creer á unos versos de autor antiguo, que preceden en algunos manuscritos a la mencionada sátira décima
de Horacio. Quien quiera formar un juicio completo de los defectos de Lucilio, debe leer dicha satira, donde están aquéllos
magistralmente expuestos, junto con importante» precepto»
acerca de este difícil género literario.

(2) Alude a la desvergüenza de las damas romanas que en tiempo de Domiciano descendían al circo para tornar parte en ejercicios gimnásticos y luchas, vestidas á la manera de las amazonas. -



Con su o al patricio desafía
El que mi barba rasuraba un día;
Cuando Crispino (1), de la egipcia plebe
Escoria, siervo despreciable, ahora
Con la purpura tiria se decora

Y cine en el verano

Al sudoroso dodo aniiio leve,

Pues otro mas pesado le molesta,

SSátiras no escribir será posible?

Quién sufre ya impasible

Ciudad tan corrompida cómo está?

Quién, aunque fuera un bronce, no arde de ira,

Cuando a Mathón el leguleio mira

Cond acido en su espléndida litera

Llena sólo con él, 6 cuando pasa 

En pos el delator y vii testigo (2)

Contra el ilustre amigo,

A quien robó de su fortuna escasa

ElEl resto? Ése a quien Caro lisonjea

Con dones, teme Masa >

Y el cobarde Latino se granjea

Su Su Timele cediéndole? ¿Quién puede

Soportar con paciencia

Que el sucesor desheredado quede,


(1) Parece que éste era un favorito de Domiciano, el cual le
«olmo de honores y riquezas. Probablemente es el lirismo á quien
alabó bajamente Marciai en estos versos:

Sto pla&itum r ideai sewper, CrUpine, tonantem
Ne 3 te Roma minus quam tua Memphis amet,

(2) Alude probablemente á M. Atilio Bégulo, famoso delator
del tiempo de Domiciano, y tan temible, que basta á los dela-
tores mismos, corno Massa y Caro, causaba pavor. Habla de él
Plinio el jóven, epist. il.


 


Y se alce con la herencia

Quién, cómplice del vicio, hallo seguro

Medio para ganarse un codicilo >

De DDe rica vieja en el amor impuro.

Sólo una parte a Proculeyo; a Gilo

Las otras once; cada cual alcanza /p>

Merced proporcionada a su privanza.

Reciban ambos, pues, ese vil oro

Que es precio de su sangre, y palidezcan >

Como el que acude al lugdunense foro (1)

A bA hablar, 6 el que ola vado el diente agudo

Sienté del aepid en el pie desnudo.

. iCómo queréis que el higado no inflamfr
Ver que obstruyendo al pueblo numeroso
Con su séquito el paso, va orgulloso
Este ladrón y corruptor infame
Del huérfano, ó aquel que la condena
Sufrió* dictada por el Juez severo?
(iPoco le importa la infamante pena
Si salvar ha logrado su dinero!)

EEl desterrado Mario (2) goza y bebé


(1) Unas frases de Suetonio explican estc verso. Hablando de
Caligula, dice: «Estableció en Lyon certamenes de elocuencia

Sriega y latina, en los cuales, segun se dice, los vencidos debían
levar el premio á los vencedores y cantar sus alabanzas. Lo
autores de las composiciones peores debían borrarlas con una
esponja ó con la lengua, si no preferían ser azotados ó airojados
al Kódano. Caligula, 20. Aunque el hecho sea dudoso. la frase
f álido corno el ave acude al foro Ivgdwnense, habia llegado tal
vez á ser proverbiai.

(2) Mario Prisco, distinto del famoso avversario de Sila, fué
condenado por las rapinas que habia cometido en Africa siendo-
procónsul; pero la provincia no fué reembolsada, lo cual esplica-
ci victrix plora*.


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Desde la octava faora
Sia temor & los dioses, y entretanto
Tu gimes job provincia vencedora!
" Y dignos de la sátira boraciana
NNo 8 era a estos crímenes perversos?
lY no he de castigarlos con mia versos?.
2 A que* cantar el celebrado lauro /span>
De Alcides 6 Diomedes,
el mugir del cretense Minotauro,
O el loco joven en el mar caldo,
OO el volador artífice (1), boy que bereda,
Ya que la ley a su mujer lo veda (2),
El caudal del adúltero el ni árido,
Diestro en mirar al techo (3),
Diestro en roncar al lado del triclinio /span>
44 con la experta nariz presta en acecho?
Hoy que de una cohorte aspira al mando
Aquel & quien un día vió el flaminio
Campo en cuadriga rápida cruzando /span>
YY, en caballos su herencia disipada,
Ya la indigencia y sus horrores prueba,
El carro, nuevo utomedón (4) guiando
De Nerón y su impúdica manceba?


CCI) Dédalo, padre de Icaro.

(2) Según Huetonio, Domiciano privó del derecho de suceder por herencia a las mujeres que cometían adulterio. A está disposición se refiere Juvenal.

(3) Alude, según saulx. á un Sulpicio Galba, que solia
quedarse dormido al acabar la comida, para do presénciar la
liviana conducta de su mujer, cortejada por Meceuas: y que-
riendo un esciavo aprovecharse de la ocasion para pi obar el vino
de Falerno, le grito: /Jleu jrner! non omnibu* dot mio.

• (4) Segun Turnebo se refiere á Fusco, auriga de Nerón y
hecho prefecto del pretorio por Domiciano,

 


jY niinca habrá de serme permitido
Decir esto en voz alta, cuando reo
En hombros de seis sierros conducido,
Y. en actitud tan muelle y altanera
Cual si fuese un M ecena s, al falsario
A quien hiimedo sello y tabla exigua
Convirtieron de pronto en milionario?
Contemplad la matrona (1)
Que al sediento marido da el veneno
Mezclado con suavisimo caleno,

Y 4 inexpertas amigas alecciona

Aun mejor que Locusta [2) f porque vean
De qué modo tan fácil é ingenioso,
Entre el rumor del pueblo y sorda ira,
Puede enviarse el cuerpo del esposo,
Livido y negro, ú la funérea pira.

Atrévase & cualquier delito digno 
De la estrecha Gyara (3) 6 las prisiones
Quien ser temido y respetado quiere.
Se alaba a la honradez, mas de hambre muere!

Y en tanto el crimen para si arrebata
Ebúrneas mesas, libertos, posesiones,
Antiguos vasos, cincelada plata.


(1) Reflérese tal vez á Agripina, mujer de Claudio, que dio
muerte á éste con setas venenosas.

(2) Famosa envenenadora que, segiin Suetonio, suministró
á Nerón el activo é instantáneo tósigo que dio muerte a Britá-
nico. Tácito, para cxpresar el pape! que está mujer criminal
desempenó con su infame arte en las cortes de Claudio y Nerón,
dice que se la miraba corno un instrumento para reinar, uinter
iiiMrwnienta regni hahita)). Fué condenada á muerte por Galba.

(3) Pequena isla perteneciente al grupo de las Sporades, lu~
gar de destierro.


JUVEtf AL. 9


Mas £quién con justa cólera no estalla

Si al suegro considera

Vil corruptor de su ayarienta nuera?

Quién ante infames matrimonios calla,

Ó ante imberbes ya adúlteros? ¿ingenio

Falta? La indignación mis versos trace;

Salgan de cualquier modo,

Cual Cluvieno los hace (1)

Como los Lago yo« Motivo todo

 cuanto hicieron los hombres, de á mi libro;

Ira, temor, anhelo,

Gozo, placer, la intriga 6 el recelo;

En fin, cuanto ha ocurrido desde el día

En que la mar, por el diluvio hinchada,

De Deucalión la nave deponía

En el monte, y f ué Temis consultada,

Y animó a blandas piedras lentamente

De la vida el calor, y Pirra de ellas,

Ante atónitos hombres, de repente

Hizo surgir bellísimas doncellas.

¿Y cuándo de los vicios la abundancia
Fué mayor? ¿Cuándo abierta
Á la avaricia fue mas ancha puerta?


(1) La indignación que domina a Juvenal no le impide zaherir de paso, y por medio de un rasgo satírico, al mal poeta
Cluvieno. Algunos encuentran de dudoso gusto este rasgo inter-
calado en un pasaje donde el autor aparece poseído de la mas
justa ira, deduciendo de aquí que está es fiugida y pura declamación. Creemos que en descargo de Juvenal puede alegarse la
brevedad misma de ese rasgo, que no parece compatible con
el estado de excitación del poeta, y que, por otra parte, brilla
por su concisa energía.

Léase el originai, y se vera que el quali» ego vel Cluinenui,
produce por su misma concisión un efecto que no disueaa ni
¦desagrada en eie pasaje.


I0 arte»*» iwww.

Cuándo del jaego mas la tiranfa?

Ya el bolsillo no basta; el area toda,

Ei heredado acervo,

Al capricho del dado se confia.

i Cuánta disputa citando pone el siervo

En la mesa las fichas! iVor ventura

No es furor, no es locura

Que cien sextercios juegues

A qui, y en tanto al aterido esclavo

La min túnica niegues?

iQuién, entre tus abuelos, tanta s villas

Erigió nunca, di; 7 en las privadas

Cenas cuál ostentó siete vajillas?

Ahora pequeña esportala (1) a la entrada


£1) Según Suetonio, Ner. xvi, Nerón redujo los festines pti-
blicos que antes se daban al pueblo, á raciones que se die-
tribufan en pequenas cestas ó esporti l las, de donde vino á 1»
ración misma el nombre de e*pórtula % que se distribui é
los clientes. Con este motivo Juvenal traza un animado cuadro
de las relaciones que existian en su época entre patronos y
clientee. Tanto unos corno otros habian degenerado. En tiém*
pos anteriore» el patrono era el protector, el amigo del cliente,
a quien considera oa corno de su fami li a, y sus dones no humi-
llai)an a éste; mas ahora, de parte del senor no existe mas due
un refin ado egoismo, y el cliente á la vez ha perdido toda idea
de decoro y de dignidad personal, acudiendo corno un famélico
para recibir,. si es que lo lopra, la miserable ración que se le
arroja corno una limosna. £n la sátira quinta trata con mas
extensión este asunto, y en ella se araba de revelar la profunda
abyección á que habia venido á parar la clase de los clientes.
Vemos también que no sólo éstos, sino los individuos de la
antigua nobleza, pretore? , tribuna, tampoco se avergonzaban
de acudir , para recibir su ración , a las casa* de los patricios,
mezclándose con ellos ricos libertos, que anadfan á sus rentas
Ics ingresos de la esportala y hasta disputaban el puesto á-
los descendientes de Asoanio, coimderándose por sus riquezasi
acreedores a ser preferidos. Unos y otros arrebatan las raciones,
y entretanto el misero cliente, el verdadero necesitade* espera
en vano su turno, hasta que. cansado ya, tiene que retirarse.


juvrnal: li


Del vestibulo, espera

Que la togada turba la arrebate.

Mas no sera sin que el custodio inquiera

Tu rostro, recefando que caalquiera

Con falso nombre de pedirle trate:

Reconocido, la ración te entregan.

Luego á la voz del pregonero llegan

Los de troyaná estirpe descendientes,

Que también el dintei ellos oprimen

Cu al los pobres clientes.

— Da primero al pretor, luego al tribuno;

— Pero es que el libertino

Antes que todos vino.

—Soy primero, éste clama, que hingunó.

iQué temo? Dudo en defender mi puesto?

Kacer me vió el Eufrates; verdad; esto

Aunque yo lo negara,

Horadada mi oreja lo deciara;

Pero las Cinco Tiendas (1) me producén

Cuatrocientos sextercios. Qué nobleza

Da la púrpura igual, cuando á Corvino

Obliga la pobreza

A guardar el ajeno

Rebalio sobre el campo laurentino?

jMás rico soy que Palas y Licino!


(1) La* cinco tirnda*.—'Ba]o la frase quinquc tabcrna se
expresa el lugar del foro donde se reunian los banqueros y
usureros para hacer sus negocios. utirptem tábernce qvcn tunc
quinarie et argentarla, aure nunc norem aprllantvr.') Tito Li-
vio, rarece, pues, que el pensami ento es éste: «Los negocios
que yo hago en el foro me producén una renta de 4< sextercios;
la cnal me da derecho á ser incluido en la clase de los caba-
lleros » En efecto, una ley promulgada por Otón incluia en
está clase á todos los que pagaban la expresada renta.


12 sat(rlcqs latino?.


Ceda, pues, el tribuno, venza el oro,

Y ni ante honores sacros se someta
A quel que a Roma vino

Con los desnudos pies llenos de creta (1).
Pues cierto, cual deidad te veneramos,
Oro funesto, en Roma, aunque no faabitas
Templos, ni altares en tu honor alzamos,
Como la Paz jr la Virtud lo tienen

Y la Fé, la Victoria, la Concordia,
Cuyo portico suena estremecido
De las cigiienas con el grito cuando
Baten las alas al volver al nido (2).

Mas si el patricio mismo al fin del afio
Cuánto rindió la espórtula numera,
Cuánto aumento su haber, jque' hará el hambriento
Que sólo de ella espera
Toga y calzado y lena y alimento?
Tras de los cien cuadrantes van volando ,
Literas mil, y languida y enferma
O en cinta sigue ai cónyuge la esposa;
Hay quien astuta estratagema usando,


(1) Alude á la costumbre de 1Ó9 Romanos de marcar con yeso
ó creta los pies á los esclavos puestos en venta, estampando el
sello de su dueiio si pertenecian á un particular, ó el de la
Kepública si eran del Estado.

, (2) Este verao ha dado mucho que decir á los comentaristas,
llegando alguno basta a afirmar que se refiere al lugar en donde
el Senado solia reunirse, y que resonaba con el estrépito de los
senadores. Grangeo llama a esto mera nngce. Sin entrar en in-
útiles investigaciones , parece que este verao debe traducirse
asi: «Y la Concordia (es decir, el tempio) que resuena con el
grito de las cigiieiias al saludar su nido.» La palabra crepitare
no puede atribuirse mas que á la ciglieiia , de la cual también
dice Ovidio: ((Crepitante c'wonia rostro.)) (Metamorph. 6,)


JUVKNAL. N 13


Por la ausente niujer pide, mostrando

Como si en ella fuera,

La cerrada litera.

— Mi Gala es, dice; l& que tanta demora?

1 Acaba! — lEs Gala? Asome la cabeza.

— Déjala en paz, que está dunniendo ahorá.

Ved en lo que éste tal consume el dia.

La esportala primero; luego al Foro

Do Appio dieta fallos judiciales;

Después á las triunfales

Estatuas, donde osado é impudente,

No sé* qué egipcio 6 moro (1)

Con soberbia inscripción fijó* la suya.

; Monumento sagrado

Donde basta el orinar es gran péeadó!

Cansados ya los míseros clientes,
Y la esperanza de cenar perdida,
El atrio dejan ; triste desengaño!
Si ba de corner el infeliz, es fuerza
Que afloje el bolso y compre lefia y berza.
En tanto lo mejor de selva y mares
El rey de estos famélicos devora,
Entre desiertos lechos.
Antiguas mesas anebas, singulares
Por su fina labor, él atesora;
De tantas basta una
Para engullir él solo su fortuna.


(1) Créese que el poeta alude al farorito de Domiziano, Cris-
pino, ya citado, hombre de infame» costumbres, al caal pinta
con tan negro* cotases en la sátira teuarta.


14 SATfRICOS LATINOS.


¡Cierto! Ya no hay parásitos. Mas gesta

Avaricia funesta

Del lujo, quién soporta? ¿Qué insaciable

Gala es la tuya que hace que destines

Entero un jabalí para ti solo,

Cuando Natura misma dedícalo

A ser manjar sobrado en los  festines?

Mas la pena no tarda,. t

Hinchado el vientre, el traje descuido,

El aun no digerido

Pavón al bailo lleva/

Y allí la muerte súbita le aguarda:

De cena en cena corre ya la nueva

Sin inspirar dolor. Pronto el cortejo ,

Del intestado viejo

Seguirán sus amigos, irritados

Al verse de su herencia defraudados.

¡Qué infamias, qué maldades
Inventarán mayores

Que éstas que vemos hoy, nuevas edatjes?
Igualarnos podrán, no ser peores;
Llegó el vicio a su colmo. Pesplegando
Las velas, pues, tenda moslas al viento.
Pero dices: — jlngenio y firme aliento
Para tanto tendrás? jDónde la antigua
Sinceridad (el nombre
I Ay! no oso pronunciar), aquella austera
Virtud libre y severa,
Que ante el crimen y el vicio enardecida "
Jamás callo médrosa ni oprimida?
— jQué me importa si Muoio me aborrece


 


Ó no? — Está bien; mas pon á Tigelino (1),

Y á un poste fijo y hamo despidiendo,
Como la tea lucirás ardiendo,]

Y la espantosa pena

Para cumplir, te llevará arrastrando
El verdugo, y tu cuerpo irá dejando
Sangriento surco en la menuda arena.

JY qué? ¡Podrá el malvado
Que con mortal acónito extinguiera
La vida de sus deudos (2), ser elevado
En la muelle litera

Y despreciarme desde allí insolente?

— Si con él te encontrares, sé prudente;

¡EL dedo al labio, y calla! Jtfi aun exclames:

«¡Es ése!, pues no creas

Que aguarda mas el delator. artero. /..'.'

Cantar las glorias del piadoso Eneas

Puedes seguro 6 del Kutilo (3) fiero;

En esto no variles,

Que á nadie ofenderán ni el muerto Aquiles,

"Ni el joven Hyias, con afán buscado

Y en las revueltas ondas sepultado.
Cuando Lucilio, ardiendo en noble enojo,


(1) C. Fulanio Tigelino, naturai de Agrigento y favorito de
Kerón. Las palabras que siguen aluden á uno de los terribles
fluplicios decretados por este Emperador contra los cristiano»:
« Et pereuntibus addita ludibrio,, ut ferarwm tergi» contecti,
laniatu canum interirent, aut crucibu» affixi, aut flammandi,
atque ubi defecUset die» in usuriti noeturni lumini» urerentw,*
Tac. Aun. xv.

(2) Se refiere al mismo Tigelino, el cual dio muerte á sus
tres tios por medio del veneno, para obtener la herencia.

(3) Turno, capitan de los Rútulos, que pe!eó conEneas.

le SATfRICOS LATINOS.


Traena, y la piuma, cnal de snodo acero,
Vibra sobre el malvado, éste el sonrojo
Siente de la verguenza; con severo
Grito le hiela el corazón de espanto
Sa conciencia agitada, y la secreta
Culpa le bacer sudar. La furia, el Uanto,
Nacen de aqui Tu pie n salo, medita,
Antes que la senal de la trompeta,
Pues tarde se arrepiente
Quien ya contempla al adversario enfrente.

— Pues bien, indagare basta donde pueda
Llegar la piuma mia,
Y bablaré, ya que tanto no se veda,
De los que vueltos en ceniza fria
Ha mucbo tiempo yacen
En la flaminia y la latina via.


i


SATIRA SEGUNDÁ


LOS HIPÓCRITAS.


Aboumento. — En está sátira flagela el poeta sin compasión
a los que, aparentando una vida su j etá á los rigidos preceptos de
la filosofia estoica, se entregaban secretamente álos mas odio*
sos y repugnantes vicios. Introduce en ella a la cortesana La-
ronia, que dirige viyos apóstrofes a estos hipócritas, y combr.te
la molicie de los jueces, las nupcias infames contra la natura-
leza, lá abyección á que habian venido á parar los patricios,
concluyendo por una magnifica defensa de antiguas creencias,
que, aunque adulteradas por el paganismo, conservaban toda-
yla bastante viva la idea de la inmortalidad del alma y de la
vida futura.

Mas alla de la Scitia, 6 la ribera
Del marglacial me ina, cuando escriben
Centones de moral, y vida austera

De Curios (1) aparentan los que viven
En bacanal perpetua. Indocta gente,
Aunque con bustos de Crisipo exbiben

Lleno su hogar, pues solo es eminente


(1) Curia Dentato, celebrado por su f rugalidad. Enviado éste
corno legado á los Samnitas, ellos trataron de atraerle á su
causa corrompiéndole con una gran suma. Los que le Uevaban
el presente quedaron asombrados al verle sentado al f uego sobre
un tpsco banco y cenando en una escudilla de madera; pero
creció su asombro cuando contestó, rechazando la oferta: «Id y
decid á los Samnitas que M. Curio, mas que ser rico, gusta de
imperar sobre los ricos.» Val. Maximo, 1. IV, e. in.


18 8ATIR1C08 LATINO».


En su sentir quien de Pitaco alguna
Efigie 6 de Aristo teles ostente,

Y haga que guarde sus armarios una
Copia fiel de la imagen de (1) Cleantes;
Mas no deis a su rostro fé ninguna.

lEn qué barrio de Roma estos farsantes,
De austera faz r ansiosos de giacere?,
No hierven y*? jMil vicios repugnarites

Cual rigido censor condenar quieres
Tu, que aún en la socrática ralea (2),
Sentina inmunda de torpezas eres?

De tus miembros la traza gigantea

Y los cerdosos brazos son senales
De varonil vigor; mas cuando emplea

En tus carnes el hierro, juicios tales
No forma el cirujano que la risa
Suelta, al curar tus asquerosos males.

Breves palabras, expresión concisa,
Mas corto que las cejas el cabello (3),
Tal es de todos hábito y divisa.

Peribonio es mas franco. Si su sello
En él deja cruelisima dolencia,

Y su rostro y su andar son prueba de elio,


(1) Crisipo Cleante*. — Filósofos estoicos.

?2) Socratica ralea. — Algunos leen, en vez de socrático*, *o-
tádicos, aludiendo á Sotades, poeta licencioso; pero la mayorfa
de los comentadores sostiene la palabra socratico*, fundandose,
ó en las corrompidas costumbres que se atribuian á Sócrates, ó
en que ciertos filósofos entregados al mas infame libertinaje,
prof esaban las ideas de Sócrates y alababan, corno éste, la ho-
nestidad de las costumbres.

f3) Los estoicos tenian por regia el cortarse el pelo hasta la
ralz. Persio los llama detonsa Juventus, y de aqui también el
proverbio crine stoicu*.


JUVESAL. 19


Impútolo del bado á la inclemencia.
Sa neeedad á compasión me mueve,

Y excusa á su pecado es su demencia.
Mas aquel que le increpa, que se atreve

A censurarle con acento duro,

Y de virtud baciando se conmueve,

Y se revuelca en fango, de seguro
E se es macho peor. — jSexto lascivo!
Dice Varilo, £acaso tu mas puro

Eres que yo? Y si no> Jcon qué motivo
Quieres que te respete? De atezado
Nubio mófese el bianco, mire esquivo

El gallardo mancebo al jorobado;
Mas si los Gracos con fingido celo
Execran el inotin, Jquie'n indignado

No los escucba? jQuién no clama al cielo

Y a la tierra y al mar, si recrimina
Verres cual delincuente á un ladronzuelo,

Milón á un bomicida; si fulmina
Clodio contra el adúltero la pena,
O bien contra Cetego Catilina?

iSi á Sila y á sus tablas se condena
Por los fieros tritinviros? (1). [Cosa rara!
A si la ley que el adulterio enfrena (2),

Y á Marte y Venus mismos espantara
Por su severidad, restablecía


(1) Lépido, Antonio y Octavio. Juvenal los llama dteelpnli
treg, por la proscripción que decretaron a imitación de Sila.
Fioro, lib. V, cap. iv, llama a dicha proscripción Silano,.

(2) Re refiere á Domiciano. y al incestuoso trato que sostuvo
con su'sobrina Julia. Mostró hacia ella frenética pasión y fué
causa de su muerte, haciéndola abortar. (Suet. Domician. xxn.)

Adúltero cruel (1) que se man eh ara

Con torpe unión, mientras que Julia impía
En su seno, con filtro abominable,
La incestuosa prole disolvía.

No es justo que a está hipócrita y culpable
Eaza de Escauros (2) mire con desprecio 
El ser mas ruin y con desdén les hable,

Y, castigando al par su orgullo necio,
En ellos clave el implacable diente?
Laronia bien mostro su menosprecio

A uno de éstos que alzaba eternamente
La voz, diciendo:— iEw dónde está» ahora,
Ley Julia? <?Duermes?—rY ella sonriente:

— «jFeliz tiempo, exclamó, que en ti atesora
Tan acabado y singular modelo
Contra la corrupción dominadora!


(1) Renerete á la lex Julia, promulgada por Augusto contra
los adúlteros y otras análogas. Dice que por su severidad eran
tales, que espantarian á los mismos dioses, principalmente á
Marte y a Venus, reos de adulterio. Este y otros numerosos pa-
sajes demuestran la mala opinion que tenia Juvenal de los
dioses paganos; y aun en las ocasiones en que nabla' de ellos
seriamente, no deja de traslucirse su incredulidad respecto á
la religión dftcial. Sin embargo, cuando, prescindiendo de toda
idea mitológica, habla de la Divinidad, sus acentos muestran la

?rofunda convicción de su espiritu en cuanto á la existencia de
Hos. Es lo mismo que vemos en Sócrates, Platon, Cicerón, Tá-
cito y otros sabios del paganismo.

(2) M. Emilio Scauro, que intervino en la guerra de Yugurta,
fui, según Salustio, «de ilustre familia, inquieto, deseoso del
gobierno, riqueza y honras, aunque disimulaba con gran astucia
sus vicios». Bell. Ivg. Valerio Maximo le alaba por su virtud en
varios lugares. Elfictos Scauros de Juvenal parece indicar que
éste se inclinaba mas á la opinion del segundo que á la del

Clero, púes la frase tiene una significación análoga al siviu-
Curios del principio. En este sentido traducimos el pre-
sente pasaje, por mas que también podria decirse engahosos ó
falaces Scanros, es decir, gentes que, á imitación de Scauro,
ocultan sus vicios para enganar mejor.


fc,


JDVENAL. 21


I Tenga Roma pudur! iCayó del cielo
Otro nuevo Catón ! Pero jqué tienda
, Te da el perfume para barba y pelo?

No te avergiiences, di dónde se venda.
Mas puesto que citáis leyes violadas,
£Nb es bueno que en primer lugar se atienda
« A la Escantinia? (1). Fija las miradas
En los hombres. Incurren a menudo
Estos en mil acciones reprobadas; •

Pero les sirve el número de escudo,
Y sus falanges iob recurso diestro!
Ampáranse detrás de la testudo.

Concordia les da el vicio. jTan siniestro,
Tan vergonzoso ejemplq acaso ofrece
Aqueste intolerable sexo nuestro?

No Catula cual Hispio se envilece,
Tedia ni Cluvia (2), y en nefando vicio
Aqucl con doble infamia palidece.

jUsurpamos nosotras el oficio
Del letrado en las causas? jPor ventura
Aturdimos el foro en algun juicio?

Tal vez alguna muestra su bravura
En la lucba, y tal vez el pan moreno
Del fuerte atleta con piacer apura;


(1) La lejr Escantinia, atribuida á Scantinio Aricino, casti-
gata los vicios contra la naturaleza, con graves penas. Mas
tarde se impuso la de muerte.

(2) Cattila, Tedia, Cluvia. — Famosas cortesanas. De la pri-
mera habla Marciai en él siguiente epigrama:

« Formosissima qucefuere vel sunt,
Sed viUssima gv&ftwre vel sunt;
O quam te fieri, Catulla rei lem
Formosam minus, magis jpudicam.))


22 SAT1RIC0S LATIKf-S.


Mas vosotros hiláis, el cesto Ile no
Mostrando, y ya acabada la tarea.
El huso, a mano varonii ajeno ,

En vuestros dedos rápido voi tea,
Credendo con la estambre delicada.
No mas destreza, Aracne, ni la aquea

Penelope mostró; ni encadenada
Por la esposa al asiento la combleza (1)
Presenta una labor mas acabada.

iPor qué lego al liberto su riqueza
Histro quieres saber, y por qué en vida
Prueba a la esposa dio de su largueza?

Su cámara nupcial vió envilecida
Aquélla, y lo sufrió. Tu, sé callada
Y obtendrás recompensa muy subida.

Joyas vale el silencio. j Y deapiadada
Sentencia luego & la mujer condena!
[Del cuervo la censura se apiada,

A la pai orna hiere!» — Mientras llena
De indignación Laronia asi deci a,
La turba aquella, hipócrita y obscena,

Confusa huyó. Mas ella £en qué mentia?
Si con toga sutil de seda y oro
Te ve, Crético, el pueblo cada dia

Juzgar a meretrices en el foro.
Otros, Jque harán? Adúltera es Labula?
Pague con el castigo tal desdoro;


(1) Combleza. — Péllex era la esclava adúltera á quicn la es-
posa, irritada por los celos, hace hilar todo el dia, dandola mal
trato y obligándola á estar sentada sujeta en un banco. El ori-
ginai dice:

«//orrida, quale faeit, residens in codice, Pellex,))


JUVENAL. 23


Mas nó usa toga igual. — Si me atribula
El calor, si me abraso. — Ve desnudó,
Que es torpeza que mas se disimula.

jBuen traje, si volviendo del sanudo
Combate herido y vencedor, te viera
Juzgar el pueblo antiguo, sobrio y rudo,

O si depuesto el azadón te oyera!
Al ver asi vestido muellemente,
No ya a un juez, a un testigo, Jque' dijera?

— «£Tu, defensor acérrimo y ardiente
Dei pudor, y esa seda te engalana?
Te corrompió* el ejemplo, y fijamente

A otros también corromperas mariana,
Cual un cerdo su lepra a todos pega,
Cual su humor la podrida á la uva sana,

Cual su sarna al rebafio una borrega.» —
Mas serás aun peor, que de repente
Nadie a la sima de los vicios llega.

Ya poco á poco te atraerá la gente (1),
Que con collares la garganta cubre
En reuniones secretas, que la frente

Bajo las luengas infulas encubre,
Y con gran vaso aplaca a la furiosa
Maia y de tierna cerda con la ubre.

No entran hembras alli. Si tocar osa
Una el umbral, le cierran el camino.
jSólo á los hombres muéstrase la Diosa!


(1) Habla de los sacerdotes de Minerva que el emperador
Domiciano habia establecido en el monte Albano. Celebraban
también los misterios de la Buena diosa (Ceres ó Maia), y de
sua reuniones secretas eran exeluidas las mujeres. Macrobio
QSaturn., lib. I, cap. xn) cuenta el sacrificio que hacfan.


\


24 8ATIBIC08 LATINO*.


— iFuera profanasi Soplo femenino,
Gritan, jamas aqui la flauta hinchera. —
Tal las nocturnas fiestas imagi no,

Donde en báquica danza, placentera
Torba de Baptas (1) salta, fatiganch)
A la impúdica diosa que venera.

A éste veras sus cejas dilatando
Con curva agnja en el hollin tefiida,

Y los trémulos ojos retocando.
Otro con áurea red lleva cefiida

La cabellera, cual mujer liviana,

Y en torno de la f rente recogida.
Azul seda 6 finisima gal vana

Dan á su muelle cuerpo vestidura,

Y entretanto por Juno soberana,

Su esciavo, aun mas afeminado, jura.
Aquel tiene el espejo que llevara
Otón vii, cual si el asta ingente y dura (2)

Fuese que Turno á Arunco arrebatara,
En el cual se miraba cuando enhiesta
Al campo iba su ensefia. ;Cosa rara!

Digna de ser en los anales puesta
De nuestra edad y en la reciente hi storia;
jEspejos á una guerra corno está!

Cierto. En egregio ciudadano es gloria


(1) En Atenas se celebraban nefande» cultos, llenos de todo
género de liviandades, en honor de la diosa Cotyto. Los que
practicaban este degradante rito tomaron nombre, según unos,
de una cotuedia de Eupolis, intitulada Baptas; según otros, de
pa7cxeiv, porque sumergian la cabeza en agua para purificarse.
' (2) Por ironia aplica al espejo de Otón la frase ae Virgilio,
Actoris Auritnci tpolium, en el lugar en que cuenta que Actor
Aurunco arrebató al valiente Turno una gruesa lanza, de que
se sirvió luego para combatir con Eneas.


JUVENAL.


" Guidar la- tez, y al viejo Galba muerte
Dar, es propio de un héroe; la Victoria

Disputar en (1) Bedriaco y'extenderte.
Blando pan en la cara afeminada,
También es propio del guerrero fuerte.

No a la asiria Semirami s armada
Vieras asi eu la guerra, y mas decencia
Mostró en Accium Cleopatra consternada.

Pudor en las palabras, reverenda
En la mesa, no esperes; alli impura
Cibeles reina y cinica licencia.

Suena la voz con femenil blandura;
Infame viejo de cabello cano,
Cuyo vientre voraz nada satura, _

Preside lleno de furor insano.
Digno maestro para tal escuela,
Que, para escarnio del honor romano,

Con las vilezas frigias se nivela.
Graco & un 'flautista dote numerosa
Cede. El contrato firmase; ya vuela

La turba bacia la mesa suntuosa.
— Sé feliz, gritan todos, y el marido
Su asiento ocupa al lado de la esposa.

iOh próceres! jA quién fuera debido
Que para caso tal se recurriera?
lAl censor? jAl augur? jMás corrompido

Monstruo, mayor se ba visto, aunque naciera
Un becerrillo de mujer, aun cuando
Diese á luz una vaca á una corderá?


(1) Otón, vencido por Vitelio en Bedriaco, se dio la muerte
para no sobrevivir á la derrata.


26 SATIKir08 LAT1K08.


Aquel que el peso resistió, sudando,
Del sacro escudo (1) que bajó* del cielo,
Hoy mujeriles- ropas ostentando,

Toma amplia veste y el rojizo velo.
De dónde, oh Marte, protéctor de Roma
Tanta maldad en el latino suelo?

iCómo invadió á tus hijos la carcoma
De los vicios? Varón claro en linaje
Infame esposta, sin vergiienza, toma,

lY no rompes tu yelmo Gon coraje?
Y no hieres la tierra con tu lanza,
Ni a Jupiter te quejas de este ultraje?

iVete, pues! Deja el campo donde avanza
Ya la vii corrupción, antes austero,
Pues qae a la orarlo tu poder no alcanza.

— Al valle de Quirino llegar quiero
Pronto. — jPor qué?— Hoy cásase un amigo.
Hay pocos invitados. Vive, empero,

Algo mas, y en las actas yo te digo
Que estos contratos constarán un dia, .
Y toda la ciudad sera testigo.

Una cosa a estas novias contraria;
Una terrible pena las tortura.-
Con tierno infante retener conffa

La mujer al marido; mas Natura


(1) Numa supuso que habia caldo del cielo un escudo, acerca
del cual dijeron los Arúspices que el imperio del mundo perte-
neceria al pueblo que lo conservare. Este esondo fué Uamado
Ancile, y para que no pudiese ser arrebatado, ni conocido si-
quiera, mandó f abricar otros exactamente iguales, y encomendó
su custodia á los sacerdotes Salios ó de Marte, que debian ser
patricios y eran los únicos que podfan llevarlos y celebrar su
fiesta.


JUVENAL. 27


Tal privilegio denegarles quiere.
La sucia vieja Lyde en vano apura

Sus ungiientos, su arte; en vano hiere

Agii Luperco la extendida mano

iEstéril es el monstruo, estéril muere!

A otro Graco recuerda. Este villano,
Con gladiatoria túnica y tridente,
Corrió el circo ante el publico romano.

Y de estirpe mas clara descendiente
Que Marcelo y el gran Capitolino (1)
Fué, y que Fabios y Paulos, y la gente

Que' le vió desde el Podio (2), y no elimino
Al que pagaba tan infame hazana,
Si es que su nombre á tu recuerdo vino.

Nadie, a no ser el nino que se bana
De balde (3), cree ya en manes, en infierno,
En Carón, en la Estigia, con su extrana

Turba de negras ranas y su eterno
Vortice, y en la barca que alli espera
Almas que conducir al hondo averno;

Mas tu juzgalo cosa verdadera.
iQné penso Curio? iQué los Escipiones?
jQué Camilo y Fabricio, y en Cremerá (4)


(1) Marco Manlio, defensor del Capitolio durante la iuvasiun
de los galos.

(2) El Podio era el lugar reservado en el anfiteatro al Empe-
rador y su corte.

(8) Alude á los nifios de muy corta edad, los cuales eran ad-
mitidos á los banos públicos sin pagar el precio de entrada. In-
dica asi el poeta el general escepticismo que dominaba en la
sociedad romana, pnes sólo los nifios muy pequefios daban cré-
dito a las antigaa8 tradiciones mitológicas.

(4) Junto al rio Cremerá (hoy Valea), afl. del Tiber, en Tos-
cana, pereció casi entera la familia de los Fabios en la guerra
de Veies-, habiendo sobrevivido sólo un adolescente.


utibioos liti Kos.

Los Fabios al morir? jQaé las legione»
L'ti la gloriosa juventini, segnila
En Cannas, y los inclitos yarones

Qua de Marte iamoló la diestra airada?
Cuantas reces sili. la sombra impia
De ano de esos desciende, la sagrada

Legión purificarse desearla,
Si rociado laurei y azufre y teaa (1)
Lea diera su mansión hórrida y fria.

i Ay ! Allf nuestr&s mfseras j reaa
Almas irán, aunque al poder romano
La hibernia orilla sometida veas,

Y las Olcades y el feroz britano,
Que con bus breves noches se contenta.
Mas este pueblo, de sa gloria ulano,

Con torpes vicios su grandcza afre ola,
Que no tiene el vencido, aunque de uno,
Del artnenio Zalates, ya se cuenta

Baldón mayor que de mancebo algano,
Pues fué, de sa decoro con ultraje,
Juguete envilecido de nn tribuno.

Ved caal le contagió el libertinaje.
Vino en reheues, joven inocente,
De aqui saldra hecho bombre. Vasallaje

Paga al vicio cualquier adolescente


(1) Alude a las trcs claaes de luEtracion.es que usaban los
Eomanos para parificarse: el fuego, el asufre y el agua, con la
Citai rociaban Ci laurei, que también serria para cete USO. Qlliere
deeir el poeta que es verdadera la existencia del infierno, y
cada cvial ha de ir alll & rendir cuenta de sur actoa, lo mistno
vencedores que Tenoidos, eiendo la de aqnéllos mas rigorosa
porque tienen vicios que aun desconocen los último».


JDVKNAL. 29


Qae inora en Roma. Seducciones niiles
Le cercarán doquiera. Lentamente
Freno, látigo, espada, varoniles
Ropas él depondrá, y a la lejana
Artaxia llevará las huellas yiles
De la afrentosa corrupción romana


jj


SATIRA TERGERÁ.


LAS MOLESTIAS DE ROMA.

ABQUMENTO. — Umbricio, amigo de Juvenal, abandona a
Roma para retirarse á Cumas. Los motivos que alega para adop-
tar está resolación constituyen el asunto de la presente sátira?
que es un animado ctiadro del estado de Boma en aquella época.
«Aqui, dice, el talento y la honradez son menospreciados ; el
hombre de bien no encuentra recursos para vivir, y en cambio
prosperan los intrigantes, los bribones, y sobre todo los Griegos,
que se insinúan en el ánimo de los patricios y concluyen por
ejercer en sus palacios omnlmoda influencia.» Pondera los males
de la j)obreza, el lujo triunfante, la general venalidad, los peli-
gros constantes que corran en Boma las personas, por causa de
los frecuentes incendios, robos, asesinatos, etc, y concluye ins-
tando al poeta á seguir su ejemplo. La pintura que Juvenal
hace de Boma podria aplicarse, con leves modificaciones, á
cualquiera de las grandes capitales modernas.

Aunque la ausencia del antiguo amigo,
Duéleme, su design io cuerdo y sano
Aplaudo, pues abrigo
Busca en Cumas desierta

Y brinda á la Sibila un ciudadano.
De Bayas es la puerta

Y apacible lugar para retiro.

Yo a la Suburra (1) Prócida prefiero;


(1) Era un barrio populoso de Boma, asi corno Prócida una
isla desierta en el golfo de Baias. Marciai dice acerca de aquel •

ikDv/m tu forsitan inquietus erras
Clamosa, Juvenalis, in Subura.))


JOVKNAL. 31


_£Pues bay yermo tan bórrido, tan fiero
Que no halle delicioso, cuando miro
Los incendios diarios, la frecuente
Buina de tanto bogar, las siempre inquietas
Horas a los peligros mil sujetas
De está ciudad cruel, y en el ardiente
Agosto el recitar de los poetas?

Pero mientras cargaban su equipaje
En un carro, detúvose no lejos
De la Capena húmeda(l), y los viejos
Arcos, en el paraje
Donde escucbaba atento los consejos
De la nocturna amiga Numa pio.
Sagrada fuente (2), bosquecillo ameno

Y tempio, hoy afrendados al judlo,
Cuyo baber se reduce a un cofre y beno.
Que todo árbol alli ya es tributario,

Y arrojadas las Musas, es guarida
De mendigos la selva. Al solitario
Valle Egerio (3) bajamos, y á las grutas


(1) Se refiere á los arcos de los Horacios, cerca de la puerta
Capena. Llama á está húmeda el poeta, á causa de las f uentes y
acueductos que habia cerca de ella, por lo cual se la llamaba
t&miÁéD. fontinalig. Por la puerta Capena se entraba en la via
Apia, que conducia á Nápotes y Capua, y por lo tanto, á Cumas.

(2) Numa Pompilio, para dar mas autoridad á sus leyes, su-
ponia que le erari inspiradas por la ninfa Egeria, y en este sitio
xué donde edificó el tempio de las Camenas. La palabra delubra
flel originai significa propiamente mas de un tempio, pues
mientras que éste es un edificio consagrado á un dios, aquél está
consti tuido por muchos edificios. Arguye de arancia á los Ro-
manos porque arrendaban á los judlos los lugares consagrados á

musas.

(3) El bosque Aricino, donde estaba la fuente de la ninfa
Egeria.


ft


32 • bátJricos latin oh.


Donde altero atrevida

El arte la belleza verdadera;

Si por verdosa margen conte nida -

£1 onda allf fluyera

Y á la nativa pena no afrentara

.Soberbio el marni ol, jcuánto mas propicio

El Numen de las aguas se mostrara!

Aqui, la voz alzando, dijo Umbricio:
— Puesto que en Roma protección ninguna
Á las honestas artes se concede,
Ningun premio al trabajo, y mi fortuna
Mermada, descender mafiana puede,
Aléjome sin pena

Hacia el lugar donde piego las alas
Dédalo fatigado (1). Ann no está ljena
Mi cabeza de canas, los linderos
Aun no he pasado de la edad madura;
Aun qneda de mi vida
A Láquesis (2) que hilar, la frente erguida
Llevó, y mi paso muestra
Que andó firme y seguro
Sin apoyar en báculo la diestra.

La patria, pues, dejemos. Viva Arturo
Aqui, Cátulo viva, y los que tornan


(1) Segúnla mitologia, Dédalo, fatigado de su largo viajé
desde Creta, se detuvo en Cumas.

2) Una de las Parcas.,El diverso oficio de cada una de ellas
es indi cado en el sigili ente verso latino:

aUt Clotlio colum portet, Lachesis trahat, Atropo* occet,»

Por esto emplea Juvenal la palabra torqueat, que no podia
aplicarse á las otas dos Parcas.


JDVENAL. 33


Lo negro en bianco, a quienes todo es llano;
Los templos reparar, limpiar un puerto,
Un rio, desecar algún pantano,
Esclavos ofrecer en almoneda,

Y conducir hasta la pira un muerto.
No ha mucho estos liistriones
Villas y municipios recorrian,

Y á vii precio tanian

En la arena del circo la cometa:

Hoy fiestas dan, y de la plebe inquieta

El aplauso buscando, les da un bledo .

Que muera el gladiador, si ella levanta

El implacable dedo (1).

Salen de allf, y la limpia de letrinas

Gontratan. jY en qué cosa tii imaginas

Que uno de estos bribones no prospere,

Si son de los que eleva la fortuna

Desde el polvo á la lana, -

Cuando mofarse de los hombres quiere?

?

jQué bare yo en Roma? Ignoro el fingimiento
Ni alabar ni pedir sé un libro malo (2);
De los astroa no entiendo el movimiento,


(1) El pueblo romano podia denegar ó conceder la vida al
gladiador h eri do en el circo, levantando el dedo pulgar, ó pie-
gandolo sobre los otros dedos. Raras vecés usaba de este derecho
de grada, corno el gladiador no hubiese mostrado gran destreza
y valor en el combate. Ni aun las damas sentian mayor piedad
natia el desgraciado, seguii indica este verso de Prudencio:

« pectusque jácentis

Virgo modesta jubet, converso pollice, rumpi*»

(2) Siendo los libros muy raros, cuando se queria. lisonjear
al autor, se le pedia el mariuscrito para copiarlo. Esto es lo que
quiere decir el poscere del originai;

3


34 batiricos latinos.


Y no es maldad que cuadre

A mi caracter anunciar del padre

La muerte ya cercana.

Jamás escudrifie yo de la rana

Las visceras, y lieve otro si quiere,

Carta 6 don del adúltero a la esposa.

Ni en mi el ladrón espere

Un complice, y asf, ni un solo amigo

Tengo, cual manco 6 cual tullido intitil.

jQuién, sino el confidente 6 el testigo,

En cayo pecho por salir inquieto

Hierve el crimen secreto

Que ha de callarse siempre, es el que alcanza

Protección y privanza?

El que honesto secreto te revela

Ningún temor abriga

Ni á la merced ó gratitud se obliga;

Mas no asi para Verres quien pudiere,

Siempre que le pluguiere,

Denunciar sus delitos en el Foro.

Desprecia todo el oro

Que el turbio Tajo lleva al Oceano,

Si ha de causarte insomnios y desvelo;

No sin tristeza ilegará á tu mano,

Si, precio del secreto peligroso,

El odio y el recelo

Te atrajere de amigo poderoso.

Ahora dire, sin que el sonrojo sea
Obice para elio, cual la gente
Es que el favor patricio se granjea.
Ver griega & la ciudad es un martirio


JUVENAL. 35


Que ya no puedo soportar, romanos;

Mas tampoco se crea

Que la canalla aquea

Es la peste mayor* Tiempo ha que el sirio

Orontes fluye al Tiber, y orientales

Costumbres trajo á Roma,

Los usos y el idioma,

Y la feminea turba degradada,
Que junto al circo vende su belleza.
iCorred si es que os agrada
Pintada mitra en bárbara cabeza!
Con toga de parásito (1) , y llevando
Circense premio (2) en el ungido cuello,
Ves ya a tu pueblo rústico, oh Quirino;

Y en tanto éste dejando

A Samos, á Andros otro, quién á Arnione,
Quién a Alabanda, 6 Trales (3), 6 Sicione,
Llegan al Yiminal ó al Esquilino,

Y adulando halagiienos,

En patricias mansiones se insinúan,
Hoy confidentes y mafLana duefios.
Ingenio pronto, cinica osadia,


(IV Está a? la significación de la palabra griega trccft&dipm,
que literalmente significa corro á la cena , y la emplea para
denotar, junto con el oeromati-co mceteria collo, la misma idea
que emite en la sátira decima, cuando dice que el pueblo ro-
mano, que antes'daba imperios, sólo dos cosas desea: jmn y
juegos.

(2) El originai usa la palabra niceteria, premio de la Victoria,
y eran los que se daban á los vencedores en los juegos. Los gla-
diadores se ungian para la palestra con aceite y cera, y por eso
dice ceromatico eolio.

(3) Trales, Alabanda. — Ciudades, la primera de Frigia, y
la segunda de Caria.


8 A Ti RI COa LATIN OS.

Sa sna labios de frases un torrente

\un mia que Iseo.... jquie'n sospecharia

\. lo que alcanza un griego? jEs omniciente!

.ieómetra, or ad or, médico, artista,

Sramatico, funambulo, balista,

adirino, pintor, en todo ea diestro*

i' acabado maestro.

ii a esti Grecnlo hambriento se Io ordenas,

\.l cielo subirá. No mauritano,

SI sármata, ni tracio fué aquel vano

ue intentare volar; era de Atenaa.

lY he de aafrir au ptirpura insolente;
Jue a su firma se de mas importancia
i" que en lecho major que yo se siente
Vquel qne entre higos y ciraelas vino
\ Roma? i Poe? por nada se reputa
il haber respirado en naestra infancia
Virea del Aventino,
i* haber gustado la aabinia fnita?
Mas que' dire de su destreza y tino
•In adular? Al necio llaman docto,
Del deforme ponderati la belleza;
)e un estafermo el cuello lacio y feo
"iomparan al de Alcides vigoroso,
[emendo en alto al gigantesco Anteo.
Miradle absorto ante una voz chillona
3ual la del gallo que encelado canta!
Jierto, á cualquier persona
Ss dado el alabar; pero fé ciega
>estase sólo á la canalla griega.
Hay alguien qne mejor á la Matrona


JUYENAL. 37


En el teatro imite,

A Tais desnuda, a Dórida liviana?

No actor, hembra parece. Y nadie crea

Que á Estratocles 6 Antioco se limite

Tan rara habilidad, 6 al muelle Hemo,

Y sólo privilegio de ellos sea.

Todo griego es un cómico. — Tú ries?

Suelta él la carcajada.

Lloras? Pues él derrama acerbo llanto,

Sin que la aflija nada.

jPides fuego, si empieza ya la cruda

Estación? Él embózase en su manto.

jTú del calor te quejas? Pues él suda.


No somos, pues, iguales. Mayor fruto
Saca el que & todas horas tornar puede
La mascara, quien beso con la mano
Sabe enviar, y, adulador astuto,
Todo lo alaba, si eructó el patrono
Bien, si orinó y hasta sai io adelante
De otra necesidad mas apremiante.
En tanto, nada inmune ni sagrado
Hay para él en el hogar del duefio;
'Ni esposa, ni doncella, ni el casado
Imberbe, ni el pequeno
Hijo, pudico antes, y si faltan
Estos, cortejan á la misma abuela.
Sabcr quieren secretos de la casa
Para inspirar temor, y ya que cito
A Grecia, pasa a los gimnasios, pasa,
Y del sabio mas grave oye el delito.


38 SATfRICOS LATINOS.


La muerte á Báreas dio (y estóica era (1),

Y su amigo y maestro), viejo astuto,
Vii delator, nacido en la ribera (2)
Donde el gorgonio bruto

Perdio sus alas. Ya no encuentra asilo
El quirite en su patria, do E ri manto
Protógenes reinan 6 Difilo;
Gente egoista que tan sólo suefia,
Por ley de raza, en conquistar amigos,

Y ser la sola de su afecto duella;

Y asi, no bien destilan una gota
Del tósigo sutil, que la natura

Y la patria les presta, en el oido
Crédulo del Senor, él se apresura

A cerrarte el urnbral. Tiempo perdido

Fué el de largos servicios, que en la ingrata

lioma ya nadie siente

Perder á un buen cliente.

Mas, ide que sirve serio al desgraciado?

jQué méritos contrae, aunque togado

Corra de noche, si al lictor impele

El pretor á que vuele

Antes del alba & saludar al rico,

No logre su colega mas ligero

A Albina y Modia saludar priniero?

Ya el hijo del esciavo enriquecido

El paso cierra sin pudor alguno


(1) Se refiere al estoico Egnacio, el cual delató falsamente a
su amigo y discipulo Báreas Sorano, condenado á muerte por
Neron a consecuencia de dicha delación.

(2) Tarsos, ciudad de Cilicia, célébre por una escuela de reto-
ricos. Supuso la fábula que Perseo rompió alli la pianta ó ala
(xapoiv) del Pegaso, caballo de Belorofonte.


JOVBNAL. 39


Al ingenuo» Estipendio mas crecido
Que el sueldo del Tribuno
A Catiena 6 Calvina otro da en pago
De sordida caricia 6 falso halago,
Mas en ti, que eres pobre, ni siquiera
Los ojos fijará la vii ramerá.

Dame un testigo que tan justo se»
Cual de la Madre Idea,

£1 huésped fué* (1), cual Numa, 6 el que un dia
Libertara & Minerva temerosa,
Cuando su tempio el fuego consumia
Al censo es la primera
Pregunta, 4 las costumbres la postrera.
iCuántos siervos mantiene? iQué yugadas
Posee? jSu mesa es rica y suculenta?
Según el oro que en sus arcas cuenta
Asi crédito tiene y eficacia
Su dicho. Mas que el pobre
Por los dioses de Roma y Samotracia (2)
Jure, y le llamarán falso testigo,
Despreciador perjuro
Del rayo, de los dioses, ni siquiera
Digno de su venganza y su castigo.


(1) Escipión Nasica, al cual eligió el Senado, por causa de
su probidaa, para que custodiase en su casa la efigie de la diosa
frigia Cibeles, traida del monte Ida á Roma, mientras se la
construla un tempio. También se refiere en el verso sieuiente
á L. Metelo, Pontifice Maximo, el cual, en un incendio del
tempio de Vesta, logró salvar de las llamas el Paladi"o,"per-
diendo la vista á oonsecuencia de está hazafia.

(2) Los primeros eran Quirino, Marte, Jove, Juno, Palas; los
ultimos eran los Penates. Se consideraba este juramento corno
el mayor que podia hacerse.


bat(ricos latino a.

ato da asunto y causa a la chacota,
i el polir**; ai grasienta capa

lleva descefiida y rota,
iecho el capato el pie no tapa,

si cicatricea no recieittes
a, mal zurcidas
hilo grosero, las heridaa.
infeliz pobreza, en ti eB mas duro

escaroio, qne al hombre por ti viene
ira! le gritau; el ecnestre banco
I instante, si vergiienza tiene,
ladie se siesta
e al tipo legai suba sn reato;
n aqni los qne en cnolquier cloaca
i la lua, del lenocinio hijos;
ta desde aqui rico heredero
3tre pregonero
la colta juventini lanista
inirapo para el circo alista. —
ngoaOtón vano(l),
stinción odiosa
atre ciudadano ; ciudadano.

agrada por verno cuando al dote
ioncella su caudal no alcanza?
obre de beredar tiene esperanza,
n le ha visto que entre ediles vote?
mpo ya qne la qnirina plebe
aa abandonar debiera en masa.


«scio OWn publicó m

caparan en el teatro asientos separados

ino se sentara en las catorce gradas a no pertenecer

e Iob caballeroa.


JtJVENAL. 41


Si obstáculo muy f uerte á que se eleve
Es a cualqúiera su fortuna escasa,
En Boma es, invencible.
Enorme suma miserable cuarto
Questa, y la sobria cena

Y el vientre del esciavo nunca harto.
Corner en un,barrefio ya es desdoro,
Mas no á mengua.lo turo

Quien trasladado súbito á los marzos {1),

Del sabino alimento

Se mostro y sayo véneto contento.

En gran parte de Italia nadie viste
Sino muerto, la toga.
Si al herboso teatro el pueblo asiste
Tal vez & celebrar solemne fiesta,

Y ya en la escena es puesta
La conocida farsa,

Donde al ver de la mascara amarilla
La boca descompuesta,
Tiembla de miedo lleno
Rustico infante de su madre al seno,
Traje igual ves en todos; ni la orquesta
Difiere del plebeyo ó del patricio;
Sólo túnica bianca en los ediles,
Es de su excelsa dignidad indicio.
El lujo aqui sobre las fuerzas salta;
Mas de lo necesario consumimos,

Y el arca ajena suple lo que f alta.


(1) Alude al mismo Curio Dentato de quien se habló en la
p ri mera nota á la sátira segunda.


42 SAT/RIOOS LAT1N08.


Este es vi ció común; todos vivimos

En pobreza ambiciosa; [j que* mas? todo

En Roma ya se vende. jQué te cuesta

El saludar á Coso, 6 si Yeiento

Desdefia tu saludo y no contesta?

Si el siervo favorito la primera

Barba (1) depone, 6 bien la cabellera,

La casa al ponto llenan los regalos

Que él rende luego.- -Toma estos presentes,

Tómalos para ti. — Y asi tributo

Pagandole, aumentamos los clientes

El peculio del siervo djsoluto.


jQuién teme, 6 temió nunca la rúina
En la helada Preneste 6 en Yolsena,
Que en selvosas gargantas se reclina,
en Gabia tosca, en Tibur montuosa?
Mas nosotros expuestos á mil males
Yivimos sin temor una ruinosa
Ciudad, que con puntales
Frágiles en gran parte se sostiene;


(1) Entre los Romanos y Griegos solla celebrane con fiestas
domésticas la primera vez que un joven se afeitaba y rasuraba
el cabello, porque está era serial de haber pasado de la adoles-
cenza. Generalmente consagraban á cualquier dios, y sobre
todo á Júpiter Capitolino, estas primicias de la virilidad. Tal
costumbre, sin embargo, no se observaba en los tiempos primi-
tivos, pues Juvenal nabla en una de sus sátiras de los reyes
bárbados y de los cónsules con cabello , remontándose sólo, se-
guii Plinio, al arto 454, en que Ticinio Menas trajo barberos de
Sicilia. Conformándose con está costumbre de festejar la pri-
mera barba, los clientes solian regalar al siervo favorito torta»
hechas de miei, aceite y harina, que después vendia aquél para
acrecentar su peculio; por esto las llama el poeta libi* te*
nalibHs.


JUVENAL. 43


Pues con ellos el vilico contiene
Techo roinoso y muros,

Y tapando las grietas, luego exclama
Cuando el riesgo es mayor: — jDormid seguros!
Yo vivir quiero en sitios do la llama

Del incendio, ni el miedo me despie rte
De noche. Ucalegon por agua clama
Ya, y los ligeros muebles acarrea;
Ya el tercer pi so humea,

Y tu lo ignoras; mas si el fuego prende
En el piso mas bajo, al desdichado
Que en el desván habita,

Donde la teja sólo le defiende
De la lluvia, y su huevo deposita
La encelada pai orna, jque le aguarda?
Tan solo ser el ultimo que arda.

Mas pequefio que Prócula y estrecho,
Era de Codro el lecho;
Seis orzas, el ornato de su mesa,
Debajo un cantarillo,

Y de Quirón la estatua, componfan;
En vieja cesta algún que otro librillo
Griego guardaba, y sus diyinos versos
Los ratones famélicos roian.

Nada era esto, nada, no lo dudo;
Mas perdio el infeliz toda esa nada;

Y tal sera su suerte, que desnudo
MendigarÁ, sin conmover un pecho,

Ni ballar un pan, un hospedaje, un techo.
Mas si del rico Asturio en la morada
Yoraz la llama prende,


44 satIbioos latinos.

Turbase Ruma, enlútanse los nobles
Ante el horrible estrago

Y las Audiencias el Pretor suspende.
Todos Iloramos el suceao aciago,

Al fuego se aborrece (]).

Aun el palacio arde, y ya hay qoien blinde

Mármoles y dinero. El ano ofrece

Blancas estataas de belleza rara;

Quién la obra mas preclara

Del cincel de Eufrunor y Policleto;

Quién las alhajas qne guardar» antea

De los feacios dioses el tesoro;

Quién libros; quién estantes;

Quién un basto de Palas,

Y quién un celemin lleno de oro.
Tal sa mansión con rico mobiliano
El opulento Persico repuso;

Ni folto quien supnso

Que acaso él mismo fnera el incendiario (2).

Si al circo puedes renunciar, dispuesta
Tendrás á caalquier hora
En Fabrateria, ó en Fresino, ó Sora,
Magnifica mansión por lo que mesta

(11 Eu las grandes calami dades Eie prohibia en las casas el
uso del fuego. Está es, segua el antiguo escoliasta, la signifiea-
ción de la frase odUam ignei», en vuz de la que á primera vista
parece mas naturai eu est* pasaje, o sea la de esecrar el incen-

(2) Idéntica idea es la de Marciai cu el siguiente epigrama;
«Empia dam-ai J 'iterai Cibi, Tongiliane, dimeni».
Abituiti Itane nimium eatus in Urhefreqitem.
Collatum est deciet. Rogo, jnvnpotei ipie videri
Incendine iitam, Tongiliaiie, domvm?»


JUVENAL. 45


Un ano en Roma tu antro tenebroso.
Alli huerto tendrás y pozo breve
Que sin cuerda ni esf uerzo inúy penoso,
Agua á las plantas delicadas lieve.
Vivirás con tu arado alli contento
Cuidando el nuerto, que sobrado y harto
Dará a cien pitagóricos sustento (1).
No es poco de un lagarto,
De un lagarto tan sólo ser el duefio,
Ann cuando en el rincon mas pobre sea,
En la mas corta aidea.

lY cuánto, cuánto enfermo aqui no mata
El insomnio! Manjar mal digerido
Y en el ardiente eátómago estancadój
Causo la enfermedad. Mas jhay quien pueda
Dormir de las industrias con el ruido?
De aqui el mal viene. Para el rico sólo
Gozar del sueno queda.
De tanto carro la estruendosa rueda
Por las angostas tortuosas calles,
Los gritos del mulero, si se opuso
Al tránsito otro carro, hasta á las focas
Pudieran despertar y al mismo Druso (2).

Si algún negocio llámale, el potente,
Arrollando á la turba en su litera,


(1) Se refiere á la sobriedad de los pitagóricos, que se abste-
nian de caraes y sólo se alimentaban de algunas especies de
légumbres.

(2) Se ignora la persona á quien alude aqui Juvenal. Proba-
blemente seria alguno que tuviese fama en Roma por su pro-
pensión al sueno.


18 SÁTWlfMS LATINIM.

Corre llevado por liburno ingente.
Y él entretonto escribe, lee, dormita,
Qae litera cerrada al auefio invita.
Mas antes llega él. Nos cierra el paso
La oleada que viene, y ya la densa
Turba, que sigue, nuestra espalda prensa,
Bete me da un codazo, aqnél disforme
Golpe con dura tabla; cnal tropieza
Eri mi y con viga enorme
infora me rompe la cabeza;
Al muoio llega el lodo, aqui me aplasia
Un jayan, en mi dodo alla un soldado
£1 davo agudo del zapato engasta.

iNo ves la densa multitud, que atrae
Humeante la esportala? Son ciento
Los convidados ya. Cada cual trae
Una cocina en pos; tanto lustramento,
Tanto» enormea vasos,
Ni el mismo Corbulón (1) llevar pudiera,
Como soporta, con el cuello erguido,
El esciavo infeliz, que & la carrera
Soplando el fuego va. Su mal zurcido
Traje ya se desgarra. Aqni un abeto
En lento carro va bambole andó:
En otro, largo pino
Aplastar á la gente amenazando.
Mas si ese carro que hasta Roma trae


(1) Tacito alata á un soldado de ente nombre que sellilo
célébre cn laa guerras de Armenia por hu fuerza y vaior. Tal
vez á él <tlnde Juvenal para ponderar el enonne peso qne tenia
que eoportar el esclavo.


JUVBNAU 47


Mármol del Á penino,

Súbito, roto el eje, al suelo cae,

Y sobre el pueblo un monte se desploma,
iQué resta de los cuerpos? Piernas, brazos
huesos jquién encuentra? A si perece
El plebeyo infeliz, y hecho pedazos

Su cadáver, cual soplo desparece.

Tranquila, en tanto, la familia espera;
Este soplando, aviva
El fuego; aquél, toalla y aceitera
Prepara y los estrigiles untados;
Otro limpia y dispone la vajilla;
Todos, en fin, trabajan afanados.
Mas el misero aguarda ya en la orilla (1)

Y ve espantado al hórrido Caronte.
jNi aun la esperanza de pasar le queda
El cenagoso lago, ni Aqueronte,
Pues no lleva a la boca la moneda!

Ahora otros riesgos de la noche atiende.
Desde altisimos techos ya desciende,
Para abrirte los cascos un ladrillo;
ó bien de las ventanas se desprende
Algun roto lebrillo,
Que cayendo con impetu violento,


(1) Se refiere á las orillas del Aoueronte ó de la Estigia,
desde la cual eran las almas trasladadas al infierno por el bar-
quero Caronte. Segun la creencia popular, las de aquellos que
permanecian insepultos no eran trasladadas, sino que iban
errantes por espacio de cien afios. Para pasar era preciso pagar
al conductor la tercera parte de un as; por eso ponian en la
!boca de los difuntos una moneda. Nótese el contraste que for-
man estos versos con el apacibie cuadro de la vida doméstica
que le precede.


48 satiricos latino*.


Deshace el pedernal del pavimento. '

Si tu intestitelo acudes á la cena,

Merecerás la pena

De ser llamado incanto e indiscreto,

Paes á tantos peligros vas sujeto,

Cuantas ventanas vigilando veas

Abiertas á tu paso.

Harás muy bien, por tanto, si deseas

Y al cielo pides que el mayor fracaso
Que ocasionarte intenten,

Sea el que con banarte se contenten,
Volcando encima pestilente vaso.

Ebrio y provocador que no hallo uno
Con quien renir, y de ira brama, y Uora
Como Aquiles al muerto amigo caro,
Pasa la noche en claro,
Ora acostado sobre el vientre, ora
Sobre la espalda. lY qué? Dormir no puede
El tal mientras no rifie?
Para algunos la rifila al sueno llama.
Mas aunque Uora y el vapor le inflama
Del vino, al que con púrpura se ciiie,

Y al lado escolta numerosa lleva

Y lámparas de bronce, antorchas ciento,
No temas que se atreva.

Mas á mi, que del rayo amarillento
De la luna me alumbro, 6 de insegura

Y tenue lamparilla, cuya mecha

Ya alargo y ya recojo, a ver si dura,
A mi, si me desprecia. Ahora escucha
El principio y razón de la pelea,


JUVGNAL. 49


Si es que puede haber luchá
Donde el uno recibe r otro golpea.

Párase, y ya te intima que te pares.
No hay mas que obedecer. Ni jque' has de h acerte
Si furioso te obliga y et mas fuerte?
— jDe donde vienes? dice. zQuién las habas
Te dio, el vinagre con que el vientre hencliiste?
jQuién es el zapatero
Con quién hocico de leen<5n corniate,

Y los picados ajos? jNo respondes?
O me contestas, ó te rompo un codo.

Di en qué tugurio, en qué figón te escondes,
Callas? jHablas? Lo misnio, de igual modo
Te hiere, te destroza,

Y luego ante el'pretor te acusa airado;
Que está es la libertad que el pobre goza.

Y tu, además de herido y magullado,
Tendrás que suplicarle que mitigue
Su ira y se contente

Con dejar que te ruelvas sin un diente.

Aun hay mas riesgos. Cuando ya cerradas
Las casas ves, las tiendas en silencio,
Sus puertas con cadenas reforzadas,
Ladrdn que te despoje en el camino
No ha de faltar, 6 súbito asesino;
Pues mientras que seguras ya las sei va s

Y las lagunas pónticas, mantienen
Los custodes armados,

De allf los bandoleros arrojados,
Guai a vivar segnro á Roma vienen.


/


50 SÁTIBIOOS LATIM08.

lEn qué fragua, en quo yunque no se forjan

Ya pesadas cadenas? Todo el hierro

Las carceles consumen, y ya es justo

Que el temor nos asalte

De que la reja 6 el arado falte.

I Felices, si, felices los abuelos

De los antiguos! Siglos venturosos

En qae Roma, regida

Por Reyes 6 Tribunos, se encontraba

Con una cárcel sola defendida.

Mas pudiera decir, pero marchando
Los mulos ves, el sol ya declinando,

Y partir es preciso,
Pues la vara agitando

El mayoral, ha tiempo dio el aviso.
jAdiós! De mi te acuerda, y cnando fueres
De Roma á Aquino, de sosiego ansioso,
Avisa á Gumas. A la Helvinia Ceres (1)

Y á la Diana vuestra ire gustoso,

Y en las sátiras yo, si es de tu agrado,
Te ayudaré, viniendo á tus campifias
Nivosas, de la cáliga (2) calzado.


(1) Cerca de Aquino habia un tempio consagrado á Ceres
Elvinia, llamada asi por la fuente de este nombre. donde se
lavaban los que iban á iniciarse en los misterioe de la Diosa.

(2) La cáliga era un calzado militar, y caligata* significa
soldado raso. Parece, pues, que el sentido de este verso es: «Yo
te ayudaré corno simple soldado, es decir, suministrándote datos
y asuntos para que sigas haciendo la guerra á los vicios por
medio de tus sátiras.))


fct


SATIRA CUARTA.


EL RODABALLO.


Argumento. — Constituye el asanto de está sátira una escena
verdaderamente cómica, que si no está confirmada por la his-
toria, no carece de verosimilitud, dado el carácter del emperador
Domiciano. Sapone Juvenal que, habiendo sido regalado a estc
un rodaballo de extraordinaria magnitudi hace convocar á los
senadores y patricios con el objeto de celebrar un consejo acerca
de los medios mas adecuados para guisar el pez. Todos acuden
temblando, creyendo que se trata de algun asunto nmy grave y
recelando peligros para su propia vida, lo cual sirve al poeta
para describirlos, y caracterizar á cada cual con una frase de
elógio ó de censura. Resulta del conjunto una pintura viva y
animada de la corte imperiai y del cruel y aborrecibie Em-
perador.

La sátira empieza por una terrible diatriba contra Crispino,
favorito de Domiciano, y esto ha dado motivo á algunos comen-
taristas, corno W. E. Weber y Ribbeck, para mirar corno apó-
crifos los 36 primeros versos, suponiendolos óbra de algún re-
torico posterior á Juvenal. La poca relación que bay entre estos
versos, que forman corno el exordio de la sátira, y lo restante de
está; la facilidad de considerar corno principio de ella el verso:
Cimi jam senitanimum,etc,, y el parecer este exordio innecesa-
rio, ha dado fondamento á tal suposición. Mas el mmxtmnt
nulla virtuie redemptum, el nemo malus felix, el fino rasgo
satirico én que se refiere á las Piérides, son tan propios de .1 u-
vehal, que parece mucho mas llano admitir corno obra suya
este exordio, que.suponer una interpoiación. Un principio aná-
logo se halla en la sátira décimaquinta, y sin embargo, todos
convieneni e"n que está es Integramente de Juvenal. En todo


52 SATilUCOS LATIN 08.


cascy mas bien que admitir una interpolación, podria conside-
rarse este exordio corno el principio de otra sátira distinta, diri-
gida exclusivemente contra Crispino, y entonces la presente
deberla principiar en el verso:

«Ya el poetrer de los Flavios desgarraba, etc»

i Salga Crispin de nuevo! Y mas de una
Vez y de ciento lo traeré á la escena,
Sin que jamás mi sátira le exima.
Monstruo en quien no hallaras virtud alguna
Que de crinienes tantos le redima;
Muelle, y para los vicios siempre fuerte;
Adúltero, que sólo & las viiidas
Con su amor no persigue.
jQué su poder le escuda?
iQué yale el que á los rápidos caballos
Por sus extensos pórticos fatigue,
Y sombra á su litera
Inmensos bosques brinden por doquiera?
Qué sus haciendas mil, 6 á peso de oro
Los palacios comprados junto al Foro?

Nunca el malo es feliz; y cierto, menos
El corruptor aleve,
Profanador de la vestal sagrada,
Que bajará al sepulcro viva en breve (1).

(1) Las vestale* debian vivir en perpetua castidad, según
ias leyes de Numa, y la que infringia este deber, era enterrada
viva junto á la puerta llamada Colina. He aqui los términos en
¦que describe Plutarco tan lúgubre ceremonia: «Hácese alli
una casita subterránea muy reducida, con una bajada desde lo
alto; tienen dispuesta en ella una cama con sus ropas, una
lampara encencuda y muy ligero acopio de las cosas mas n ece-
sari as para la vida, corno pan, agua, leche en una jarra y aceite,
«omo si tuvieran por abominable destruir por el hambre un


JDVENAL. 53


Pero de hecho mas leve (1)
Quiero hablar, tal, empero,
Que si otro lo ejecuta, bajo el juicio
Caverá al punto del censor severo.


cuerpo consagrado á grandes misterios. Ponen á la que va á scr
castigada en una litera, y asegurandola por afuera, y compri-
mi éndola con cordeles, paia que no pueda formar voz que se
oiga, la llevan asi por la plaza. Quedan todos pasmados y en
silencio y la acompanan sin proferir una palabra, con indecible
tristeza, de manera que no hay espectáculo mas terrible, ni la
ciudad tiene dia mas lamentable que aquel. Cuando la litera
ha llegado al sitio, desátanla los ministros los cordeles, y el pre-
sidente de los sacerdotes pronunciando ciertas preces arcanas y
tendiendo las manos á los dioses, por aquel paso la conduce en*
cubierta y la pone sobre la escalera que va hacia abajo á la
casita: vuélvese desde allf con los demas sacerdoteg, y luego que
la infeliz baja, se quita la escalera y sé cubre la casita, cenan-
dole encima mucha tierra desde arriba, hasta que el sitio queda
igual con todo aquel terreno; y está es la pena que se impone á
las que abandonan la virginidad que habian consagrado.»
{Vida» paratela* f traducción de Ranz y Romanillos, t. I, pa-
gina 138.)

Parecera extrafio que en época de tanta corrupción corno la
de Domiciano, estuviese vigente esa terrible ley ; pero consta asi
por el siguiente pasaje de Suetonio: «Castigó severamente los

desórdenes de las vestales las hacia morir si sólo habian co-

metido una f alta, y si dos, enterrarvivas. Permitió, por ej empio,
a las dos hermanas Occellata y Varonila escoger el género de
muerte y desterró á los seductores. Pero la gran vestal Cornelia,
que habia eludido las leyes largo riempo, convicta del delito.
tue enterrada viva; sus amantes, azotados hasta morir en el
Campo de Marte, excepto un pretor que sólo tenia contra si
una declaración que le habia arrancado el tormento. Este fué
desterrado.» {Domiciano.')

Ponderando Juvenal el favor que. Crispino gozaba en la corte,
le presenta corno seductor de una vestal, sin que á pesar de
este crimen deje de disfrutar el mismo valimiento.

(1) El sentido es: ((No voy á tratar ahora de los horribles cri-
menes de Crispino, sino de una cosa menos grave y que, sin em-
bargo atraeria á otro cualquiera el castigo del censor, voy a
hablar del lujo de su mesa.» Sabido es que el oficio de censor
eraj entre otras cosas, velar porla pureza de las costumbres, con-
tener el lujo, etc. Estas transiciones son en Juvenal mas fre-
cuentes de lo que parece, y revelan los hábitos declamatoriop de


54 SATl'aiCOS LATIN OS.


Mas licito & Crispino es lo que en Ticio,

En Seyo, es execrable.

iQaé te detiene, pues, ya que este monstruo

Es mas que el major crimen detestable?

Un barbo en seis sestercios (1) compro, y eran

A las libras iguales

Los sestercios también, segun ponderan

Los que aun las cosas grandes exageran.

El gasto alabo si con dones talea

De viejo solterón gana la herencia,

O a la rica matrona los envia,


la escuela; siendo, en nuestro humilde sentir, una prueba mas
de que no son apócrifos los primeros versos de la presente sá-
tira. Después entra en el verdadero asanto de la misma por
medio de otra transición analoga :r

« Quales tunc epulas ipsum glutUse putemus
Induperatoremfv* etc.

(1) El sestercio era mayor y menor. El menor equi valla a un
nummo, ó 22 ases. Dos sestercios formaban un quinario, cuatro
un denario, ó sean 10 ases ; 100, 25 denarios, ó sea un áureo,
equivalente a unas 20 pesetas 50 céntimos de nuestra moneda;
1.000«estercios eran tanto corno 10 áureos ó 205 pesetas, y equi-
valian a un sestercio mayor. Seis mil sextercios menores forma-
bau, pues, seis mayores, ó sean 1.230 pesetas. Estees elprecio
que Crispino pagó por el barbo que pesaba también seis libras.
En el texto se empiea el sex millia (sestercios menores) en equi-
valencia de los seis sestercios mayores.

Pareceria exageraoión del poeta un precio tan fabuloso, si
no viéramos conrirmado este dato por otros escritores. Suetonio,
en la Vida de Tiberio, dice que éste se lamentaba de que tres
barbos se hubiesen vendido en treinta mil nummo» (ó sean 6.150
pesetas). Curioso es también el siguiente pasaje de Seneca:
«Habiéndole regalado á Tiberio Cesar un barbo de extraordina-
ria magnitud, mandó que fuese Uevado al mercado para su
venta. — «Amigos, dijo, ó me erigano mucho, ó compran este
))barbo Apicio ú Octavio.» — Contra toda probabilidad, su
sospecha salió cierta. Se subastó el barbo. Octavio venció y ganó
suma gloria entre losisuyos, pues compró el pez por quinee mil
arstercio* (nummos).» Epi9t. xcv.


JUVENAL. 55


Que en litera cerrada con cristales (1)

Recorre la ancha via.

Mas no; para si compra; hoy se yen cosas,

Ante las cuales pareciera Apicio (2)

Hombre sobrio y sin vicio.

Tú estos gastos, Crispin? jTú que viniste

Vestido ha póco de papiro egicio?

jEsto das por un pez? Menos costoso

Comprar acaso al pescador te fuera ;

Quiza á igual precio una provincia entera

Con sus campos te brinde.

Pero hoy aun mas copioso

Fruto la Apulia con sus peces rinde.

iQué, pues, dire yo ahora

De la espléndida mesa en que devora

El Imperante sumo?

Si áulico histrión, de púrpura cefiido,

Hoy jefe de los équites, que un dia

Por las calles vendfa

Siluros Á vii precio, tanto oro


(1) En Herculano y Pompeya se han encontrado vcntanas
con vidrios espesos y transparentes semeiantes al cristal. Acaso
serian las piedras de Capadocia llamadas phmgites, de que
habla Plinio, que eran transparentes, de las «uales dice asi-
mismo Seneca: aSpeculariorum usus, evincente tenta elarum
transmittentium lumen.)) Ep. xc. El vidrio, conocido ya de los
antiguos, pues hablan de éi Aristóteles, Aristófanes y Plinio
que descnbe los medios empleados para su elaboración, se
aplicó tambión á las ventanas, hábiéndose generalizado mucho
su uso en está forma, especialmente desde el siglo I de nues-
tra era.

(2) Apicio era famoso por su gula, que le hizo consumi r en
banquete8 todo su caudal. Es el mismo a quien alude el pa-
saje de Seneca citado anteriormente. Compuso un libro de quia
irritamenti*, y se suicidó cuando perdio los medios para sa-
tisfacer los dispendiosos gastos á que le obligaba su mesa.


56 SÁTfRICOS LÁT1NOS.


Consume en solo un piato, este es pequeno

Adorno, exigna parte

En la mesa diaria de sa duefio. .

Empieza joh Callope! Y pues conviene
Fijarse en esto, ayúdeme tu arte;
No es ficción, es verdad lo que recitas.
|Oh jovencitas Piérides! narradlo,

Y válgame el Uamaros jovencitas.

Ya el postrer de los Flavio» desgarraba
Al orbe moribundo, y Roma entera
Ante el calvo Nerón (1) se prosternaba,
Cuando del mar de Adria en la ribera,
Junto al tempio de Venus, que pregona
De la dórica Ancona (2)
El religioso celo,
Fue barbo enorme entre las redes preso,

Y las hundió. Menor no era su peso
Que los que la Meotis bajo el hielo
Guarda, y después, cuando su cárcel funde
El calor del estfo,

Por el inmóVil Ponto los difunde
Gordos y entumecidos por el frlo.

Tan raro monstruo el pescador prepara
Al Pontifice sumo (3)
jPues quién comprarlo ni venderlo osara,


(1) Pomiciano, que, igual & Nerón en la crueldad, sólo diferia
de él en la calyicie.

(2) Ancona fué fundada por los siracusanos que huian del
tirano Dionisio. Los siracusanos eran de origen dórico.

(3) £1 Emperador, que entre sua dignidades contaba la de
Pontifice Maximo.


JUVENAL. 57


Cuando estaba lá arena

De tantos viles delatores llena?

Un pleito al infeliz los vigilantes

De la costa en seguida moverian.

Qae era el pez fugitivo

Y en viveros del 'Cesar, ya de antes

Putrido, sin reparo afirmarian,

Debiendo con justisimo motivo

Kestituirse al duefio primitivo.

Si á Armilato 6 Palfurio (1) fé se presta,

Cuanto de hermoso y raro en el mar crece,

Doquier qae nade, al Fisco pertenece.

Darlo 6 perderlo, pues, es lo que resta.

Ya el otofio mortifero cedia
Libre el campo á las Uuvias, ya temia
La cuartana el doliente ;
El estridor sonaba
Del invierno deforme, y la reciente
Presa incorrupta el cierzo conservaba.
Mas no por eso, menos diligente,
Su marcha el pobre pescador retarda.
Cual si cálido el Austro le siguiera,
Gorre veloz, y luego
El lago pasa, do celosa guarda
Alba, aunque en ruinas el troyano fuego (2),


(1) Armilato Sura y Palfurio eran dos juriscoDsultos que,
por los medios mas ilegitimos y con las mas violentai interpre-
taciones, atribulan al fisco derecho sobre todo lo que era de
algún valor.

(2) La ciudad de Alba habia sido destruida por Tulo Hosti-
lio, y gran parte de sua habitantes trasladados á Roma. Debia
su origen, seguii la antigua tradición, á Lavinia, hija de La-
tino y viudade Eneas, la cual llevó alli los dioses de Troya, y


60 8ATIRKJOS LATIN08.


]


Bajo el yugo opresor, posible fuera

Dar un consejo, condenar el crimen?

Pero jhay cosa mas fiera

Que el receloso oido de un tirano?

Habladle del nublado en primavera,

De la lluvia 6 del tórrido verano;

Basta y sobra con esto,

Para enviaros á la muerte presto.

Crispo jam&s los brazos al torrente

Opuso, pues; ni pecho tan valiente

Tuvo, ni alma tan firme y atrevida,

Que hablar con noble libertad osara

Y á la virtud sacrificar la rida.

A si muchos inviernos, asi ochenta

Solsticios vio; con estas armas pudo

Acilio, qne los mismos afios cuenta,

Hallar también contra la corte escudo.

Iba & su lado el infeliz mancebo

Al cual guardaba la cucinila dura

De su sefior anticipada muerte.

Fallo en verdad cruel; mas jquien segura

Tiene la vida ya? Suma rareza

Es hace tiempo y prodigiosa suerte

Juntar la senectud y la nobleza.

Yo prefiriera ser obscuro hermano

De los gigantes (1). Ni en el circo albano


j
i


U


(1) Después de hacer Juvenal una magnifica pintura de los
recelos del tirano, el cual interpreta siempre las palabras de los
dcmás en seutido de censura contra él, aunque sean inofeiisivas,
y de Tecordar al desdichado mancebo muerto por Domiciano,
dice que preferirla ser obscuro hermano de los gigantes, es decir,
hijo de la tierra corno éstos eran, según la mitologia, hombre
obscuro. Llamábase á los de humilde origen, e terra nati; j


i


JDVBNAL. 61


Con numida león luchar desnudo,

Al infeliz salvo. Quieti ya no entiende

Artes patricia», y tu ardid agudo (1),

iOh Bruto! en nuestra ed ad, i& quién sorprende?

Fácil es engafiar a un rey barbudó (2).

Aunque plebeyo, no mas placentero,
Iba en pos Rubrio, reo de antiguo agravio (3)
Que ha de callar mi labie;'
Llega también el yientre de Montano (4),
Tardo por el abdomen, y Crispino
Exhalando de si orientai perfume,
Mas que el que se consume
En cadáveres dos; sigue Pompeyo (5),
Aun mas feroz, sicario envilecido,
Que abrió a muchos las venas, susurrando
Artera delación tenue al oido;


Cicerón usa en est e sentido repetidas veces la frase terra Jilius.
En cuanto al jóven á que alude Juvenal, se ignora quién fuese.

(1) Junio Bruto, para librarse de la muerte decretada por
Tarquino el Soberbio contra muchos nobles, se fingió loco, y de
esa manera pudo eludir la pena.

(2) Como si dijera: Fácil es engafiar a las gentes antiguas,
mas sencillas que nosotros.

(3) No consta el hecho a que alude Juvenal. Según el anti-
guo escoliasta, Rubrio habia deshonrado á Julia, hija de Tito,
amante luego de Domiciano, el cual no se habia atrevido a cas-
tigar está falta por temor de que, divulgarla la causa, cediese en
desdoro de su f amilia.

(4) Montano de quien habia también en la satira quinta, era
famoso por su refinada gula. Juvenal se complace en pintarlo
con los rasgos mas degradantes: lento por su abdomen, com-
plice de las noches de Nerón, sin igual en el arte de renovar el
apetito, inteligente hasta el punto de distinguir una ostra del
Lucrino ó del promontorio Circeo, etc.

- (5) Pompeyo, uno de los numcrosos delatores de la época de
Domiciano.


)2 SátIbiCOB LATWufl.

Y Fusco (1), el que sonando altaa hazafias
Eh su marmórea quinta, retante

Para los dacios buitres sns entraflas.
Junto al sagaz Veiento, el sanguinario
Catulo (2) iba, que en amor ardi a,
Por aquella que nunca ver podia
Su pupila sia luz; monstruo execrable
Ann en el siglo misero presente;
Vii liaoiijero, que paso del pnente
A delator, digno de ir del ante \
De los aricioB carros mendigando,

Y de enviar con gesto suplicante
A las veloces rnedas beso blando.
Nadio anta el pez quedóse mas absorto;
iQué cosas dijo vuelto a la siniestra!

Y el rodaballo hallabase & la diestra:
Asl elogiaba al gladiador cilicio,

Y el rndo golpear, y el artificio,


(1) Cornelio Fusco, que pereuiti en guerra con loa Dacios. Im-
perito en la guerra, dice el poeta, no la conocia sino de nombre,
y desde su espléndida quinta, entre el ocio y las delieias, soHabá
en lealizar inai enea hazaBaa.

, (2) Mitilo, nombre péamo, viejo inmoral, un TeEdadero
monstruo, indigno, dice el poeta, hasta de mendigar tras los
aricioa carroa. Aunque cingo , alalia el barbo comó si lo vicra,

Sera volvieudo los o]oa é. la parte izquierda, cuando aquel estaba
la dereeba. Eate raago es sin duda de primcr orden. Dice que
del puente paaó a delator, porque loa mendigos solian ponorae
en los puentes A. pedir, y para indicar tambión qua era uno d«
tantoa eomo ae Habian enriquecido con infame» delaciones y
viles liaonjas. Ponderando Juvenal la abyecciónde Catuio, dice
que ini it:i digno ni aunde mendigar en Roma, aino fuera, donde
estaba el clitus arieinm. Acerca de Citalo, véaae Plinio, lih. iv,
ep. 22, que lo deaoribe con Ina máa negros colorea, concluyendo:
«De kujim nequitia iungitinari iiqtte senientiii in ccmiwme
orane* tuper carnata loquebantur.il Dice también que no conocia
«ni el hotior, ni ta vergiienza, ui la piedad».


jrjYENAL. 03


De la máquina, que del escenario

A los muchachos sube hasta el velario.

No le cede Veiento. Enajenado,
Asi conio el fanatico adivina,
Por tu furor, Belona, arrebatado,
— «Grande angario, exclamó, sefial divina
De un trinnfo memorable y sefialado.» —
ó bien que algún monarca prisionero
Tuyo ha de ser, 6 del britáho solio
Caerá Arvirago (1). Cierto es extranjero
Este monstruo. iNo ves cual sus espinas
Se erizan sobre el dorso? Sólo hallo
Que le faltó una cosa al buen patricio (2),
Decir patria y edad del rodaballo.

— cQué haremos, pues? jDespedazarlo?» — «Afuera

Deshonra tal», Montano al punto grita;

Honda vasija búsquese que admita

En delgada pared la mole entera;

Obra tan importante necesita

De un nuevo y aun mas grande Prometeo.
Venga meda y ardila

Y desde hoy ioh Cesar! tus legiónes

Lleven de olleros siempre una cuadrilla.

Consejo digno de rarón tan sabio
Prevaleció; de antiguo ól conocia
De la gala imperiai el desenf reno ,


(1) Arvirago t jefe de los britanos. La idea del adulador es
está: puesto que un barbo tan grande ha venido a tu poder, es
augurio de que el mas fuerte y poderoso jefe de los britanos sera
.también sometido á tus armas. - . *

(2) Otros leen Fábricio.


€4 8ATIRIC08 LATIN OS.

Y de Nerón las cenas, que alcanzaban
Hasta la media noclie desde el dia,
Do el voraz apetito renovaban
Quando el Falerno en el pulmón ardia.
No hubo en sa tiempo paladar mas fino :
Al bocado primero te decia

De una ostra el origen, si el lucrino
Escollo, ó* promontorio Butupino (1)
O la circeya roca;

Y con ver á un erizo, ya su boca
Te senalaba el mar de donde vino.

Terminase el Oonsejo ,

Y ya por el Monarca despedidos
Son los que hizo venir despavoridos
A la albana mansión con pie ligero,
Bien cual si se tratara

Del duro Catto, del sicambro fiero,
O cual si infausta á la ciudad llegara,
La nueva repentina
De que el imperio amenazaba ruina.

Y ojala que con tales nimiedades
Gastase el tiempo, y no a tanto patricio
Lanzaran al suplicio,

Sin vengador alguno, sus crueldades.
Sólo cuando émpezó ya á ser temido
Hasta del mas obscuro ciudadano (2),


(1) Rutupia, hoy Richboroug, en el condado de Kent, en Tn-
glaterra.

(2) Dondolano, después de habér hecho morir á los principo-
les patricios, empezó también á amenazar a los otros ciudaaa-
noe. Kntonces fué cuando Stefano, liberto de Domicia, mujer
del tirano, tramó contra él la conspiración que le causó la
muerte.


JUVENAL. v 65


Cayó de muerte herido;

Sólo esto fué lo que mató al tirano

Con sangre de los Laraias (1) aun tenido.


(1) Los Lamia». — Familia nobilisima de Roma, procedente
de Lamo. JEli vetusto mlhlnobilis ab Lamo, dice Horacio. La
oposición entre la palabra Lamias y la de Cerdonibus (indus-
triales) es uno de los mas amargos rasgos de censura que hay
en la prsente sátira.

De ella, dice un escritor: «Apenas cuenta un centenar de
versos, y sin embargo , está llena de ideas y de hechos. En es-
trecho cuadro Juvenal ha encontrado el medio de encerrar la
imagen completa de la corte de un tirano. Es al mismo tiempo
agradable y profundo, cómico y grave, pintOT admirable de ca-

racteres y sobre todo dramático La sátira descansa, es verdad,

sobre una bufonada, mas á pesar de esto, dudo que ningún his-
toriador haya pintado mejor á Domiciano y su corrompida
corte.» Aug. iridai, Juvenal.


SATIRA QUINTA.


LOS PÁRASITOS.

cento. — Eli está sátira pinta Jurenal el ignominioso
e deaempefiaban Io* paraaitos en las mesa» de los ricoa.
que trata sin compasion & los misernblea que ae some-
io linaje de afrentas con tal de satisfacer el hambrc,
icerbameute á los poderoso* que les daban lag -sobraa
sa á cambio de insoportables jituperios.

ie no te da vergiienza me aseguras
• de a Jena mesa, y que contento
ia agravios tu, que ni en las duras (1)
nas de Cesar, Galba ni Sarmento (2)
rtaron jamas; puea lo repito,
lo, aunque Io jures veces ciento.
co bastale al vientre. Pero admito
uni te falle eso poco, suficiente
aplacar el arido apetito.

ude á las cenaa de Augusto, que refiere Suetonio (Octti-
lxx), y en las cuales los convidadoa su entregabnn il
!e de desórdenea; por eso las llama irtiqvot iiieviat.
irmellto fné un bufon de Augusto, y Galba de Tiberio,
oraciodel primero en la sátira quinta, y Marciai del se-
ildiftlogoque introduce Horacio en la eipresada aitila
rmentoy Cicerro, que aediiigen todaclasededenuestoa
ertir a los convidados, da idea del vilisimo papel quo
"ones deaempefiaban en las mesasde los grandes. Jnve-
l ponderar la abyección de loa paraaitos, dice que su-
enlas que ni Galba ni Sarmento habrian soportndo.


JUVENAL. 67


Dime tu: iNo hay un omelie, no hay un puente
Donde pedir? 1N0 habra una estera , un manto,
Con que ese cuerpo cubras indigente?

;,Tan famelico estás? Tienes en tanto
Los ultrajes que sufres en la cena,
Que no te den bochorno ni quebranto?

Pues ino es mejor que estar a mesa a Jena,
Temblar de frlo y el manjar grosero
Corner, con que su vientre el perro llena?

Su mesa al ocupar, piensa primero
Que el patricio, con don tan diminuto ,
Pagará tus servicios por entero.

De la amistad de un grande éste es el fruto,
Corner, y al convidarte ya se tiene
Por exento de todo otro tributo.

Si por ventura a su memoria viene
El cliente olvidado, es porque un lecho,
Que está vacante en el triclinio, Uene.

— Conmigo comeras; goce tu pecho,
Dice, el honor insigne que desea.
Qué mas quieres?» — Y Trebio, ya deshecho,

El sueno pierde, olvida la correa,
Teme que la parásita y mezquina
Turba madrugue mas y al'dueno vea

Cuando el alba aun el cielo no ilumina,
Cuando Bootes con su carro helado,
Lento, del polo en derredor carni na.

Y jque cena le aguarda! Ad ulte rado
Vino le dan, que ni aun la lana embebe (1),


(1) Para tefnr depúrpura una tela, los antiguos la empapaban
aiites en vino. Éste era de inferior calidad , y por eso dice que
dan al cliente un vino tan malo, que ni aun sirve para la lana.


68 PATIB1C0S LAT1N08.

—+ : ,

Y torna en coribante al convidado. .
Vuelan los platos tras disputa breve ,

Corre la sangre por doquier al punto,

Y mancha del mantel la lixnpia nieve.
jCuantas veces alli fiero trasanto

Es el banquete de campai pelea

Y armas son las botellas de Sagunto! (1)
El duefio, en tanto, el vino saborea

Qtie recuerda la época en que ardia
De la guerra social viva la tea,

O antiguo cónsul (2); de ese nunca envfa
Al cliente, aunque enfermo y ya por tierra
Le postre el irial; después bebé el que cria

Setino, 6 el que da la albana si erra,
Al cual la patria y titulo borraron
Polvo y vejez del vaso que lo encierra:

Igual Helvidio y Tráseas (3) lo libaron,
Coronados de flores, cuando el dia
Natal de Casio y Bruto celebraron.

Aurea copa esmaltada en pedreria,


(1 ) Los vasos de arcilla hechos en Sagunto eran de poco precio,
y por eso se ponian á los pobres.

(2) Para ponderar la antiguedad del vino emplea la frase
capillato constile, refiriéndose á la época de los primeros cónsu-
les, que se dejabancrecer el cabello. Quiere decir, pues, antiguo*
cónsules.

(3) Sobre Helvidio y Tráseas, véase Tácito, 1. xvi. El último,
no queriendo prestarse á las infames complacencias del senado
con Nerón, salió indignado de la curia cuando oyó leer la apolo-
gia del parricidio cometido poraquel Emperador. Acusado por los
satélites de Nerón, no quiso defenderse, y recibió la sentencia de
muertecon estóica serenidad. El poeta cita á Helvidio y Tráseas,
no tanto para ponderar la antiglie iad del vino, cuanto en odio
de Domiciano, el cual ordenó la muerte de Junio Rústico por
haber alabado á aquellos defensor es de la república, que ren-
dian una especie de culto á la memoria de Bruto y Casio.


jitvhnai,. 69


Usa Virrón, mas nunca tan preciado
Tesoro entre tus manos se confia;
O bien si te la dan, allf clavado
Un guardia tienes que las piedras cuenta

Y tus ufias observa con cuidado.

— «Perdona, no lo tomes por afrenta,
Este vaso de precio muy subido
Es, y las piedras que su esmalte ostenta

Virrón en sus anillos ha lucido,

Y antes con ellas adorno su acero

El joven (1) sobre Yarbas pref erido. » —

Tu el cáliz, al cual nombre el zapatero r
De Benevento (2) di<5, y el cambio aguarda
Ya por azufre, que es su uso postrero,

Sólo podrás tocar; mas di que arda
Con el vino abundante y la comida
Del sefior el estómago; que tarda

Se haga la digestión; el agua hervifla,
Mas que las nieves de la Escitia helada,
En rico vaso le sera servida.

Tu en una jarra tosca y mal labrada,
Cruda la tomarás, por las huesosas
Manos de negro etiope presentada;

Al cual á media noche, si es que osas
Atraveear por la Latina via,


(1) Enea s, pretendo á Yarbas, rey de Lidia, por Dido.

(2) Vatinio, aapatero de Benevento, gran bebedor, dio nom-
bre a ci erta clase de vasos grand es y de inf erior precio, llamados
xatinianos. De ellos dice Marciai:

« Villa tutori* calicem monumenta vatini
Aeeipe\ sed nasus longior ille fuit.))

Dice que están ya reclamando el azufre, porque los vasos rotos
é imiti] es solian cambiarse por azufre.


70 SAT/rIOOS LAT1NOS.


Vieras surgir con miedo entre las fosaa.

Un joven, fior del Asia en gallardia,
Sirve á Virrón: para cubrir la suma,
Que costo, no la hacienda bastarla

De Hostilio vencedor, ni de Anco y Numa,
Ni aun de los otros reyes la riqneza.
Tu, pues, acude, si la sed te abruma

Al jóven Ganimedes. Tu pobreza,
El, que tantos sestercios ha costado
jHá de atender? Su edad, su gentileza

Dignas son del sefior, no del criado.
jCuándo se acerca á ti? jCuándo obedece
Si es que lo llamas tu, y el vaso helado

O agua tibia sollcito te ofrece?
Nunca; antes bien le enoja el cliente anciano
Que al pedirle sentado permanece

Mientras él de pie está. Senor romano
No bay ya sin estos siervos en su casa.
Mira con qué desdén tan soberano

Otro te alarga el pan. Y blanda inasa
Tiene á fé ese mendrugo ya enmohecido!
iPobres dientes si muerdesl tabla rasa

Pronto serán. Pero el recién cocido,
Candeal y mas bianco que la nieve,
Ese solo al senor sera servido.

iCuidado con tocarlo! iAl que lo lieve
Mucho respeto! jQné? jPiensas que miento?
Prueba, si a tanto tu valor se atre ve.

Ya te lo impedirán. — DjVed el hambriento!
jTu pan no has conocido, el siervo exclama,
Siendo cual es tu habitual sustento?» —

— (rjY para esto, dirás, dejé la cama,


JUVEXAL. 71


Y salve el Esquilino y el opuesto

Monte en que el aire entre el granizo brama?
jY he sufrido la lluvia para esto,

Y que empapase el agua mi vestido?» —

Mas mira, mira el pez que al duefio han puesto.

De sabrosos esp&rragos cefiido,
La cola en alto, os mira con desprecio
Cuando del siervo altivo es conducido.

Un camarón a ti, por menosprecio,
Te dan con medio huevo, muy adecuado
Manj&r á convidado de tal precio.

Con venafrano (1) aceite el delicado
Pez entretanto tu sefior sazona,

Y la palida col, ioh desdichado!
Que te se ofrece ya el olor pregona

De la linterna; pues lo mismo sabe

Que aquel que a nuestra Roma proporciona

La aguda prora de africana nave
En tinaja de cafia, y da motivo
A que nadie con Bócoris se lave (2);

O el que ofrece eficaz preservativo
Contra heridas de sierpes ponzoiiosas.
El duefio, come el barbo nutritivo

Que Córcega 6 la costa pefiascosa
De Taurominio (3) dio, pues ya desiérta
La nuestra está de pesca tan sabrosa;

Que la gula voraz, siempre despierta,


(1) Venafro, hoy Campobasso.

(2) Bs decir , tan malo y pestifero es este aceite africano, quo
no puede reaistirse el olor que despiden los que con él se ungeit.
Bocchoris, nombre de un rey de Mauritania, se emplea anto-
nomasticamente por africano, moro.

(3) Taurominio, ciudad de Sicilia.


y


72 6ATIR1C0S LATIN03.


Ganancia pingue al pescador ofrece,

Y en el tirreno mar, la vista alerta

Le hallarás con sus redes. Ya no crece
Alli ni un solo pez, j mar lejano *
Es el que nuestras mesas abastece,

El que da lo que Lenas cortesano
Compra y Aurelia rende (1). La murena
Mejor del mar revuelto siciliano,

Ponen luego á Virrón; pues cuando enfrena
Austro su ira y las mojadas plumas
Seca en su cárcel, lánzase serena

La temeraria barca a las espumas
De Caribdis. Mas tu no del mezquino,
Sino una anguila recibir presumas,

Deuda de larga sierpe, 6 tiberino
Pez, manchado de hielo, nauseabundo,

Y de las dos orillas fiel vecino.

El cual, de la Subura en lo profondo
Penetrando, se engorda en la cloaca
Que corre al Tiber cual torrente inmundo (2).

Yo, pues, ante conducta tan bellaca,
Sólo dos frases a Virrón diria
Si escuchar se dignara mi voz flaca.

— Nadie te exige des lo que solia
Seneca a sus amigos inferiores,


(1) Este pasaje es bastante obscuro. Algunos le interpretali
asi: «Lo que, para captarse el favor de la rica Aurelia, que no
tiene heiedero, compra Lena y se lo regala, vendiéndolo después
ella, para utilizarse de su producto.» Si se tiene en cuenta lo
que se dice en una de las notasá la sátira cuarta acerca del des-
mesurado precio que alcanzaban algunos peces, no parecerarara
la interpretación.

(2) Se renere á las cloacas ó desaguaderos de la ciudad hasta
el Tiber.


J0VENAL. 73


Lo que Cota 6 Pisón, pues se tenia

Entonce en mas que titulos y honores
El dar, y está la gala y ornamento
Eran de nuestros inclitos mayores.

Sólo una cosa pidote: que atento
Trates al huésped; hazlo, aunque te vea
Para él mendigo, para ti opulento. —

Mas ya de ansar enorme saborea
El higado Virrón, y una gallina
Gasi tan gorda, y jabali que humea,

Digno de la certera jabalina
Del rubio Meleagro. Luego yienen,
Si es que la primavera ya domina

Y los ansiados truenos sobrevienen,
Las criadillas de tierra, pues las cenas
Abundancia mayor entonces tienen.

— « Guarda, oh Libia, tu trigo, las faenas
Del arado suspende, al buey desata,
Y vengan naves de criadillas llenass,

Grita Aledio. — Mas ved, ahora se trata
De trinchar, para mas enojo vuestro:
jMirad qué bien la operación remata,

Saltando el trincbador, y esgrime diestro
El volador cuchillo, y ejecuta
Guantos primores le ensenó el Maestro!

Y Jquién por cosa baladi reputa
El trinchar una liebre, una gallina?

I Ay del que chista, si es que no di sf ruta
Tres nombres! (1) Con baldón se le fulmina


(1) Los ingenuos usaban el prenomen, nomen y agnomen,
corno v. gr.: Publio Cornelio Escipión. Por eso dice tres notn-
bres.


74 8ATIRI00S LATINOS.

— ¦ - — ¦¦ — i ... — .i - ¦ ¦ ¦¦¦¦ ¦ i ,, . —— .u

De alli, y cual por Alcides fué arrastraio
Caco (1), lnego al portai se le encamina.

Nunca Virrón te brinda, 6 con agrado,
Vaso qne llevas a los labios toma;
Mas /cuál entre vosotros tari osado

Habra y de mente tan obscura y roma,
Que al sefior diga: — «iBebe! — i>Un vii mendigo
Cual tu , de rota capa, calle y coma.

Si un Dios, 6 semejante á Dios, contigo
Mas propicio que el bado, te legara
Cuatrocientos sestercios, jcuán amigo

Tuyo Virron entonces se tornara!
jCuánto fueras, de nada que ahora eres!
— « A Trebio sirve, á Trebio pon, gritara.

iDe está salchicba, hermano, jprobar quieres?» —
iOh dinero! tal honra a ti es debida;
jEl hermano eres tu! Mas si quisieres

Ser dueno y rey de tu patrono, cuida
Que ningun Eneas párvulo en tu sala
Juegue, ó hija que es mucho mas querida.

Si es tu mujer estéril, quién iguala
En afecto al amigo? Si £S fecunda,

Y tres pare de un golpe tu Mycala,
Tampoco importa; al lisonjero inurida

El gozo, viendo el bullicioso nido,

Y si su mesa aiguna vez circunda
La parásita prole, algún vestido

Verde le da, avellanas y dinero.
Hongo mortai al pobre es ofrecido,


(1) Alude á la fábula de Caco y de Hercules. Habiehdo
«quél robado á éste las oyejas, Hercules penetró en su cueva, le
dio muerte y le sacó arrastrando por los pies.


JUVENÁI* 75


Las setas al sefior, sanas, empero,
Cual Claudio las comió cu andó aun no Labi a
Su esposa aderezado aquel postrero

Plato, y no comió mas. Virrón envia
Para si y sus amigos por manzanas
Que sólo óler podrás. No producfa

Perenne otofio frutas mas lozanas
En Feacia (1), y hurtadas las creyeras
Á las mismas hespéricas bermanas.

Tu atente á las que son agrias cual tueras,
Como las roe aquel que se defiende
Con el casca y escudo en las trincheras,

Y con el duro centurión aprende
A manejar el dardo, tetneroso
Del fiero azote que sobre él desciende.

jPiensas tu que por ser menos costoso
Lo hace Virrón? Por humillarte lo hace.
jPues qué farsa, qué actor bay tan gracioso

Como un glotón que llora? De aqui nace
Todo el secreto, y no le des mas vuelta.
Obra asi porque ver salir le place

Tu bilis entre lágrimas disuelta,
Y que aprietas los dientes irritado,
Por no dar a tu furia rienda suelta.

Te creiste bombre libre y convidado;
Mas él sólo te juzga un vii gorrista
Por su eoe ina preso, y no va errado.


(1) Según Homero, los jardines de Alcinoo, rey de Feacia,
floreclan con perpétuos frutos. «Jamás desaparecian ni falta-
ban los frutos de estos árboles, ni en invierno, ni en estio, á di-
ferencia de lo que sucede con los que solamente reverdecen
una vez al afio; el soplo del céfiro daba vida á unos j madu-
raba á los otros,» etc. Odis., e. vii.


7G batIricos latin os.


iQuién tan vii que dos veces le resista,
Si cirtó, cuando nino, la áurea boia (1),

Y es mas, aunque plebeyo traje vista,
Y lieve correa pobre? Os estimala

E speranza de cena suculenta,

Pero os enga&a vuestra abyecta gola.

— « Ahora en que pruebe yo quizas consienta
De esa mediada liebre, esa gallina,
E se pernii de jabali.» — Y atenta

La vista, ya esperáis la golosina
Guardando intacto el pan que os ha quedado.
iOb! Quien asi te ultraja, conio atina.

Sufre, pues, tanta afrenta resignado,
Ya que a sufrirlas rebajarte quieres;

Y no tardará el dia en que humillado,
La pelona cabeza sometieres

Al afrentoso golpe y al castigo;
Ni el duro azote temerás, pues eres
Digno de mesa tal, de tal amigo!


(1) Llamabanlos Romanos etruscwm aurum&este distintivo
de 108 ninos ingenuos y nobles, porque Tulo Hostilio trajo a
Roma de Etruria la costumare de usarlo. La buia representaba
la figura de un corazón. La correa era la insignia de plebeyos,
libertos y pobres, por lo cual dice Juvenal, paupere'loro.


SATIRA SEXTA.


LAS MUJERES.


Argumento. — Está es, sin dada, la composición mas vasta y
picante de Juvenal, donde el vigor de los rasgos, la vivaci dad
de los colores, la magistral perfección del estilo, las bellezas de
primer orden abundan mas que en ninguna otra de las suyas.
Nótase, sin embargo, en el pian de ella falta de arte, pues se re-
duce á una serie tie retratos de mujeres viciosas, que se suceden
sin transición ni método; pero este defecto se halla tan admi-
rablemente compensado con las bellezas de todo género que en
la sátira abundan, quesiempre quedará está corno la obra maes-
tra de Juvenal,. el cual se muestra en ella observador sagaz,
pintor habilisimo, censor justo é inflexible de las costumbres.
Otro defecto aun mas grave af ea está sátira, ó sean los cuadros
eii que se pinta al desnudo y xion tal lujo de pormenores y era»
deza de expresión, que no pueden trasladarse á ninguna lengua
los vicios y torpezas de las damas romanas. Sean cuales f ueren las
razones que puedan atenuar tal violaci ón de la moral en los es-
critos de un poeta pagano, y sin olvidar que su propósito era
hacer aborrecibles los vicios que con tanta viveza describe , he
creido de mi deber suprimir ó modificar, tanto en está corno en
las demás sátiras, aquellos pasajes que no'puedan trasladarse sin
ofensa del decoro.

No dudo que en los dias
De Saturno (1) el pudor moro en la tierra


(1 ) Empieza está sátira con una brillante pintura de aquellos
tiempos primitivos que f ueron denommados la edad de oro, muy
pareoida á la que hace Lucrecio en su poema De rerum natura»


8 BátIhiCOS LAT1N08.

Y Isrgos afios mas, mientras las trias
Cuevas misero albergae, hogar y lares
Danari al honibre, y sombra el mi sino tedio
A ganados y duefios ofrecia;

La rústica raajer, silvestre lecho
Con balago y ramaje componia,

Y su cuerpo cubria

Con pieles de las fieras, en vecinos

liosques heridas. Ci erto.

No parecida & ti, Cintia, ni [oh Lesbia! (1)

A ti, cujoh ojuelos cristalinos

Cabrió de li auto pajarillo muerto.

Robustos hijos, con randal copioso

De gas nntricios pechos sustentaba,

Y mas salvaje y brava


[.a. mitologia eolooaba está dichosa edad en loa tiempos un que
riauaba Saturno, padre de loa dioses, 7 autesde que Júpiter era-
puHara el oetro del Olimpo. Esterecuerdodela primitiva fcliri-
ilad del linaje nomano ea un vestigio sin duda de laa antiguas
tradicdonea consignadas en el Génesis; pero debe adv erti ree que
loa paganos confundfan ese feliz estado primitivo con el salvaje,
tornando por inoceneia de costumbrea lo qne era asperella y
rust.icidad. Eslo es lo que indican en nuestro poeta laa frases
spelitma duomi, montana uctor, eliape horridioTglandtrwtante
m/trito, eie. Al reinado de Júpiter, qne ya dio et ejemplo de los
vicioa, correaponde, segiin la mitologia, la edad de piata , y la
aiguiente lue la de kierro.

(1) Cintia era la amada de Propercio, y Lesbia la de Cátulo.
¦Tu vaiai alude a la poesia del último dedicada & la muerte du
un pajarillo que Lesbia amaba tiernamente:

aLvgrteo Venere* Ciipidinetque
Et quantum est homi&um vennttioruiit.
Patur mnrtunt ett mete pttellm,
Potter, delieim mete pittila,
Oufta plus din otrul in titit iirimbii'....
-'¦ wHw


JUVBNAL. 79


Era sa faz, que la del mismo esposo,
Que el hambre con bellotas aplacaba.

jCuán de otro modo entonces, cuando el mundo
En la infancia yacia
Y era redente el cielo, se vi via!
Nacido el hombre del ábierto roble (1),
O formado de arcilla,
Progenitor no tuvo. Del anelano
Pudor algún vestigio acaso brilla
En los tiempos de Jove soberano;
Mas del Jove aun imberbe é inexperto, _
Cu andó los Griegos del perjnrio hnian (2),


(1) La fábula de que el hombre habia nacido de un roble
abierto, provino, sin duda, de que las primeras moradas de los
hombres debieron ser, antes de construir edificios, los huecos de
los árboles ó las cuevas. Dice también que los primeros hombres
f ueron hechos de barro, compositive luto, que, corno se ve, es una
reminiscencia de las tradiciones primitiva acerca de la creación
del hombre, estampadas en el Genesis.

(2) He traducido el mondum grcecisjurare parati*,

Per caput alte ius» t

dici end o que éra el tiempo en que los Griegos hufan del per-
jurio, porque en el fondo es la misma idea del originai. «Turar
por la cabeza de otro era tanto comó decir que se juraba por lo
mas sagrado, por la vida de la persona mas amada. Asi se lee
en Virgilio:

«Testor utrumque caput)) -,

j el mismo poeta pone en boca de Ascanio este juramento:

aPer caput juro per quod pater ante solebat.))

Expresa, pues, Juvenal aqui, que era en los tiempos en que los
Griegos conservaban aún la primitiva ingenuidad y todavia se
naban unos de otros, por lo cual no apelaban al juramento para
acreditar sus dichos, ni mucho menos osaban garantizarlos con
la mentirá, perjurar. Es un dardo lanzado al vuelo contra los
Griegos, a quienes tantas veces moteja Juvenal , siguiendo la
corriente de los escritores romanos, por su perfidia, f alsedad y
carácter min y lisonjero.


80 SATfRICOS LATINO?.


Cuando coles y pomas en abierto
Jardin, seguras del ladrón, creclan.
Poco después Astrea (1) fouyóse al cielo

Y en pos la flonestidad, y asf dejaron
Ambas hermanas á la vez el suelo.

jOh Póstumo! Antiquisimo pecado
Es seducir á la mujer a Jena,

Y despreciar el vinculó sagrado.
De todo crimen llena

Ya fué la edad de hierro; la de piata
Vió nacer al adúltero primero.

Y sin embargo, £en nuestra edad ingrata
Pactados ya los esponsales tienes,
Ofrecida tu mano?

jYa tu cabeza peina el peluquero,

Y el anillo tal vez ya diste en prenda?
Cierto, tu estabas sano.

I Abora te casas, Postumo! iQué h orrenda
Furia 6 que sierpe se anudó a tu pecho?
jSiervo de una mujer, cuando si quieres \
Aborcarte, cuerdas hay; y si prefieres
Tirarte, altas y lóbregas ventanas,

Y vecino a tu casa el puente Emilio! (2).
Mas cumplir la ley Julia (3) quiere Ursilio,


(1) Llamábase Astrea á la Justicia, por suponerla hija de
Astreo. Dice que por causa de la liviandad de Júpiter y de los
hombres, poco después se fué al cielo, juntamente con el Pudor.

(2) El puente Emilio recibió este nombre de Marco Emilio
Scauro, que lo construyó en la via Flaminia. Después se llamó
Pons Áfiivius.

(3) La ley de qué habla aqui es la llamada Papia Poppati ,
promulgada por Augusto para fomentar los matrimonios y cas-
tigar el celibato, todo con el fin de aumentar la población, muy
mermada por las guerras civiles.


JUVENAL. Si


m

Y un heredero ansia,

Las tórtolas y barbos despreciando
Que el codicioso adulador le envia.
jY qué imposible habrá, si al fin mi dia
Se casa Ursilio? jSi el que ardiente culto
Rindió al piacer, en seducir maestro,

Y tantas veces en la cesta oculto
La muerte eludió diestro,

Como el bufón Latino, entrega dócil
La necia boca al maritai cabestro?
lY es esto todo? Hay mas: el inocente
Busca mujer ho ne sta, hecha á la antigua.
j()h médicos! jSangradlo! Está demente.

—Tu, Póstumo, al umbral del Capitolio
Corre a inclinarte, y de Junón al ara
Lleva temerá de dorados cnernos,
Si honesta esposa a dicha te depara.
— jTan escasas hoy son ya las mujeres
Castas, las que merezcan
Tpcar las cintas de la mail re Ceres (1)

Y al padrej si lo abrazan, no estremezcan?
— «Cuelga guirnaldas en tu puerta, amigo;
Tiende Sobre el umbral liiedra copiosa. —
— Uno basta a Iberina.» — «4S1? Pues digo
Que antes conseguirás que ella gustosa
Con soló un ojo esté.»— «Fama de honrada
Tiene cierta doncella

Que en el paterno campo vive hoy.»


(1) Estaba prohibido á las mujeres de malas costumbres ce-
lebrar lo8 misterios de Ceres, siendo admitidas á ellos única-
mente las de vida intachable por sa honestidad.

6


82 8ATIBI00S LATINOS.


— «Viva en los Gabios 6 en Fidenas ella,
Como en el campo, y sa mando soy.
Mas jquién de sus virtudes me asegura?
iNo habrá en cueras y montes, por ventura,
También peligro? Acaso envejecieron
Marte y Jove? Mujer honesta y para,
A tua ojos los atrios (1) ofrecieron?
jHabra del circo entre las gradas una
A la que puedas entregar tranquilo
Tu carifio, tu honor y tu fortuna?
Cuando el muelle fiatilo
Baila la leda pantomima, enciende
A Tuccia fuego súbito, su spira
Apula, y aun Tymele inmóvil mira;
jTymele, la inocente, que ali! aprende
La primera lección! Mas otras, cuando
Cesa el teatro y sólo el foro suena,
En el tiempo que media entre plebeyos
Juegos y megalésicos (2\ su pena
Tntentan aliviar, á Accio imitando,
Cefiidor, tirso y mascara lievando.
De una Atelana (3) en el exodio, Urbico
Con gestos de Antenoe su risa mueve.


(1) Los atrios ó pórticos de Pompeyo y de Isis, á los cuale*
concurrian las mujeres.

(2) Los juegos megalésicos se celebraban en honor de Ci-
beles. madre de los dioses, v estaban dedicados á Junio Bruto.
Eran en las nonas de Abril, y los plebeyos en las calendas do
Diciembre.

(3) Las atelanas eran unas obras dramáticas, donde alter-
naba lo serio con lo festivo. Por la licencia que en ellas reinaba
fueron prohibidas de orden del Senado, y se restablecieron en
la época de los emperadores. El exodio era una farsa licenciosa
que se representaba después de una atelana ó en los entreactos.

1


JÚVENAL. 83


Ama a Urbico Elia pobre, pero es caro

El amar a un histrión; á otras conmueve

Crisógeno, é Hi 8 pula sin reparo

A un trágico se rinde; pues Jtu esperas

Que amen a un Quintiliano hembras ligeras?

Casate, pues, y Equión el citarista,

Gláfiro ó el flautista

Ambrosio, te harán padre. Amplio teatro

Alza, que a inmensa multi tud divierta;

Orne el laurei, job Léntulo! tu puerta,

Orne tus postes, y en testácea cuna

Muestre el nacido infante

De Eurialo el gladiador todo el sembiante.» —

Hipia, mujer de un senador, con Ludo
M arenóse al Faro (1), al Nilo, a los famosos
Muros de Lago, y ni aun Canopo pudo
Sufrir en calma la abyección rjmana,

Y de tanto impudor mostro rerguenza.
Hipia todo lo olvida: esposo, bermana,
Hogar, patria; no bay fuerza que la venza,
Ni el llanto de los bijos, ni sus ruegos,

Y ipasmate! ni Paris (2), ni los juegos.

Mas aunque rica, y en mullida piuma ,
Nifia durmió bajo el paterno techo;!
Desprecia el mar, cual despreció su bonra,


(1) Faro, isla unida a Alejandiia por un puente. La frase
muro» de Lago se refiere á la misma ciudad de Alejandrla, corte
de los Ptolomeos, llamados Lagidas por el f undador de la dinas-
tia Ptolomeo, hijo de Lago.

(2) Paris, de quien nabla Juvenal en otra sátira, era un actor
favorito de Doniiciano. Quieredecir aquiqueni los placeres del
circo, ni los del teatro, detienen a Hipia.


84 SATfRIOOS LATIN08.


Que es cosa vii para liviano pecho.
Del mar tirreno la revuelta espuma
Craza y el Ponto mugidor tranqnila ,
Sin miedo á los azares
De tan diversos y remotos marea.
Diz que la obligue algiin motivo justo
Á riesgo tal, y tremula Tacila,
Queda pálida, inerte,

Y se le hiela el corazón de susto,
Pues ella sólo para el vicio es fuerte.
Que lo ordene el esposo. ; Cuan molesto
El embarcarse es! Insoportable

Es la sentina; el aire descompuesto

Al vértigo la excita

La que sigue al adúltero conserva
El estómago firme, .
La que sigue al marido lo vomita.
Aquélla come entre la vii caterva,

Y en tocar la maroma, áspera y dura,

Y en pasear la nave se extasia.

Mas icuál la juventud, cuái la hermosura
De que Hipia se prendo? £qué la movia
A ser de infame gladiador esposa?
Pues Sergiolo era viejo, carecfa
De un brazo y aguardaba
Próximo ya el retiro; era borrorosa
Su faz; tumor ingente
Formadopor el casco le llegaba
A mediar la nariz, y pestilente
Humor de sus ojillos destilaba.


Mas era gladiador, y eso los hace


JDVKNAL. $5


Unos Jacintos. Patria, esposo, hermanos,
Hijos pospone: hierro, hierro solo
Es lo que a tales hembras satisface.
Jubilado Sergiolo (1),
Otro Veiento ya le pareciera.

Mas l& qué hablarte del hogar privado,
A qué pensar en Hipia? Considera
A los rivales de los dioses; oye
Lo que un Claudio sufrió. Cuando sentia
Al esposo dormir, un vii tugurio
A su talamo augusto prefiriendo,
De sobornada sierva en comparila,

Y su madeja de ebano cubriendo
Con rubia cabellera,

A favor de la nocbe, en infamante

Lugar entraba la imperiai ramerá

Alli con falso nombre, el rostro oculto,
Se dirige á su impúdico hospedaje
Para manchar con oprobioso insulto,
lOh Britanico ilustre! tu linaje.
Luego, el salario vergonzoso pide,

Y cansada del vicio, mas no harta,

La última en salir es, y al fin se aparta
Cuando ya á todas el rufián despide.

Y encendida la faz, ardiendo el pecho
En adúltero fuego, Mesalina


(1) Perdiendo Sergiolo, dice ei poeta, su caracter de gladia-
dor, ya inspirarla á Hipia el mismo interés que su propio esposo
el senador Veiento, á quien habia abandonado. Está anción a los
gladiariores era muy común en las corrompi das matronas roma-
nas, citandose entre otras á la emperatriz Faustina, famosa por
bus desórdenes.


86 8ATfRI008 LÁTJN08.


Torna, librando al profanado leclio
Conyugal, el olor de la sentina (1).

iDel Hippomanes (2) habJaré y loa yersos

Y del veneno que se dio al alnado?
El imperio del sexo á tan perversos
Crimenes las arrastra, que lo menos

Es ya su liviandad. jPor qué un dechado
De perfeccione8 á Cesonia llama
Su esposo? De un millón duetto le ha hecho.
Por este precio honesta la proclama:

Y no es que Yenus con su fuego el peclio
Le enei end a, 6 que Cupido el dardo vibre;
;Del dote sólo vienen las saetas!

Con él, la esposa comprale el ser libre,

Y ya aunque escriba cartas, aunque acuda
A citas y él lo sepa, no hay reparo.

La rica que se casa con avaro
Es tan duena de si cual la viúda.

JPor que' a Sertorio su Bibula inflama?
Tu piensas que la ama?
Pues no; sólo su rostro le cautira.


(1) En corroboración de la pintura que hacc Juveual de loa
inooncebibles vicios de M esalina, recuéfdese lo que dice Tácito:
ikJam Me ssalina , facilitate advlterorum in fastidititi versa t ad
incognita* libidine* projluebat.)) Ann. XI, 26.

(2) El Hippomanes era un licor ponzonoso, que excitaba á
las pasiones. Los antiguos declan que era un filtro hecho con
cierta exerecencia que aparece en la cerviz de un potró recién
nacido. Teofrasto supone que era una composición de los árabes.
Mas adelante habla Juvenal de la locura que produjo este bre-
baje en Caligula, á quien se lo administró su esposa Cesonia.
Suetonio dice también: ((Oreditur potionatns a Canonia %xore
amatorio qwidem medicamento, sed quod in furorem rerterit.rt


JUVENAL. 87


Que la expresión de la mirada viva
O la tersnra de la tez le falte,
Quedando el cutis árido y marchito;
Que pierda de sus dientes el esmalte:
— e; Sai! le dirá el liberto favorito.
Tu maleta dispón y vete presto,
Pues verte moquear nos es molesto,

Y además 8tra viene

Con las narices secas á tu puesto.» —

Asi, mientras florece
Con hermosura juvenil, domina;
La oveja canusina
Pide al esposo, y viilas en Falerno.
lAI ruego él cede tierno,

Y piensa que se aplaca? Su afán crece,

Y todo esciavo que halla en su camino,
Cuantos tiene el.vecino,

Los ergástulos todos apetece.

En el mes de la bruma, en que se encierra
El mereader Jasón en su cabafia

Y abandonar la ti erra,

A] navegante audaz la nieve impide,
A saltale el deseo
De rica copa de cri stai, pide
Luego murrino (1) vaso y el famoso


(l) Los vasos murrinos que Pompeyo trajo por primera vez á
Roma, estaban hechos de mirra y arci Ila. Plinio dice de ellos:
aln pretto xunt oh nitorem et colori é varietatem purpurei, can-
didi et tertii ignemntes. Aliqua et in odore commendo t io est.))
Otros los han creldo ya de porcelana, ja de concha, de ónix ó
de espato fluor. Un varón consular compró una taza de éstas en


SATIRIC08 LATIN OS.


Diamante luego, que hizo mas precioso

De Berenice el dedo. Didlo un dia

Agripa incestuoso

A la culpable hermana

En el pais donde descalzo el rey

El sábado celebra, y a los cerdos

Permite envejecer antigua ley.

— Mas lui una sola habrá que te contente

Entre tantas? (1)

— Sea rica, continente,
Fecunda, de belleza peregrina;
Viejos abuelos en el atrio osteute,
Y mas que una sabina
De aquellas que la tea
De una guerra cruelisima apagaron,
Esparcido el Gabello (2), casta sea.
(Ave rara en la tierra, semejante
A negro cisne.) l Habrá algun hombre, empero,
Que á una mujer tan intachable aguante?
Rústica veneciana yo prefiero
Mil veces, á la gloria relevante
De ser tu esposo ioh Madre de los Gracos,
Cornelia, si con inclitas virtudes
Junto el orgullo ostenta s


70 talentos. Petronio tenia una de 300 talentos, que rompió para
que no cayese en manos de Nerón. y éste gastó en otra 40.000.000
de sestercios. (Véase C. Cantu, Hist, Univ.. t. VII, p. 556, ed. de
Gaspar y Roig.)

(1) Es una objeción de Póstumo, á la cual luego contesta el
poeta.

(2) Las mujeres sabinas lograron apaciguar los ejércitos de
Tacio y Rómulo, interponiéndose suplicantes, para evitar el
combate, entre sua compatriotas y sus esposos. En estos veraofl
se alude á la famosa tradición del robo de la Sabinas y la guerra
que f ué su consecuencia.


JUVENAL. * 89

Y en dote insignes triunfos me presentas !
I Guarda tu Anibal, tu Sifax vencido(l)
Con horroroso estrago!

I Vete, vete tambie'n con tu Cartago!
— «Depón las fiechas, el rigor suspende,
Alma Diana, y tu, perdona, Apolo;
Kada hicieron mis hijos, berid sólo
A la culpable madre», —
Dice Anfión; mas el dios el arco tiende,

Y a la prole infeliz biere y al padre;
Mientras Niobe (2), mas que alba lechona (3),
Fecunda ser pretende,

Y de estirpe mas noble que Latona.

iQaé vale el ser hermosa, el ser bonesta,
Si de elio baces alarde? E sa preclara
Virtud, eximia y rara,
Ninguna dicha da, pronto decae


(1) Se refiere á Sifax, rey de Numidia, vencido, juntamente
con Allibai, por Escipión el Africano de quien era hija Cor-
nelia, madre de los Gracos. Dice de ella Plutarco que fué de
eximia virtud, pero orgullosa.

(2) En este pasaje confirma Juvenal, con el ej empio de Niobe,
la máxima de que es intolerable una mujer soberbia, aunque
tenga otras buenas prendas. Era Niobe, segun la fábula, mujer
de Anfión y envanecida con su nobleza y fecundidad, redarguyó
álas mujeres tebanas porque sacrificaban á Latona, preten-
di endo que se le rindiese este culto á ella por merecerlo mas, á
causa de su numerosa prole. Irritados por la injuria hecha á su
madre, Diana y Apolo hirieron con bus saetas á todos los hijos
de Niobe, y está fué convertida en piedra. El poeta alude á está
fábula, poniendo en boca de Anfión las palabra3 parcc prce-
cor % etc.

(3) Virgilio, en su Eneida, dice que los troyanos vieron en el
sitio donde luego fué edificaci a Alba, una lechona amamantando
treinta hijuelos. Alude aqui Juvenal á este hecho, del cual hace
también mención en la satira duodecima.


' SATfRJCOB LATlHOa.

su ponzona la alttvez le presta,

mie mirra qne miei consigo trac.

iiién fan rendido habri qne «inique encarezca

i esposa tal las prendas snperiores

ste vecea al dia, no la aborrezca?

Otros defectoa bay, tal vez menores,
as qne también del eónynge la ira
ovocan; paes jhabri mujer mas Tana
le la necia qne piense
le no la hallaran bella, si no aspira
parecer qne es griega, i si es toscana,
de Sulmona es, qne eg afenienseT
1 todo el griego, ;j nunca major mengna
vió, quo et olvidar la propia lengua!
i griego muestran sa temor; si el odio
el amor las innaman,
cenlo en griego, y el cuidado inquieto
el violado secreto,

do, todo, y ;qué mas? en griego aman.
.se en tiernas doneellas el capricho;
ro aquel esqueleto

te ochenta y seis inriernos atrás dcja,
ambién hahlar en griego? No hay decoro
isible en una vieja,
derretida exclaraa: — «iYo te adorol
Ima mia, mi vida!» — jCnál no agita
asii tan dulce al pecbo y lo enajena,
en boca fresca y juvenil resuena?
ro aunque ella, mas tierna y amorosa
le Carpoforo y Emo, la repita,
né il usili n i'au sará su fan rugosa?


JUVENAL. 91


Si & tu consorte con afecto vivo
Tu no has de amar, renuncia al matrimonio.
jA qué el gasto excesivo?
£Á qué el dispendio inutil de la cena,

Y para el tardo vientre el digestivo? (1)
[A quo la fuente de monedas llena (2),
Que corno precio del amor ofrece

A la novi a tu mano,

Y do en oro acuiiado resplandece

El triunfador del dacio y del germano?
Mas si rendirte a discreción te plugo,
Si a ella amas sólo, inclina la cabeza,
Ofrece la cerviz, disponte al yugo.
No ballarás una que al marido exima,

Y por mas que te adore, en torturarte,
En tus despojos goza. Asi, no creas
Que aunque el mejor de los maridos seas,
Menos gravoso te sera el casarte.

Nada podrás ya dar si ella se opone;
Ni vender ni comprar, si ella no asiente:
Maudará en tus afectos; al amigo
Viejo, a quien vió tu puerta adolescente,
Ella echará de casa. El vii lanista,
El gladiador, basta el rufián postrero,


(1) El originai dice mustacea, que eran unos panecillos ama-
sados con mosto, que se repartian entre los con vidados para ayu-
dar á la digesti ón.

(2) Era costumbre que el recién casado ofreciese á su esposa,
en calidad de arras, una bandeja llena de monedns de oro y de
piata. Con las palabras daeius y germanicns designa el poeta &
Domi ci ano, el cual, vencido por los dacios y los germanos, quiso,
sin embargo, condecorarse con esos nombres , á estilo de los
triunfadores. Es, por lo mismo, un fino rasgo satirico del poeta.


92 8AT(ÉIC08 LAT1N08.


Libres son en testar. Derechos talea
Tu no ejerces jamás; el heredero
Designado sera entre tus rivales.

— f jCrucifica a este siervo!»

— e jPor que' crimen?
jLo merece? jHay testigos? zQuién delata?
E spera; nunca es larga la demora,
Siempre que á un hombre de matar se trata.»
— «iNecio! Un esciavo, les hombre? ISTada dijo,
Nada hizo; el matarlo sera injusto;
Pero asi yo lo quiero, yo lo exijo,
Y por toda razón, baste mi gusto.» —

Reina, pues, sobre el hombre. Mas en breve
Deja su imperio, defa el propio techo;
Pisa el velo nupcial, y a nuevo enlace
Corre, y después al despreciado lecho #

Torna otra vez. Las puertas, adornadas
Para las nuevas nupcias, abandona,
Las cortinas colgadas,

La hiedra aun verde que el umbral corona. -
Asi el numero crece,
Asi en otonos cinco su fé jura
A ocho maridos (1); honra que merece
Que cual blasón se escriba
Encima de su propia sepultura.


(1) Seneca dice también, aludiendo a está liviandad de las
majeresromanas: uNer conaulum, sed mantorum numero annoi
su os commutanti) (De benef.), y Marciai:

aAut mimi* aut non plus trieesslma lux
Et nubit decimo jam Thelesina viro.))


JUVENÁL. 93


Mientras tu suegra viva,
Nunca aguardes la paz; hábil maestra
De tu mujer, la ensenara a arrninarte:
Ella también la adiestra
Del adulterio en el infame arte.
El billete amoroso *

Ella le dieta; ella soborna al guarda;
Ella protege, criminal tercera,
A oculto amante que impaciente aguarda.
jPiensas tal vez que la virtud austera
La ensene? Siempre ha sido proveeboso
Á estas torpes ancianas
Hijas tener mas torpes y livianas.

Casi no hay pleito que mujer nó mueva;
Si acusada no fué, Manilla acusa:
Ella forma el libelo, ella la prueba,

Y ni aun dictar á Celso el abogado,
El exordio y los tópieos rehusa.

Pues jquién ignora el f emenino unguento (1),

Y el manto en tirio múrice teiiido?
jQuién no vió el palo por su mano herido,

Y cu di le retan del escudo armadas,


(1) Los atletas solian ungirse el cuerpo para los ejercicios del
circo, después de los cuales se cubrian con un manto (endromy-
den) para enjugarse el sudor. También lossoldados, para adqui-
rir agilidad en los movimi entos, se ejercitaban en atacar un palo
hincado en el suelo. Las damas romanas, imitando áunos y otros,
se ocupaban en estos trabajos del circo y de la vida militar, ol-
vidándose de su decoro y de la debilidad propia del sexo. El
sentido es, por lo tanto: cqQuién ignora ya que las mujeres des-
cienden al circo corno los atletas, y usan los ungiientos y el
manto de éstos, ó se ocupan en ejercicios gimnasticos corno los
militare»? »


94 8ATIR1C0S LAT1N0S.


Segón el arte gladiatorio ordena?
A si, tales matronas á la arena
Por la fiorai trompeta (1) convocadas
Debieran ser, si ya a mas senaladas
Empresas en su ardor no se disponen

Y luchar en el circo se pfoponen.

Mas iqué pador esperas
En mujer qne usa casco, que aborrece
Su sexo, y en gimnásticas carreras

Y luchas sólo disfrntar parece?
;Gran honor, si las ropas de tu esposa
Sacáranse a subasta! jFueran cosa
De ver! Manoplas, cingulos, cimeras,
La armadura de hierro que defiende

La pierna izquierda (2), y si ella ha concurrido
A otros juegos, verás, feliz marido,
Que sus ferradas botas también vende.

jEsta es quien suda con la seda, está
La que ni aun sufre gasa tenue y fina!
Mira el anhelo con que el golpe asesta
Que le ensefió* el maestro, cuál se inclina
Bajo el peso del casco y se sostiene
En las rodillas, cuán densa es la faja
Que la cine, y después la risa ataja
Cuando, depuestas armas varoniles,


, (1) Se refiere a los juegos instituidos por ci erta mujer pública
en honor de Flora, á los cuales concurrian las de mala vida,
convocadas al son de trompeta, y donde se entregaban á danzas
indecentes y á toda clase de liviandades.

(2) Dice asi porque los soldados cubriau con el escudo la
pierna derecha, que, por lo tanto, no necesitaba aimadura.


JUVENAL. 95


Asedianla flaquezas femeniles.
iHablad, hablad ahora,
Hijos de Fabio, Lepido, Metelo!
Ouando usó traje igual la gladiadora?
i<j cuándo la mujer de Áccilo (1), rada,
Hiriendo el palo se fatiga y suda?

De discord ias teatro es siempre el lecho
Conyugal; poco el snello en el impera;
Fues cuanto la mujer es mas liviana,
Tanto es mas que la hircana
Tigre, á quien roba sus cachorros, fiera.
Ella, culpable de maldad oculta,
Sollozos falsos lanza de su pecbo,

Y finge pena fuerte;
Al esclavillo insulta

O por manceba imaginaria vierte

Dos raudales de lágrimas, dispuestos

Siempre a inanar, cuando ella asi lo ordena,

Cual centinelas al mandato prestos.

Tu piensas que es amor, y esto te Uena

De regocijo, y con tus labios, necio,

Enjugarás solicito su llanto.

iOh qué billetes de tan alto precio,

Qué cartas tu, si ei escritorio abrieras

De esa celosa adúltera, leyeras!

Y en tanto, de tu honor con menosprecio,
Ella se entrega al siervo ó* al patricio.
Di, Quintiliano, en el hablar maestro,
iTiene excusa tal crimen, tanto vicio?

— «No bay arte, no, ni defensor tan diestro


(1) Acci lo, un gladiador.


96 8ATIR1C06 LATINOS.


Que excusarla consiga.»
— «Pues discúlpate tu.»

— «Pacto fué nuestro,
Dice ella, tiempo hace,
Hacer los dos aquello que nos place.
Clama, y el cielo con el mar contunde,
Igual es al del horabre mi derecho.»

Si las sorprenden, iquién tan impudente
Cu al ellas es? Valor presta a su pecho
El crime n mi sino, audacia y fortaleza.
De dónde tales monstruos, de qué fuente
Salieron? (1). La pobreza,
Castas guardaba a las latinas antes,
Ahuyentaban los vicios de su techo
Las labores con st antes,
El breve suefio, las callosas manos
En hilar tusca lana endurecida,
Y Anibal junto al muro, y vigilantes
En la colina torre los romanos.
De larga paz (2) el mal hoy nos hostiga,


(1) El alma noble de Juvenal, sublevándose contra la corrup-
ción remante, recuerda los tiempos gloriosos de Roma, en que,
entregados bus hijos al duro ejercicio de las armas, y las mujeres
á las faenas domésticas, conservaban limpias las costumbres.
Nótese la belleza del cuadro, y singular mente la enérgica conci*
sión de algunas frases: « Parva tecta, so inni breves, vexattc
áuree que manus, etc.

(2) Aunque la paz, considerada en si misma, sea* un bien
inestimable para las naciones, trae consigo la enervación y
molicie de las costumbres, la degeneración de los caracteres, la
corrupción, la ociosidad y otros males innumerables, si la vigi-
lante acción del poder público no impide el desarrollo de todas
las malas semi 1 las que entonces nacen en la sociedad. En este
sentido habla Juvenal de los f unestos efectos de una larga pas,


JUVENAL. 9?*


La lujuria, cruel dominadora '

Mas que el acero, se alza y nos castiga,

Del vencido universo vengadora.

Desde que huyó* de Roma la pobreza,

Ya ma ncha a las latinas

Toda maldad, las liviandádes todas;

Desde entonces cubrió nuestras coiinas

La molicie de Sibarie, de Rodas

Y Mileto, y de rosas coronada,

Aqui también su asiento,

Lasciva y muelle, trasladó* Tarento.

El oro obsceno á la ciudad cohdujo
Usos extrafios; luego la riqueza
Muelle, y el torpe lujo,
A la antigua yirtud despedazaron.
Pues una Venus ebria, jquién contiene?
No distingue su pie de su cabeza
Cuando media la noche, ella consume,
Devora ostras enormes, y espumea
El Falerno mezclado con perf urne;
Cuando la copa apura y ya roltea
Casa y mesa en redor, y luces dobles
Ve por doquiera. Duda, duda ahora
De lo que Maura con Colacia hablará,
O por qué causa Julia desenvuelta,
Cuando llega a pasar cerca del ara
Del .antiguo Pudor, la risa suelta.


«


y llamá a la molicie, fruito de ella, cosa peor que la guerra
Obsórvése de paso qué energia en la frase:

nsa>eior armi»

Lux uria inoubuit, victumqne ulciteitur orbem.

7


98' SATIEIO0S LATlKOS.


Á todos los misterios conocidos
Son de la Buená Diosa. Alli incitante»
Músicas, convidando a los placeres
Suenan, Suelto el cabello las mujeres,
Cual furiosas bacantes,
Con torpes gritos llaman 4 Mutino.
Ya en sus venas enciende
Imparo fuego la pasión; ya el vino
Su ropa empapa y en raudal desciende.
Laufela alli disputa la corona
A la mas corrompida corte sana;
El premio infame gana

Y de su triunfo cinica blasona. . /
Alli á toda maldad, todo pecádo,
Abominable libertad se une;

Y ni Priamo, por la ed ad helado,
Tanta lascivia contemplara inmune,

Ni Nestor, aunque enfermo. Mas ya es poco;
Ansia voraz de goce, furor loco
Agita al fin la femenil canalla,
Estimulo febril las enardece,

Y el brutal apetito surge y crece
Sin respetar ya limite ni valla.

i Pluguiese al cielo que con mas decoro
Fuese tratado el venerable rito
Del culto antiguo! Mas el indio y móro (1)


(1) El indio y moro, es decir, hasta loa pueblos mas remotos
siben ya lo que hizo Clodio, que fué sorprendido con habito de
mujer en casa de Pompeya, mujerde Cesar, donde se celebraban
los misterios de la Buena Diosa, á la cual sólo podian asistir las
mujeres.


JUVENAfc. 99


Conocen el delito . '

Del que en feraineo~traje disfrazado ,

Penetro audaz en el lugar vedado

Al hoinbre, y do velada la pintura

Se ve, si copia varonil figura, '

jQuién antes impiamente

Despreciar á los númenes osara,

Y los vasos de arcilla, ó negra fuente
. Del Vaticano, con que Numa usara

Sacrificar? Mas hoy, laute qué ara •

C Iodio no llega? Amigos, ya os escucho

Decir: «Cerrojos pon, la entrada veda.» —

Mas jquién guarda al guardi&n? Diestra es la esposa,

Y sobornando á aquél hará qu« ceda.
Ya iguales en malicia

Son la mujer piebeya y la patricia ;

Y no esniejor la que con pies desnudos
Lodo huella y escombros,

Que la que va en litera, de forzudos
Sirios Uevada á los robustos hombros.

Para asistir al circo Olgunia alquila
Trajes, cortejo, amigas, la litera,
La nodriza y la rubia mensajera.

Y en tanto, su caudal gasta tranquila
Con joven gladiador, ni se detiene
En dar su último vaso, ni le asnsta

La ruina de su hogar. Muchas son pobres,
Nadie el pudor de la pobreza tiene,
Nadie sus gastos al peculio ajusta.
A lo que es provechoso
- Atiende el hombre, a veces de hambre y frio,


*>m*mmmm*mFm*mwimmmBimmmmimm'


«WWIP«


100 8AT1RIC08 LAT1N08.

Como la sabia hormiga, temeroso. S

Pródiga la niujer, no considera
En que se agota el arca, y cual si el oro
De está en eterno manantial fiuyera,
O sacase de acervo siempre lleno,
Jamás los gastos del piacer numera.

Si de música gusta, es sa privado
Uno de aquellos que la voz arriendan
A los pretores. Siempre tiene al lado
La cltara querida; con sus dedós
Cuajados de diamantes,
Hiere el laud, y con el crespo arco
Hace vibrar las cuerdas resonantes
Que el delicado Hidimales tafiia.
El plectro la consuela de su ausencia,

Y ella un recuerdo sin cesar le envia.
Mujer de ilustres Lamias descendiente,
Fárreo y vino ofrecia

A Juno y Ves.ta, por saber si Polio
La olimpica corona alcanzaria
En tarpeyo, certamen (1). Más cuidado
Mostrar pudiera por marido enfermo,
Ó por el caro hijuelo desalmciado?
Por un flautista inmóvil ante el ara
No se avergiienza de cubrir su frente,

Y las palabras que el augur dictara (2),


(1) A las fiestas que se celebraban, enhonor de Júpiter Ca-
pitolino concurrian músicos y atletas, recibiendo en premio los
vencedores una corona de encina.

(2) El arúspice dictaba ciertas palabras il oraciones que ha-
bian de repetir los que encargaban el sacrificio, para hacerlo
conforme al -ritual establecido. Nota aqul la liviandad de las


fc


Pronuncili según rito, j conraovida,
Palideció al caer la ovcja herida.
Dime, te mego, oh Jaao (1), tu que eres
El mas antiguo de los'dioses, dime:
,;La suplica ojes tu de estas mujeres?
Despacio el cielo está; ; arni me imagino,
Que liay poco alti que hacer; está el destino
De un comico 03 consultai vuestra ayuda
Aquélla para un trágico y felices
Sucesoa os reclama. Ya no bay dada,
Pronto tendra el arúspice rarices (2).


dama» romana», que no se avergoniaban de acudir a los dioses
y ofrecer sacrificios por la Victoria de. un vii histrión, lo mismo
que si se tratara de la salud de sub esposos ó bijos. El hecho á
que alude debió ser notorio, cuando lo atribuye á persona deteiv
mi nada:

nQturdom de numero Laniarum et nominit Appi.»
Otros leen alti en vez de Appi.

(1) Jano oratenido cu Komapor el mas antiguo de ilos dioses,
7 su culto se remontaba a los tlempos de Eómulo. Suponlaaele
nijo de Apolo y de Creuaa y qne hablacoloniEado parte de Italia,
estableciéndose cerca de Roma (_mimt JanúmUuj, donde acogio
á Saturno, arrojado del cielo por Jiipiter. Su culto era naeional
7 se le invocaba en todos los sacrificios. Representabasele con
dOB caras, para expresar que conocia lo pasado y lo futuro. Tenia
una lluve, indicando que él abria el allo {JanitaTiw). Romulo

: le habia construido un tempio bajo el tltulo de Jano iifronte;
Nnma le consagró otro bajo el de Jano gémino. Este era el que

Sennanecia abierto durante la guerra, y cerrado en laa época»
e pai. En mas de mil afios solo estuvo cerrado cebo vece»,
stendo la primera en riempo de Ninna, y la última imperando
Gordiano III.

(2) Varice» aon las venas dilatadss é hinchadox por lasangre,

3 ué toma un color cArdeno. Quiere decir que 4 fuersa de extar
e pie el aruspice, se le hincharan laa venas de laa piernas.
No es solamente en sete pasaje donde Juveual se vuelvc
COntra los dioses paganoa. HeCuérdeBeel ajiostrofe áMarteenla
satira segonda el Marti Veneriqiie timtnda de la misma y otros
¦ muchos versoa. Poco ante» recuerda, sin embargo, con senti,
miento, los tiempos antiguos, en que nadiu osó despreciar A


ilOJI. .»: *'. ' ."-- - 8M"ktIC0S'LATlN0S.


Pero cante mas bien, que no impudente
Recorra la ciudad, y en las reuniones v
Se mezcle de varones

Y con guerreros hable, alta la f rente
Ante el m arido, y con resuelta audacia:
Cuanto ocurre en el mundo ella lo sabe,
Los asuntos de Serica y de Tracia,

De entenado y madrastra los misterios,
Amorosas intngas, adulterios,

Y a quien r indio, sin duda.
Su honor y sa carino la viiida.
Ella vió la prjniera aquel cometa
Para el armenio rey de infausto agiiero

Y el de los Partos. La última noticia
Ella recoge, y el rumor postrero,

Y hasta a forjarlos llega:

Ya es el Nifates que inundó ciudades,
E inmensos campos en diluvio anega;
Ya montes son que el terremoto hunde,
Pueblos que arruina. Asi, por todas partes,


los dioses, y al fin de la sátira décimátercia declai-a que ningón
dios se ha quedado sordo ni ciego para dejar de ver y castigar
las malicias de los hombres. Estas contradicciones explicanse
bien por el estado de confusión en que yaclan todos los enten-
dimentos, aun los mas egregios, por erecto del paganismo. El
culto de los falsos dioses no satisfaccia á las almas; veiase ade-
mas á aquéllos manchados con todos los crimenes que se cas-
tigali en los hombres, j por otra parte, la necesidad de creer
en Dios es cosa que se impone á la naturai eza. En medio de
está obscuridad surgian á veces en los espiri tus los restos de las
antiguas creencias corno las tablas de un naufragio. De está
clase son los magnificos versos de la sátira décimaquinta, en
que se nabla con tanta elocuencia del origen y naturai eza ra-
cional del alma human a, las ideas que resplandecen en la sátira
décimacuarta, y otras muchas notables sentencias esparcidas
en las demás.


JUVKNAL. 103


Y entro caantos encuentra en su camino,
Noticias mil difunde.

Al fin este defecto es tolerable.
Mas iqué dire de aquélla que al vecino
Plebeyo prende, azota inexorable?

Porque el profondo suefio
Ladrando un perro le turbo, se irrita,
— ajPalos, palos traed al punto !» — grita,

Y manda herir al perro, antes al duefio.
Terror al que la mira

Su iracundo sembiante sólo inspira.
De noche al balio acude, en pos llevando
Mil aprestos; cualquiera
Que un campamento muévese creyera:
Goza en sudar entre el tumulto, cuando,
Cansada al peso de los plomos graves,
Con ungiientos suaves
Hace que unja su euerpo la esclavilla;
En tanto al suefio el triste convidado
Cede, y al hambre. Al fin, sonrosadilla,
Llega, y sedienta de agotar el vaso
De enóforo & sus plantas colocado.
Dos veces antes de corner lo apura
Para excitar el hambre, y lo devuelve,

Y el suelo mancha la materia impura.
Turbios arroyos sobre el mármol fluyen,
() bien en amplia fuente

Ya fétido el Falerno deposita,
Pues cual larga serpiente,
Calda en un tonel, bebé y vomita.
Náuseas y asco su marido siente,


104 SATIRICO» LATINOS.


Y cercando los ojos, ''
Contener logra apenas sus enojoa.

Pero aun mas me molesta la doctora
Que no bien 4 la mesa coniparece,
De Virgilio los Wsos te decora,

Y á Elisa (1) moribunda compadece.
A los vates compara; en la balanza

Pone a Marón de un lado, de otro á Homero,

Y luego el fallo decisivo lanza.
Los gramáticos ceden al discurso;
Los retorico» callan, y admirado,
También calla el concurso.

No intente el pregonero, el abogado,
Mujer alguna hablar. jTantos raudales
De frases ella auelta en un momento!
Dijeras que á la vez hieren el viento
Platillos y campanas y atabalea.
Nadie f atigue yá bronce y clarines,
Pues basta y sobra una
Para auxiliar á la eclipsada luna (2).

Aun en las cosas lfcitas, presente
El sabio tiene el fin. Mujer que intente


(1) Elisa ó Dido, que, desesperada por el abandono de Eneas,
se dio la muerte.

(2) Habia entre los Romanos la creencia supersticiosa de que
en los eclipses de luna se podria auxiliar a está tocando instru-
mentos de metal y con el clamor de atabales jr trompetas. Por
esto dice Tibulo: uffira auxiliaria luna;.)) Qui ere decir, pues,
que la ruidosa verbosidad de está mujer disertando acerca de los
poetas, seria bastante, asi corno los instrumentos de metal, para
socorrer a la luna en los moment os en que'padece eclipse, tutus
laboranti.


JUVENAI* 105


Emular al varón facundo y cuerdo (1),
Corta túnica ostante,
Bánese por un cuarto,

Y al dios Silvana sacrifique un cerdo.

No afecte tu mujer gala oratoria,
Ni en conciso lenguaje
Vibre el cortado y rápido entimema:
No sepa mueha historia,

Y en los libros no entienda algún pasaje.
Me empacha la doctora que conserva.
De Palemón (2) el arte en la memória,

Y fiel ias reglas del deci r óbserva:
Me apesta la antiquaria que me apura,
Con versos nunca oidos, la paciencia,

Y de la amiga rústica censura
La frase que repite,

Aunque no sea castiza, el hombre mismo.
jNo es licito al esposo un solecismo?
Todo ya la mujer se lo permite,
Nada ilicito juzga, si presenta
Collar de ricas perlas su garganta,

Y áureos zarcillos en su oreja ostenta,
lAlgo insufrible habrá, cual mujer rica!
Con ridiculo alino el rostro afea
Llenándolo de pasta, y exhalando


(1) La mujer que hace gala de docta, dice el poeta, debe
imitar también en las demás cosas á los hombres: vestir corno
éstos túnica coita, Bacrificar, no a Ceres, sino á Silvano, corno los
hombres, y lavarse por exiguo predo, corno los filósof os.

(2) Patemón, gramático, fué preceptor de Quintiliano, y tan
orgulloso de su saber, que afirmaba que las 1 et ras habian n acido
y morirfan con éL


1


106 SATIR1C08 LATINOS.


El craso unguento que inventó Poppea (1),
Cuyo contacto manchará al esposo.
Mas iqaé le importa á ella
Parecer en su casa limpia y bella?
Sólo para el amigo eUa barniza
£1 sembiante, y dispone
Nardo -y perfumes de la India muelie.
Mas ya descubre el rostro; la postiza
Tez, volvjendo A la propia, ya depone;
Ya empieza á conocérsela. Se bafia
Luego en la leche, por lo cual doquiera
Una legión de burras la acompafia
Que, aun desterrada al hiperboreo polo,
Alli por su mandato la siguiera.
Pero cara que asi se adoba y llena
Con tan varios emplastos, y cocido
Recibe el candeal humedecido,
jCara 6 úlcera es? Y en qué faena
Creeras tu que consume todo el dia?
Si por la noche la olvidó el esposo,
iPobre libraria (2) y sierras! les ordena
Que d eponga n la tunica, con cefio:
Tarde vino el liburnio , y éste paga
Los sinsabores del ajeno suefio.
Del uno en las costillas saltan rotas
Las varas; a está el latigo enrojece,
A aquella la correa ;


(1) Poppea, mujer de Nerón, usaba para hermosear la tez
una pomada compuesta de leche de burras, y habiendo sido deste-
rrada, mando llevar á su residencia cincuenta de estos animales.

(2) La libraria era la sierva que pesaba la lana en la balanza
(libra) y la distribuia á las demás que se ocupaban en el hilado.


JTJVKNAL* 107


Hay dama que un verdugo se costéa:
Cruje el azote, y entretanto ella
Pinta su faz, recibe á sus amigas.
De un traje el oro y el dibujo vario
Mira; sigue el azote, y de un diario (1)
Las noticias recorre; y sigue, sigue -
Cayendo el duro azote hasta que él brazo
Oansado del verdugo se fatigue.
— «iSali»— grita fiera, cuando ya las manos
Dejaron de azotar. |Oh mansión dura,
Mas que la de los siculos tiranos! (2)

Si otro traje vestir se le figura
Mejor que el ordinario, y tiene prisa
Porque la esperan a la misma bora •

En el huerto, ó de Isis en el ara,
De tanta liviandad encubridora,
Psecas infeliz su pelo ordena,
Mientras medio desnuda la cuitada
Ve esparcida en el aire su melena,
Por su cruel sefiora desgrefiada.
— «Por qué este rizo sale menos bello
Y ai otro desigual?» — Dura correa
Pune al instante el criinen del cabello.
jEn qué Psecas pecó? Si encuentras fea
Tu nariz y deforme, jese pecado,


(1) En Boma no se conoció el periodismo propiamente dicho,
j>ero se solian poner en los sitios públicos las noticias de los
sucesos importantes para que llegaran á conocimiento de todos.
Esto dio origen é, una especie de diarios (acta diurna), cuyas
copias se difundian por toaas partes, y en las que se daba cuen-
ta, no sólo de los astintos tratados en la curia, sino también
de cuanto ocurria en la ciudad.

(2) Fálaris y Dionisio, tiranos de Siracusa.


108 satIricos látinos.


La pobre nifia ha de pagar? Al lado
Siniestro otra la obra perfecciona;
Extiende y peina el pelo

Y en circolo lo agropa. Una matrona
Ya jubilada, y que paso 4 la rueca
Desde la aguja, siempre alli es old a,
Su voto es elpriméro;

Luego juzgan las otras, atendida
Su destreza y su ed ad, cual si trataran
Del honor en peligro 6 de la vida.
iTal es su afán de parecer hermosa!
lOrdenes tantos, tantas divisiones,
De su cabeza el edificio ofrece!
Andromaca (1) de frente te parece,
Mas baja es por detrás; y tu supones
Que es distinta mujer. Pase, si falta
Mas á su talla que 4 mujer pigmea,

Y no la culpo si el coturno emplea

Y empina el pie por parecer mas alta.

Nada entretanto del m arido cura,
Ni la aflige el ser causa de su ruina;
Con él corno vecina
Vive, y esposa es sólo én cuanto dura,
Al amigo, á los siervos aborrece
De él, y en que le empobrece
Con sus gastos sin tasa.
Ved el furioso coro de Belona

Y de Cibeles que entra ya en su casa.


(li Andromaca, mujer de Héctor, era, según ladescribe Ho-
mero, muy hermosa y de gallarda estatura.


JttVBNAL. 109


Eunuco gigantesco al que venera,
El jurenil corte jo, le precede,

Y la ronca cohorte

Y el timpano plebeyo el paso cede*
Cine frigia tiara, y con tremenda
Yoz anuncia á la turba con monda,
Tema de Austro y Septiembre la venida
Si no se purifica con la of renda

Cada cual de cien huevos, y le entrega
Las viejas ropas de color de rosa (1);

Y asi, sobre óstas caiga el anunciado
Súbito estrago con que amaga el cielo,

Y el afio de una vez quede expiado.

En el invierno irá rompiendo el hielo,
Cuando la aurora a despuntar empieza,
Al Tiber, veces tres alli lavando
En las ondas la trémula cabeza,

Y yerta ya, descalza, las rodillas
Sangrientas arrastrando,

Ira el tarquinio campo (2) rodeando.
Si la cándida Io lo ordenara,
A los confi nes del Egipto fuera,

Y á Meroe calorosa le pidiera
Agua para rociar de Isis el ara,


(1) Era superstición común la de creer que sobre las ropas
colgadas descargaba la colera de los dioses, y sus dueilos st»
velan libres de infortunios y calamidades, que en otro caso ha-
brian tenido que sufrir. Los sacerdotes de Cibeles y Belona,
aprovechándose de está superstición, recoglan ofrendas, pronao
tiendo á los donantes aplacar á los dioses irritados con tra ellos.

(2) El campo tarquinio, llamado asl en un principio de Tar-
quino el Soberbio, luego f uéconsagrado á Marte por Junio Bruto,
recibi endo desde entonces la denominación de Campo de Marte,


110' satibioos latino».

«

— — -¦¦¦¦¦ ' ¦ ' — - ¦ — — — — —

A la mansión de Bómuio vecina,
Pues ella se iiuagina
Que de la misma diosa oyó el acento.
iVed a qué gente dan su confianza -'

Y hablan los dioses por la noche ahora!
Asl el primer boaor, el sumo, alcanza
Ese Anubis (1), al cual signe y honora

. Bevestida de lino calva grey,

Y se burla del' pueblo que en pos llora.
E 1 de la esposa que violó la ley

De continencia en los sagrados dias,
Se hace el intercesor. Castigo duro,
Cierto, merece el iecho profanado,

Y á la sierpe de piata (2) la cabeza
Mover se ha visto. Pero ya las preces

Y el Uanto para él caso preparado,
Harán que Osiris el perdón conceda,
Con ánsares y tortas sobornado.

Tras de Anubis, dejando cesto y heno,
Tremula y en voz queda,
Mendigale al oldo una judia;
Ella interpreta las hebráicas leyes

Y en la selva aricina


(1) Anubis, hijo de Osiris, era adorado bajo la forma de un

Serro. Los sacerdotes de est e dios celebraban su rito vestidos
e lino y con la cabeza afeitada. Por eso les llama calva grey»
. (2) Representábase a Isis con una serpiente de piata que en-
lazaba á un perro y un lobo. Suponian que la serpiente movia
la cabeza irritada contra los esposos que inf ringian la ley de la
continencia en ciertos dias, pero que se le podia aplacar con
ánsares y tortas. Nuevamente se burla aqul Juvenat de las su-
persticiones de su tiempo, córno lo indica la galabra 'corrupt*s 9
sgbornado, del texto.


JUVEN4L. Ili

Es gran sacerdotisa J vaticina;

Dale también dinero, péro poco,

Pues por cualquiera precio te adivina,

Conforme 4 tu deseo,

Cuantos soenos quisieres, un hebreo.

Tierno amador promete 6 pingue herencia

Sirio 6 armenio arúspice, estudiando

De paloma aun caliente los pulmones,

Y á veces los de un nino,

Siendo á la vez de crimen tan nefando

El delator y el reo.

Mas confianza astrólogo caldeo
Inspira, y aun se cree que cuanto anuncia,
De Ammón el mismo oráculo pronuncia,
Pues calla la Sibila y es castigo
Nuestro, ver entre nieblas lo futuro (1).
El primero entre e'stos
Es aquel (2) que cien veces desterrado,
Con augurios f unestos,
Por la amistad y la merced movido
Trazó la muerte que guardaba el bado
A anciano ilustre, por Otón temido.
De aqui la confianza,
Pues inspirala «quel quo la cadena
larga cárcel soportó. Ad m ir ad o
Es sólo ya qu.ien sufre está condena,


(1) Dice Juvenal que en su tiempo callaba ya el oráculo de
Delfos, y asi lo sabemos también por los demás escritores paga-»
noa, entre los cuales puede citarse á Cicerón, Lucano y Plu-
tarco, que escribi ó un libro intitulado De oraculorum deféctu.

(2) Se refiere al astrólogo Ptolomeo, que pronostico á Otón su
elevación al trono imperiai y la muerte de Galba.


112 8ATIBICÓ8 LAfINOS.

Porque tal galardón soló se otorga
A aquel que á punto de morir ya vi<5se,
O en la Giclada estuvo desterrado,
O de la estrecha Jérifo evadióse.

Tu Tanaquil (1) pregunta ya impaciente
Si inucho tiempo tardará aún el dia
En que sa madre asmatica sucumba,

Y cuando tu te mori ras, y.cuándo
Vera la pira de su bermana y tia,

Y si ella irá a la tumba

Aun antes que el adúltero. Pudiera
Gracia esperar de un dios mas lisonjera?

Está al ménos no busca la noticia
De lo que el astro de Saturno augura,
Ó la estrella en que Venus es propicia,
En cuál mes tendrá pena, en cuál ventura.
Huye también de aquella en cuyas manos
Siempre ves efemérides lucientes (2)
Cual craso ámbar; la que no consulta

Y es consultada ya, la que dispone
No ir con su marido,

Ya vaya á Roma 6 a la guerra vuelva,
Si de Trasilo (3) el cálculo se opone.
jPiensa andar una milla? Pues resuelva


fi} Tanaquil, mujer de Tarquino Prisco, famosa éú el afte
adivinatorio y que predijo á Tarquino y Servio Tulio su futuro
engrandecimiento. Se toma aqui por cualquiera que consulta'
los oraculos.

(2) Los libros de astrologia relucientes corno el ámbar, por el
uso constante que de ellos se hacia para averiguar el destino.

(3) Trasilo, Petosiris, famosos astrólogos. .:


JOVENAL. 113


El libro cuál sera propicia hora.

Si por f rotarse el lag ri mal le llora,

Sin mirar el horóscopo no pide

£1 colino, y si enferma está, el momento

En que habrá de tornar el alimento,

Petosyris tan sólo lo decide.

Si es de escasa fortuna, ella ecba suertes,

Y con agua lustrai el circo riega,
Frente y manos mostrando al adivino
Que ad ulador le, ruega

Escucbe los decretos del destino.
Augur de Frigia, ó indio mercenario,
Dol mundo y moviniiento planetario
Conocedor, rcspuesta da á la rica,
O bien astuto viejo, que lugares
Heridos por el rayo purifica (1).
En el campo tarquinio
en el circo, tan sólo se presenta
Plebeyo augur y da su vaticinio.
Concurre alli la que jamás ostenta
En su garganta el oro,

Y ante las torres y columnas viene
Á preguntar si acaso le conviene
Dejar a su marido el tabernero

Y casarse después con el prenderó.


Éstas, al fin, del parto los dolores
Sufren, y ofrecen los materno s pcclios


(1) Los lugares donde caia un rayo eran considerados corno
objeto de la ira de los dioses. Se los purificaba con el sacrificio
de una oveja de dos afios, y de este ministerio estaban encarga-
dos los arúspices.

8


114 SATfRICOS LATIN08.


Al tierno infante, pues asi rigores
Qaieren de la Fortuna. No suceden
Casos igaales en dorados lechos,
Do raras veces las paridas yacen;
Tanto las artes , los brebajes pueden
De los que estéril a la esposa hacen,

Y por infame precio

Matan los hombres en el seno mismo.
Alégrate , pues , tu , marido necio,

Y la pócima alarga , sea cual f uere,

A tu esposa ; pues tal vez si á luz diere,
El dolor soportando , padre seas
De etiope , cuyo rostro bronceado
No sin peligro á la maSana veas,

Y sera tu heredero designado.

De los hijos. supuestos
No hablaré 7 de los votos, la alegria*
De enganados esposos , que á los niiios
En el Velabro (1) expuestos


(1) El Velabro era un barrio de Roma cerca del AvenUnp*
donde desaguaba la cloaca máxima de Tarquino. En este sitio
y en la Cohvmna lactaria, que estaba en el Forum olitorium,
eran expuestos los niiios recién nacidos por muchos padres des-
naturahzados. Son espantosos los pormenores que nos suminis-
tran los escritores paganos respecto á la suerte de estos desdi-
chados niiios, que eran recogidos por infames explotadores para
surtir con ellos las escuelas de gladiadores y las casas de pros-
titución, ó calan en poder de los mágicos, que les haclan morir
para estudiar en sus entranas lo futuro, ó de los mendigos, ojie
de mil maneras los desfiguraban y mutilaban para que excita-
sen mas la compasión y pudiesen obtener mayores limosnas, de
que sus duenos se aprovechaban. Seneca, Controv., 1. y, 33,
pinta con sumá vive2a estas inf amias. Véase también, sobre la
suerte de los niflos que caian en manos de los mágicos, á
Ovidio, Ileroid., vi, v. 91; Festo Pompeyo, Lucano, Phars., vi;
Plinio, Historia Naturai, 1. xxviii, e. li; Horacio, Epod., V, in
Canidiam venefica m, etc.


JUVKNAL. 115


Llaman sua hijos , ninos que algun dia
Del sacerdocio sumo á la grand eza
Ascei\derán , y usurparán mafiana
De Escauros el linaje y la riqueza.
La Fortuna liviana
En la afta noche vela,
Riendo al lado de desnudos ninos;
Con su pecbo los nutre, los consuela
Amorosa en sa seno 7 los ampara;
En patricias mansiones los presenta,
De la comedia el éxito prepara;
Ensaya á los actoree;

Y burlona y risuefia
Prodigando á estos nifios sus favores,
Los colma de riquezas y de honores.

La mujer que se empefia
En tra stornar el juicio del esposo

Y azotarle después con un zapato,
Filtro tesalio, ó bien mágico becbizo
¦Compra, y queda alelado y mentecato
El infeliz, y picrde la cabeza,

Y olvida lo que dijo y lo que hizo.

Y pase si no empieza

A enfurecerse con el juicio vuelto

Como el tfo de Nerón, á quien Cesonia

Dio en la comida un dia

El Hipomanes fervido disuelto.

Y que mujer no bara lo que está bacia?

Ardió la tierra entera,

Y desbecbo en pedazos perecia
Del imperio arruinado el edificio,


116* SATfRIOOS LATIN08.


"No de otra suerte que si Juno hubiera

Del alto Jove trastornado el juicio.

Menos fatales fueron

Las setas de Agripina,

Que emponzofiando del caduco esposo

Las miseras entrafias, condujeron

A la mansión divina (1)

La tremula cabeza, y los caidos

Labios en babá siempre humedecidos.

No este brebaje asi ; con sed rabiosa

De incendio inflama y exterminio y muerte,

Y mezclada la sangre generosa

De caballeros y patricios vierte.

i Tanto puede este filtro! ; Tanta ruina

Causar y tanto estrago

De una envenenadora el arte puede!

Matar al que parió la concubina,
Ya nadie lo censure ni lo vede,
Hoy es licito mas ; ya no es pecado
Dar mnerte al entenado.
iGuarte, oh pupilo, a quien espera un dia
La pingue herencia del difunto padre;
Vigila y de la mesa desconfia,
Que hierve en los manjares el veneno
Aderezado por tu misma madre!


(1) Se refiere á la muerte de Claudio, á quien dio Agri pina-
setas venenosas. La expresión es satirica y recuerda los honores
de la apoteosis decretada a este principe. Unas f rases de Seneca
explican el adescendere jnssit in ccelum», de Juvenal. Dice, en
efecto, Seneca que «Claudio subió al cielo, donde, por decreto
de los dioses, fué condenado á descender al infierno». Tal vez
por está mala opinion que se tenia de Claudio, Juvenal escribe
aescendere en vez de ascendere»


JDVENAL. 117


Ántes alguno pruebe la comida
Que ella te ofrezca, y lieve el pedagogo
Al temeroso labio la bebida.
.jDecis que tale» crimenes invento?
iQue el coturno calzando,

Y el limite y las reglas ol ridando
A la sátira dadoe, con allento
Propio del grande Sófocles, os Cilento
Casas que nunca vieron las latinas
«Comarcas, ni las rútulas colinas?

— jOjalá fnese asll Mas Poncia (1), el grito
Alzando, exclama: — «Lo confieso, es cierto;
Yo á mis hijos «1 tósigo dispuse
¦Que en mi poder ha sido descubierto,

Y yo, yo misma consumé el delito.»
— « t Yá dos hijos en una sola cena
Osó sacrificar tu diestra aleve,

Oh vibora cruel, oh dura hiena?»

— «Nuere matara, si tuviera nueve.»—

Ya es justo, si, que al trágico se crea

Ouando de Progne (2) cuenta el parricidio,

el fiero caso de la atroz Medea.

Yo nada en contra arguyo;

Horrible infanticidio,

Crimen atroz fue el suyo,


(1) Créese que alude á la hija de Tito Pondo, mujer de Dry-
mon, que envenenó á sub dos hijos.

(2) Progne mató á su hijo, y hecho pedazos y cocido, lo pre»
sento á su mando Tereo; Medea dio también muerte á sus hijos
-en presencia de su esposo Jasón. Ambas fueron impulsadas por
los celos á tan horrendos crimenes, mas no por el oro, dice Ju-
-renal.


118 SATfqiOOS LATINOS.


Mas por codicia no; menor asombro
Delito tal produce
Cuando la ira a cometerlo induce
A la mujer; pues si su pecho agita

Y enardece el furor, se precipita
Cual piedra que del monte se desgaja

Y por la falda rápida y pendiente,
Dando mil tunibos, hasta el fondo baja.
Mas no puedo sufrir la que computa
Tranquila el fruto del horrendo crimen,

Y tranquila y serena lo ejecuta.
Por salvar al m arido, generosa

Miran morir á Alcesta (1); ellas, si fueran
Posibles estos cambios, al instante,
Por salvar a su perro, prefirieran .
Contemplar al marido agonizante.
Muchas Danáidas (2), muchas Erifilas (3)
A cada paso encontrarás; manana,
Ni un barrio solo habrá sin Clytemnestra (4).
Pero en esto difieren: necia y vana


(1) Alcest'a, hija de Pelio, rey de Tesalia, casada con Admeto*
Enfermo éste, dijo el oráculo que no podia sanar, si alguien no
se sometia á morir por él. La nel esposa, para salvarle, se pfre-
ció voluntariamente á la muerte.

(2) Las Danáidas, llamadas también por su abuelo , Belides,
eran 50, y dieron muerte á sus esposos por mandato de sua
padres.

(3) Enfila, mujer de Anfiarao, uno de los siete jefes que sitia-
ron a Tebas. Ella descubrió á Polinice, mediante la dádiva de-
un collar de oro, el sitio donde se habia ocultado su esposo para
no tornar parte en la guerra, porque sabia por el oráculo que-
habia de perecer en ella.

(4) Clitemnestra, hija de Tindaro, casada con Agamenón, rey
de Micenas, á quien asesinó para continuar su trato ilicito con
Egisto. Orestes, hijo suyo y de Agamenón, la mató en venganza,
de la muerte de su padre.


JDVENAL. 119


De Tindaro la hija, su deseo

No acuito, y con la diestra y la siniestra

El hacha descargó* sobre el Atreo.

Hoy basta el pulmón tenue de una rana

Para el caso, y si toma el precavido

Atridas el antidoto, que usaba"

El rey dei Ponto (1) tres vece9 vencido,

Entonces el punal su vida acaba.


(1) Mitridates, rey del Ponto, temeroso de ser envenenado,
llevaba un contraveneno. Fué vencido en tres batallas, por Sila,
Lucalo y Pompeyo respectivamente.


SATIRA SÉPTIMA.


POBREZA DE LOS LITERATOS.


. Argumento. — En la presente sátira pinta Juvenal la triste
situaci ón de los literatos de su época. Los poeta* están reduci-
dos á desempenar los mas bajos oficios para subsistir; los histo-
riadores menospreciados; abogados, retóricps, gramáticos, pre-
ceptores, ven mezquinamente retribufdos sus trabajos por los
mismos patri cios que no vacilan en gastar inmensas sumas para
satisfacer sus mas leves caprichos.

El sostén de las letras, su esperanza

r •

Unica, es Cesar (1); éi solo, piadoso,
Presta á las tristes musas confianza,

Hojr que, para vivir, vate famoso
Un bario alquila en iniserable aidea,
O vende pan, 6 acepta el afrentoso

Cargo de pregonero, y ni aun se afea
En Clio, si deja de Aganipe el valle,
Y hambrienta ante los atrios pordiosea.

Pues si escribiendo versos no bay quien halle
Un as, busca trabajos mas modestos


(1) Algunos creen que está sátira se refiere á Domiciano*
iundandose en que Juvenal la escribió antes de su desti erro;
pero la mayorla de los expositores convienen en que alude á
Tra j ano y tal vez á Adriano.


JDVEKAL. 121


Y vende, cual Maquera (1), por la calle
Armarios, vinos, tripodes 6 cestos,

De Fausto la Tebaida y la Terea,

O de Paolo el Alcyon. Medios sor éstos

Mejores quo decir: — «vi», — y falso sea
Que viste. Incorra en tal supercheria
De asiáticos patricios.la ralea,

Los que Britania ó-Capadocia cria,
<) el que descalzo, pobre y harapiento ,
La Galogrecia & la ciudad envia.

Mas ya de oficio vii verás exento
Al que mordió (2) el laurei, al que modula
Mágicos versos con sonoro acento.

; Jóvenes, trabajad! Ya os estimuia
Emperador benigno, y os ampara

Y generosos premios acumula.

Tti, Telesino, si honra tan preclara
Aguardas de otra parte, y esto anima
Tu naturai fecundidad, prepara

Un baz de lefia seca, pon encima


(1.) Clio es la musa de la hi stori a. Representábasela en figura
de una joven cenida de laurei, temendo en su mano un rulo y
un estiló para consigliar los hechos históricos. Un expositor
dice que alude aqui Juvenal á cierto poeta llamado Cli4s; pero
esto no tiene fundamento; tratándose de pintar la miseria á que
cstán Teducidos cuantos se deiican á las letras, lo mismo se re-
fiere Juvenal en está sátira á los poetas, que á los hi stori adores,
preceptores, gramáticos, etc. La fu ente Aganipe en el monte
HeHcón (Beocia) se miraba corno la residencia de las musas, á
las cuales estaba consagrada.

(2) Crefan los antiguos que el morder el laurei inspiraba
•entusiasmo poético (sin duda porque ese arbusto estaba dedi-
cado á Apolo) y que las Sibilas se alimentaban de él. Por eso Ti-
bulo pone en boca de una de éstas las siguientes pai ab ras:

Sic wqne saerag innoxia lauro*

Vesoar, L. li, Eleg. v, v. 13.


1?2 SATfltlCOS L.VT1NOS.


Tus libros y devórelos el fuego,
guardelos el cofre, y no se exima
* Uno de la polilla. Rompe luego
Triste la piuma; borra los poemas
Hechos de la alta noche en el sosiego.

Tu que las cejas, infeliz, te quemas,
Forjando en celda ruin verso preclaro,
Por la yedra (1) y la estatua otras supremas

Honras no aguardes. Hoy el rico avaro
Ya no protege al infeliz poeta,
Le admira, corno el nino al pavón raro.

Pero pasa la edad que al Ponto reta,
Que ante el daró azadón no desfallece,

Y que al pesado casco se sujeta;
Entonces jay! el alma se entristece,

Del anciano infeliz, y á si, a sa musa

Y á sa elocueneia estéril aborrece.
Ahora atiende el motivo, oye la excusa

De ese a quien tanto obsequias lisonjero:
El también, aunque Apolo le rehusa

Su favor, versos hace, y sólo á Homero
*JSn 8i'glos diez la preeminencia cede.
Mas si la sed de gloria es lo primero

Que tu alma incita, Maculon concede
Su espléndida mansión , joja del arte,

Y cuya puerta a las de Roma (2) puede


(1) En la biblioteca áe Apolo Palatino eran colocadas las es-
tatuas de los grandes poetas y oradores. La yedra era particu-
larmente dedicada a hoiirar a los poetas:

«Doctarum hceder e proemia fra ntium)) (Hor.)

(2) E 1 originai dice :« solicitas imitatur Janna, portasi Los

comentadores interpretan la frase so Licita *porta*\)ox\2& puertas
de Boma, á las cuale3 llama Juvenal solicitas, ó porque estaban


JDVENAL. I2&


En lo ferrea igualar. Luego reparte
Libertos por doqaier, genie dispaesta
Á escachar y su apiauso a prodigarte.

Mas no esperes quo pague lo que cuesta
El asiento, la grada que se extiende
bre alquiladas tablas, y la orquesta (1).

\Y nuestro ardor empero mas se endemie!

Y surco abrimos en movible arena

Y el suelo estéril nuestro arado hiende!
Mas si tu fuego la razón enfrena ,

El anhelo funesto de la fama
De nuevo con niil lazos te encadena (2).
A muchos ansia de escribir inflama,

Y es dolencia ineurable que envejece
T£n pecho do una vez arde su liama.

Pero el egregio vate, el que florecc
Con no yulgar ingenio y cosa oida
Cien y cien veces ai lector no ofrece;


defendidas con mucha vi gii ancia y sólidamente guarnecidas de
hi erro, ó por la afluencia de gente que pasaba por ellas entrando
ó Baliendo.

(1) Los poetas y oradores recitaban sua obras ya á sus ami-
gos para consultarle, ya en público para ganar aplausos. Tácito
{De canti* corruptte eloeuenbiae) nabla de cierto Basso, al cual
se acudia para estas sesiones: aJVám et domum mutvatur, et sub'
selli a conducit et libello* spara it.)) Habia también personas
alquiladas para aplaudir entre el público. Marciai echa en cara
a uno, que no recitaba, su pretensi ón de ganar el tltulo de poeta;
pero por todo pasa con tal de que no recite.

«Nil recita*, et vis, Mani erce, poeta videri.
Quidquid vis, está, dummodo nil recite*.))

(2) Por medio de* una hábil transición pasa Juvenal á hacer
Una soberbia pintura del verdadero poeta, declarando á la vez
que los mayores enemigos de la inspiración poética son la po-
breza y los cuidados.


124 satiriccs latikos.


El que nunca con versos me convida,
Donde todo es trivial cual la moneda,
Que imágen 3Iempre igual muestra esculpida,

E sto, tal cual lo entiendo, aunque no pueda
Pintarlo, nn alma libre de amargura
Debe tener, en que la paz so hospeda, '

Que de las selvas ama la hermosura,

Y que para gustar está dispuesta
De las aonias fuentes la duizura.

Pues la pobreza tétrica y funesta,
De recursos exhausta, y nocbe y dia
A la miseria y al dolor expuesta,

Ni de las Pierias en la grata Umbria
Puede cantar, ni es de esperar que sienta
El divino furor de la poesia.

Cuando Horacio— «iEvohe!» — grita, suculenta
Mesa al sublime canto preparalo;
Mas el vate iqué bara si le atormenta

El cuidado roedor, si el afán sólo
Del verso no le ocupa, ni en su pecho
Unicos duefios son Baco y A polo?

Ingenio insigne, que abrigado lecbo
Tiene, y buscar el pan no necesita,
Puede pintar los carros y el despecho

Con que al Rutulo (1) fuerte Erymne agita,
De los dioses el rostro refulgente

Y los caballos que el combate excita.
Mas si a Virgilio comodo y decente


(1) Turno, Rey de los Rútulos, rivai de Eneas, que le dio
fuerte en gingillar combate. Alúdese en los versos siguientes
é. la pintura que en el libro vii hace Virgilio de las Furia*.


JUVBN'AL. 125


Albergue y un criado le faltara,
Ni fuera cada cria una serpiente

De Álecto en la cabeza, ni sonara
Con eco borrendo sorda su bocina.
iPerfección á Rubieno pedis rara

Cual en antiguos trágieos domina!
Y Jcómo, si su Atridas ni aun subviene
Para pagar la capa y la cocina?

El pobrecito Númitor no tiene
Al amigo qué dar ; pero á Qaintila
Con sua cuantiosas dádivas mantiene,

Ni sa candal en derrocbar vacila
Por domado león, cuyo su stento
De cruda carne exige enorme pila.

— Menos costoso es dar el alimento,
Dicen, á fieras tales, que a un poeta v

Cuyo estómago siempre se halla hambriento. —

Anhele de la fama la trompeta,
En su marmorea posesión, Lucano,
A quien el sueno la escasez no inquieta;

Mas Jqué al pobre Saleio 6 a Serrano
La gloria vale, aunque brillante sea,
Si es gloria nada mas? Corre el romano

Que los mógicos versos oir desea
De la Tebaida y la expresión sonora,
Pues la esperanza a todos lisonjea

De gozar largo rato, y ya es la hora
Que Estacio sefialó. iCon qué dalzura
Cautiva al auditorio y lo enamora!

iQué conmoción produce su lectura!
Mas mientras vivo el entusiasmo enciendo
Con sus versos, el hambre le tortura


126 satiricos latjnos.


Si es que su Agave (1) inedita no vende
A Paris (2) ; por quién cine tribunicio
Anillo el vate, y por quién solo asciende.

Ya da el histrión lo que nego el patricio:
jFrecuentar grandes atrios te compiace?
jPiensas á Camerino hallar propicio,

O que Báreas tus ruegos no rechace?
Tribanos hace solo Filomela (3),
Prefectos solo Pelopeia hace.

Mas no insultes al vate porque apela
A este recurso ya. jQué Cota 6 Fabio,
<ué Léntulo 6 Mecenas por é"l vela?

Igual el premio entonces para el sabio
A su mérito era, y fructuoso
No llevar en Diciembre el vino al labio (4)


(1) Tragedia cuyo asunto es Agave, hija de Cadmo y Her-
mione, que hizo morir á su hijo por haber despreciado las fies-
tas de Baco. Acerca de Stacio véase el notable estudio de moli-
si eur Nisard en su ya mencionada obra Po'étes latin» de la
décadenoe.

(2) El actor Paris, favorito de Domici ano, daba á Stacio una
pensión mensual. El Terso uquod non dant proeeres, dabit hi$-
trio», fué el que originó el destierro de JuTenal, según Sue-
tonio. Dice éste que Juvenal inc'uyó en la presente sátira los
expresados versos que habla compuesto muchos afios antes con-
tra Paris. «Hacia entonces, anaae, las deliei as de la corte un
histrión, cuyos admiradores y partidarios eran elevados á los
mas altos puestos. Creyóse que Juvenal aludia á lo que estaba
sucediendo, y á pesar de sus ochenta afios se le desterró de
Roma, bajo el honroso pretexto de encargarle el mando de una
cohorte en la región mas extrema de Egipto.» Suponiendo que
Juvenal nació en el afio 47, según el cálculo de Borghesi (/»-
torno all'etá di Giovenale} este suceso debió ocurrir el 127, es
decir en tiempo de Adriano.

(3) Pelopeia Filomela, trageiias que valieron á sus au-

tores, protegidos por Paris, honores y fortuna. Por Camerino y
Bareas qui ere significar el poeta á todos los patri cios.

(4) Tal vez quiere decir que si endo entonces igual la recom-
pensa al mérito, convenia á los escritores abstenerse de banque-


i


JDVENAL. 127


Y enflaquecer. Sin eluda mas copioso
Fruto, oh historiádores, os ofrece (1)
Vuestro arte, que pide mas reposo;

Pues, sin llegar al termino, acaece
Que la página mil tu mano llena

Y el costoso papiro., efece y crece.
Asi el ingente número lo ordena

De los sueesos y su enlace vario:
A esto el rigor Tiistórie© os condena.

— jY qué nlies nuestro esfnerzo «elitario,
O qué fruto la tierra arada rinde?
Quién da al historiador lo qué al notario?

— Gente poltrona es que no prescinde
Del hogar y del plácido soeiego.
— Di, pues, el premio que al letrado ferród e

Un pleito y eseribir pliego tras pliégo,

Y la tonante voz con que sostiene
La causa del deudor, lleno de fuego;

Y mas si al acreedor delante tiene,
O agudos dardos a su pecho tira
Quien de pruebas armado al juicio viene.

Brota entonce á raudales la mentirá,
Cual de cóncavo f nelle, de su pecho,


tea y diversiones en Diciembre, que era la época de las satur-
nales, asi corno palidecer en el cultivo de las obras literarias.
Las saturnale* eran una serie no interrumpida de fiestas du-
rante el mes de Diciembre.
Algunos leen estos versos:

«Tunc par ingenio pr&tium; nunc utile multi*
Pallerá, et vinum toto neseire Decembri.»

Pero este nuno hace ininteligible el concepto.

(1) Después de pintar Juvenal la desdicnada suerte de los
poetas de su tiempo, pasa á exponer la no mas lisonjera de
nistoriadoTe3, abogados, retóricos, etc.


1$Ó SATlliiroS J.ÁTIX09.


*

Y la espuma, revaelta por la ira,

Mancha su toga. Ahora, si el provecho
Quieres saber que rinde al abogado
El cultivar la ciencia del derecho ,

Pon de cien de ellos el caudal sumado
En un platillo, y la fortuna in mensa
Del bermejo Lacerna (1) al otro lado.

Abrese el juicio (2) ioh Ayax! con intensa
Palidez, tu te alzas, principiando
De tu d lido sa causa la defensa.

Rompe, infeliz, tus higados gritando,
Para que verdes palmas tu escale ra
Adornen, tu Victoria pregonando.

lY cuál el premio que después te eapera?
Algún mal pez, un seco jamoncillo,
Rancias cebollas, con que remunera

Al siervo su senor, 6 un tonelillo
De vino (3) por el Tiber transportado.


(1) Lacerna era cochero de Domiciano. Uno de los espec-
táculos mas brillantes de los juegos erari las carreras en las.
cuales se adjudicaba el premio a los carrós que mas pronto re-
corrian el circo un cierto número de veces. Los conductores ó
aurigas se dividian en cuatro bandos ó facciones, según el color
de sus trajes: albus, bianco; prassinum, verde; russatum-, rojo;
venetum., azul. Estas facciones causaron con frecuencia tumul-
tos populares, especialmente desde la traslación dei Imperio a
Constantiriopla, siendo entre otros célébre el que tuvo lugar en
tiempo de Justiniano (sedie tóri Nilta), que tomo las proporcio-
nes de una revolución, la cual puso en peligro el Imperio y dio
origen á la matanza de mas de 30.000 verdes. Está diversidad
de colores explica la frase russati Lacerna, de Juvenal, en
est e pasaje.

(2) Dice el originai: aConaidcrc Duces», etc. Este es un he-
mistiquio del principio del libro xi n de los Metamorphoseon,
donde Ayax y Ulises contienden entre si por la posesión de las
armas de Aquiles. Por eso dice también: «;Oh Ayax!»

(3) Vino de mala calidad, procedente del pais de Veyes, y
que era transportado por el Tiber.


I

:
i

1


jovenal. 129

— — i


i


Si faiciste cuatro informes, tu bolsillo

No percibe ci total de lo ganado, >

Pues una parte á los curiales toca, ' ,}

Según lo que con ellos has pactado. 1

— A Emilio dan cuanto pidiQ su boca, i

Y mayor elocuencia fué la nuestra. 1
—Mas él del vulgo la atención provoca

Con cuadriga de bronce (1) ; en su atrio muestra
Briosos troncos ; él mismo fulmina
Montado'en su corcel , alta la diestra,

A lo lejos la córva jabalina,

Y está su estátua en la actitud gallarda
Del que corre á la lid.— Asf se arruina,

Matho, Pedón asi ; tal fin aguarda
Tongilo, que consigo lleva al bafio
La ebúrnea copa donde el óleo guarda,

Y en pos de sus clientes el rebaflo
Lodoso, que á medida que camina,
Deja en el pavimento impreso el dafio.

— Después en su litera se encamina,
Oprimiendo á los siervos, hacia el Foro.
jCuánta cosa alli ajusta! La murrina

Copa, granjas, esclavos, piata, oro;
Que el múrice mendaz presta al legista
Crédito, j para él es un tesoro.

— La púrpura costosa, la amatista,
El alto censo, el fausto, les conviene,
Que en la pródiga Roma no conquista

Fama, sino el que gasta mas que tiene.


' (1) Pondera la óstentación con que vivian algunos aboga-
dos, los cnales se r e.vlan de este medio para atraer clientes.


1$0 SATfBICOS latinos.'


jEn tu elocuencia fias? Pues si anillo
Rico cifiendo, Cicerón no viene,

'No vera ni dos nummo s su bolsillo.
El que va a litigar, antes numera
Tus siervos, tus cliente», cuál el brillo

De tu casa y la turba lisonjera
De la gente parásita y togada *

Que hasta el Foro precede á tu litera.

Paulo, asi con sardónix alquilada,
Sus derechos cobró siempre con creces,
Mientras Cosa y Basilo apenas nada.

La elocuencia se otorga raras veces
Al pobre. jCuando, di, maestra Basilo
A la llorosa madre ante los jueces?

Quién su elocuente voz sufre tranquilo?
Busca en la Galia, pues, si es de tu agrado
De tu lengua vivir, comodo asilo (1),

en Africa nutriz del abogado. —
Ya á declamar, ioh Vectio, oh ferreo pecho!
Ensefias, y el alumno pide airado

Del tirano la muerte, y esto hecho,
Vuelta a empezar, y aquello que leverá,
Sentado, en pie repetirá, y derecho.

Y en verso igual dirá de iguál manera
Lo mismo. iOh maestro misero! El hastfo,
Cual repetida col, hará que muera.

Todos quieren saber con qué atavio
Se hará el discurso interesante y vario,
Como herir la cuestión con tino y brio,


. (1) Es decir: uTodavla en la Galia podrás ganar algo ejer-
ciendo la abogacla, y en Africa, donde abundan los litigios.»


J0VENAL. 131:


Qué dardos asestar puede el contrarlo...
Pero pagar iquién quiere? E sto ningnno.
— «jPidesme que te abone tu salario?

Y Iqué aprendi contigo?» — dice uno.
Ási la culpa achácase al que ensena,
Y no á ese joven, de talento ayuno,

Mas daró que un Arcadio (1) y que una pefia,
Que me aturde seis dias mientras repite
De su insufrible Anibal la resena (2);

Sea cual fuere la cosa que recite, •

Bien que sitiar a la ciudad intente,
Marchando desde Cannas, 6 medite,

Tras lluvia y rayos, ordenar prudente
Que la mojada tropa retroceda.
•— - «Doy todo cuanto pidas, si hay paciente

Padre que, corno yo, sufrirles pueda»; —
Tales son los unánimes clamores
De los sofistas, y pues no les queda

Otro recurso, olvidan los raptores,
El tósigo, el marido cruel e ingrato,
El brebaje que cura los humores

Del viejo, y cambian todo este aparato
Por verdaderas lides. Nueva senda
Intente, si el onsejo mio le es grato,

Quien, fatigado de ensenar, descienda
De las nubes retóricas al Foro,
Para ganar con lo que al pan atienda.


(1) Los arcadios tenian entre los antiguos fama de estu-
pidez:

«Arcadia pecuaria rudere creda*.» (Pers., t. in.)

(2) Pinta Juvenal los asuntos insulsos de las declamacionea
en las escuelas, y que indicali la decadencia & que nabla venido


la oratoria.


132 SATfBICOS LÁTINOS.


I Y á fé que lo que gana es un tesoro!
Mira el premio si no, ruin y tacaiio
Que por cursar el arte de Teodoro (1)

Sus hijos en el aula todo el afio,
A Crisógono y Polio el padre envfa.
Seiscientos nummos cuesta, en cambio, el bailo,

Y aun més el atrio, en cuya galeria
A pasear en su litera viene
El seiior, cuando está lluvioso el dia.

/Pues'va a esperar que el cielo se serene,
sufrirá que al tronco que lo lleva,
Redente lodo de inmundicia llene?

Aqui se está mejor, pues aunque lluera,
Brillan los cascos de la limpia mula.
Sobre columnas númida se eleva

Mas «Uá el comedor (2) , do se acumula


(1) El retórico Teodoro de Gadarea, maestro de Tiberio.
Hace mención de él Suetonio, que le atribuye la siguiente frase
respecto a aquel hipócrita y cruel Emperador: «Es lodo ' mez-
clado con sangre.» ' f''ZmHZ

(2) En los primeros tiempos de Roma el sitio de lajcena era
el atrio, lugar expuesto á las miradas de todos. Está costumbre,
que en un principio f ué voluntaria, hizose luego obligatoria por
yarias leyes, á fin de que las comidas verificadas en lugares mas
ocultos no diesen ocasión á los excesos. alnweraturn est ut pa-
tentibus januis pramitaretur et casnaretur (Macrobio). Cuando
la República se corrompió con el lujo, á la sobriedad de las an-
tiguas cenas sucedió, no sólo el mayor refinamiento en el arte
de preparar los manjares, sino también la mayor suntuosidad
en los sitios destinados para aquéllas. Lúculo tenia grandi osas
salas dedicadas á este uso, cada una con el nombre de una divi-
nidad, y el mayordomo deducia por el nombre de la sala lo que
Su sefior queria gastar en el banquete. Famoso es también el
magnifico comedor donde Nerón celebraba sus cenas, y aun so-
brepuj6á éste.Heliogábalo. Como se ve'en este pasaje, los pa-
ricios tenian salas de está clase preparadas para el invierno, y
otras dispuestas para el verano, costumbre que también copia-
ron de los asiáticos.


JUVENAL. 133


Del sol de invierno el resplandor e&caso.
Siervo que el orden del festin regala,

Y cociuero experto para el caso,
*En toda mansión hallas, sea cual sea* -

Y con tanto gastar, Jpiensas acaso
Qae dos sestercios Quintiliano vea

En pago? Nada al padre le importuna
Como el gasto que el hijo le acarrea.

— «jDónde los bosques, pues, gritáis 4 una,

Adquirió Quintiliano? » — Oaprichoso

Ejemplo no citéis de la fortuna:

jTienes suerte? Eres sabio e ingenioso;
jTienes suerte? Eres hombre & todos grato, .
Eres ilustre, y noble, y generoso,

Puedes llevar la luna en el zapato (1);

Y en fin , todo serás, si tienes suerte:
Si orador, de tu patria claro ornato;

Si dialéctico, el mas hábil y fuerte,

Y si cantas con eco enronquecido,
En musico sin par se te convierte.

Inquiere, pues, si á tu primer gemido
Fatai estrella presidió, 6 risuefia,

Y en sangre maternal te vió* tefiido.
De sofista hasta con sul, si se e m pena

Fortuna, subirás; si es de su agrado,


(1) dno de los distinti vos de los patricios era el calzado en-
•carnado (ealeeus pai ricini) > atado con cordones negros que su-
jetaban una media luna de marni (lunula"), Dicen que está, por
su figura igual á la de la letra C , denotaba el número centena-
rio , porque en un principio sólo f ueron 100 los senadores ; pero
esto no pasa de ser una conjetura mas ó menos verosimil, igno-
rándose el origen de este distintivo. El poeta dice que quien
tiene suerte puede llevar en el zapato la luna, corno si ai j era
-que puede figurar entre los patricios.


134 SÁTfRICOS LATINOS.


De cónsul eh sofista te despena.

Quién á Ventidio (1) desde humilde estado,
Quién á Servio (2) encumbró? iNo fué su estrella?
£La misteriosa potestad del Hado?

Triunfal corona da al cauti vo ella;
Ella levanta hasta el Imperio al siervo...
Mas raro es el varón que asi descuella,

Tan raro casi corno bianco cuervo.
En cámbio (cuántas veces la disputa
De la cátedra estéril, franto acerbo

Hizo verter! El fin, sino, computa
De Carrina y Trasimaco (3). Tu, Atenas,
Que sólo das la gelida cicuta,
Hambriento viste á aguel, y en duras penas.
jOh Dioses! Sea la tierra blanda y leve
A nuestros pádres'; gocen de serenas

Auras sus sombras; á sus urnas lieve
Flores hermosás primavera eterna
Y grato aroma desde alli se eleve;

Pues la sagrada autoridad paterna


(1) Ventidio Basso, naturai de Asculum é hijo de una es-
clava, mereció por sus triunfos, alcanzados contra los Parto»
(718), ser coronado en el Capitolio , y desempeiió los cargos mas
importantes de la milicia. Habiendo sido nombrado Cónsul, apa-
recieron unos versos en los sitios públicos de Roma, en .que se
aludia a su anterior condición de mulero :

a Concur vite omnes, augures, aruspice* . ~
Portentum inusitatum conflatum est recenti
Nani mulo* qui fricabat, Cónsul factus est.))

(2) Servio Tulio, hi jo de otra esclava , fué también Bey de
Roma, el «último de los buenos reyes» , corno le llama el mismb
Juvenal.

(3) Discipulo famoso de Platon y Sócrates, que se suicidó,
por no soportar la miseria. Secundo Carrina, no encontrando-

"recursos en Atenas para vivir, se trasladó á Roma, donde ensen6
laBetórica. Fué desterrado por CaHgula. -'


JUVBNAL. 135


Dieron al preceptor. Afios viriles
Contaba, y del Centauro en la caverna,

Vieras, medroso del castigo, á Aquiles.
jY á quién risa la cola no causara
Del severo Quirón? Pero infantiles

Alumnos, ya con desvergiienza rara
A Rufo azotan; Rufo, que mil yeces
A Cicero n alóbroge (1) llamara.

Quién la ensefianza que en la escuela ofréces,
iOh Palemón (2), oh Encélado! te paga?
jQué premio igual áia labor mereces?

Y aunque sueldo menor se satisfaga
A ti, que el del retorico , una parte
Entre ayo (3) y tesorero antes naufraga.

Sufre, pues, Palemón, haz por callarte,
Como el que mantas cadurqianas (4) vende
Y esteras. Sino, en balde sobre el Arte

La noche ya mediada te sorprende,
Cuando el herrero, el cardador de lana,
Buscando el lecho, su labor suspende;

En balde sufrirás muy de mariana


(1) Los alóbroges eran una tribú de los Galos, que habifaba
cerca del Bedano. Llamaba asi Bufo á Cicerón , para demostrar
que hablaba en latin bárbaro: Es verdad que también Bruto y
Calvo calificaban al ilustre orador de elumbem et fractumij, so-
lutum et enervem. {Claris oratoribwt.)

(2) Palemón, hijo de una esclava de Venecia, habia sido
maestro de Quintiliano.

(3) AccenotuSj .dice el originai, derivado de a, priv., y
xotvor*ic, trip comunidad. No sufriendo dividir su ganancia con
nadie, el pedagogo quiere, sin embargo, una parte de lo que
percibe el preceptor.

(4) Los que vendian mantas gordas y bastas traidas de Oa-
'hors (Cádurcwri), semejantes a los ropavejeros ó baratilleros,

ctnras mercancias son de poco valor, corno el trabajo de los gra-
maticos.


106 satirico? latinos.


El pestifero olor de tanta tea,
Cuanta es la turba que tu casa allana,

Y su Horacio mancbado deletrea,
Su tiznado Marón. Ahora, si quieres
Gobrar sin que aoudir preciso sea

Al Tribuno, te enganas, no lo esperes.
Poned, en tanto, job padres! condiciones
Al preceptor, y rfgidos deberes

Exigid. Sepa reglas, construcciones
Al dedillo, y los hechos de la historia.

Y de los sabios dichos y opiniones,
Porque si alguno apela a su memoria

Cuando a los bafios 6 á las termas vaya,
Responda a cosas de insulsez notoria:

Quiéir f ué de Anquises la nodriza y aya;
Quién la madrastra de Arcbemor, conteste
Su patria y si está fué Lemnos 6 Acaya;

Diga los anos que viviera Aceste,

Y cuanto vino á los troyanos diera (1).
Pedidle al mismo tiempo que amoneste

Al tierno nino, y cual flexible cera,
Su dócil corazón labre y modele;
Muéstrele reglas de virtud austera,

Como celoso padre por el vele,

Y toda mala inclinación corrija.


(1) Este pasaje recuerda las siguientes frases de Suetonio
:$n tóberio : «Tuvo, dice hablando de este Emperador, una afi-
ción por la historia mitologica, que rayaba en lo ridfculo y lo
-absurdo, y proponia muchas veces á los gramáticos cuestiones
corno éstas: «/Quién fué la madre de Hécuba? jQué nombre
•»daban las jóvenes á Aquiles? ;Qué cantaban ordinariamente 1*3
rairenas?»

 


— «En verdad, obra fácil ser no suele

Tener en tantos la mirada fija.»
— «Es tu deber», — y cnando el afio cede
Te dan, pagando tu labor prolija,
El as (1) que el pueblo al vencedor concede.


(1) Como si dijera : la mezquina recompensa que el pueblo
da al vencedor en los juegos. Era costumbre dar al vencedor
una cantidad equivalente á un áureo» Quiere tal vez significar
que el gramático gana en un afio lo que un gladiador ó un coonero, durante una hora, en los juegos del circo.


1



SATIRA OCTAVA,


LOS NOBLES.

 

AbgumEnto. — El titulo de está satira indica contra quién va
dirigida. Debe advertirse, sin embargo, que la intención del
poeta no era atacar á la clase patricia, en otro tiempo tan res-
petada, sino el necio orgullo de los que blasonaban de ilustre
origen , siendo por sus vicios y envilecimiento dignos de las mas
acerbas censuras. Idéntico pensamiento es el de la sátira de
nuestro Jovellanos, que en algunos pasajes ha logrado imitar
felizmente a JuvenaL

jQué el árbol genealogico? jA qué viene
Que de antiguo linaje te glorie s,
Póntico? lk qué, mostrando de lejanos
Abuelos las imágenes, te engries,
Ya en su carro triunfal los Emilianos,
Ya mutilados Curios, ya Corvino (1),
Boidos cuello y cejas,
al viejo Galba sin nariz ni orejas?
jPor qué de tus mayores
En anchas tablas el retrato exhibes,
Ahumados generales, dictadores,
Si mal ante los Lépidos tu vives?
jA qué mostrar la imágen , con jactancia,


CI) Ribbeck rechaza corno apócrifos este verso y los seis si-
guientes, quizá con razón, pues parece una amplincación inne-
cesaria de los que preceden y siguen , basta el punto de hacer
prolijo y pesado este pasaje.


¦jirvBNAi». IBS*


De tanto ilustre capitan , si luego,

Á presencia del héroe de Nu mancia,

La noche pasas entregado al juego;

Si ellos, al alba, cuando tu te acuestas,

Ponian en movimiento

Las legiones, las águilas enhiestas?

iPor qué, Fabio, de alóbroge (1) blasona,

Y con ser nieto de Hercules se ufana,
Si es frivolo, avariento,

Muelle, aun mas que corderá veneciana"(2);
Si el cuerpo afeminado,
Con siciliano pómez depilado,
A rigidos abuelos escarnece,

Y comprador de tósigos, afrenta
Con su estatua, que rota ser merece,

Á los varones que en su estirpe cuenta?

En vano por doquier céreas figuras (3)


(1) Deseendiente de Fabio, vencedor de los alóbroges.
Dice el originai:

uCur allobrigicis. et magna gaudeat ara
Natus in Herculeo Fabio lare.))

Los Fabios estaban encárgados de la custodia del aitar de Her-
cules , de que dice Virgilio : • »

« Qu& maxima sempcr

JHcetur nobis et erit qua? maxima semper.»

Se creian descendientes de Hercules.

(2) Ovejas de Mtganea, dice el originai. Los euganeos erait
un antiguo pueblo de Italia, que ocupaba la costa Norte del
Adriatico, j que á la llegada de los venetos se retiraron,á lo»
Alpes Réticos. Queda su nombre en los montes Euganeos, rami-
ficación de los Alpes Cadóricos , en la provincia de Padua, Laa
ovejas erari de lana muy blanda j estimada.

(3) Los Romanos conservaban las efigies de sus mayores. en
: armarios, que ponian á la entrada ó en los pórticos de lascasás.

Esas efigies eran de cera.


140 BATlfilCOS LATINOS.


Ornan tus atrios. La única nobleza,

La sola, es la virfcud. Costumbres puras '

Conserva tu, cual Paulo, Druso y Coso,

Y esto prefiere & toda tu grandeza.

Si eres consul, precedali a las faees.

Un alma buena, un pecho generoso

Ante todo en ti quiero:

iPor tus obras tal vez digno te haces

De ser Uamado recto y justiciero?

Reconozco en ti un prócer, | oh Silano!

1 Oh Getulico, salve ! Ciudadano

Egregio y gloria de tu patria eres,

Aunque de humilde sangre procedieres.

Justo es que el pueblo con amor te aclame,

Como al ballar & Osiris (1). Mas £qué hombre

Habrá que al que tan solo ilustre nombre

Tiene, y es un canalla, noble Dame?

iSo es igual esto que Uamar Atlante

A ruin enano, & negro etiope ci8ne y

Europa & una mozuela repugnante,

Sucia y gibosa; al perro lacio y tardo,

Por la vetusta sarna enflaquecidó,

Que de seca linterna el borde lame,

Tigre, león, leopardo,

O mas, si ser mas fiero y mas gallardo

Lanza sobre la tierra su rugido?

Evita, teme, pues, llevar el nombre,

Asi de Camerino 6 de Metelo;

Mas li quién digo esto? jA ti, loh Rubelo


Q.) En Egipto, siempre que se encoutraba un buey Apis,
baio la imagen del cual era aaorado Osiris, gritaba el pueblo:
¥/Le hemos encontrado ; felicitémonos!»


JUTENÁL. 141


Blando! (1), enorgullecido
De DrusQS con la estirpe y el renombre,
Como si a tas hazanas se debiera
Haber nacido noble, 6 que aquel seno
En que la sangre Julia reverbera,

Y no el de la indigente y mercenaria
Que teje expuesta al aire, el ser te diera?

Vosotros, dices, de plebeya gente
Sois, y tan ordinaria,
Que no podrá decir persona alguna
Cuái de vuestros abuelos fué la cuna.
En cambio descendiente
"De Cécrope (2) soy yo. Goza mil aiios
De tu origen excelso la fortuna;
Pero en está vii plebe el elocuente
Quirite encontrarás, que es quien ampara
Al noble indocto, por su causa aboga,

Y los enigmas del derecho aclara.
Nace tambien de la plebeya toga

El fu erte joven que al Eufrates vuela
Ó á las invictas águilas, que en vela
Alzanse sobre el batavo sujeto,
Fiero en las armas. Pero tu no eres
Mas que de Cécrops nieto,


(1) Rubelio Plauto, de la.familia de Augusto. Dice de éT Tá-
cito : uPer maternam, originempari ac Nero gradu á Divo Au-
gusto,)) Era hijo de Rubelio Plancus ó Blandus y de Julia, hija
de Druso.

(2) Primer Rey de Atenas. El proverbio griegó decla : «Mas
ilustre que Cécrope.» La familia de Augusto se jactaba de ser
descendiente de Julio Ascanio. Quiere decir, pues, no que Ru-
belio descendia de Cécrope, sino que su linaje era tan ilustre
corno el de Cércope.


142: 8ATIRI0OS LAT1N0S.


De un Hermes (l) á la estatua seniejante,
Cuya cabeza es bella,
Informe el tronco, y de la cual difieres,
En sei* de carne tu, de mármol ella.

Dime ioh troyano vástago! A la muda
Bestia, Jquién Uama noble si no es fuerte?
Asi al caballo volador saluda
La multitud, cuando en fervor brioso
Enardecido, la Victoria gana,

Y el ronco grito en escuchar se ufana,
Con que le ensalza el circo clamoroso.
Noble éste es, y nadie escrupuloso
Pregunta el campo que le dio la avena,
Si antes que todos á la meta avanza,

Y el primero es que lanza
Nubes de polvo á la revuelta arena.
Mas si se niega adusta la Victoria

A sentarse en su carro, aunque sea fruto
De Hirpino 6 de Cocyta, tanta gloria
No exime de la venta al tardo bruto.
Nada valdrán las sombras de sus padres;
Nada su noble raza; y por pequeno
Precio irá al nuevo dueno,

Y alli le harán que al yugo se someta,

Y arrastre la carré ta

. Ó de la noria de Nepote tire.

Si, pues, que yo te alabe, que te admire,


< (1) Los Hermes (nombre bajo el cual es también conocido
Mercurio) eran cippos de piedra colocados en los caminos para
«efialar la via, con la cabeza únicamente labrada, siendo el
cnerpo rado é informe.


jirvENAL. 143*


Mas basta para un joven cuya cuna '
De Nerón le hace deudo y con tan claro
Linaje está orgulloso; que, al fin, raro
Es conservar el juicio en tal fortuna. .
Mas tu, Póntico, £es justo que la gloria
Propia de tus abuelos te atribuyas,
Mientras dignas no son las obras tuyas
De futura memoria?
Miserable es vivir de ajena fama,
Pues si, cayendor las columnas quitan
El so'stén principal, pronto desbechos
Caerán también los vacilantes tecbos.
Los plantados sarmientos necesitan
El apoyo del olmo: buen soldado
Sé, buen tutor, y juez Integro y puro:
Si en causa incierta á declarar llamado
Eres, aunque ante ti Fálaris (1) duro,
El toro atroz poniendo,
Te ordene falso ser y ser perjuro,
Tu mira corno el crimen mas horrendo
ÁI limpio bonor anteponer la rida,
Y por ella perder la excelsa gloria
De vivir en el libro de la bistoria.


i


Rubelo, es lo que quieres,

Mue'strame tu virtud, no á tus mayores,

Y alcanzarás idéntico s bonores

Que aquellos á quien debes cuanto eres.


(1) Tirano de Agrigento. Habiéhdo usurpado el poder, para
flofocar las conspiraciones se valia de un medio orueL Encerraba
& sus victimas en un toro de bronce y las tostaba á fuego lento.
'vitió én el siglo vi antes de Jesúcristo. '


144 SATfRlCOS LATIN08.


Quien digno es de morir, tenlo por muerto
Aunque a cientos las ostras del Lucrino
Devore y deje el bano alabastrino
De perfumes suavisimos cubierto.

Cuando el gobierno, que por tantos afios
Anhelaste, tomares, de tu ira
Enfrena losr excesos,
La codicia dep<5n; piadoso mira

Y no corno verdugo,

Las provincias exbaustas, verás reyes

Que van, cual esqueletos, en los huefeos,

Pues dejaron sus médulas sin jugo:

Atiende lo que ordenan nuestras leyes,

Lo que manda el Senado; considera

Qué premio aguarda al bueno, y cuán tremendo

Fué el rayo con que biriera

Del Senado romano la justicia

A Capitón y Numitor (1), piratas

De los mismos piratas de Cilicia.

Mas l& qué estos castigos? jPor ventura
"No roba Pansa ya lo que te queda

Y Natha respetó? Callar procura
Si tus ropas en pública almoneda

Se venden, ioh Oheripo! ; gran locura
Fuera á Eoma acudir, pues de ese modo


(1) Cápiton y Numitor fueron acusados de extraordinariaa
rapiffas y vejaciones en este pais ; por lo cual el poeta los llama
piratas de los mismos piratas; Sabido es que les habitantes de
Gilicia se dedicaban á la pirateria y dieron orlgen á la famosa'
guerra en que Pompeyo, después de echar á piqué sus naves>
destruyó sus guaridas.


JUVENAL. 145


Pierdes el fleté tras perderlo todo (1).
No el yugo era tan duro, ni gemian
En otro tiempo, aunque recién domados,
Bajo igual opresión los aliados;
Antes bien, opulentos florecian.
Llena toda mansión; de oro repleto
El acervo; la clámide espartana,
La púrpura de Cos 7 las figuras
Con que el cincel de Fidia y Policleto
El marfil ammara ,
De Parrasio y Milón con las pinturas
Brillaban juntas. Era entonces rara
Mesa, sin obra de Mentor* El oro
Robó aqui Dolabela; robó Antonio,

Y el sacrilego Verres su tesoro. .
Trionfando en medio de la paz (2), traia
Los despojos ocultos en el fondo

De la alta nave sa codicia impia.
Ahora algun par de bueyes, la pequefia
Grey de sus yegaas, el caballo, el toro
Que conserva la raza, no desdena
La avaricia voraz, á falta de oro;

Y ni aun los mismos Lares, si es que queda
Alguna efigie de mediano precio

Que aun ser objeto de rapifia pueda.


(1) «Tan poca jueticia, dice, encontraras si acudes á Roma,
que después de haberlo perdido todo, perderas también el
viaje.»

(2) Dice el originai :

{(Occulta gpolia et plures depacet triunpkos.y) El sentido es
éste: «Como si vinieran vencedóres, ellos en tiempos de paz
traian en el fondo de las naves los despojos ocultos de estos
pueblos, á los cuales eaqueaban.»

io


146 satIrtcos latinos.


Tal vez tu con desprecio
Miras al muelle rodio,
ÁI ungido corintio, y no es tu odio
Sin razon; jpues en qué esa perfumada
Juventud te bara dafio, esa vii gente,
Que ante el peligro, de terror helada,
Doblarse flacas las rodillas siente?
Teme al hispano indomito é inquieto;
Al duro ilirio, al formici able gaio;
Contempla con respeto
Al segador de Libia, que mantiene
A Roma, sumergida en el regalo,

Y que en teatro y circo se entretiene.
jNi qué fruto sacaras, si ya al nido
Africano indigente,

Mario (1) dejó desnudo?

Guida de no agrayiar al que es valiente

Y pobre. Acaso pueda
Arrancarle tu mano despiadada
Todo el oro y la piata que le queda,
Mas no el escudo y vengadora espada,

"No el casco, no los dardos. [Siempre ha habido

Armas con que se vengue el oprimidó!

No ficciones, yerdades

Son las que digo, y justo es que me creas,

domo si hablara la Sibila misma.

Si de rectos varones te rodeas,

Si no hace el favorito con su influjo

De la justicia torpe mercancia,


(1) Refiérese al,misnio Mario de quien nabla en la sátira pré-
merá, pretor en Africa, á la cual devastó con. sus rapi fias.


JDVBNAL. 147


Si á tu mujer no enciende sed de lujo,

Y no recorre, corno nueva arpia,
Corvas las ufias y á robar dispuesta,
La humilde aidea, el municipio rico ,
Nadie entonces protesta

Aunque remontes tu linaje a Pico (1);

Y porque mas te ufanes,

Si de nombre major tienes deseo,
Al ejército entero de Titanes
• Remóntalo, y al mismo Prometeo;
En la hi storia que fuere de tu agrado,
Toma entonces abuelos sin cuidado.

Mas si lujuria 6 ambición te ciegan,
Si en la espalda del misero aliado
Rompes cruel el formidable azote,
Si te deleita que el lictor cansado,
Segando cuellos, la segur embote,
Entonces tu nobleza es la primera
•Que te acusa severa,
Y, antorcha refulgente,
Mas y mas tu ignominia hace patente.
Mayor el crimen, cuanto mas ilustre
<Juien lo comete es. A que te ufanas,
Vii falsificador de testamentos,
Tu, que con tal cinismo,
Hasta en el tempio por tu abuelo abierto,
Ante la estatua de tu padre mismo


(1) Pico, printer rey de los latinos, hijo de Saturno y padre
de Fauno :

((Fauno, Picus pater, isqueparentem
Te, Saturne, refert.i) (Virg., Én. t t. vii.)


148 8ATIBIC0S LAT1N08.


Á fabricarlos llegas;

Tu, adúltero nocturno, qae cabierto

Con manto gaio (1) á la maldad te entregas.

En rápida cuadriga cruza ufano,
Hollando de sus inclitos mayores
Las cenizas 7 huesos, Laterano:

Y él, qae goza de cóngul los honores,
Calza las ruedas con sa propia mano.
Cierto, lo hace de noche; mas la luna
Lo re corno testigo,

Las estrellas lo ven, 7 cuando el ano
Acabe de su cargo, 70 te digo
Que en pieno dia 7 sin vergiienza alguna
La fasta empuf&ará. Ni el viejo amigo
Que encuentra al paso de rubor le llena;
Mas con la vara le enviara el saludo;

Y el haz rompiendo, cual auriga rado,
Á los cansados brutos dará avena.

Y en tanto, si la oveja 6 el novillo
Torvo, de Jove al ara
Conduce cual ofrenda,

Y en la dura cerviz hunde el cuchillo,
Como el rito de Numa recomienda,
Oiras que por Epona (2) sólo jura,

por otras deidades, con que adorna
Pestiferos pesebres la pintura.


(1) El manto santónico era una especie de capucha queusa-
ban los Santones, pueblo de la Qalia (pate de Saintonges).

(2) Epona ó Hippona era la diosa tutelar de /los pesebres 7
cabaUos. De forco;, caballo.


JUVENAL. 149


Mas si le place visitar acaso

Las tafoernas, de noche siempre alerta,

Sirofe'nix (1) al punto sale al paso,

Que en la idumea puerta

Morada tiene f siempre está grasiento,

Con el asiduo perfamado unguento.

Él, corno á parroquiano de alta estima

Le saluda y le llama duello 7 rey,

Y lo mismo Cyane, que Uevando
Eecogida la falda, se aproxima

Con botes de gran precio. Mas ya dice

Alguno, tales culpas excusando:

— «E sto en mi javentud también yo hice;

Todos lo hicimos.» — Cierto,

Mas luego te apartaste, y con cordura,

Vida tan torpe, licenciosa y fea,

No prolongaste hasta la edad roadura.

I Breve el imperio de los vicios sea!

Con la primera barba, el que es prudente,

Ciertas faltas depone:

En buen hora perdo ne

Tu indulgencia al fogoso adolescente;

Mas Laterano vive en lupanares,

Vive en las termas, cuando ya maduro

Para los ejercicios militares -

Está y de vigor lleno,

Y reclaman su brazo y su pujanza


(1) Sirofénia:. Da este nombre al vendedor de perfumes
para indicar su origen. Bn tiempo de Adriano, Fenicia f ormaba
una provincia de Siria con Tiro por capital.

La puerta idumea créese que tuese aquella por donde entró
Vespasiano, vencedor de los judios. El nombre prevaleció en lo
micesivo.


150 8ATIBIC08 LATIHOS.

* ¦ ... . . - .

La Armenia y Siria, y el Danubio y Reno.
Ya & Nerón puede defender sii lanza;
Mandalo, joh Cesari mandalo 4 las puertas
Tiberinas (1); pero haz que quien le llame
Le busque en la taberna mas infame.

Alli le eneontrará comiendo al lado
De asesinos, con prófugos mezclado,
Nautas, sepultureros,
Ladrones, carniceros
Y Gallas (2)' por el vino embrutecidos,
Junto 4 los mados cimbalos tendidos.
Vera alli con sorpresa
Que todos unos son, común el vaso,
Común el lecho y mesa.
Di, ioh Póntico! en el caso
Que hallaras á tu siervo asi, iqué harias?
Cierto, lleno de furia,


(1) En 474 se instituyeron cuatro cuestores de la armada, de
los cuales uno debfa residir en Ostia, situada á la desemboca-
dura del Tiber y puerto de Roma. Tenlan á su cargo la guarda
de las costas j la creación de una marina de guerra para de-
fenderlas. Parece, pues, inexacta la interpretación coniente
de este pasaje, donde se supone que el poeta aconseja á Cesar
que envle á Laterano á la aesémoocadura de un rio, en vez de
decir á Ostia.

(2) Gallas, sacerdotes de Cibeles. El culto de la gran madre
Cibeles (Magna mater Idea) no era nacional en Roma, sino
oriundo del Asia Menor. En el afio 560 de Roma fué conducida
& Roma la estatua de la di osa con inusitada pompa, y desde en-
tonces los cultos orientales tomaron carta de naturaleza en la
ciudad. Los sacerdotes de este culto eran los gallas, y su venida
•ejeroió una funestisima influencia en las costumbres públicas»
Se reunian secretamente, entregándose á los mas infames dea-
órdenes, y lograron iniciar en los misterios de su culto á innu-
merables personas, que no solamente cometian'los mayores
atentados contra la costumbre, sino también los mas horriblea


JUVENA,! • 151


Á los duros ergástulos (1) de Etruria,
O & labrar & Lucania le enviarias.
Y voeotros, de Ascanio descendientes,
Todo os lo perdonáis; y los excesos,
Aun en abyectos siervos indecentes,
jNo afrentarán á Brutos y Volesos?


Y £qué? jejempios peores
No pueden aún citarse? Cpnsumido
El cuantioso caudal de tus mayores,
Al teatro alquilaste
Damasipo tu voz, j el aplaudido
Espectro (2) de Catulo alli imitaste.


crimenes. Eli 568 fuó denunciada al Senado la existencia de
está sociedad, y abierto el proceso, se descubrió que contaba
mas de siete mil afiliados, de los cuales gran parte aufrieron la
pena capital. Se dictó un decreto prohibiendo dichas reuniones
secretas, mie habian recibido el nombre de bacanales, porque
se celebraban en honor de Baco. Uno de los mas hermosos re-
latos de Tito Livio es aquel en que cuenta este proceso (39, 8
y sig.). -El decreto del Senado sobre este asunto fué hallado
en 1640. cerca de Catanzaro, y se conserva en el museo de
Viena. En tiempo de los emperadores volvieron a estar en uso
estas infames reuniones, que también describe Juvenal en la
sátira segunda.

(1) Ergáttulo , calabozo donde eran encerrados los esclavos
culpables. El ergástulo, corno su nombre indica, era de origen
griego, y supone que primeramente fué usado en los puntos de
procedencia nelémca. Lacondiciónde los esclavos rurales era ma-
cho mas dura que la de los domésticos, y sólo eran enviados á los
trabajos del campo los que habian cometido grandes faltas. Al-
gunos duefios crueles cargaban de m'erro á estos desdichados,
que, marcados con el hierro candente (stigma) y sujetos los-pies
con grillos, trabajaban de dia bajo la vigilancia de los capata-
ces, y de noche eran encerrados en los ergástulos en numero de
quince ó veihte.

(2) Expcctro. Obra dramática de un autor llamado Catulo.
El Espectro, cuando aparece en escena, da un grito de asombro
al ver una hermosa joven, por eso dice Juvenal; nPkasma da-
motum.))


152 8ATIBI00S LATI KOS.


Bien Léntulo Veloz (1) imitar supo
Á Laureolo, y tanto, que se hiciera
Digno, según mi juicio,
No de fingida cruz, mas verdadera.

Y ni al pueblo perdono, pues le place
Oir las bufonadas de un patricio,
Yen mirar se recrea

Que de histrión el papel un Fabio hace,

Y que a un Mamerco alli se abofetea.

— Alto es el precio 6 que su sangre venden.

— ¿Qué importa? Mas la venden, y no & ruego

De Nerón ó por fuerza. Es mas, descienden

A venderla al Pretor para los juegos.

— Pero dente a escoger entre la infame

Profesión de las tablas, ó el suplicio.

— Pues bien; habrá quien ame

Tanto el vivir, que por salvarse acepte

Ser del corintio estúpido colega,

De marido celoso hacer oficio?

Pero no hay que admirarse, bien se allega

Á principe flautista bistrión patricio!

Fuera de esto, £otra infamia quedar pudo
Ya que el ser gladiador? Pues tal vileza
También afrenta & Roma; no el escudo
Ni armas de niirmilón empufia (2) Graco,


(1) Lentulo Veloz, noble caballero , representó en el teatro
ci papel de esciavo en la fábula de Laureolo. El esciavo era
sorprendido en un deli to y crucificacjo, por lo cual dice el poeta:
nDtgnus vera cruoe.))

(2) Reproduce aqui lo que dice de Graco en la sátira se-
gunda. Éste, en unos juegos públicos, hizo el papel de reoiario*

 


Ni corva hoz, ni casco á la cabeza
Que le oculte la faz (pues le incomoda
Traje tal); sólo quiere ser reciario.
Ved cual mueve el tridente,

Y cuando en vano d ingioiai contrario
La red, pendiente de su mano diestra,
Desnudo el rostro bacia el eoncurso muestra,

Y recorre ligero,

Para ser conocido, el circo entero.

No hay duda, es el; la tónica lo prueba,

Recamada de oro,

Las cintas que en la larga mitra Ile va;

Luego major desdoro

Nerón impuso al mirmilón que á Graco,

Pues ni mortai herida tanto siente

El hombre que es valiente

Cual la ignominia de rivai tan flaco.

Si libre el pueblo en el sufragio fuera,

ZQuién tan perverso habria

Que Seneca a Nerón no antepusiera?

Nerón, que no una vibora (1), no un saco,

No una jimia tan sólo merecia,

Sino muchas. Su crimen, al de Oreste


Pondera asi la f alta de decoro de estos patricios, que no se aver-
gonzaban de desempenar, á cara descubierta, tan viles oficios
delante de todo el pueblo.

(1) Los pamcidas corno Nerón, que habian dado muerte á
su madre, eran encerrados en un saco con una jimia j una vi-
bora, y asi arrojados al Tlber. La ley contra el parricidio se
dictó en 652, con ocasión de un Publilio Malleolo, que nabla ma-
tado a su madre. Pompeyo, confirmando la ley, dispuso que con
el criminal se metieran dentro del saco un perro, un gallo, un
mono y una vibora, todos vivos, antes de echarlo al Tiber.

 

Fué igual, mas no la causa; porque este,

Por los dioses movido,

Del padre, en el festin asesinado,

Fué el justo vengador (1)', mas no tef&ido

En sangre de su bermana

Lo ves j de la conyuge. espartana,

Ni á sa deudo envenena,

Ni cantar lo verás nunca en la escena,

Ó en verso celebrar la lid troyana.

jQué frente mas inicua 6 pecbo fiero,

De Virginio el acero,

De Galba 6 Vindex castigar debia?

— Mas dime, Jtan funesta

Fué j cruel de Nerón la tirania?

— Éstas las artes, la conducta está

De ese Principe excelso. Su persona

Envilecer en extran jera escena,

Y de apio merecer griegá corona,

Al son cantando de la danza obscena.
Reciban, pues, tus ínclitos mayores
De tu voz los trofeos,

Y de este honor su efigie participe.
De Domicio 4 los pies la luenga veste
De Antígona 6 Tbieste

Y la mascara pon de Menalipe;

Y colgada tu citara se Tea


(l) Alude á la fábula de Orestes, el cual, vengando á su pa-
dre Agamemnón, dio muerte á su madre Clitemnestra en un
acceso de locura. Después, por el favor de Minerva, fué ab-
suelto del crimen que habia cometido. Comparale con Nerón;
pero dice que el crimen de Orestes era disculpable por su estado
de locura, mientras que Nerón era cuerdo, y á pesar de eslo co-
metió horrendos pamcidios.



En la estatua de Augusto gigantea (1).

Quién, ¡oh Cetego! quién, ¡oh Catilina!
En linaje os venció? Mas preparando
Nocturnas armas e incendiaria tea,
A Roma entera, con estrago  ruma,
Amenazó vuestro furor nefando.

Y a la rabia enemiga

De Breno y de sus hordas excediendo,
Os atrevisteis al delito horrendo
Que la azufrada túnica (2) castiga.
Mas vela el Cónsul, y él, plebeyo obscuro,
Que ha poco entra los équites asiento
Llegó 4 tener, á vuestro audaz intento
Con su prudencia opone fuerte muro.
Con hueste armada la traición reprime,

Y logra por doquiera

Que el pueblo amedrentado se reanime
Viendo segura ya la Italia entera.
Asi timbre mayor, mas alta gloria
Le dio la toga, que al feliz Octavio
En Filipos y en Accium la Victoria,

Y la espada tefiida

En la copiosa sangre alli vertida.
Mas Roma libre, de entusiasmo llena,


(1) « Oitharam á judicibus ad se delatam adorarla ferrique
ad Augusti statuam jussit.» (Suet., in Ner., 12).

(2) Era el stralicio de los traidores á la patria; cubriaseles
con una túnica de pez, betún, cera, etá, y seles quemabavivos.
Uerón lo empieo contra los cristianos. « Cogita illam tunicata
alimenti* ignium el illitam et intextam, et quidquid aliud
commenta est samitia. Hoc enim genus supplica excogitatvm
est ut facinorosi homines igne et Umica otvolvti cremarentnr
vivi. (Séni Ep. xiv.)



Padre proclama 4 Cicerón. De Arpino
También f né aquel que en heredad ajena,
AD4 en los Volscos, sa jornal mezquino
Ganó, sudando, y lnego soportara ,
Si es que su mano trabajaba lenta
En obras militares, que dejara,
Del centurión la cólerá violenta,
Rota en su espalda la nudosa yara.

Y éste 4 los cimbrios formidables doma,

Y de peligros mil bajo el amago,
Él solo salva 4 la espantada Roma.

Y asi, cuando 4 los cimbrios y al estrago
De tanta muerte, banda innumerable
De cuervos acudiera,

Que mas gigantes cuerpos nunca viera,

No el lauro preeminente

A su noble colega ornó la frente.

Piebeyos en los Decios (1) nombre y lares
Fueron, y ellos bastaron solamente
Por todas las legiones y auxiliares,

Y hasta por toda la latina gente,
Para aplacar en la sangrienta guerra



(1) Serefiere á Publio Decio Mus, que salvó el ejército romano
en una batalla contra los latinos. Supusieron que, avisado en
suenos de que venceria el ejército cuyo iefe muriese en la ba-
talla, hizo voto de su propia vida á los aioses infernales, y en-
trando por las filas enemigas, hallo en ellas la muerte. Este acto
de sacrificio f ué repetido por su hijo en la batalla de Sentano
contra los galos, y por su nieto en la de Asculum contra Pirro.
La parte legendaria que acompana á estos actos heroicos, ó sea
el ensuefio y vaticinio indicado, es parecida á la que se relaciona
con la muerte de Codro, Rey de Atenas. (V. Val. Maxim., 1. V,
capitulo vi.)



Los dioses Manes y á la madre Tierra;
Pues mas la sangre de los dos valla,
Qae todos los que aquella redimia.
— Hijo de sierva, mereció* el postrero
De nuestros buenos reyes (1) la suprema
Dignidad, la diadema
Y los haces y trabea de Quirino.
— Del mismo Cónsul el traidor linaje (2)
Abrir las puertas intentó á Tarquino,
Desterrado de Roma, caando está
Magn&nimos esfuerzos exigia
Para seguirse proclamando libre;
Esfuerzos que asombraran aan á Horacio
Cocle's (3), al fuerte Escévola (4), á la pia
Virgen (5), qae 4 nado atravesara el Tibre,
Limite entonces del poder del Lacio.
La inicua trama reveló al Senado


(1) Servio Tulio,
"ti"


(2) Los hijos de Junio Bruto conspiraron para restablecer a
Tarquino en el trono; pero descubierta la conspiración, aquel
tan severo politico, corno desnaturalizado padre, les condenó á
muerte.

(3) Horacio Coclea, viendo á bus soldados muertos por los
etruscos, se apostó en el puente Publicio y logró con su esfuerzo
detener las tropas de Torsenna, mientras dos de sus compafle-
ros destruian dicho puente detrás de él. En seguida se arrojó al
Tiber y logró entrar á nado en la ciudad.

(4) Muoio Scivola, habiéndose dirigido al campamento de
Porsenna para asesinarle, erró el golpe. Conducido-é presencia
de Porsenna, aplicó la mano á un braseró encendido y se la dejó
abrasar en castigo, dijo, de su torpeza, anadiendo que trescien-
tos romanos habian iurado imitar su ejemplo.

(5) La joven Clelia, no queriendo permanecer cautiva de
Porsenna, á la cual habia sido entregaaa en rehenes, atraveso
á nado el Tiber y recobró la libertad. De ella dice Ennio:

((Voi etenimJuveTiei, animum geritis muliébrem,
Illa virago, viri,))



m

El siervo aquel (1) que con doliente pena
De romanas matronas fue llorado,

Y 4 la prole traidora

De Bruto, ley justísima condena.

Prefiero que tu padre sea Tersites,
Si con Aquiles en valor compites

Y ante vulcanias armas no flaqueas,

Que el que de Aquiles venga el ser que tienes

Y tan cobarde cual Tersites seas.

Y, en fin, aunque al origen te remontes

Para saber el héroe de quién vienes,

Sabe que asilo infame le dio abrigo (2).

Mira, cualquier que fuese

El fundador de tu linaje, ese,

Ó fué pastor, 6 fué mas no lo digo!


(1) Vindirio era un siervo que reveló la conspiración de los
hijos de Bruto De su nombre, dicen, se llamó vindieta el acto
de emancipar a los esclavos.

(2) Aluae á la tradición que hacla á Rómulo , jefe de una
partida de bandoleros.



9 SATIRA NOVENA.


El Sr. Folgueras y Sion suprime en su traducción de \
Juvenal la presente sátira, «porque en ella, dice, el sati-
rico ctnedorum et paihicorum turpitudinem acritur ac ni-
mis aperte insectatur , corno los comentadores se expli-
can».

La misma razón me mueve también a suprimirla en
está obra, si bien hubiera podido seguir el ejemplo del
P. Juvencio, que en su edición de Juvenal la publicó
mutilada, cortando todos los pasajes que han provocado
tan justas censuras contra ella. Pero publicada asf, ó se
hace completamente ininteligible, desapareciendo entonces la significación de la obra y la intención satirica del
autor, j quedando reducida la sátira á un verdadero logogrifo, ó, en el caso contrario, conserva el vicio originai
que la hace completamente indigna de conservarse en
ninguna traducción. Desfigurar el pensamiento del autor
hasta el extremo que lo bicieron conia Egloga iv de
Virgilio algunos piadosos editores y comentadores, parece una verdadera puerilidad, y yo creo que si los escri-
tores clásicos merecen ser conservados, es á condición
de que desaparezcan de sus obras la escoria é inmundicia con que deslustran y manchan el oro acendrado de
tantos sublimes pensamientos , admirables sentencias y
rasgos delicadisimos de ingenio, á los que debe su nombre justa y perdurable fama.


SATIRA DÉCIMA.


DE LA VANIDAD DE NUESTROS DESEOS.

ARGUMENTO. — El objeto de está sátira es demoetrar, corno
lo indica su titillo, cuán vanos son la major parte de nues-
tros deseos. Al fatigar, dice el poeta, á los dioses con nuestras
suplicas, pedimos muchas cosas que nos perjudican, y corro-
bora su afirmaci ón con numerosos ejemplos, de los que de-
duce que no debemos desear riquezas, honores, poder ni gloria,
porque todo esto ha sido, en definitiva, fatai para los mismos
que lo han obtenido. De un escritor pagano era impostole espe-
rar una moral mas alta que la que cifra la bondad ó malici* de
nuestros deseos en la utilidad que de satisfacerlos pueda venirnos, y no en la conformidad £e ellos con el supremo fin del
hombre. Mas, á pesar de esto , se encuentran en la presente sá-
tira numerosos rasgos de moral irreprochable, circunstancia
que, unida á la man era con que está desempefiado el asunto, la
hace una de las mas bellas y grandiosas de Juvenal, y digna de
los elogios que se le han tributado. SI poeta ha sabido fecundi-
zar el asunto de un modo maravilloso y puesto en él los frutos
de su experiencia y de su meditación filosofica, animandolo á la
vez con los acentos de la mas persuasiva elocuencia y de los
mas generosos afectos.

Pocos hay en las tierras desde Gades /span>
HHasta el Ganges (1) , vecino de la aurora,


(1) Juvenal, siguiendo la creencia de los antiguos, coloca
corno términos extremos del mundo á Cádiz por Occidente y al
Ganges por Oriente. Este rio iba á parar, según el sistema de
Bratóstenes y Estrabón, al mar que ellos Uaman Atlántico
orientai; Hiparco y Ptolomeo le hacen ya desembocar en el
golfo Gangético.



Qae el bien del mal disciernan, apartando
Las nieblas del error. Pues jcuando es norte
La razón al temor ó anhelo nuestro?
O iqué proyecto con tan buen auspicio .
Forjaste, qae después no te pesara
Al yerfo ya lagradof fCuántas yeces
Los dioses destruyeran nuestras casas
Si fáciles oyeran nuestros ruegos!
Cosas nocivas en la paz pedimos,
Cosas nocivas en la guerra. A. muchos
La muerte dio su tórrida elocuencia.
Asi Milón (1), en sus robustos brazos
Fiado, y en su fuerza, hallo la muerte.
A muchos mas, einpero, perdio el oro

Y las rentas sin limite, que exceden /span>
A las demás , cuanto supera en mole
AAl delfin la británica ballena.

Tal en los tiempos de Kerón, aciagos.
Por orden suya la feroz cohorte,
La casa de Longinos (2), los grandiosos
Huertos del rico Seneca invadiera,

Y el egregio palacio laterano (3).


(1) Milón de Crotona, confiado en sus fuerzas poderosas,
trató de abrir un tronco de encina, herido ya por la segur, y
metiendo los dedos en la hendidura, logró abrirlo mas; pero no
siendo bastantes las fuerzas del anciano para realizar su propósito, el tronco le aprisionó las dos manos al cerrarse. Acudiendo á sus gritos de dolor una fiera, le devoró.

(2) Cayo Casio Longino f ué muerto por orden de Nerón , sólo
porque oonservraba entre los Tetratos de familia el de Casio,
ásesino de Cesar.

(3) Perteneciente á Piantino Laterano, muerto también por
orden de Nerón.

 

 


Rara vez sube a mísera buhardilla
A robar el soldado; mas si llevas
Pequeño raso de labrada plata,
Caminando de noche, miedo sientes
Al lazo 6 al pufial, y hasta la sombra
Te hará temblar de las flexibles canas
Que de la luna al resplandor oscilan.
En tanto el que camina sin dinero,
Ann del ladrón á la presencia canta.

El voto mas común, el que en los templos
Besuena a cada instante, es que se aumente
Nuestro caudal, y que en el Foro sea
El arca nuestra (1) la mayor de todas.
Mas no en vaso de ardila la ponzoña
Suele beberse; témela tan sólo
Cuando te ofrecen esmaltada copa,
Cuando dentro del oro arde el setino.
No alabas, pues, á aquellos dos famosos
Sabios (2), que siempre que su pie ponían
Desde el dintel de su morada afuera,
Dábanse uno a la risa 7 otro al llanto?
Aunque aquélla me explico, pues, no puedo
Comprender corno el otro de sus ojos
Tanto raudal de lagrimas sacaba.
Con su perpetua risa sacudía
Demócrito el pulmón, aunque en Atenas


(1) Alude á la costumbre de los senadores y los ricos, que
depositaban su caudal en el Foro para que no pereciera en cualquier incendio.

(2) Heraclito y Democrito.


JDVENAL. 163 /span>


NNo había trábeas, prefcextas (1), tribunales,

Ni fasces, ni literas. ¡Qué si viese

Levantado al pretor en alto carro, /p>

En la arena del circo, revestido

De Jove con la túnica, y llevando

Rico manto de púrpura de Tiro

Pendiente de los hombros, y corona

QQue no hay cerviz aún sustentarla pueda? (2).

La lleva el siervo público sudando,

Y porque el Cónsul no se enorgullezca,

A ambos conduce la carroza misma . -

Junta con esto el águila que surge

Del cetro de mar SI; de un lado mira


(1) Jj&pretexta era una túnica bianca bordada de púrpura,
Xlevábanfa los patricios jóvenes hasta cierta edad , y también
los magistrados. La trábea era un traje con bandas de púr-
pura.

(2) El sentido es: «jQué dirian si vieran á un hombre indigno
-desempefiar lasfunciones de pretor?» Alude en este pásaje á la
brillante ceremonia del triunfo en Roma. El objeto aparente de
éste era ofrecer un sacrificio en acción de gracias á Júpiter; el
principal mostrar al pueblo la glória que se habia adquirido y el
Dotln necho. Organizábase una inmensa procesión militar en
que desde luego venia expuesto sobre carros el botin ganado;
seguian los prisioneros de guerra y luego el oro coronario. El
triunfador avanzaba en un carro tirado por cuatro caballos
Tblancos y á veces por elef antes. Sus amigos , sus parientes , su
clientela, le acompanaban á pie; el Senado, los cónsules y de-
mas magistrados seguian al carro; los soldados venlan después
celebrando sus alabanzas con las que mezclaban cantos sati-
ricos y gritando á cada paso: a; lo triwmphe!)i Detrás del
triunfador, en el carro mismo, venia un siervo que le decia
de cuando en cuando: « Acuérdate de que eres hombre.» En otro
carro, para recordar lo instable de las cosas humanas, traian
Taras y una campanilla , instrumentos usados en los últimos
suplicios. Atrave3aba la comitiva el Campo de Marte, Velabro,
Circo Maximo, Monte Palatino, Via Sacra, Foro, hasta llegar
.al tempio de Júpiter. Tarquino Prisco , ó Valerio Publicola, in-
trodujeron está costumbre en Roma.

 


Las cornetas, del otro los clientes
En larga comitiva precediendo,

Y janto al tronco, con sus nfveas togas,
Los quirites, que amigos suyos bace
La espórtula en su bolsa derramada.
Dio entonces á Democrito materia
Para reir, cualquiera que encontraba;

Y fué varón prudente, lo cual muestra
Que bajo espesos aires (1), y aun en iierra
De idiotas, yen la luz hombres insigaes,
Que pueden dar ejemplos memorables.
Los cuidados del vulgo, su alegria,
Hasta las mismas lágrimas, asunto /span>
Eran de risa para et, y osaba

UUn dogai enviar á la Fortuna,
Si está le amenazaba, y no temia
Mostrarle su desprecio con el dedo.

Vanos, pues, 6 nocivos son los votos
Por los cuales cargamos las rodillas
De nuestros'dioses con las céreas tablas (2).
Derroca á muchbs el poder, expuesto
A grande envidia, y húndelos el peso
De sus insignes numerosos timbres:
Caen las estatuas (3), y a las cuerdas -siguen


(1) Democrito era naturai de Abdera (Tracia), cuyos habi-
tantes tenian fama de incultos y groeeros. Dice Juvenal : « Ve-
rrecum in patria)), en un pals de borregos. Era una manera de
decir proverbiai.

(2) Los antiguos solian e3tampar sus deseos en tablillas de
cera y colgarlas de las rodijlas de sus dioses para inclinarles a
otorgar lo que les pedlan. A está costumbre alude Juvenal.

(3) Pasa á indicar lo peligrosos que son los(honores y las glo-
rias humanas , confirmándolo con los ejemplos de Seyano y de



Que las arrastran, y después las ruedas /span>
DDel carro que. las lieta son hendidas
Por segar implacable, y basta rotas
Del caballo inocente las rodillas.
Ya cruje el fuego; ya presta la boguefa
Y los fuelles están; ya la cabeza,
Por el pueblo adorada, arde, y estalla
El gran Seyano, yde la faz que era
La segunda en el orbe , saldrán luego
Sartenes, platos, ánforas, bacías.
— (Orna tu puerta con laurel, al grande
Buey sin manceba conduce, al Capitolio.
Sujeto á un garfio va Seyano, y todos


otros. Seyano era naturai de Volsena, en la Etruria. Con su
destreza y sus maneras insinuante nabla- logrado ganar el áni-
mo de Tiberio hasta el punto de lecorrer rápidamente la carrera
de los honores y ser el amigo, el favorito del Emperador,. la
«egunda persona después de él. Por todas partes se veian sus ,
•estatuas, y se rendian á éstas honores iguales á las de Tiberio.
Embriagado. Seyano con tanta fortuna, aspiró á reemplazar á
«u senor en el trono, y para esto procuró remover todos los
ob8táculos. Hizo desterrar á los hijos de Germánico y envene-
nar á Druso, hijo de Tiberio, seduciendo además á Livia, mu-
jer del mismo Druso, á la cual hizo entrever la posibilidad de
subir al trono imperiai. Conocidos por Tiberio los planes de
Seyano, envió desde su retiro de Caprea cartas secretas al
Senado. Reunido éste, y mientras todos rivalizaban en lison-
jear bajamente al poderoso ministro , uno de los cónsules abrió
la carta imperiai. Era larga, confusa, envuelta en reticencias
y llena de f rases ambiguas ; pero concluia por ordenar la pri-
sión de Seyano. El vaefo se forma alrededor de éste. Preso é
insultado por el populacho, fué condenado en el mismo dia
por aquel propio Senado que le habia adulado por la mariana.
Durante tres dias su cadáver fué objeto de las burlas del pue*
"blo, y, por último, arrastrado con una cuerda y arrojado al
Tiber. Las estatuas del poderoso valido cayeron rotas , y fueron
perseguidos y muertos cuantos habian sido amigos suyos. Este
¦cuadro de la calda de Seyano es, sin duda, uno de los mas
admirables que ha trazado la piuma de Juvenal.


 


Muestranle su gozo ya. ¡Qué faz, que labios!

Júrote que jamás quise a este hombre.

— Pero cuál fue su crimen? ¡Quien ha sido

El delator? ¿Qué indicios? ¿Quién depuso

Como testigo? — Nada de eso; vino

Larga y confusa carta de Caprea.

— Bien; no hay que saber mas. Pero ¿qué ha hecho

La grey de Remo? — Sigue 4 la fortuna

Cual hace siempre, y odia á los proscritos.

Si Nursia (1) al tusco favorable fuera

Y al Principe caduco derribara,

Al mismo instante Augusto llamaria
Esa turba á Seyano. Ya hace tiempo,
Desde que no se venden los sufragios (2),
Los públieos asuntos no le importan.

Y el pueblo aquel que daba antes imperios, /span>
Haces, legiones , todo, ahora se calla

Y dos cosas tan sólo espera ansioso:

Pan y juegos. — Que hay muchos condenados
A muerte. — !No me importa ; es grande el homo.
—— Junto al ara de Marte halle' á Brutidio (3)
Algo palido, y temo que el furioso
Ayax vencido (4) su castigo pida,


(1) En Volsena eraobjeto desingular culto la diosa NortMo*
ó Mursia, y dice esto aludiendo á & patria de Seyano.

(2) Los candidatos soUan pagar los votos en los comicios
uso que abolió Sila y que Caligala, según Suetonio, quiso resta-
blecer. Lo que Juvenal lamenta aqui es la pérdida de la liber-
tad, no el que hubiese desaparecido la costumare de comprar
los votos.

(3) Brutidio era un delator amigo de Seyano. Acusado á su
vez , fué desterrado.

(4) Este pasaje resulta obscuro. Algunos lo interpretan asir
«Temo que Tiberio, conáderándose mal defendido por el Se-
nado contra los conspiradores, multiplique las sentencias de


Mas que ser juez en Gabias 6 Fidenas,
Ó el fallo dar sobre la infiel medida,
Rústico edil , en la desierta Olubra? (1).
Asi , negar no puedes que iba errado
En sus votos Seyano, pues honores

Y excesiva riqueza apeteciendo,
Lograba sólo alzar mas alta torre
Para ser arrojado de mas alto

Y sufrir mas estrago en la calda.
jQué derribó 4 los Gracoa opulentos,

Que* 4 los Pompeyos, y al qne fuera un dia
De los domados quirites azote? (2).
Pues fue el supremo rango pretendido
Por artes mil, y los soberbios votos
Por númenes malignos escuchados ;
Poeos los reyes , pocos los tiranos
Son que á los Teinos de Plutón descienden
Sin ser heridos por puñal aleve.

De Tulio y de Demóstenes la fama.
La elocuencia viril, busca el aiutano
Que por un as escucha a su maestro,

Y á quien los libros el esclavo lleva
Ante Minerva, en las solemnes fiestas.
Perdió a los dos, empero , su elocuencia,

Y el alto ingenio les causó la muerte.
¿Quién si no. ¡oh Tulio! cercenó" tu cuello,
Tu mano, quién? Mas nunca la tribuna
Tino en su sangre el orador mediano.


(1) Olubra, aidea muy poco poblada en el Lacio.

(2) Julio Cesar.



— Oh Roma afortunada y que has nacido

Stendo yo Constili» (1) Si cual esto fuera

Todo lo que él habló, poco cuidado

Diérale, cierto, la crueldad de Antonio.

Quiero mejor ridículos poema®,

I Oh , divina Fili pica, acreedora

A fama eterna, mas que el ser tu padre!

También fue triste el fin del que en Atenas,
Torrente de elocuencia, causó asombro

Y en el teatro al pueblo conmovía;
Bajo dioses adversos concebido

Y hado cruel, pues obligóle el padre,
£ quien los ojos el hollín cubría (2),
A trocar el carbón, tenazas, yunque,
El acero forjado y la encendida
Fregna, por los Tetórieos preceptos

Miran los hombres cual supremos bienes
Los bélicos despojos, la loriga
Colgada en los magníficos trofeos ,
Cascos pendientes de los yelmos rotos ,
El carro sin timón , la pompa y galas
De las vencidas naves, y el cautivo


(1) aO fortunatum natam me Constile, Romam.))

Verso de Cicerón cuando libró á Eoma de la conjuración de
Catalina. Marciai, Quintiliano y los dos Sénecas están confor-
mes con Juvenal en negar á Cicerón el talento de la poesia.

« Carmina quod scribis Musi» et Apolline nullo
Laudari debes; hoc dceronis liabes.)) (Marciai.)

(2) Demóstenes , que era hijo de un herrero , y abandonó el
oficio de su padre por dedicarse a la eloeuencia.

 


Bajo el arco triunfal encadenado.
Esto al Romano, al Bárbaro y al Griego
De estimalo sirvió; de aqui el peligro
Despreciado y las improbas fatigas.
i Tanto la sed de fama en nuestro pecho,
Vence al amor de la virtud ! jQuién hay
Que abrace la virtud si el premio quitas ?
Fatai, empero, fué siempre a la patria
La gloria de unos pocos y la necia
Ambición de fijar timbres y honores
Sobre la inerte Iosa de un sepulcro
Que desmorona estéril cabrahigo.
jAl sepulcro también mata lamuerte!

A Anibal pesa. jCuántas libras hallas
En varón tan insigne? El mismo es e'sje
Que hallaba a su ambición Africa estrecba
Desde donde el Atlántico la bafia
A donde el Nilo cálido la inunda,
Y basta el etiope pueblo y las regiones
Do nace el elefante. A su dominio
Sujeta á E spaila, salva el Pirineo;
Opónele natura Alpes y nieves ;
El deshace las rocas, y los montes
Con el vinagre corrosivo abre (1).
Ya es de la Italia duefio, y — «rjAvancemos,
Dice , nada hemos hecbo si las puertas


(1) Véase Tito Livio (e. xxi) acerca de este punto. Polibio
rechaza el hecho corno labuloso. «Cortaron, dice Tito Livio,
muchos árboles y les pegaron fuego; y cuando las rocas estu-
vieron enrojecidas por las Uamas, vertieron vinagre para disol-
verlas.»

 


Por.el púnico esfuerzo no caen rotas,

Y la bandera de Cartago ondea

En mitad de Suburra!» — ;Oh , quo figura
Digna de que el pincel la inmortalice,
La del tuerto adalid en la africana

Bestia montado! Y a la postre ;oh gloria!

También vencido cede, y fugitivo
Corre al destierro, donde en regio atrio
Aguarda, cliente celebre é insigne,
Que el bitinio tirano (1) deje el suefio,

Y le plazca escucbarle. Y no la espada,
No dardo agudo, ni lanzada piedra
Dieron fin al que el orbe revolviera.
Fué aquel anillo vengador de Oannas

Y de la sangre derramada. {Loco! /span>
Anda, y los Alpes escarpados trepa,
PPasmo serás de jóvenes , y asunto
De retóricas frases tus hazaiias!

No basta el orbe á la ambición del joven
Nacido en Pella (2); el infeliz se alloga
En el angosto limite del mundo,
Cual si de Gyara en los escollos preso
O en la pequefia Sérifo estuviera;
Mas cuando entra en la ciudad que ostenta


(1) Anlbal se refugió en la corte de Prusias, rey de Bitinia. Reclamado por los Bomanos, para no caer en poder de éstos
se suicido con el veneno que llevaba oculto en su anillo. Por
eso dice Juvenal :

((Tanti sanguini* ultor annulus.))

(2) Alejandro, que habia nacido en Pella, ciudad de Macedonia.


 


Sus muros de ladrillo, en ese día
Tiene que contentarse con la tumba.
Sólo la muerte a confesar le obliga
La humana pequeñez.

Dicen que el Athos
Cruzado un tiempo por veleras naves
Fué, y otras cosas caentan que la Grecia
Mendaz suele mezclar en las historias:
Que por la misma flota el mar cubierto,
Dio á los guerreros carros del rey persa
Entre las olas sólido camino;,
Que el ejército medo desecaba,
Para beber, los caudalosos rios
Sólo en una comida, y otras cosas
Qae el borracho Sostrato (1) nos pondera,
j Como, empero, volvió de Salamina
El bárbaro monarca, que azotaba
Al Cauro y Euro, que en la eolia carcel
Jamás sufrieran esto, y prete lidia'
Encadenar al mismo Ennosigéo? (2).
Y no fué poco si con hierro ardiente
No le mando marcar; jcuál de los dioáes
A necio tal favorecer querria?
Pero jcómo volvió? Pues una nave
Salvóle en medio de sangrientas ondas, '
Pasando entre e ad a ver e s sin cuento


(1) Un el siglo III antes de J. C, vivió un Sostrato, natu>-
ral de Guido , ramoso arquitecto que , por encargo de Ptolomeo
Filadelfo, construyó el célébre faro de Alexandria. jSera éste
tal vez á quien alude Juvenal ? La palabra é brio , según los
expositores , usase aqui en el sentido de furor poético/

(2) Neptuno.

 


Tarda su quilla. Tan funesto pago /span>
DDio* á sa ambición la codiciada gloria!

Dame una larga vida, multiplica
\Oh Júpiter! mis afios* Tal el ruego
Que alzando al cielo el amarillo róstro
A los dioses diriges. Mas jde ciiántos
Males y cuán prólijos no está llena
v Senectud prolongada! Ya deforme
Queda la faz, do sa primera huella
La edad pone, afeándola; se torna
Arida piel el catis sonrosado;
Las mejillas se caen y se cubren
De m&9 arrugas que la vieja mona
Caando se espalga en el pais en donde
Tabraca (1) maestra sus umbrosas selvas.
Mucho eritre si los jóvenes difieren;
No asi los viejos, todos son iguales:
Los labios.tiemhlan al hablar; desnuda
Calvicie maestra su cabeza, y fluye
Húmeda su nariz, corno en la infancia.
La encia inerme masticar no puede
Sin grande esfuerzo el pan; es á 9U esposa /span>

Y á sus hijos y á si grave y molesto,

Y al mismo Coso adulador. Su torpe
Paladar, en el vino, en los manjares,
En nada halla placer, y hasta le niega
Dulces favores el amor. La ruina

De otros sentidos mira. Pues qué gusto
Puede en el canto hallar, aunque sea eximio


(1) Tabraca. Población de la Numidia.



El tafiedor, 6 sea Seleuco, 6 sean

Los que al teatro van con áureas ropas?

iQué le importa el asiento, si oye apenas

De trompas y cornetas el sonido?

A gritos le ha de hablar el que viniere

A anunciarle la hora 6 la visita.

Su helado cuerpo, ya de sangre exhausto,

Tan sólo puede reanimar la fiebre;

Todos los inales á la vez le asedian

Caal apinado ejército, y si el nombre

De ellos saber pretendes, te diría

Mejor cuantos caprichos Hipia tiene,

Cuantos enfermos sólo en un otoño

Asesinó Themison, los clientes

Que ha arruinado Basilio, y los pupilos

Que Hirro redujo á la miseria, y cuantos

Alumnos perdió Hamilo con su ejemplo:

Diré más cuantas granjas hoy posee

El que mi barba juvenil cortaba. /p>

A uno la espalda, al otro los riñones

Duelen; éste las piernas siente flojas,

Aquél ciego quedó y envidia al tuerto;

Éste recibe por ajena mano

En los rugosos labios la comida,

Y el que al mirar la cena, ya las fauces
Dilatarse sentía, abre la boca

Y la alarga, cual tierno golondrino
A quien la madre con el pico lleno,

Ya ayuna aún, acércase volando.

Pero hay da no mayor que todos éstos,

Y es la chochez; ni el nombre de los siervos,


 


No corto de su vida, cuando ardiendo
La barba ve de Antiloco gallardo (1).
Pregunta a los amigos, que ve en torno,
Por quo razón él vive, qué delito
Digno le hizo de vejez tan larga.
Llora Peleo a su robado Aquiles
También asi, y el otro (2) que al de Itaca
Juguete ve de las airadas ondasi

Incólume Ilión, Priamo irla,
Entre exequias solemnes, a los sitios
Do aguardaban los manes de Asaraco (3).
Héctor y sus hermanos llevarían
Su cuerpo entre las lágrimas copiosas
De las troyanas, luego que Casandra
Empezara á llorar (4), y Polixena,
Desgarrando su túnica, si muerto
Buese en el tiempo en que el hermoso Paris
Aun no babia construido la audaz flota.
jQué* tanta vida le sirvió? En escombros
Todo lo vió caer, y Asia cautiva,
Por el bierro y el fuego devastada.
Depone entonces, trémulo soldado,
La diadema, y las arnias toma, y cae
De Jove ante el aitar, cual viejo toro,-
Que, inútil ya para el arado, ofrece


(1) Antiloco muerto y ardiendo ea la pira.

(2) Laertes , padre de Dlises.

(3) Hijo de Tros y hermano de llión, que también dio
nombre á Troya.

(4) Es decir, antes que Casandra anunciase las desgracias
y la ruina de Troya.

 


A la cuchilla el cuello macilento. /span>

Y al cabo fué su muerte la de un hombre;
Mas su esposa infeliz, que sobrevive,
Ladridos lanza transformada en perra (1).

Vengo a los nuestros, y al de Ponto omito
Soberbio rey, y a Creso, a quien el sabio
Solón aconsejaba que esperase
Al termino postrero de la vida (2).
ZQuién la cárcel a Mario y el destierro,

Y las lagunas de Minturna trajo,

Y el mendigar el pan en la vencida
Cartago, mas que la vejez? Natura

Y Roma un hombre mas dichoso vieran,
Si entre guerrera pompa y rodeado

DDe multitud inmensa de cautivos,
Eindiera el alma generosa, cuando
Del teutónico carro descendia? (3).
Próvida dio Campania al gran Pompeyo /span>
Maligna fiebre que anhelar debiera,
Para librarse de futuros males;
GGimen los pueblos, y sus votos logran


(1) Véase Ovidio, 13. Metamorpiws. Observa un traductor
de Juvenal, que siendo este hecho absurdoé indigno de crédito,
no ha debido alegarlo aquel en confirmación de lo que viene
diciendo.

(2) Cuenta Herodoto que interrogado Solón por Creso, si había visto algún monarca mas glorioso y feliz que él, le contestó : que para decidir esto era preciso aguardar el termino de
la vida, pues nadie basta el fin podía llamarse dichoso ni desdichado. Vencido después por Ciro y hecho prisionero, el rey de
Lidia clamaba diciendo que no se había engañado Solón. Noticioso Ciro de esto le dio la libertad , viendo patentemente cuán
cerca está la desgracia de la felicidad y de la grandeza.

(3) Alude á las victorias de Mario sobre cimbros y teutones.

112



Que alcance la salud. Adverso el ado
A él y á Roma, guarda sa cabeza
Al asesino hierro destinala

YY al vencimiento. De este ultraje libres
Viéronse al menos Léntulo y Cetego,
Que entero cayó en brazos de la muerte,

Y Catilina, que quedó tendido
En el sangriento campo de batalla. span>

La madre ansiosa, al divisar el tempio
De Venus, pide para el hijo amado
Gentil belleza, y mas para la bija:
Hasta deleites pide. — lY quién mis rotos
Critica? — dice; alégrase Latona
Con su hermosa Diana, mas Lucrecia
Muestra cuán peligrosa es la hermosura.
Cambiar Virginia el rostro anbelarla
Con Rutila gibosa. Hijo gallardo
Zozobras y temores acarrea
Siempre á los padres. Rara rez se avienen
Hermosura y pudor; buenos ejemplos
Denle en buen bora sus honrados padres ,
De la virtud sabinia imitadores;
Dele benigna y pródiga natura ,
Indole bonesta, rostro que enrojece
El rubor. (jQué mas pueda darle ella,
Fuerte, corno el ejemplo y el precepto?)
Corrompido estará cuando sea hombre.
Tentará de los padres la codicia
Infame seductor. Tanta es la fuerza,
Tanto el poder del oro. Nunca el hierro
Del tirano cruel mutilo el cuerpo


JUVENAL. » 179


D$l mancebo deforme, ni robado
Fué por Nerón el hijo del patricio
Que nació con escrófulas 6 cojo,
O hi neh ó el materno seno con su giba.

Gózate, pues, en la beldad del hijo,
AuAun a mayores males reservado;
Adúltero notorio sera nn dia,
Y sufrirá la pena que le plazca
Al irritado esposo. jSu destino
Ha de ser tan feliz que, corno á Marte,
En alguna celada no le cojan?
jY cuántas veces el furorordena
Castigos que ninguna ley permite
Al agrario mayor! Esposo bay
Que se contenta con matar; el ofcro
Flagela sin piedad con duro azote
Al ofensor, 6 en sus entrafias mete
Múgil voraz (1). — Mas tu Endimión, tan solo
Es por amor adúltero. — Si; esto
Sera hasta que Servilia con el oro
Le brinde, y sera suyo sin amarla,
Por despojarla sólo. Pues £cuál de ellas,
Llámese Opia 6 Oatula, rehusó* nunca
Satisfacer su amor a cualquier precio?


(1) Aunque la ley Julia castágaba con la pena de muerte el
adulterio , sin embargo , no autorizaba las torturas que los espo-
sos ofendidos hacian sufrir á las culpables, corno el mugil
que le introducian en las entrafias para que las devorase, y
otros tormentos análogos de que nabla Juvenal. Sin embargo ,
<iebió ser cosa muy usada, porque también Catulo amenaza á
uno {Carmen, xv) con los dos tormentos mas generalizados,
raphaniqne , mugilesque.



La mas avara en esto no discrepa

De las demás. — Mas á un mancebo honesto,

En qué le perjudica la hermosura?

— jY de qué valió* a Hipólito el recato?

jDe qué a Belerofonte? (I). Sus repulsas p>

Afrenta f ueron de las dos amantes ;

Y Stenobea y Fedra enardecidas

De colera y vergiienza, á la venganza
Su agravio encomendaron. Implacable
Es la mujer, si al odio la estimula •
La vergiienza de verse despreciada.
iQué consejo darás al que la esposa (2)
Del Cesar quiso hacer niarido suyo?
Joven, hermoso, de familia ilustre,
Es arrastrado el triste á do le esperan
Mesalina y la muerte. Ya le aguarda
Ella, dispuesto el velo, en sus jardines,

Y el tirio lecho conyugal, que alzado
Está á vista de todos. El antiguo
Rito cumpliendo, entregarale en dote
Un millón de sestercios, y muy en breve
PaParecerá el augur con los testigos.


(1) Alude á las fabulas de Hipólito y Belorofonte, vieti-
mas respectivamente de la venganza de Fedra y Estenobea.

(2) Mesalina, mujer de Claudio, llegó en su cinismo hasta
el extremo de celebrar púbicamente sus nupcias con Silio,
joven de rara belleza, aprovechando una ausencia de su esposo-,
Sabiendo éste, por conducto de su favorito Narciso, tan escan-
daloso hecho , mandó dar muerte al desdichado joven y á la im-
púdica esposa. Tácito, al narrar este suceso (Armai., XI), dice
que Silio rué quien aconsejó á Mesalina la celebración de este
matrimonio, pero antes expresa (e. xn)que, aunque conocia el
peligro en que le ponia su trato ilicito con Mesalina, se vió
obligado á aceptar por temor de que está, despechada, le cau-
sase la muerte.

 


¿Pensabas que en secreto y ante pocos
La escena pasaría? No ; ella odia
Ser legitima esposa ; y ¿qué decides,
Silio infeliz? Si a obedecer te niegas,
Antes que nazca el sol vendrá tu muerte;

Y si consientes, vivirás un poco,
Y vivirás lo que tarde en set notorio
Al príncipe y al pueblo tu delito.
Cesar sabre, el postrero su deshonra;
En tanto tu obedece, si es que aprecias
La poca vida que te resta. En suma,
Resistir y acceder todo es lo mismo,
Pues tu garganta cándida y bermosa,
De todas suertes segará la espada.

¿Nada es , pues , dado desear al hombre?
Escucha mis consejos: á los dioses
Deja el cuidar de aquello que convenga
A tu bien é interos ; ellos lo útil
Te darán por lo grato; aun mas que el hombre
A si propio se ama, le aman ellos: span>
Por impulso del alma estimulados,

Y desmedido afán, mujer pedimos,
Pedimos prole, y ellos muy bien saben
Qué nos traerán los hijos y la esposa.
Mas si algo has de pedir y ante las aras
Ofrecer las entrarla s y asaduras

De cándido lechón, tu voto sea

TNTNER UN ALMA SANA EN CUERPO SANO (1);


(1) Mens sana in cor por e sano, frase que se ha hecho pro-
verbiai.

Concluye está magnifica sátira afirmando que en vez de pe-


 

Pide un ánimo fuerte que no tema p>

Morir, y que la corta vida mire

Como precario don de la natura,

Que arrostre con firmeza los dolores,

Exento de ira, indiferente a todo,

Y que prefiera los trabajos duros

Del fuerte Alcides a los goces muelles

Del torpe Sardanápalo 7 sus cenas.

El bien te muestro que alcanzar te es dado

Por tus esfuerzos propios; los senderos

De una vida tranquila sólo abre

La virtud con su mano; si prudencia

Te rige, todo lo tendrás; nosotros,

NoNosotros, si, divinidad te hicimos

jOb Fortuna! y al cielo te encumbramos.


dir cosas que puedan perjudicarnoB , dejemos al cuidado de los
dioses el otorgarnos aquello que mas nos convenga; y en todo
caso , si algo hemos de pedir , sea un cuerpo sano y un alma
amante de la virtud , dispuesta a sufrir las contrariedades de la
vida y a amar la continencia y sobriedad.

jQuien nabla asl? dice á este propósito un escritor, jes un
poeta pagano, un estoico ó un escritor cristiano? En verdad
creemos, anade, que el mejor comentario a está sátira es indi-
car su analogia con el Bclesiastés cuando dice: « Vanitas mni~

tatum et omnia vanitas JDeum Urne et mandata ejus obser-

va; hoc est enim omnis homo.))


SATIRA UNDECIMA.


EL LUJO DE LAS CENAS.

ARGUMENTO. — Juvenal invita á su amigo Pérsico para que
venga á corner con él á su quinta de Tibur, y esto le sirve de
pretexto para atacar el lujo y fastuosidad que desplegaban los
Bomanos en la mesa, presentando el contraste delactual desen-
f reno y de la antigua f rugalidad. En está ocasión, sin embargo,
se aparta de su habitual acritud , y si bien no deja de fustigar
las costumbres y corrupción contemporá;neas, adopta un tono
mas agradable y festivo que en las demás sátiras, aproximán-
dose, por lo tanto, la presente al estilo de las epistolas fami-
liares de Horacio.

Si en suntuosa mesa Atico cena,
Espléndido es llamado, y si Rutilo,
Demente. Pues habrá alguno mas digno
Del escarnio común que Apicio pobre? (1).
En convites, en termas, en teatros,
En plazas, por doquiera de Rutilo
Hablan á toda hora, pues pudiendo


(1) El sentido es: «Si algúnricoinvieite cuantiosas sumas en
la cena, á nadie extrana; pero Rutilo, empobrecido lo mismo-
que Apicio por los dispendios de la cena, se atraera el desprecio
común, si a pesar de su pobreza insiste en corner á lo principe.»
El Apicio á que se renere en está sátira es el mismo de que ha
hablado ya en otras anteriores.

 


Sus vigorosos miembros juveniles,
Donde la sangre bnlliciosa hierve
Al faego de la edad , sufrir el casco,
El se sujeta , sin forzarle á elio,
Ni tampoco prohibirselo el tribuno,
A la ley y al mandato de un lanista.
A muchos vemos que tan sólo viven (1)
Para su vientre ; aguárdalos inquieto,
Del mercado & la puerta, el tantas veces
Enganado acreedor; pero el mas pobre,
El mas tramposo de ellos, cuya ruina
Salta a los ojos, ese es el que tiene t
Mas opipara cena. Dan tributo
Los elementos todos á su gula, span>

Y el precio no le arredra ; antes observa
Que lo que mas le gusta es lo mas caro,

Y Y no es dificil conseguir la soma

Que han de gastar, si empefian la yajilla.
Hecha trozos la estatua de su madre,
La venden, y el sabroso piato traga
Cuatrocientos millares de sestercios.
Asi del gladiador al bodrio llegan.

Conviene, pues, fijarse en el que hace
Tales dispendios lo que exceso y gula
Es en Kutilio, esplendidez laudable
Sera en Ventidio, y nace tan diversa
Fama en los dos de su diverso censo.
Desprecio al que sabiendo cuanto excede


(1) El original dice enérgicamente: aEt quibut in solo vivendi caussa palato est.))


A las montanas libicas el Atlas
Por su elevada mole , ignora cuánto
Dista un saquillo del ferrado cofre.
Bajó del cielo la sentencia aquella:
Conócete a ti mismo (1). Has de grabarla,
Para que no la olvides, en tu pecho,
Ya pienses en casarte , ya un asiento
En el Senado augusto solicites.
Jamás Tersites se atrevió siquiera
A pretender de Aquiles la armadura
Que el mismo Ulises con temor pedía.
Tu, si ardua causa defender intentas,
Tus fuerzas mide, indaga lo que eres,
Si elocuente orador, Matón 6 Curcio (2);
En lo sumo y lo mínimo es preciso
A nuestras fuerzas ajustar la obra.
Si has de comprar un pez y tu bolsillo
Sólo da para un gobio, no desees
Un barbo, pues si al par que faltan medios
Grece la gula, ;*cuál será tu suerte?
El paterno caudal, réditos, rentas,
Las alhajas, los campos, los rebaños,
Todo ha de ir a sepultarse al vientre,


(1) Está máxima famosa enlaantigtiedad se atribuye á Thales, y fué grabada en el frontispicio del templo de Delios.

(2) Curtio y Matita. El primero es Curcio Montano. Dice el
originai:

« Curtius et Matho bucete.))

Buoca, malos abogados, declamadores. Un este sentido dice
también en la sátira tercera: «Nota per oppida bucete ;)) j también Persio (S. 7, v. 13):

«3 0 stlopo tvmidas intendis rumpere buccas.))



Capaz también de devorarlo todo;

Al fin se vende hasta el ecuestre anillo,

Y mendiga Polión, desnudo el dedo (1);
No la temprana muerte, no la tumba
Al libertino acerba, tema el prodigo,
Temale á la vejez; ved, ved los grados
Por los que lentamente va á la mina.

El oro aquel que le prestó la usura,
Gasta á los ojos de su mismo duefio,

Y cuando nada queda, y consternado
El usureró palidece , ellos

Huyen de Roma y corren á Ostia ó Bayas,
Porque prefieren desertar del Foro
A abandonar la férvida Subura
Para mudarse al esquilino monte.
Sólo un pesar al fugitivo amarga,
Sólo un dolor: el verse por un ano
Privado ya de los circenses juegos;
Mas el rubor su rostro no enrojece

Y pocos guardan el pudor, que huye
Ya de la abyecta Roma avergonzado.

Hoy (2), Persico, verás si á mis preceptos


(1) Bs decir, privado del anillo ecuestre, que sólo podrá llevar
el que pertenecía al orden de los caballeros, y disfrutaba por lo
tanto la renta , sin la cual no podía permanecer en dicha clase.

(2) Todo lo que precede hasta este verso , es rechazado corno
apocrifo por Ribbeck, que Rama a ese preámbulo interpolación
grosera y desdichada; opinion que parece muy razonable si se
tiene en cuenta la dif erencia que hay entre aquel y el resto de
la sátira. Desde aquitodo esinteresante en ella, la pintura llena
de gracia que hace de la frugai comida, á la que invita á Per-
sio, en su rústico y agradable retiro, la de la antigua sobriedad
romana, cuadro grandioso y admirable, al que sirve de con-



Bellos mi vida y obra corresponden,
si, glotón resuelto, las legumbres
Alabo, y mientras pido al esclavillo
Puches en alta voz, sabrosas tortas,
Hechas con miei, reclámole al oido.

Y cuando cumplas tu promesa y vengas
A mi casa á corner, agasajado

Serás de mi cual Hercules 6 Eneas
Fueron de Evandro (1); no igual el segundo
Fué al primero, mas sangre era la suya
También de dioses, y al Olimpo sacro
Les llevó al uno el aguá, al otro el fuego.

Ahora la cena que preparo escuclia ,
No en mercado adquirida: Un corderillo
En mi granja de Tibur bien cebado

Y el mas tierno de todos, que aun no sabe
Pacer ni despuntar los verdes mimbres,

Y aun no soltó las ubres de su madre;
Luego vendrán espárragos del monte,


traste el lujo refinado de los tiempos presentes, la idtlicades-
cripción del interior de su casa de campo, y por último, los sabios
consejos que da á suamigo paradisfrutar de lahospitalidfxl que
le ofrece, olvidando sus cuiuados y pesares.

(1) Jef e oriundo de Arcadia que llevó una colonia de Pelas-
gos al Lacio (1300 antes de J. C); fué acogido favorablemente
por Fauno, y f undó la ciudad de Pallantea, cerca del Tiber (de
su hijo Palas). Dio á los habitantes leyes mas dulces, les ensefió
el uso de las letras, las artes , la música. Alude aqui á la hos-
pitalidad que dio a Hercules (naturai de Tiryntha) y a Eneas.
Dice que éste murió en las aguas, porque se ahogó en un rio
llamado Numicio, cerca de Lavinia, y Hercules entre llamas,
aludiendo á la túnica que, según la fábula, le habia regalado
Deyanira, tenida con la sangre del centauro Nesso, la cual le
envenenó, haciéndole experimentar tan horribles sufrimientos,
que, no pudiendo soportarlos , se arrojó á una hoguera.

 


Que, dejando la rueca , mi casera
Escogió; grandes huevos, aun calientes,
En el heno apilados, con las mismas
Gallinas que los ponen, y racimos
Por gran parte del afio conservados,
Frescos, cual si pendiesen de las videa.
Peras de Signio (1) y sirias, que rivales
Son de las del Piceno, en un canasto
Hallaras con manzana s que parecen
Recién cogidas por su olor, y miedo
No hay en comerlas, pues sus acres jugos
Ya depusieron al rigor del frio;
Asi de los patricios fué la cena
Un tiempo, y aun lujosa parezca.

En su pequeno hogar guisaba Curio (2)
Las hortalizas que en el breve huerto
Cogía su mano, y que desdeña hoy
Vii fosor, amarrado a la cadena,
Cuando recuerda la ubre de marrana
Que en inmundas tabernas aderezan.
Lomos de cerdo, en el hogar colgados,
Usaban conservar nuestros mayores
Para las grandes fiestas. Con un trozo
De lardo el natalicio celebraban
De sus parientes, y con él unían
La carne fresca, si quedaba acaso

De la inmolada victima; y si alguno «a

De los deudos había tres veces cónsul,


(1) Hoy Segni, ciudad del Lacio, entre los volscos, fundada
por Tarquino el Soberbio.

(2) M. Curio Dentato , ya citado en otras sátiras.



ó que gozaba imperatorio mando,
ya del dictador la excelsa honra,
~No por eso faltaba, mas venia
Antes que de* ordinario a aquel banquete,
Llevando al hombro el azadón erguido,
Desde el monte cavado por su mano*
Cuando el duro Catón y los Fabricios,
Fabios y Scauros, tan temidos eran,

Y el rigido censor con sus costumbres
Severas a su colega imponia

Miedo también, ninguno creyó asunto
Digno de su atención saber qué parte
Del mar daba tortugas, destinadas
A decorar después los ricos lechos
De los nietos clarisimos de Eneas.

Desnudo de ornamentos y pequeno
Era el triclinio entonces, y ostentaba
Al frente la cabeza de un asnillo (1)
Coronada de pámpanos, y en torno
Jugueteando rústicos muchachos,

Y asl todo era igual: comida, casa,
Muebles. Grosero entonces el soldado,
Sin saber admirar las artes griegas ,
Cuando tomaba una ciudad, rompia


(1) El siguiente pasaje de Higinio explica este verso:

({Antiqui nostri in lectis tricliniaribus, in/ulcrú capita a&e-
llorum vite alligata habuerunt significantes vini suavitateni
immisse.» (Fab. cclxxiv.)

La mayorla de los textos traen el verso en está forma:

« Vile coronati caput ostendebat aselli.))

Otros leen vite (vid, sanniento), quizá mas acertadamente.

 


Los ricos yasos que en botin ganaba
Labrados por artífices insignes,
Para que su caballo se ufanase
Con ricos paramentos, 6 su casco
Cincelado mostrara al enemigo,
Al recibir la muerte, la figura
De la romúlea fiera, ya amansada
Por hado del Imperio, y sustentando
Los quirinos gemelos en la roca,
en el broquel pendiente brillar viese.
Del fiero Marte la desnuda imagen ,
Resplandeciente con escudo y lanza.
Toscano vaso el farro (1) reciba
Que sustento le di era, mas la plata
En las armas brillaba; si algo envidias,
Esto es tan sólo de tu envidia digno.
Asi en los templos de los altos dioses
Sentíase mas la majestad; celeste
Voz misteriosa (2), en la mitad de Roma,
Y ya media la noche, nos dio aviso
Cuando bajaba sobre Italia el Gaio,
Dejando del Océano las orillas;
De augures está vez oficio hicieron
Los dioses para Roma. Tal cuidado
Júpiter turo del latino pueblo
Cuando de arcilla era y aun no había
Violado el oro su sagrada imagen!


(1) Potaje hecho de trigo , que f ué el principal alimento que
por espacio de muchos siglos usó el pueblo romano.

(2) Cuenta T. Livio que Marco Ceditio oyó de noche una
voz en el Capitolio, mas que huraana, anunciando que se acer-
caban á .Roma los Galos Senones. A esto alude JuvenaL

 


Vieron aquellos tiempos mesas hechas
Sólo de árboles nuestros; á este uso
El afioso nogal se dedicaba,
r Si por ventura lo arrancaba el Euro.

Mas ahora á los ricos ningún goce
La mesa da, ninguno el rodaballo,
Ninguno el gamo, y ni fragancia encuentran
En el ungüento y en la rosa, a menos
Que á la redonda y anchurosa mesa
No de sostén descomunal leopardo
Con jadeante boca, y esculpido
En los colmillos que Syena (1) envía,

Y el Mauritano rápido, y el Indio, N
.Mas negro que éste, ó en los que depone
En la arábiga selva el elefante,

Por fatigarle cn la cabeza el peso.
De aqui les nace el apetito y nace
La fuerza digestiva; pie de piata
Es despreciable ya, cual lo seria
El anillo de hierro para el dedo.

No quiero, pues , altivo convidado
Que compara mi mesa con la suya,

Y por pobre despréciala. Si , cierto,

Ni una onza tengo de marfil, ni un dado,
Ni una ficha siquiera; mis cuchillos
Mango de hueso tieneri, mas por eso
No prestan mal sabor á los manjares,
Ni hacen trozos peor una gallina.
Mas no verás al trinchador que vence
A todos en el aula, alumno insigne

(1) Syena, ciudad de Egipto, hoy Asuán.



De Trifero doctisimo, en mi mesa;
Del gran Trifero, que á tajar ensefia
Con el cuchillo de embotado (1) filo,
Liebrés y grandes ubres de lechona ,

Y la gacela egipcia y el cerdoso
Jabali, el fenicóttero (2) gigante

Y aves de Scitia y cabras de Getulia,
Mientras en torno la Subura suena,
De lenosos manjares con el ruido.

Ni el solomo cortar de una becerra,
'Ni el alón dividir de una gallina
Sabe mi siervo, que es novicio y rudo,

Y sólo entiende de cortar en trozos
Carne de cerdo. Las plebeyas copas,
De poco precio, servirá mi esciavo,
Muchacho inculto y con vestidos sólo
Que del frio lo preserven, no de Licia,
Ni de Frigia tampoco, ni comprado
Al mercader de siervos a gran precio.
Si algo le pides, en latino idioma
Has de pedirlo; igual el traje en todos
Es, y el cabello crespo y corto tienen,
Sólo peinados boy para el convite.

De grosero pastor hijo es el uno,

Y de un boy ero el otro; éste suspira

PoPor la madre , no vista ha mucho tiempo,


(1) Refiérese á los que ensenaban el arte de tr'nchar, que se
valian para elio de modelos de madera. Por esto emplea des-
pués la frase lenosos manjares.

(2) Fenicóttero, ave acuática, de alas rojas, que abunda en
Africa.

 


Por la cabafla y caros corderillos.
El ingenuo candor brilla en su frente,
Cual debiera brillar en los que enseñan
Con encendida púrpura su cuerpo,
~No enronquecida voz al bario Deva ,
Ni de vicios torpísimos ostenta
Su cuerpo las separes. Vino puro
Te ofrecerá del monte cuya cima
Nacer la viera, y luego, bullicioso,
Juguetear, pues a una misma patria
Deben los dos el ser, esclavo y vino,

Quizás esperes que á excitarnos venga
De gaditanas jóvenes el coro,
Con suaves cantos (1) y lascivas danza»
Que vivamente la dormida y floja
Sensualidad del rico solicitan;
Mayor, empero, es en el otro sexo
Del piacer el estimulo, y se enciende
Mas y es mayor su incontinencia cuando
Ojos y oidos la pasión inflama.
En casa humilde tales pasatiempos
No se conocen; para aquellos queden
Que el ruido de los timpanos soportan
Y lúbricas canciones, que ni aun osan span>
ReRepetir las desnudas meretrices


(1) Testarwn, crepitii*. El ruido de las castafiuelas. El uso"
de éstas es muy antiguo en Espana, corno se ve. Las gaditanas
tenian f ama por su grada y ligereza en la danza, no menos que
por sus lasci vos cantos. Por esto dice Marciai :

((Nec de Gadibus improbi* puellce
Vibrabunt sine fine prurientes
Lascivos docili tremore lumbos.»

13



En sucios lupanares; para aquéllos,
Que con el vino que deponen mánchan
Lacedemonio mármol, quede el canto
Obsceno y las infames liviandades,
Pnes este privilegio les da el oro.
Torpe es el juego en el plebeyo, y torpe
También el adulterio; mas en ellos,
Humor alegre, esplendidos se llama. -
Goces mas puro  bríndate mi mesa:
Oirás los cantos del divino Homero,
Oirás los versos de Marón sublime,
Que aun la dudosa palma se disputan.
Con tales versos, el lector qué importa?

Mas ahora aparta los negocios, deja
Ya los cuidados y él descanso busca,
Pues dulce asueto disfrutar te es dado.
No hay que pensar en el dinero a logro,
Ni en las afrentas que á tu honor infiere
De tu liviana esposa el desenfreno.
Si alguna pena te acongoja, antes
Déjala en mi dintel, tu casa olvida,
Olvida á tus esclavos, y lo que éstos
Rompen y roban; pero, sobre todo,
Los ingratos amigos no recuerdes.

Mas ya está dada la senal (1), los juegos


(1) Segun Casiodoro , un dia que el pueblo , impaciente ya,
aguardaba la llegada de Nerón para que empezasen los juegos
megalésicos, el Emperador mando arrojar la servilleta á la calle
corno en sefial de que ya nabla terminado su comida y salia
parael circo. Desde entonces éste fué el signo para dar princi-
pio á los juegos; por eso dice Megalesiaccs mappa. -


.TU VE VAL. 195


Megalecios principiali, que el solemne
Culto celebran de la diosa Idea, span>

Y ya el pretor , cual si marchara en triunfo,
SeSe ve sentado en lá curul carroza,

Por los costosos troncos arrastrada ,

Y ya también (si en paz puede decirse
A aquesta plebe frivola e* inmensa)
Entera al circo se traslada Roma.
Ya sus clamores el oido hieren

Y de los verde8 la Victoria anuncian. p>

: ;Ay! jSi el circo faltara! la verias, , .

- Espantada y atónita, igualmente
*' Que cuando yhS á los cónsuies vencidos,
Morder el polvo en la funesta Cannasi
Vaya a los juegos el fogoso joven,
. Pues el tumulto con su ed ad conviene
¦ Y la atrevida apuesta, y el sentarse

Junto a la nifia que corteja; vaya
' En buen nora la esposa á los convites
Donde contemple al lado del ni arido
Lo que afrenta contar delante de ellas.
Nuestra arrugada piel ab sorba én tanto
El sol primaveral, y huya la toga. ¦ ]
Ya sin reparo puedes ir al bafio,
Aunque sea la hpra quinta; pero piensá
Que no podrás hacerlo cinco dias
Seguidos sin cansarte, pues tal vida
También al cabo nos fastidia; precio
Da la moderación a los placeres.


SATIRA DUODÉCIMA.


EL REGEESO DE CATULO,


Abqumento. — Fuera de algunos rasgos satiri cos, la presente
composición se aproxima mas al género de las epistola» familia-
res de Horacio que al que habitualmente cultiva Juvenal, rei-
nando en toda élla ci erta suavidad y dulzura de afectos que no
son frecuentes en éste. El objeto de la misma es celebrar el
regreso de su amigo Catulo, después de haber corrido los peli- ,
gros de un espantoso naufragio en que ha perdido grandes ri-
quezas, logrando sólo salvar la yida á costa de grandes esfuer-
zos. El estilo es vivo, animado y pintoresco, sobresaliendo en la
obra brillantes descripciones y reinando en toda ella la ale-
gria junto con la picante malicia que es caracteristica de Ju-
venal,

Mas que el de mi natal grato este dia
Es para mi, Corvino, y cual si fuera
Festivo celebrarlo desearía.

El césped ya las vieti mas espera
Al numen ofrecidas, é inmolada
Sera á Juno por mi bianca corderá.

Otra de igual color sera llevada
A la que ostenta en el guerrero escudo
La gorgon ia cabeza desgrefiada.

Mas ya la soga con el cuerno agudo
Hi ere el novillo, al dios Capitolino


Guardado, y mueye la testuz safiudo.

Cierto el toro es feroz, para el divino
Tempio maduro, y en sazón dispuesto
Para rociarlo en el aitar con vino» . .

Ya ni el marnar le gusta, y con enhiesto
baciente cuerno hiere al roble duro,
4 Oh! Si tuviere yo tanto oro presto

Como mi afecto es , toro lozano
Trajera , mas que Hispula (1) górdo y lentoj
Y no nutrido en prado muy cercano,

Sino mostrando el pasto suculento
De las riberas que el Olitumno (2) baila,
En su ardorosa sangre y fuerte aliento.

Robusto brazo exigiría tamaña
Cerviz al victimario. Está mi ofrenda
Por el amigo, que de tierra extraña

Torna y temblando piensa en tanta horrenda
Calamidad corno sufrió, y se admira
Al verse libre de la mar tremenda.

Y no fue sólo el mar, sólo la ira
Del rayo desatado; oculto el cielo


(1) Hispulla. Es la misma de que habla en la sátira sexta.
Probablemente seria alguna mujer muy conocida en Roma por
eu excesiva obesidad.

(2) Rio afluente del Tfber. Virgilio y Propercio han eele-
brado los rebanos nutridos en las orillas de este rio, por su exce-
lente lana, atribuida á los ricos pastos de la región que baila.
Creian los romanos que los toros que bebian en las puras y i Hmpias corrientes de este rio, engendraban otros de resplan-

| deciente blancura. El fundamento de está creencia estaba eri

!; la particularidad de ser blancos casi todos los toros que se cria-

i ban en la Etruria y en la Umbria. El Clitumno, que era caudar

r Joso en la época de Juvenal, está hoy reducido a un arroyo, tal

f yez á consecuencia de algún terremoto que ha dado distinto : curso á sus aguas. ... ' "j



Por negra nube de repente mira,

Y al par arde la entena. Horrible duelo
Se alza doquier, y cada cual berido
Del golpe, viera con menor recelo

El naufragio que el. fuego. Tú has lefdo
La tempestad que describió el poeta?
Mas deshecha está f ué'. Pero ha sufrido

Riesgo major sobre la mar inquieta.
Óyelo y ten piedad , aunque tan dura
Suerte es común al que las ondas reta.

Asi en votivas tablas la pintura
Lo dice , pues el pan ( l ya quién lo ignora ? )
Isis á los pintores asegura (1).

Hora terrible, desdichada hora
Fué esa también para el amigo nuestro.
Media nave la ola mugidora

Cubre y vuélcala á un lado y al siniestro,
Después el mástil trémulo ya oscila
Sin que baste el piloto hábil y diestro.

Mas Catulo ante el riesgo no vacila
Y dispone ceder su presa al viento,
Imitando al castor, que se mutila (2)

Por salvarse — «Arrojad , grita al momento,
Cuanto tengo, arrojad lo mas precioso. x>


. £1) Isis era la diosa protectora de los navegantes , que col-
gaban en sus templos tablas , donde hacian pintar la escena de
su naufragio, corno en muestra de grati tud de haber conservado
la vida en medio de tan grave peli gró.

. (2) Crelan los antiguos que el castor perseguido por los caza-
dores se mutilaba para dejar en bus manos la presa que ellos
codiciaban, y salvar su vida. Plinio, mas incredulo, niega esto,
peTO de todas suertes era creencia muy generalizada, y a ella
alude Juvenal.



Y basta el purpúreo manto que ornamento
Fuera a muelle Mecenas , y el hermoso

Vellón tejido, al que la oculta mano
De la natura , y Betis caudaloso (1 J

Y generosa hierba y aire sano
Tifien de color vario, á la mar fiera
Yan: ni á la piata se perdona; en vano

A las argénteas copas precio diera
El cincel de Partenio (2), y á la fuente;
Todo es lanzado al mar, y la cratera

Mas grande que una urna , do la ardiente
Sed el borracho Folo (3) Baciarla
la mujer de Fusco (4). Juntamente

Yuelan los áureos vasos do bebia
Aquel de Olinto comprador astuto (5),

Y vajillas de rica argenteria.
jQuién asi osa aniquilar el fruto

De tanto af án , y entre salvar su oro
Ó su vida no queda irresoluto ?


(1) Plinio pondera el hermoso color de los rebaflos que se
criaban á orillas del Betis. La lana de la Bética era muy estf-
máda por su color, que suponian era procedente del pasto que
daba á las ovejas está región, asi corno de la virtud naturai
de las aguas y del aire. Por eso se llamaba color Bceticv* al
de esa clase de lanas.

(2) Partenio, artista celebrado por las obras cinceladas que
produjo.

- (3) Refiérese al Centauro de este nombre, que ofreció en el
festln de los centauros y lapitas un gran vaso lleno de vino a
Hercules, después de haber bebido él otro. Hablan de él Stesi -
coro y Diodoro de Sicilia.

(4) Dicen algunos que éste es el Fusco de quien nabla en lá
sátira cuarta.

(5) Alude á Filipo de Macedonia, ó por su intemperancia ó
por haber sobornado con dones á Lastenes y Eurycrotes, que le
entregaron la ciudad de Ob'nto.



Pues no para vivir con mas decoro
Muchos-juntan caudal (1) ; para éste viven
Esclavos insaciables del tesoro.

Al fin las olas lo mejor reciben ,
Mas no pienses que libres ya por eso
Eilos a puerto Salvador arriben.

Crece la furia aón; el mástil grueso
También al cabo la cucbilla siega,
Por si puede sacarse al buque ileso.

iPostrer recurso ya! Corre y entrega
La vida al mar, ;oh nauta! y confiado
En la dolosa embarcación navega.

Cuatrodedos vas sólo desviado'
De la muerte , y si espesa es la madera,
Siente no mas. Por «sto, ten cuidado

De que vaya provista tu galera
De las bachas también , por si revuelve
Al mar en torno la borrasca fiera;

Mas ya se ablanda el mar, prospero vuelve
El tiempo al nauta, y ya salvarlo el Hado,
Mas fuerte que Euro y piélago (2), resuelve.


(1) Non propter vitam faciunt patrimonia. Este verso y el
siguiente son rechazados por Ribbeck , f undándose en que nin*

tana relación tienen con lo demás, y por otra parte, en que es
e mal gusto la expresión. Parece, sin embargo, excesi vamente
severo este juicio.

(2) Los antiguos creian que todas las f uerzas de la . natura-
leza , y hasta los dioses mismos , estaban sometidos al poder in-
contrastable del Destino. La Mitologia haciale hijo del Caos y
-de la noche , y considerábale corno la f uerza irresistible que
arrastra a todos los hombres á cumplir sus divorsos fines. Se le
representaba £Iego , corno si él mismo ignorase sus inevitables
leyes ; con cetro y corona , simbolo de un poder soberano. En
sus manos llevaba la urna que encierra la suerte de los morta-
les. Sus decretos estaban escritos desde la eternidad en un li-
bro que consultaban los dioses, y las Parcas eran las ejecutoras

 


Ya en vez del negro estambre otro nevado
Hilan las Parcas con benigno dedo,
El celio, antes feroz, desarrugado;

Álzase luego cefirillo ledo,
Y aunque deshecba 7 rota, ya la nave
Cruza las olas plácidas sin miedo.

Desplegada una vela y del suave
Viento movida, agitase en la prora,
Unica salva en tempestad tan grave,

Y supliendo á las otras van ahora
Las extendidas ropas. La bonanza
Llega y renace al fin consoladora

Con los rayos del sol dulce esperanza.
La cambre qne ante Ascanio surgió bella (1)
Mas que Lavinia aun, & ver seftlcanza;

Ciudad á la qne diera nombre aquella
Bianca lecnona de ubre portentosa,
Que alegres vieron al llegar & ella

Los frigios, y sefial inaravillosa
Pareció, pues nutria icaso raro!
Treinta bijuelos su sangre generosa.

La nave en tanto avanza; pide amparo
Al puerto que hacia el mar sus brazos tiende (2),


de sus fallos. De estos decretos unos eran irrevocables y hasta
los mismos dioses dependían de ellos , y otros revocables, mediante los votos de I09 hombres ó la protección de alguna divinidad.

1) El monte Albano fué el sitio elegido por Ascanio, hi jo
de Eneas, para fundar á Albalonga, prefiriéndola á la ciudad
de Lavinia, que recibió nombre de la mujer de Eneas, madrastra
de Julio. Dice que dio á Alba nombre una puerca bianca, re-
firiéndose á la tradición conservada en la JEneida, referente
á un animai de está clase que alimentaba 30 hijuelos.

(2) Era el puerto de Ostia, obra maravillosa que se cons-
truyó en tiempo de Claudio, y en la que, segun Suetonio, traba-


202 sat/ricos latinos.


De Italia huyendo y del tirreno faro,

Obra que aun mas el animo sorprende
Que las que hace natura. Ya el piloto
La quilla gaia que las olas hiende,

Y va el bajel por la tormenta roto
Al interior, que da segnro bsiIo
Hasta á frágiles barcos contra el Noto.

AHI, pelada la cabeza a filo,
Cuenta los riesgos mil que soportara
Alegre el marinero, ya tranquilo.

Id, pues, muchachos, y adornad el ara,
Piadosos y en silencio reverente
Con cien guirnaldas de belleza rara.

El cucinilo, que espera a la inocente
Hostia, polvoread sal y harina ;
Cubra el altar ramaje floreciente:

Ya os sigo; y cuando acabe la divina
Fiesta según el rito, a mis hogares
Volveré ; alli corona peregrina

Ofrceré a los dioses familiares ,
Resplandecientes con la frágil cera;
Allí aplacaré á Jove y a los Lares,

Y en honor suyo con piedad sincera
El incienso y violeta de colores
Varios mi mano esparcirá doquiera.

Todo brilla; mi puerta ornan las flores,
Y ramos desde el alba, y ya la fiesta
De antorchas cien anuncian los fulgores.


jaron por espacio de once afios 30.000 operarios. Dice este autor
que se hicieron dos muelles, a derecha é izquierda, y a la entrada
del puerto se levantó un faro corno el de Alejandria, para que
sirviese de guía á los navegantes.



Ni sospeches de cosa corno épta,
Pues Catulo, por quien ante las aras
Mi dulce gratitud se manifesta,

Tres hijos tiene; y dime Jacaso hallaras
Quién ni aun gallina enferma por amigo
Tal sacrifique? Parecieran caras

Estas ofrendas; y hastamés te digo:
Una vii codorniz. Mas si padece
Gala un catarro yen el lecho abrigo

Busca; si Paccio el celibe adolece
De leve mal, el pórtico al instante
Bajo tablillas mil (1) desaparece;

Hay quien promete entonces suplicante '
Una hecatombe (2) hacer, y esto, & fé mia,
Porque no halla de venta un elefante,

Pues bestia tal nuestra region no cria,
Mas al Indio los pide, al Mauritano,
Y en los campos de Turno, en la sombria

Butula selva (3), Cesar soberano
Guárdalos sólo, que rebanos tales
No puede costear un ciudadano.

A Anibal tirio, a Pirro, a generales
Nuestros sirvieron los abuelos de éstos
Llevando al dorso torres colosales,

Cohortes enteras, be'licos aprestos.
Si Nevio, si Pacuvio, poseedores


(1) Es decir, el pórtico se cubre de 100 tablas votivas pi-
di endo la salud del enfermo.

(2) Sacrificio de 100 bueyes. Estos sacrificios estaban con-
formes con la opinion de los antiguos , consignada en la frase
¦mortevi morte pome redimi.

(3) Bosque cerca de Ardea, que era la capital de los Rútulos.



De tanto marfil fueran, job cuan prestos

Lleváranlo a los lares protectores
De pala, digna víctima á tal ara
Por cierto, á laya tal de aduladores

Di que matar al siervo no vedara
La ley, y alguno de éstos en ofrenda
La flor de sus esclavos enviara;

Pacuvio mismo al nifio con la venda,
O á la triste escla villa cefiiria,
Y hasta ofreciera á la expiación tremenda

La núbil hija, cual en otro dia
Agamenón (1), aunque él en el portento
De la trágica cierva no conila,

La cierva que acudiendo ante el sangriento
Aitar, a la doncella sustituye.
Yo á mi hombre alabo; acaso un testamento»

No vale por mil naves? Pues si huye
El viejo de la borrible Libitina (2),
Viendo el afecto que en Pacuvio arguye

Su voto, acaso á gratitud se inclina
Guai pez preso en la nasa, y borrar puede
La tabla en que berederos determina.

Y cuando todo por Pacuvio quede,
Éste alzará la frente triunf adora
Sobre la turba, que vencida cede

De sus rivales. jComprendéis abora


. (1) Ifigenia, hija de Agamenón, que fué of recida á Diana en
sacrificio por su padre para aplacar la colera de la Di osa contra
los Griegos. Conducida al ara tue conservada por la misma Diana
y sustituida con una cierva.

(2) Diosa de la muerte. En su tempio se vendian las cosas
que eran necesarias para los funerales.


JTIVENAL. 205


Si vale una Ifigenia degollada?

jViva Pactmo! A Néstor en buen hora

Iguale en la vejez, acnmulada
Piata, mas que Nerón robó, posea;
Pera & nadie ame nnnca su alma helada;
j Jamás, jamás por nadie amado seal


SATIRA DÉCIMATERCERA.


EL DEPÓSITO.

ABGWmENTO.-Un amigo de Juvenal, Calvino, habia entre-
gado en depósito cierta cantidad á otro amigo suyo, que se la
negó pérfidamente cuando fué á reclamarla. Juvenal intentó
consolarle en está composición, que, mas que al género satirico,
pertenece al de las epistolas de Seneca, conocidas con el nombre
de Consolaeiones. Fué escrita en la extrema vejez de Juvenal,
y se resiente del estilo declamatorio, que caracteriza en mas 6
menos grados las últimas sátiras de este autor. Por lo demás,
ofrece bellos pasajes, rasgos picantes, pensami entos graves, ele-
vándose á gran altura corno moralista, especialmente hacia el
final de la obra.

La mala accio n £es cosa reprobable
Aun para el propio autor? Este el castigo
Primero es, que no hallarás malvado
Que ante el testigo j juez de su conciencia
A si mismo se absuelva, aun cuando alcance
Del pretor corrompido fallo injusto (1).
Quó crees que piensan todos ¡oh Calvino!
Del redente delito y fé violada?


(1) En Boma, el pretor sacaba por la suerte los nombrea de
los asesores que debfan juzgar un asunto cualquiera. Esto se
llamaba sortitio judicum <¦, y explica el verso del originai, que
dice asi: N

« Improba quamvis

Oratia fallaci* prcetorU vicerit umani.))



Todos la execran; pero no tan leve
Pérdida á un hombre corno tu arruina.
Ni el caso es raro; muchos lo sufrieron,

Y es moneda corriente, que reparte
Fortuna caprichosa de sa acervo.
Cese tanto gemir. El sentiniiento

No ha de pasar los térniinos, ni grande
Debe ser el dolor mas que la herida.
I Y tu no puedes tolerar, empero,
Tan leve sinsabor, y enardecidas
De rabia las entrafias, por la boca
Echas espumas, porque infiel amigo.
No te vuelve el deposito sagrado?
lY esto asombra a quien ya á la espalda deja
Afios sesenta, á un hombre que riaciera '
Siendo Fouteyo (1) cónsul? Por ventura
No te ha dado mas fruto la experiencia?
De la fortuna insigne vencedora,
Cierto, es sabiduria, que en divinos
Libros, preceptos inmortales dieta.
También felices son los que aprendieron
Con la experiencia á soportar los males

Y á no pensar en sacudir el yugo.
jCuál es el dia festivo en el que cesen
De verse el hurto, el fraude y la perfidia,

Y por el crimen alcanzado el lucro,

Por el veneno ó por la espada el oro? . ,

[Cuán raros son los bienes! Tal, que apenas


(1) Fonteio Capito fué cónsul la primera vez, según los már-
raoles capitolinos, el afio 812 , de donde resulta que está sátira
f uó esenta el 872 , ó sea el segundo affo del reinado de Adriano.



A las tebanas puertas (1), a las bocas
Del rico Nilo en numero se igualan.
La edad novena es está y mas inicua
Qae la de Hierro; para tanto crimen
Ya falta nombre y no bay en la natura
Ningun metal que á designarlo sirva.
No gritan mas famélicos clientes
Cuando á Fosidio el or ad or aplauden
Arengando en el foro, que nosotros
La fé de hombres y dioses reclamando.
Tu, anciano, digno de llevar la buia (2),
Propia del nino, dime, £acaso ignoras
Cuántos golosos tiene el oro ajeno?
Ignoras que entre el vulgo mueve á risa
Tu sencillez, cuando al perjuro exigés
Que diga la verdad, y que recuerde
Que aun los sagrados númenes habitan
En las sangrientas aras y en los templos?


En otro tiempo la latina gente
Con está pura sencillez vivia,
Antes de que, depuesta la diadema,
Rústica hoz para segar tomara
Saturno fugitivo; entonces Juno
Tierna doncella era, y en las grutas
De Ida moraba Jove todavia,


(1) Tratase aqui- de la Tebas de Beocia, que tenia siete puer-
tas, y no de la de Egipto, que contaba 100. Confirmalo el poeta
al decir: «Igual á las puertas de Tebas ó á las bocas del Nilo»,
que también eran siete.

(2) La buia era un distintivo de los ni&os hastá losdiezy
siete atios. Quiere, pues, decir: «iOh viejo, tan cándido corno un
nino, y digno corno él de llevar la buia!»



Como cualquier particular. Festines
Aun no los dioses celebrar u sabati
Sobre las nubes, ni el mancebo iliaco (1)
Ni Hebe gentil las copas escanciaban;
Ni después de beber Vulcano el ne'ctar,
Sus brazos, por el humo ennegrecidos
De las fraguas de Llparis, limpiaba.
Cada deidad en sa mansión comia
Ni era su multitud tanta cual hoy,

Y el firmamento con tan pocos dioses
Contento, aun no los hombros agobiaba
Del desdichado Atlante con su peso;
Aun no la suerte adjudicado habia

El triste imperio de la mar profonda,
Ni con la esposa sicula réinaba
El sombrio Plutón, ni furias, ruedas,
Ni penascos, ni el hórrido castigo
Del ne£ro buitre en el A verno habia.
Sombras felices, de infernales reyes
Libres, por los Eliseos transitaban;
Causaba asombro la maldad entonces

Y era gran crimen de la muerte digno
Que no se alzara de su asiento el mozo
Ante un anciano, 6 ante el bombre un nino,
Aunque éste viera en el hogar paterno
Major porción de fresa y de bellota.
Tanto respeto entonces infundia
Aventajar en anos; iasi iguales

Eran el bozo y las sagradas canas!


(1) Ganimedes, hijo de Tros, joven principe troyano, a quien
Júpiter arrebató, seguii la fábula, para servirei néctar a los
dioses.

14

 

Mas si allora el deposito no niega

Tu amigo, si devuelve el viejo cofre

Con la enmohecida piata, prodigiosa

Es su fidelidad, y bien merece

Que se le anote en los toscanos libros (1)

Y lustrai sacrificio se celebre
Con la bianca corderá coronada.

Si un hombre ilustre é integro me encuentro,
Un raonstruo me parece, cual si viera
Nino con dos cabezas 6 en el su reo
Hecho por el arado un pez ballara,

parir viese a la infecunda mula.
Tanto mi asombro fuera cual si viese
Llover pefias las nubes , ó en racinio
Colgado de la bóveda de un tempio
De abejas un enjambre, 6 milagrosas
Olas de lecbe en remolino birviente
Al mar volcara caudaloso rio,

; Y te lamentas del que diez sestercios
Con sacrilegio fraude te robara!
;Quó es esto si doscientos perdio otro,
Sin testigos también depositados,

Y otro suma mayor, que grande cofre
Apenas era a contener bastante?

1 Cosa tan fácil es y tan corriente
Despreciar las miradas de los dioses
Cuando el humano testimonio f alta!


(1) Los etniscos quehabianinstruidoálos primeros romanos,
?Tan en eierto modo depositario» y guardas de las doctrinas re-
litriosas. Ordenaban todas lasccvemonias del culto, y por lo me-
nos en los primeros tiempos de la republica, todoa los nhjetos
destinados á aquél erari ti'aidos de Toscana.

 


Mira si no con qué insistencia niega
Lo entregado el infiel depositario,
Sin que se altere su mentido rostro.
Por los rayos del sol y por los rayos
Del snmo Jove jura , por la lanza ,
Por las fleclias del dios que Cintia adora,
Por las flechas y aljabas de Diana,

Y ioh tu, Neptuno! padre del Egeo,
Por tu tridente y por el arco hercúleo,
Por la lanza de Palas y por cuantos
Dardos encierra el arsenal del cielo.
j,Y qué si es padre? «La infeliz cabeza
De mi hijo os dice, conia yo, si miento,
Oocida en agua y en vinagre egipcio. »

Hay quien todo al acaso lo atribuye

Y niega al Sumo Ser que al orbe mueve,
El giro de los afios, y los dias
Refiriendo á natura; asi se acercan
Intrépidos perjuros a las aras;

Otro teme el castigo en pos del crimen,
Piensa que hay dioses, pero en falso jura.

Y asi consigó nabla: — alsis disponga
De este mi cuerpo cual mejor le plazca,
Hicra mia ojos (1) con su airado sistro,
Pues ciego yo me quedaré gustoso

Si conservo el depósito que niego.
La fiebre ó el tumor ó pierna rota,


(1) Crefase que Isis privaba de la vista a los que la iiivoca-
ban por medio del perjimo. uTe onnipotenti et ovtniparens dea
Syria eoeeum reddat.» (Apuleyo.)


212 8ATIRIC0S LAT1N0S.


;Qué son en cambio? Ladas (1) desdichado,
Si no es tonto ó demente, a la pobreza
Prefiriera la gota, mal de ricos.
De qué el vencer en la veloz carrera
Sirve, y el ramo de pisana oliva,
Con hambre? La ira de los dioses lenta
Es, aunque sea terrible, pues si tienen
Que castigar á todos los culpables,
jCuándo sere mi rez? Y acaso entonces
El numen no se muestre inexorable,
Pues suele perdonar, y el mismo crimen
Diverso fallo alcanza; la cruz uno
Kecibe en pago, el otro la diadema.» —
Asi alientan su alma, que se espanta
"Del grave peso de la culpa impia.
Entonces corre ante las sacras aras
Precediéndote á ti, que lo citaste,
Y aan dispuesto á llevarte por la fuerza,
Pues grande audacia en causa detestable,
Senal de confianza es para muchos;
Luego la farsa tan al vivo hace
Como el esciavo que Catulo pinta.
Tu joh sin ventura! clamarás en vano
Con voz mas fuerte que Stentor y Marte (2)
En los libros de Homero: — <qY esto escuchas,
Júpiter sumo , y ni los labios mueves
Debiendo alzar la voz, aunque de mármol,
Aunque de bronce fueras! jPor qué incienso


(1) Nombre de un atleta, vencedor en las carreras.

(2) Alusión al pasaje de la Iliada en que Marte, herido por
Diomedes, lanza un grito igual al de 9 ó 10.000 combatientes.


JUVKNÁL.. 213


Qaemar en tus altares y ofrecerte

El higado cortado del no villo

Y de tierno lechón blancas entraf&as?

A lo que reo, en nada ya difiere]

Ta esfcataa de la efigie de Batilo» (1),

Oye el Consuelo que a tu mal ol'réce
Quien nunca á la lectura se entregara
De cinicos y estoicos, diferentes
Sólo en el traje (2), ni a Epicuro sigue,
Alegre con las plantas de su huerto.
Busque el que sufre enfermedad obscura
Médicos sabios; tu la vena entrega
De Filipo (3) al alumno. Si me pruebas
Que crimen mas atroz nunca vió el mundo,
dallo y ya puedes deshacerte el pecho
A fuerza de punadas, y azotarte
Con las manos la faz. Sabida cosa
Es que en casos análogos se cierra
La puerta, y que con Uanto mas copioso,
Con tumulto mayor, Uoran los hijos
La pérdida del oro, que del padre.
Nadie finge el dolor; nadie los bordes
Con falso llanto rasga del vestido;
Que es muy sincero el que derraman todos


(1) Créese que este Batilo es el actor de que nabla en la sá-
tira sexta. Algunos creen que se trata de Batilo de Samos, cele-
brado por Anac reonte, al cual Policrates hizo elevar una esta-
tua frente al aitar de Juno. Otros leen Vagelli en vez de
Bathylli.

(2) Los cinicos Uevaban solamente un manto, y los estoicos
manto y túnica. Por lo demás , convenian en los puntos f unda-
mentales de su doctrina.

(3) Médico de aquella época.


214 8ATIRIC08 LATIN06.


Por el oro perdido. Mas si lleno
Ves siempre el foro con querellas tales,
Si pérfido el deudor dice que es falsa
La escritura leída ante testigos
Diez veces, de mi mismo puffo escrita

Y con piedra sardónica sellada,

Que en rico estuche de marfil conservo,
Quiéres tu, necio, ser el solo exento
Del tributo común? Pues tu eres hijo
De la gallina blanca (1), y vil engendro
De algún huevo infeliz somos nosotros?

Vuelve la vista a crímenes mas grande?,,

Y tolerable encontrarás y leve

Tu desgracia. Contempla al asesino
Asalariado, al incendiario infame
Que en el sigilo de la nocbe arroja
Yoraz azufre en la inflamada puerta;
Mira al que roba del antiguo tempio
Los grandes vasos con vetusto moho
Ya venerables, y los dones pios
Del pueblo, y las coronas consagradas
Por los antiguos reyes á los dioses:
Si esto falta, sacrilego ratero
~No faltará que a un Hercules de oro
El muslo raiga, ó á Neptuno el rostro,
O á Cástor una. lámina le arranque.
Habra de vacilar quien niuchas veces
Fundió al mismo Tonante? Mira, mira


(1) Frase proverbiai; corno si dijera, i quieres tti ser un
hombre privilegiado entre los demds?


JUVEMAL. 215


Al que prepara el tósigo 4 lo compra,
O ai parricida que en la piel del buey
Es arrojado al mar, con la infelice
Jimia, inocente del delito horrendo;
Mas esto, jqué es entre las niil maldades
Qae de la aurora hasta el ocaso oye
Gaio el prefecto? jDel linaje humano
Tu las costumbres conocer ansias?
Basta la casa del prefecto. Para
Algunos dias en ella, y cuando salgas
Osa Uamarte miserable entonces.


tQuién de encontrar en los nevados Alpes
Las liinchadas palótidas se admira?
Quie'n mamilas mayores que un infante
Gordo, en Meroe? ly los azules ojos,
La blonda ensortijada cabellera,
En un germano, á quie'n asombro causane

Y es porque a todos igualó natura.
Cuando veloces en sonora nube
Las tracias aves aparecen, toma
Lleno de esfuerzo sus pequeSas armas,

Y al campo corre, el guerreador pigmeo;
Mas designai á su enemigo en fuerzas,
Llévanle arrebatado por los aires

Las ufias corvas de implacable grulla.
Si tal cosa aqui viéramos, de risa
No podriamos tenernos; ali! en donde
Tiene la cohorte toda un pie de altura,
Áunque frecuentes los combates sean
De está naturaleza, nadie rie.


216 8ATfRIC09 LATINOS.

— Mas £8In castigo quedará el perjuro
Y su execrable fraude?— Di que al punto
Sujeto á pesadisima cadena
En tu poder lo pongan j su rida
A tu arbitrio (jqué mas tu ira quisiera?);
No tu disgusto acabará por eso
Ni voi vera el depósito á tus manos;
Unicamente el tronco degollado
Dará á tus ojos el piacer odioso
De algunas gotas de esparcida san gre.
— Pero es mas grato que el Tir ir vengarse —
— Asi el hombre grosero, cuyo pecho
Leve 6 ninguna causa necesita
Para inflamarse en ira, que un pretexto
Solo exige. No asi penso Crisipo,
Ni el indulgente Tales, ni el anciano,
Al Himeto melifero vécinc* (1) ,
Que entre los hierros de prisión injust a,
Parte de la cicuta nunca hubiera
Dado á su acusador. De muchos vicios,
De todos los errores poco á poco
Nos libra la moral filosofia,
Que es, cierto, propio de menguados peclios


(1) Sócrates. El monte Himeto era celebrado por la exee-
lencia de su miei. Su proximidad a Atenas , de la cual dista
unos 11 kilómetros, hace que llame Juvenal á Sócrates, que
residia en dicha ciudad, vecino del Himeto.

El originai dice: uNec Tirexiam esse quamquam deomin,» El
adivino Tiresias, que desempeña un papel importante en el
Edipo Rey, de Sofoclea, fué privado de la vista por Juno, deecontenta de un fallo que habla dictado en favor de los hombres y
en contra de lasmujeres. Qaiere decir, pues, que ninguno de Ioh
dioses se ha quedado ciego corno Tiresias.


JUVBNÁL. 217


Y flacos, el placer de la venganza,

Y á nadie es grato mas que á las mujeres.

jY por qué has de pensar que los culpables
Impunes quedan , cuando asombro y miedo
Le» da el remordimiento, y con sa azote
Sordo los hiere, y cual verdugo oculto
Sin compasión sus animos flagela?
jPena, por cierto, atroz y mas terrible
Que aquellas que inventare Radamanto
O el severo Cedicio, llevar siempre
En el alma el testigo de la culpa!

A un espartano que dudoso estaba
En voi ver un deposito, y queria
Apoderarse de él con un perjurio ,
El oráculo pitio le responde
Que ni la duda quedaria impune.
Queria saber la riecisión de Apolo,
Si el numen su delito aproba ria;
Restituyóle , pues , mas iué de miedo ,
No por virtud , y ser el vaticinio
Cierto, y digno dei Dios, probo el suceso;
El misero murió, murió su prole

Y su famiiia , y, aunque ya lejanos ,
Sus parientes también. Asi el deseo
Tan sólo de pecar atrae la pena;

Y si el designio oculto de un delito
Oimen es, iqué dire si se consuma?
La perpetua ansiedad , ni aun en la bora
De la mesa se aplaca ; su garganta
Seca se pone cual por fiebre addiente ,


1218 8ATIRIC08 LAT1M08.


Y la comida entre sus muelas entra
Sin fuerza a digerirla; hasta los vinos
Exquisitos repugna , y ni el de Alba
Precioso por afiejo , pasar puede.
Maestrale otros mas ricos , y honda arruga
£n su rostro verás, cual si bebiera
Vinagre de Falerno. Si en la noche
Breve sopor dio treguas al cuidado,

Y después de mil vueltas en ellecho
Ya sus miembros reposan , el divino
Tempio y las aras del violado numen
Ve, y lo que mas le espanta, lo que Uena
Su fronte de sudor, te ve á ti mismo

En forma sobrehumana y espantosa
Que con hondo pavor le sobrecoge

Y su delito a confesar le obliga;

Estos son los que tiemblan, y si truena,
Ante el menor rel&mpago se asustan,

Y exánimes , inmóviles se quedan

De espanto cuando escuchan en el cielo
El murmullo primero, no creyendo
Que casual, ó por chocar los vientos
Safiudos entre si , tal ruido sea ,
Sino que airado sobre el orbe cae
El cielo con sus llamas vengadoras.
£No le hirió la tormenta? Pues mas grave
El temor de la próxima le asalta,
Que ya se forja en ci sereno cielo.


En tanto, si un dolor en el costado
Siente, seguido de la insomne fiebre,
Numen adverso cree que se lo envia ;


JOVENÁL. 21»


l'efias y dardos qae Jos dioses Ianzan

Juzga que son. Mas no a ofrecer se atreve

Eu sacrificio balador corderó,

Ni á sus lares un gallo; pues Jqué puede

El culpable esperar en esa hora?

jHay victima, quizás, que no merezca

La vida mas que él? MóVil y vario

El corazón del malo es casi siempre.

Firmeza tienen para el crimen sólo:

Ya consumado, eh la conciencia sienten

El gusano roedor, pero vencida

Por sus malvados hábitos natura,

A. la maldad inclinalos de nuevo.

jQuién se detuvo nunca en la carrera

Dei mal? i Ó cuándo renació* en la frente

El perdido rubor? Quién en el crimen

Primero se paro? Dará en el lazo

Nuestro perjuro; negro calabozo

Le aguarda ya, y la argolla, 6 bien las pef&a»

Y escollos numerosos del Egeo,

Para los grandes crimenes destierro.

Tu gozarás con el castigo acerbo

Del odiado enemigo, y satisfecho

Oonfesarás al fin que entre los dioses

Ninguno ciego se quedó ni sordo.


SATIRA DÉCIMACUARTA.


EL EJEMPLO.

AR6UMENT0. — En la presente satira trata de probar Ju re-
nai que el ejemplo doméstico es el mas poderoso elemento de la
educación ó corrupción de los jóvenes ; de suerte que si aquel
e3 malo , seran inútiles todos los esf uerzos para impedir su fu-
nesto influjo, qne se deja sentir lnego en toda la sociedad.
A pesar de la proli jidad de alguhos pasajes y de la fcendencia
declamatoria , que recuerda los procedimientos de la «scuela,
está sátira es una de las mas bellas de Juvenal, abundando cu
•ella mAximas llenas de sabiduria.

Áctos vituperables , ioh Fascino!
Actos que manchan inocentes almas,
Los mismos padres á su 8 hijos muestran ;
Si al exeorable juego el viejo rinde
Tributo, ya verás al pequefiuelo
Mover en diminato cabilete
Pronto los dados. Ni mayores cosas
Podrá hacer esperar de si el mancebo,
A quien su padre pródigo , en la gala
Envejecido, amaestró tan solo
En guisar lás criadillas y las setas
Y aderezar con salsa el becahigo.
Aunque al cumplir el nifio siete afios.
Sin renacer aún todos sus dientes,
Mil austeros maestros le coloques,


JUVENAL. 22 1


Siempre la mesa delicsda ansioso
Deseará, sin sufrir qae entre sue manos
La paterna cocina degenere.
Ensefiará Rutilio, por ventura,
Animo blando y con las faltas leves
Benignidad? jPodrá mostrar al hijo
Qae igual el cuerpo del esciavo al nuestro
E iguales son las almas (1), él que goza,
Duro y cruel , con escuchar el ruido
Aspero del azote, y no bay sirena
Que con su canto mas le alegre el alma?
lÉI , Antf fates (2) fiero , Polifemo
Del aterrado bogar, contento sólo
Cuando al esciavo que robó un pafiuelo ,
La faz con hierro enrojecido marca
Por mano del verdugo? jQué consejo
Dará al joven , si toda su delicia
Está en el estridor de las cadenas ,
En el cerrado ergástulo y la cárcel
Dó tras lenta labor duermen los siervos?


(1) El originai dice:

« atque ani mas servorum et corpora nostra

' Materia constare putat , paribusque elementi*.))

Está y otras notables sentencias que se encuentran seinbra-
das en los versos de Juvenal, indicali muy a las claras el salu-
dable influjo que ya ejercian las ideas cristianas aun en las in-
teligencias sumergidas en las tinieblas del paganismo. Hay
distancia inmensa entre está proclamación de la igualdad na-
tiva del género humano, y la absurda y cruel afirmación de
Aristóteles de que unos nacian naturalmente esclavos y otros
naturalmente libres.

(2) Rey de los Lestrigone?. Tanto éste corno Polifemo, se.erún
la fábula, se alimentaban de carne humana.

« Visceribus miserorum et sii guiie veseitur atre,»

(JJneid. , 3.)


-2*22 8ATIRIC08 LATIK0S.


jCómo pretendes tu que honesta sea
La hija de Larga, caando ejemplos tantos
De li via nd ad j corrupción vió en ellas
Siendo, yirgen aún, sa confidente?
Natura asi lo ordena : nos corrompcn
Los ejemplos domésticos dei vicio
Tanto mas pronto, caanto mas respeto
La grande autoridad del padre impone.

Quizá huye de este ejemplo aigún mancebo
A quien formara con benigna mano,
De mas preciosa arcilla Prometeo (1);
Pero los mas, siguiendo tras las huellas
Deprayadas del padre, son lanzados
En el camino de la culpa, abierto
Por él ante sus ojos desde nilios.
Huye y pues , la maldad , siquiera sea
Porque en ella tus hijos no te imiten.
Dóciles somos en seguir lo malo ,
E n copiar lo que es torpe. Catilinas
En todos los paises, bajo todos
Los climas hallarás, mas no asi Brutos,
Ni Oatones tampoco (2). Nada feo
En dicbo ú obra los dinteles pase
Do reside la infancia. jLejos, lejos,
Disolutas mujeres y los cantos


(1) Seguii la mitologia, Prometeo , hijo de uno do los Tita-
ries, formó al hombre de lodo, y trajo también el f uego a la
ti erra.

(2) Seneca emite una idea análoga : nOmne tempvt Clodios;
non oiime Catone* f erti.* (Ep. CXVH.)


JUVENAL. 22$


Nocturnos del parásito lascivo!
Grande respeto se le debe á un nino!
ZEstás á punto de pecar? jdetente,
Que te mira tu hijo! Su inocencia
Sirva de freno a tu designio torpe.
Pero si siendo él hombre eometiese
Delito digno de censoria pena

Y semejante á ti, mas que en el cuerpo,

Mas que en la faz, se muestra en las costumbres

Y sobrepuja á tus maldades, jcómo
Corregirlo podrás y castigarlo

Con iracunda voz, y de tu herencia
Preterirlo también? jCon que derecho
~Ni autoridad reconvenirle, cuando
Peor eres que él, siendo ya viejo,

Y tu vana cabeza necesita
Ha tiempo de ventosas?

Cuando esperas
Huéspedes, a tu casa en movimiento
Pones: — «Barred el pavimento, gritas
A los siervos, dejad estas columnas
Limpias corno el cristal; abajo vengan
Con sus áridas telas las aranas.
Aquél la piata lave, éste á los vasos
Cincelados devuelva el primer brillo.»
Asi tu voz furiosa les apremia
don la vara en la mano. jMiserable!
jTe asusta el que a los ojos de tu amigo
El excremento de tu perro ofenda
Al llegar al vestibulo , ó se enlode
Al pasar por el portico! Un esciavo
Puede limpiar, empero, esa inmundicia


224 PATIRIC08 LATINOS.


Con levisimo esfuerzo, y no te cuidas
De que doqnier tu hijo santa encuentre ,
Libre de mancha y corrupción tu casa.

Bue no es que al pueblo y patria des un hijo
Si digno de ellos ha de ser , si útil
Para labrar el campo, y provechoso
En la paz y en la- guerra. Mas conviene
Saber corno lo educas y lo instruyes.
Mantiene a sus polluelos la cigúefia
Con los lagartos que en el campo caza

Y las culebras. Cuando crecen ellos,
También los niismos animales buscan.
Perros , asnos , cadáveres humanos,
En las cruces pendientes lleva el buitre
Volando, a fin de sustentar hu cria,

La cual también con los despojos muertos
Se nutrirá cuando creciendo escoja
Para formar su nido nuevo árbol.
Cabras y liebres en la selva cazan
Las generosas águilas y halcones,

Y en sus nidos la presa depositan ,
Poco después, cuando al crecer los pollo s
Tienden las alas inexpertas , corren

De hambre hostigados á buscar la presa
Que ya al romper la cáscara gustaron.

Era en Cetronio edificar mania:
En las curvas riberas de Gaeta,
En Tivoli y Preneste montuosas,
Quintas soberbias construyó. La Grecia

Y mas remotas tierras le enviaron


JUVENAL. 225


Mármol mas rico que eL que adorna el tempio
De Hercules ó Fortuna.' Del eunuco
Posidio los palacios eclipsaban
Asi también al alto Capitolio.
Disminuyó bus rentas, sus riquezas
Mermó Cetronio con dispendios talea,
Mas no f ué tanto que fortuna pingue
No legara & su hijo. Este, mas loco,
La hacienda disi pó, nuevos patacios
Con mármoles mejores construyendo.

El que nace de padre temeroso,
Observador del «ábado, no adora
Mas dios que cielo y nubes; horror tiene
Como á la carne humana, á la del cerdo,
Imitando á su padre, y se sujeta
A la circuncisión. Acostumbrado
La ley romana á despreciar, aprende,
Teme y observa la judaica ley
En libro arcano por Moisés esento.»
Nunca el sendero al caminante muestra
Si no profesa sus creencias , sólo
El manantial senalara al sediento
Si está circuncidado ; y aun en esto
Sigue al padre, que el sábado pasaba
Ocioso y sin cuidar de sus asuntos.

De propia voluntad lo ioitan todo
Los jóvenes; tan solo hay una cosa
Que no siguen con gusto: la avarici a;
Con la apariencia de virtud , empero,
E se vicio les rinde , pues ofrece
En el aire, en la toga, en el sembiante,

15


226 batibicós latikos.


Aspecto grave , aústeridad severa.

Alaban todos cual frugai y parco

Al avariente), y, cierto, de tal modo

Vela por su caadal , que mas seguro

No estaviera si fuese custodiado

Por el dragón hesperio ó el del Ponto.

Y éste es niirado por el necio vulgo

Como hpmbre egregio, de respeto digho

Por su industriosa habilidad. iCuál crece

Su patrimonio eon su esfuerzo! Cierto,

Mas por todos los medios , y le aumenta, *

Siempre en la fraglia y en el yunque dando.

Juzga feliz el padre al avariento

Siervo del oro que jamás encuentra

Dicha en el pobre , y aconseja al hijo

Siga esa senda, imite esos ejemplos.

Tiene el vicio sus reglas. Las ensefia
El padre al hijo y á aprender le obliga
Los detalles mas torpes. La insaciable
Ansia de atesorar luego le inspira.
Eugana el hambre.de los pobres siervos
Con medida falaz,y él mismo muere
También de hambre y ni a corner se atreve
Del negro pan los ya duros mendrugos.
Lo que hoy quedó de la comida guarda
Para m anana; en medio de Septiembre
Las habas dejará para la cena,
O medio pez podrido, todo puesto
Con su serial para que nadie liurte;
Hasta los puerros numerados deja.
Convidado a su mesa algun mendigo '» '


JUVENAL. 227


De los del puente, á ir se negarla.

Mas , l á qaé estas riquezas allegadas

<Con tan sórdido afán ? jMayor locura

(Puede haber, frenesi mas manifiesto,

(Que pasar una vida miserable

.Sólo por el piacer de morir rico?

Hinchase en tanto su talego, lleno

Hebosa ya, y ei ansia del tesoro

Grece á medida que el tesoro crece.

Quien menos tiene , en cambio, es quien desea

Menos también. Ya quieres otras granjas,

Pues una sola á tu ambición es poco,

Y dilatar sus términos. Parece

•Que es mas grande y mejor la del vecino;

Comprala , pues , con árboles y monte

Que de olivos en fior lleno blanquea.

Mas si el duefio no vende á precio alguno,

Los magros bueyes, los hambrientos asnos,

De flaco cuello, por la noche mete

A pacer en los campos c\ue verdean

Oon lasespigas. Ni que a casa tornen

Esperes tu , sin que el barbecho entero

Haya pasado a sus voraces vientres,

Quedando corno campo ya segado.

j A cuántas quejas tales agresiones

Motivo dan , y cuántas heredades

Hizo vender conducta tan inicua!

Mas £sabes Io que hablan, los horrores
Que contra ti se cuentan? — «Qué me importa?
Dice; la piel de un altramuz prefiero
A que me elogien todos los vecinos,


228 8ATIRIC0S LÁT1N0S.


Mientras cosecho en miserable campo
Unas cuantas espigas.» Ni dolencias
Ni achaques sufriras , de luto exento
Vivirás, de mortifero» cuidados,

Y vida gozarás larga y dichosa
Si sólo tu posees cuanto el. pueblo
Romano araba gobernando Tacio (1).
Dos yugadas de tierra recibia

El soldado, oprimido por los afios,
Que en cien combates despreció la muerte,
Ya al sanguinario Pirro, ya la espada
Del moloso 6 del púnico arrostrando;
Éste a muchas heridas era el premio,
El precio de su sangre y sus fatigas;

Y al merito inferior no la juzgaba

Ni era ingrata la patria ante sus ojos.
El pegujal mezquino sostenia
Al padre, a la domestica caterva,
A la mujer en cinta, a cuatro hijos
Jugando alrededor, nacido el uno
De la esclava , los otros de la esposa ;
Quando del surco 6 de la vid volvian
Los hermanos mayores, otra cena
Mejor les esperaba , y grandes ollas
Humeaban entonces entre el ponche:
Hoy campo tal , para jardin apenas
Fuera bastante , y de esto se originan
Los delitos presentes. No hay humana
Pasión que tantas veces el veneno


(1) Dice esto porque en tiempo de Rómulo y Tacio la pro-
piziaci del pueblo romano no se extendia mas alla del Campo
de Marte.


JtfVEHAL. 22£


Haya mezclado, tanta? el alere

Asesino panai haya tefiido

En sangre, cual la infame sed de oro, .

Y es que el que quiere la riqueza, quiere
Tenerla al punto. Pero iqué respeto

A las leyes , qué miedo, que decoro
Turo jamás el codicioso avaro?

— «Vivid, viyid contentos, hijos mios,
Con los caballos 7 collados nuestros,
Decfa otro tiempo el hérnico y el marzo
O el anciano Testino; el pan busquemos
Qae basta para el mes con el arado.
Es éste grato a los campestres dioses
Por cuyo auxilio y protección pudieron
-Cambiar los hombres la bellota dura,
Por el don de la espiga regalada.
Nada prohibido por las leyes hace
Quieti no desdefia la grosera abarca
Para abrigar sus pies contra la nieve,

Y el euro arrostra sin temor, forrado
Con invertidas pieles. Fué extranjera
Púrpura*(l), entre nosotros ignorada,
La qne en toda maldad , todo delito,
Lanzó á los hombres.» Estos los consejos
Eran de los antiguos & sus hijos.

Otra cosa es ahora. A media rioche,
Pasado otofio ya, r despierta a voees


(1) Quiere decir que en los primeros tiempos de Roma era
desconocido el lujo, y que la molici e que vino después, por
efecto de la comunicaci ón con lo» asiáticos, fué la causa de los
crfmenes y la corrupción de costumbres.


£30 8ÁTIRICOS LAT1MOS.


El padre al liijo del prof andó suefio»

— «Toma las tablas, grita; escribe, vela,

Prepara la demanda , lée cicn veces

Nuestras antiguas leyes , y la vara

Pide del centurión en un libelo,

Pero cuida que Lelio tu cabeza

No encuentre desgrefiada, las narioes-

Llenas de vello y tus espaldas llenas.

Corre, y del Moro la cabana arruina,

O los castillos del B retori asalta,

Y asi podrás, sexagenario un dia,

El ugnila llevar que te asegure

Cuantiosas rentas; mas si ho te agradan

Las guerreras fatigas, si tu vientre

Desatan con el miedo los clamores

De las bélicas trompas y clarines,

Métete a mercader, vende en el doble

Tus géneros, ni trates en aquellos

Que hay que llevar al lado alla del Tiber (1);

Curtidos ó perfumes, da lo mismo,

Lo que importa es el lucro, y éste siempre,

Salga de donde salga, huele á rosas (2);

Siempre en tus labios la sentencia suene *

Digna de Jove, de los dioses digna,

Que el poeta escribió: « Nadie pregunta


(1) Se refiere á las industrias que deblan practicarse en las*
afueras ó barrios extremos de la ciudad, por ser nocivas á la
salud ó desagradables á causa de los malos olores.

(2) Parece aludir á la siguiente anécdota que cuenta Sueto-
nio de Vespasiano: uReprehensus a Titofilio quod urina vesti-
galui commentus es.wt, peouniam ex prima pensione ejus nari-
bus admovit, quterens num quid odore offenderet. Ilio negante?
atqui, inquit, e lofio est.))


JUVENAL. '231


j>Cómo eres rico; lo que importa es serio» (!)? ,
E sto la viejaal nietezuelo dice ".":¦. -.->

Si le pide dinero, y esto aprende *
Antes que el alfabéto la muehacba.

Al que tales cptisejos da a sus hijos,
De bueu grado dijérale: i Insensato!
4 Por que esa prisa, di? Pronto al maéstro
Superara el aiutano, no te inquietes.
Cual fué rencido Telamón por Ayax,
Por Aquiles. Peleo, serás vencido.
Respeta su ninez; aun no le tiene
La naturai malicia corrompido;
Cuando ya barbas peine y la navaja
Pruebe el rostro, sera testigo falso,
Sera perjuro por exigua. suina,
El pie besando y el aitar de Cere».
I Ay de la nuera si el dintel traspasa
Con mortifera dote! jCuán terribles,
Durante el sueno, su garganta oprimen
Los dedos del mando! Lo que juzgas
Tu que ganarse puede recorriendo
Tierras y mares, con tan breve medio .
Lo adquiere éh.Porque ningún trabajo
Ouesta el crimen mayor. — «Pero yo nunca
Le aconsejé 6 mandé maldades tales
Dirás un dia.» Sf, pero el origen
Del mal, su causa, se halla en tus lecciones.
Quien encendió en amor á las riquezas


(1) « Unde liabea* quterit nemo ; sed oportei Jtabere.»

(Verso de Lucilio.)


2&2 8ATIM00S LAT1W08.


Y con malos consejos hizo avaros

Y permitió á sus hijos todo fraude
Por aumentar el patrimonio, ése
Las riendas suelta y el caballo deja
A su antojo correr; al cual si trata
Luego de contener, no le obedece;
Mas sin hacerte caso, traspasando

La meta, a ti y al carro en pos arrastra,
Pues él no piensa que delinque haciende
Aquello que tu olismo le consientes;

Y mas se afirma el joven cuando dices
Que el que da á sus amigos es un necio,

Y necio el que socorre al deudo pobre.

A si le ensenas á robar; con todo
Crimen y fraude á acumular riquezas,

Y amar a éstas mas que a Roma amarori
Los Decios, mucho mas que Meneceo (1),
Si lofl Griegos no mienten, amo a Tebasy
Cuyo campo nacer rio las legiones
Armadas con escudos de los dientes

Del dragón (2), y empefiaron lid horrible
Cual si trompa marciai los convocara.
Verás el fuego, pues, que tu encendiste T
Cundir con furia, devorarlo todo;


(1) Hijo de Creonte. Sitiada Tebas por los argiyos, mani-
festó el oraculo que se salvarla la ciiidad si voluntariamente se
diese la muerte el último de la f amilia de Cadmo ; lo* cual oldc*
por Meneceo, se atravesó con la espada. Todo esto no debio me-
recer entero crédito al poeta , puesto que dice : ..,.. H Gr&cia
cera.)')

(2) Habiendo Cadmo dado muerte a un dragón, esparció Ioh
dientes de éste por el sueio, brotando entonces de ellos solda-
dos armados, que peleando se dieron mutuamente la muerte.


J0VENAI.. 235


Ni a ti, infeliz, perdonare. Rugiendo
Feroz, también arrastrará a su coeva
A su maestro, de pavor transido,
E se leóu por él alimentado.

Notorio es al astrólogo tu sino, '
Pero es duro esperar la tarda bora
Sefialada por él: morirás antes
Que sea el estambre por las Parcas roto.
Ya le sirves de estorbo; á sus deseos
Obstáculo ya eres, ya molesta
Al joven esa senectud mas larga
Que la que alcanza el ciervo. Corre pronto
Busca al médico Archigenes, y compra
Mitridático antidoto (1) si quieres
Saborear los higos, 6 las rosas
Oler en la cercana primavera.
Preciso es un antidoto a los padres
Para antes de corner, eual a los reyes.

Mira allora el espectáculo curioso
Al cual ningún teatro, ni las fiestas
Que en el circo nos dan ricos pretores,
jSon comparables; mira los peligros
Que corre la cabeza del avaro
Sólo por dar a su caudal aumento;
Mira el dinero que a pi lo en el arca
Hecha do bronce, que conduce al tempio


(1) Plinio indica las sustancias de que se computila est e fa-
moso contraveneno, cuya reeeta hallo Pomperó entre los pape-
1 es de Mitridate».


r234 EATIHICOS latinos.


Para entregarla a Cástor (1) vigilante, .
Desde que Marte el vengador perdiera,
Sin saberlo guardar, basta su casco. .
.Deja, pues, deja los florales juegos

Y los de Ceres y Cibeles misma.
Mas que esos juegos interésdespiertan
Estas escenas de la vtda li umana.
Es, por ventura, superior deleite :
Ver en la euerda al volteador payaso
Uiestro saltar 6 descc nder ligero,
Que verte & ti, que en la cretense nave
Morada tienes, arrostando siempre
Al coso .fiero, al austro impetuoso,
Misero y vii expendedór de drogas,
Tu que traficas con el denso- vino

Que dan los campos de la antigua Greta,

Y de Jópiter son compatriotas? (2).

Pero si el pobre volatili voltea
En la floja maroma con su pianta,
Es por vivir, por precaver el hambre
Con el dinero que le dan, y el frio.
Tu por ganar uiillares de talentos


(1) En el Foro llamado de Augusto se hallaba el tempio de
Marte vengador (Mar* uUor), construido por aquél después
de la batalla de Acci uni. En él se conservaban las arcas de los.
ricos ; pero habiendo tenido lugar un robo , f ueron trasladadas-
dichas arcas al tempio de Cástor.

(2) Júpiter era nijo, según la mitologia, de Rhea y de Sa
turno, el cual, cumpliendo un pacto hecho con sus hermanos
los Titanes, devoraba á sus hijos a medida que nacian. Rhea
pudo librar á Júpiter de la muerte esultandole en la isla de
Creta, de donde salió mas tarde para vencer á los Titanes y
destronar á Saturno.


JUVENÁL. 235-


Y granjas ciento, temerario afrontas
Totlos los riesgos. Mira al puertó, mira .
De grandes buques & la mar cttajada,

Mas hombres hay yá en ella que en la tierra;

Irá la ilota á dondequier la Uame

La esperanza del lucro, y no las ondas

Bastante de Carpacia y de Getulia,

Sino dejando atrás el alto Calpe,

En el estrecho herculeo oirá el ruido

Que hace el carro del sol al ocultarse (1).

Y el grande premio de tan ruda empresa .
Es tan sólo voi ver, llena la bolsa,

A la patria, orgulloso de haber visto
Del Oceano los monstraos y tritones.

No á todos nos agita igual mania :
Este en el rostro de su hermano cree
El de las furias (2) ver lleno de espanto,

Y en sus manos la tea; el otro piensa
Que al dar el golpe en la cerviz del buey,
Agamemnón (3) d el ltaco gimieron.
Mas aunque capa y túnica no rasgue

El codicioso que su nave llena


(1) Decian los antiguos que el sol, al ocultarse en las ori Ila»
dei Océano, producia en las aguas un gran ruido, corno si aqué-
llas hirviesen influidas por su calor.

(2) Alude á la fábula de Oreste3 , que era custodiado en su
locura por Blectra su hermana, y al verla juzgaba que era una
furia que le seguia.

(3) Ayax, en el juicio de las armas de Aquiles, emitido por
TJlises, se enf ureció contra éste y Agamemnón, porque los creia
envidiosos de su valor, y en medio de su furia rasgaba sus ro-
pas y daba muerte á los ganados, etc. Por eso anade el poetai

Pareat tnnirU licei atque lac&rnU,


U36 8ÁTI8JC09 LÁTIN08.

Hasta el borde con tantas inercancias

Y del mar sólo dista en una tabla,
Gurador necesita comó el loco,
Pues afronta estos males y peligros
Sólo por agenciar unas monedas.

Se alzan las nubes ocultando el cielo,

Veloz el rayo por los aires cruza.

— «No es nada, grita el mercader de trigo

Y de pimientos; desatad los cab'es,
ITingún peligro anuneia el horizonte,
Ninguno anuncian las negruzcas bandas,
Es una breve tempestad de estio.»

i Misero! Acaso encuentres está noche
La muerte, y hecho tu bajel pedazos,
Flotando irás entre f uriosas olas,
Aun con dientes y mano sosteniendo
La bolsa amada, para no perderla.

Y aquel caya codicia no encontraba
Bastante oro en el Tajo, en las arenas
Del Pactolo opulento, ahora le basta
Ropa andrajosa, que ni apenas sirve
Para cubrirle las heladas carnes,

Y grosero manjar mientras mendiga

De puerta en puerta, presentando a todos
En la pintada tabla su naufragio.
Asi con tantos riesgos las riquezas
Son adquiridas, y mayor cuidado,
Miedo mayor el conservarla trae.

i Cuántos af anes por guardar la hacienda!
— «Velad de noche, preparad el agua»,
Ordena á la cohorte de sus siervos,


JUVENAL. 237


Por si ocurriere algun incendio, el rico
Licinio, temeroso por sub vasos
De ámbar precioso, sus ebúrneas mesas
Filigranadas, sus columnas frigias;
Mas no el tonel del cinico desnudo
Al fuego teme, y si se rompe hoy,
Otro tendrá mafiana, ó* la rotura
Beparará con lámina de plomo.
En morada tan vii hallo Álej andró
Al insigne filósofo, y al punto
Se vió mas infeliz, pues éste nada
Deseaba; mas él, la tierra entera
Ansiando subyugar, riesgos corda
A sus grandes empresas solo iguales.

jQuó puedes, |oh Fortuna! si gobierna
La razón nuestros actos? Te hemos hecho
Diosa nosotros. Si quisiere alguno
Saber ahora qué es lo que yo estimo
Preciso, lo dire : cuanto es bastante
Para librarnos de h ambre, sed y frio;
Cuanto á Epicuro en su pequefio huerto
Fue* suficiente, y en sa casa antes
A Sócrates bastó. Naturaleza
Kunca ensefió otra cosa, razón nunca.
;Tan austeros ejemplos te parecen
Estrechos? Bien; pues mezcla alguna cosa
De nuestros usos; formate una renta
Igual á la que Otón honró en su ley,
Con un asiento en las catorce gradas.
Si esto repugnas y las cejas frunces,
Y el labio mueves con desdén, duplica

-238 SATIRICO* IiATISOS.


.***.


Esa renta, triplicala. iNo basta?
Quieres mas? Pues entonces, ni de Creso
El oro, ni los persico» dominios,
Ni de Narciso (1) mismo la riqueza,
A cuyo imperio Claudio, siempre d<5cil,
Hasta el matar su esposa decretare,
Calmar pudieran tu voraz codicia.


(1) Liberto y favorito de Claudio. (Véase la nota acerca de
Mesalina , estampada en la sátira octava.)


15 SATIRA DECIMOQUINTA.


EL FANATISMO EGIPCIO.

Argumento. — El objeto de está sátira es describir un sangriento rasgo del fanatismo religioso de los egipcios. Dos pueblos, enemigos por causa de los diversos dioses que adoraban,
sostienen entre si una contienda, y habiendo caido al suelo
uno de los combatientes, se apoderan de él los enemigos y lo
devoran. El hecho debió verificarse reinando Adriano.

Quién ¡oh Volusio! ignora
Los monstruos que el loco Egipto adora?
A un cocodrilo aquí cultos ofrecen;
Alli, ante Ibis, de serpientes harta,
De miedo se estremecen (1);
Las efigies doradas resplandecen
De los sagrados nionos, allí en donde
La rota estatua de Memnón despide
Mágico son, y entre ruinas yertas


(1) La idolatría egipcia rendía culto á todos los animales
•que proporcionaban alguna utilidad al hombre. Este fué, seguii
Cicerón, el motivo que dio origen á semeiante culto. Asi la Ibis
recibia adoración porque daba muerte á las serpientes. El culto
de este ave, asi corno el del buey, el peno y el gavilán, eran
los mas generales en todo Egipto. También la oveja era ado-
rada por los scitas y tebanos ; el lobo en Licópolis, el mono en
Hermópolis. En Anubis era adorado un hombre, según Porfi-
rio. Herodoto dice que está diversidad de dioses engendraba
odi os vivisimos entre los pueblos vecinos.
 


Tebas vetusta su esplendor esconde
Sepultada debajo de bus puertas.

Allí peces de mar, aquí de rio,
Mas allá una ciudad adora á un perro,
Nadie a Diana (1). Es sacrilegio impío
El diente hincar á una cebolla 6 un puerro.
i Oh santa gente a la que dioses tales
Sas haertos dan! Lanudos animales
Ninguna mesa admite,
Y es matar a un cabrito culpa horrenda.
2 Sólo la carne humana se permite!

Diz que Ulises maldad tan estupenda
Contó en la mesa de Alcinoo. Quién risa,
Quién cólera sintió con su relato,
Cual si impostor osado le creyera.
« No hay quien arroje al mar á este hombre, digno
De la cruel Caribdis verdadera,
Pues su labio maligno
Engañarnos pretende con ticciones
De ciclopes y atroces lestrigones?
Antes creeró en Scila, en las cianeas
Móviles piedras (2) que a chocarse corren,
En los odres henchidos (3)


fi) Que era la diosa de los cazadores y , por lo tanto , de lo»
animales de caza, corno los perros. Seguii Herodoto, tenia un
tempio en Bubasti.

(2) Escollos de la isla de Cyana, que parecen moverse a
causa del violento oleaje. Son llamados también Simplcgadet.

(3) Dijo Uli8es en la mesa de Alcinoo que de Eolo nabla re-
cibido odres Uenos de viento para llegar mis pronto a Itaca, y
abiertos por sus companero* mientras él dorai fa, excitavon ho-
rrible tempestad.


De tempestades, y en la tenue Tara

Conque viéronse, al ser por Circe heridos,

Elpenor (l) y los suyos , en piara

De gruñidores cerdos convertidos.

¿Tan falto de mollera

Este al feacio pueblo considera?»


Así, no sin razón, hablaba alguno

Que ebrio no estaba, ni libado había

Corcirio vino aun en demasía,

Pues testigo ninguno

La narración de Ulises sostenía.

Caso raro también, mas acaecido
Ha poco, cuando Junio (2) cónsul era,
Voy a contar; delito cometido
De la cálida Coptos junto al muro
Por el vulgo, y mas grave
Que los que todas las tragedias cuentan.
Eegistralas; jamás a un pueblo entero
Con coturno los trágicos presentan,
Desde Pyrra a nosotros. Oye el caso
Con el que un pueblo diera en la edad nuestra
De atroz ferocidad horrible muestra.

Rivalidad antigua, odio implacable,
Vieja herida incurable,


(1) Elpenor, compatteró de Ulises. El sentido es : «Antea
creeré todas estas cosas, que admitir que haya hombres que de-
voren á otros hombres.»

(2) Este fué, seguii unos, Q. Junio Rustico, cónsul el
ano in de Adriano, y según otros, Junio Sabino, que lo fué en
tiempo de Domiciano.

 

Entre dos pueblo», Coptos y Tentira (1),
Que limítrofes son, arde, y parece
La causa ser de está enconada ira,
Que cada pueblo al numen aborrece
De su reino, y juzga que el que adora,
Tan sólo culto como Dios merece.

Celebraba Tentira fiesta un día,

Y los jefea de Coptos idearon

Ser está la ocasión, este el momento
De turbar su alegría

Y el placer del banquete suculento
Sorprendiéndolos, ya desprevenidos,
Cuando en las mesas, junto al templo puestas

Y en las plazas, se daban a sub fiestas
En los insomnes lechos, donde pasan
Días y noches seguidos,

Y aun el séptimo sol los ve tendidos.

Salvaje es dettamente
Está parte de Egipto, mas no cede
Al famoso Canopo (2) en la molicie.
Además, contra aquel que apenas puede


(1) No dejan ile ofrecer duds los nombres de los lugares que
cita aqui Jnveual, puea kabla de dos pueblos vecinos (finiti-
mo»}, y entre Tentila y O'iiins (que es la población soijre la
cual reeae la duda) mediati mas de 30 legiias. Por esto unoa
leen Omboi y otros Captai. Está última variante parece muy
Terosimil, y mia si se tiene cn cuenta el verso

Gesti super calida referemu» mania Copti.

Bl super parece significar aqui cerca de, en las cercaniat de

 
De pie tenerse por estar beodo,

Fácil el triunfo es. Por una parte

Vieras a los tentirios

De etiope tafiedor danzando en torno;

Guirnaldas en las sienes

Llevan y flores, por mayor adorno:

Ayuno al odio de otro lado tienes.

A provocarse empiezan, encendidos
Los ánimos, y estalla
La lucha al fin. Después ambos partidos
Entran en la batalla
Con iguales clamores;
De armas les sirven las desnudas manos,
Y por doquier ya sólo ves horrores.
Ni rostros quedan sanos,
Ni intacta una nariz; sólo reparas
Frentes deshechas, incompletas caras,
Cráneos abiertos y los puños rojos,
Tintos en sangre de vaciados ojos.
Mas juego hazañas tales les parecen
Batallas infantiles

Puesto que aún cadáveres no huellan.
Y, cierto, ya qué combaten tantos miles,

Si con la muerte su furor no sellan?

Crece el impeti! , pues, y ya inclinados

Al suelo, arrojan piedras,

Dardos en toda sedición usados.

No cual las que # con fuerzas giganteas

Lanzaban Turno y Ayax vigoroso,

Ni aquella enorme con que hirió furioso

Tydides en el muslo al fuerte Eneas,

 


Sino propias de estos decaídos
Brazos de nuestra edad, y tan diversos
De aquellos héroes, por doquier temidos.
Ya de Homero en la edad degeneraba
Su raza; mas ahora hombres perversos

Y sin vigor sobre la tierra crecen,

Y al contemplarlos los excelsos dioses,
Con desprecio los miran y aborrecen.

Pero vuelvo a mi historia :
Guando refuerzo a los tentirios vino,
La espada toman, la homicida flecha,

Y renuevan la lid. Ya la Victoria
- Es suya, ya deshecha

Fuga se entregan los contrarios. Corren
Ellos en pos. Por el espanto yerto,
Un desdichado se atropella y cae;
Cógenlo; en mil pedazos lo dividen,
Porque al hambre de todos baste un muerto,

Y sus huesos royendo, le devora
La turba vencedora.

Y ni el cocerlo ni el asarlo intenta,
Pues esperar á que la hoguera arda

Es mucho a su impaciencia, que no aguarda,

Y con crudo cadáver se contenta.

Mas vale así, pues este vil empleo
No violo el f nego al cielo arrebatado,

Y que dono a la tierra Prometeo.
¡Oh elemento sagrado!

Mia plácemes recibe, y tu, Volusio,

Alégrate conmigo»



Mas quien comió el cadáver enemigo,

Lo hallo corno ninguno; y no se inquiera,

"No se dude siquiera

En tal ferocidad, si fué sabroso

Al que comió primero; porque cuando

Ya todo el cuerpo consumido estaba,

Uno, que llegó el último, pasando

Dos dedos por la tierra humedecida,

La poca sangre que alanzó chupaba.

Cuentan que así su vida
Con tal manjar los vascos (1) prolongaron.
Mas fue diverso el caso; ali! abandono
De la Fortuna, extremos
De guerra, hambre y asedio se juntaron.
Mirar tal caso con piedad debemos.

Todas las hierbas ya, los animales
Todos, cuanto aplacar algo podía
Aquella hambre rabiosa, consumieron.
El enemigo mismo se sentía
Movido a compasión cuando los via
En secos esqueletos transformados,
Y sólo entonces con humanos restos
Acallaron el hambre,
Su propia carne a devorar dispuestos.

Qué dios, qué hombre no les perdonara
En tan ásperas penas y crueles?


(1) Cróese que alude al sitio de Calagurris por Pompeyo y
Metelo. Sus habitantes , f altos ya de todo alimento , pero mque-
brantables en su constancia, se sustentarou con las carnea de
bus mujeres é hi jos por conservar f uerzas para defender la ciudacL
De este hecho surgió la frase proverbiai fame* oalagur ritana.


Ni aun los manes de aquello g,

Cuyo cuerpo comían, les condenaran.

Mas humanos, mas bellos

Son los preceptos de Zenon, que veda

Ciertos medios usar, aunque con elios

La misma vida rescatarse pueda.

Mas un cántabro estoico, quién vió nunca,

Y mas en la remota

Época de Metelo? Ya ilumina
La cultura ateniense y la latina
Al orbe ; ya al causidico Britano
Ensena el Gaio, en la elocuencia diestro,

Y hasta de Tuie (1) en el país lejano
Diz que buscan retorico maestro.

Pueblo de tan indómita entereza

Y el que en lealtad le iguala y fortaleza

Y en la mina es mayor, triste Sagunto,
Dignos de excusa son. Mas Quien excusa
Al Egipcio liviano,

Mas que Diana táurica (2) inhumano?

Cierto ; aquélla , inventora
De un sacrificio bárbaro y nefando
(Si a los poetas fé damos ahora),
Se aplacaba a los hombres inmolando.
A la cucinila impia


(1) Con este nombre designaban ios romanos las regione»
septentrionales de Europa.

(2) El originai dice: aMceotide zcemor ara.)) Alude al tempia
de Diana táurica, en la laguna Meotide , en cuyas aras eran in-
molados los infelices que arribaban á aquellas inhospitalarias
playas.



Y á nada mas (1) la victima tema.
Mas hubo algún motivo que impulsara

A esos monstruos al crimen? Fue la dura

Hambre 6 terrible asedio? Por ventura

Mayor maldad hicieran si negara

Nilo sus aguas a la seca Mentis?

La crueldad que no osara

Nunca el Cimbrio terrible 6 el Britano,

el Escita inhumano,

el Sármata feroz, usa un cobarde

Pueblo vil , a bogar acostumbrado

Con breve remo en pobre barquichuelo

De arcilla y con pinturas decorado?

4 Pena hallarás para delito tanto?

Suplicio digno de estos criminales,

A quienes ira y hambre son iguales?

Blando pecho nos dio, pues nos dio el llanto,
Naturaleza , y su mejor presente
Para nosotros es. Mándanos ella
Compadecer al olvidado amigo
Que pálido y medroso del castigo
Se defiende ante el juez ; al inocente
Joven que á juicio llama
Al tutor , y sus bienes le reclama,

Y cuya faz , de lágrimas cubierta,

Y larga cabellera, al alma incierta
Sobre su sexo dejan; naturales
Impulsos mandan que también lloremos


(1) Es decir, sólo temía la muerte, pero no el ser devorado después.

 


Si tal vez pasar vemos

De virgen, núbil ya, los funerales,

al nifio, tierno aún para la pira (1),

La tierra acoge ; porque quién que sea

Honrado y digno de la arcana tea,

Cual debe serio el que a tornar aspira il

En los misterios eleusinos parte, j

El mal ajeno indiferente mira? j

Esto separa al bruto y al humano.

Ingenio peregrino

Diónos por eso la creadora mano,

Capaz de lo divino

Y apto para las artes ; fué del cielo
Dedo tan alto privilegio vino,
Vedado al bruto, que la vista al suelo

Lleva inclinada. El Creador del mundo j

Dio en el principio al animal la vida i

Y al hombre el alma racional (2) ; es ella
La que al auxilio mutuo nos con vida;
Ella en un pueblo congregó a los hombres,
Dispersos antes , y dejar les hizo

Las selvas seculares

Y los vetustos bosques, que ofrecieron


(1) Los cadáveres de los ninos de corta edad eran sepultados
y no quemados , corno se hacia con los demás. Plinio elice que
se consideraba corno impiedad (Oiomines, quibus nondum dentet
enati cremare.)) {Nat. Jaist., 1. 7.)

(2) El originai dice : « mundi

Principio induUit communis condi t or illis
Tantum anima*, nohis animum quoque.))

Por anima* entiende el principio en virtud del cual vivimos
y sentimos ; por animum, aquel por el que entendemos y sabe-
mos (alma racional).


A sus mayores míseros hogares,

Y por ella se unieron

A los lares ajenos nuestros. lares,
' Porque tranquilo sueño a todos diera
La confianza en el diatei cercano.
Sila las armas paso en nuestra mano
Fara auxiliar en la contienda fiera
Al débil ó al herido ciudadano,
Para correr bajo cornuti band era
A combatir, y tras los mismos muro;
Defenderse, y con una misma Ilare,
Tras la puerta común, vivir seguros.

Mag ya elitre las serpientes
La concordia es mayor. La fiera sabe
No daflar a sa igual. iCuando el mas
Leon, al que es mas débil dio la rune
iQué bosque viera al jabalí espirante
De otro más grande herido? En paz ¦
Con el tigre furioso
El tigre vive en ci liircano suelo,
T con el oso en paz habita el oso.
Mas no al hombre bastante
Fué forjar el mortífero cucinilo
En el nefando yunque, arte ignorado
Del primitivo herrero, que el zarcillo
Sólo labraba y hoz, rastro y arado.
Ya macbos con matar no se contenta
Quieren más , y con brazos y con peci

Y con humanas caras se alimentan.
Si tan horribles hechos
Fitigora mirase , que dijera?


A dónde no se hallara  

que observando rígidas costumbre,
carne de animales se abstenía (1)
al de la carne humana, y ni aun (queria
comer tampoco todas las legumbres?


El fundamento de está prohibición de Pitágoras era
ridículo, porque nacía de su creencia en la metempsicoeteniase,

pues, de la carne de loa animales, porque su-
que laa aliuaa de los hombres iban á parar al cuerpo de




16 SATIRA DECIMOSEXTA.


PBERROGATIVAS DE LA MILICIA.

ARGXJMENTO. — El objeto de está sátira (que no ha llegado
completa hasta nosotros) es describir las ventajas y privilegioa
de la vida militar. Fundándose en la evidente inferioridad de
ella, comparada con las otras de Juvenal > muchos comentado-
res niegan su autenticidad , considerandola obra de un mal
imitador. Mas si se tiene en cuenta que está sin concluir, pues
acaso su autor fué sorprendido por la muerte antes de corre-
girla y terminarla, y que su estilo, aun que falto del vigor,
elegancia y grada que son caracteristicos de Juvenal, no di-
fiere del de las demás sátiras en los giros y manera especial del
poeta, puede admitirse sin dificultad que pertenece también
á éste, aunque sea la mas imperfecta de todas.

jQuién, Gaio, puede numerar los fueros
De la feliz milicia, si se entra
Con prósperos auspicios? Poco importa
Ser timido, inexperto; pues mas vale
H aliar benigno ai hado , que el que Marte
O Yenus nos protejan, ó la sacra
Madre (1) á quien Samos fervida venera.


(1) Juno, esposa de Júpiter y madre de Marte, habia na -
cido en Samos, donde tenia un tempio que gozaba del derecho
de asilo.


{52 BÁTIRIOOS LÁTINOS.

Los privilegi 08 esamina antes
Que k todos son eomune3,y por cierto
No es el menor que no haya ciudadano
Que ose á un soldado golpear; y en cambio
i él es el golpeado, disimula
in que A mostrar ante el pretor se atreva
.OS rotos dientes, la mejilla hinchada
iegra ya por los golpes, y los ojos
le cnya cura el médico no~fia.
i perseguir al agresor pretende?,
anláico juez (1), con cáliga y con casco,
In alto asiento tu querella eseucha,
egtin lo mandan las antiguas leyes
tictadas por Camilo (2), que prohibe
'uera del campo, lejos de las huestea,
litigar al soldado.— Es razonable
{ne el centurión k los soldados juzgue,

no por eso faltará el castigo
i es justa la querella que sostengo.
-Sf, pero sublevada la coborte
' los soldados todos, sera Snuttl
a acusación. Puea icómo te expondrlas
venganza mas fiera que la injnria?
omo Vagelo el mutinense, loco
ueras en ofender cfiligas tantaa
tantos clavos, cuando sólo tienes
os desnudas rodillas. ;Y hay alguno,


) Eadecir, un jucz militar. Log aoldadoa solian cubrirse
invierno con el manto bardaieo, llamado ani de los bar-
, pueblo de la lliria.

) Una ordenaiiza de Camilo prcihibfa á los aoldadoa liticar
ereehoa fuera del campamento,* fin de que eato noles
iiese citmplir sua dcberes militare».


JUVENAL. 253


Si Pilades (1) no es, que desde Roma
Para prestar su testimonio vaya,

Y ose salvar del campo las trincheras?
Seca tu llanto, créeme , y no al amigo
Pidas lo que a negar te con excusas
Dispuesto está. — «Presenta los testigosx>,
El juez dirá. Mas jquién sera el osado

Que diga: «He visto», aunque la ofensa viera?
Si alguien lo hiciere, digno es de la barba

Y de la larga cabellera digno,

Que usaron nuestros inclitos mayores.
Mas fácil es traer falso testigo
Contra un togado, que uno verdadero
Contra el honor y bienes de un soldado.

Nota otros premios, otros privilegios
Del militar. Si gentilicia hacienda,
Algún avaro se apropió, ó el campo
Me arrebató el vecino, levantando
La obscura piedra que el lindero indica,

Y á la que llevo mi anual of renda (2),
Según es uso; si el deudor se niega
A devolver la cantidad prestada,
Como falso el quirógrafo tachando,

Un ano hay que esperar mientras el turno


(1) El sentido es : «Quién hay, á no ser tan fiel amigocomo
Pilades lo f ué de Orestes , que ose arrostrar el riesgo de ir é de-
clarar en tu favor al campamento?»

(2) Los llmites de las heredades estaban consagrados á Jú-
piter Terminal, y todos los afios ofrecianse á éste sacrificios.
Considerábase corno un crimen el borrar esos linderos, remo-
viendo las piedras ó mojones.


254 BATIRIOOS LAT1NOS.


Llega a mi pleito (1) y cuando llega, {cuántas
Molestias, cuán eternas dilaciones!
jCuantas veces inútilmente ocupan
Los jueces los asientos! Ya Cedicio,
Elocuente orador, deja su capa,

Y liqnidarge sus rinones siente
Fusco por la emoción; pero de nuevo
Hay que retroceder, pues en el Foro
Cinica el momento de la lueba llega.
Mas los que el casco llevan, los que cinen
El cingulo guerrero, éstos escogen

El dia que gustan, y jamás su hacienda
Sera por largos pleitos destruida.

Solo el soldado, mientras vive el padre,
Tiene derecho de testar; las leyes
Al militar peculio dejan libre
De la paterna hacienda. Asi á Corano,
Que el estipendio cual soldado goza,

Y sirve corno tal, su anciano padre ,
Trémulo por los afios, lisonjea.
Legitimo favor, dióle fortuna

Y le asegura el fruto de su celo;
Cierto; también al capitan conviene
Que el mas bravo mejor remunerado
Sea, y que todos satisfechos vivan
Gozando sus insignias y collares.


(1) Qui ere decir : «Tendré que esperar un ano mientras se
sigue mi pleito y le llega su turno de ser visto ante los jueces»;
ó bien : «Tendré que esperar á que se reuna la asamblea del
pueblo que juzga algunos asuntos, lo cual se verifica una vez
al ano.»


SÁTIRAS DE PERSIO

TRADUCTDA8 EN VERSO CAOTELLi.NO
POR

josé m:. vigil.


INTRODUCCIÓN.


El 4 de Diciembre del ano 34 de nuestra era, siendo
emperador Tiberio y cónsules Paulo Fabio Persico y
L. Yitelio Nepote, nació en Volaterras t ciudad de Etru-
ria, Aulo Persio Flaco, cuyo padre, caballero romano,
se hai lab a emparentado con las mas encumbradas fami-
lias de aquella sociedad. A los diez anos fué Persio á
Koma á continuar sus estudios bajo la dirección del gra-
mático Palemón y el retorico Flaco , y á los diez y seis,
cuando acababa de tornar la toga viril ,' contrajo estrecha
amistad , que el tiempo no Uegó a debilitar , con Aneo
Cornuto , quien le inició en los principios de la filosofia
estoica. Desde su edad mas tierna tuvo por amigos a
Cesio Baso, á Calpurnio Statura y á Servilio Nomano;
además, fué condiscipulo del celebre Lucano, autor de
la Farsalia, quien le profesó gran carino y admiración,
viviendo familiarmente en casa de Cornuto con dos dis-
tinguidos filósofos: Claudio Agatemero, médico de La-
cedemonia y Petronio Aristócrates , de Magnesia. Mas
tarde tuvo relaciones con Se'neca , pero no hallo simpa-
tia con su gusto literario, y en los ultimos diez anos de
su vida viajó a menudo con su amigo el célébre Peto
Traseas, esposo de Arria, prima de nuestro poeta. No
es sorprendente que Persio hubiese tenido tantos y tan
excelentes amigos , pues además de sus talentos poéticos,
era de costumbres dulces, de rara modestia, dotado de

17


258 satiricos latinos.


una bella presencia, sobrio, casto y lleno de ternura
bacia pu madre Fulvia Sisenia, su tia y sua hermanas.
Parece, según Sélis, que podrfa habérsele dado con mas
razón que a Virgilio el sobrenombre de virgen.

La lecturadel poeta Lucilio le inspiro el deseo de
escribir en el genero satirico, y apenas hubo concluido
sus seis sátiras las mostro á Cornuto , quien hallando en
medio de sus bellezas rasgos de audacia que podlan aca-
rrear á su autor f unestas consecuencias , le aconsejó que
corrigiese entre otras cosas el verso

Auriculas asini Mida rex habet,

susti tuyéndole iquis non habet? temiendo que Nerón se
diese por aludido.

El 24 de Noviembre de 62, octavo afio de Nerón, y
siendo cónsules Publio Mario y Asinio Gallo, falleció
Persio de una enfermedad de estómago , a la temprana
edad de veintiocho afios. Instituyó herederas por testa-
mento á sus hermanas, a quienes dejó cerca de dos millo-
nes de sestercios , legando al mismo tiempo a su maestro
y amigo Cornuto cien mil sestercios y su biblioteca, com-
puesta de 700 volúmenes ; el filósofo aceptó* los libros y
rehusó el dinero, acción digna del alto carácter de Cornuto.

Las sátiras de Persio no se publicaron sino hasta des-
pués de su muerte, siendo su editor Cesio Baso, por
naberse negado Cornuto. Desde que apareció el libro
se atrajo la admiración del público , que se lo disputaba,
segun la expresión de Suetonio (1). Cornuto, encargado
de revisar las obras del poeta, suprimió las que habfa
escrito en su primera juventud , entre las que se encon-
traban una comedia de las Uamadas pretextas, por ser un
magistrado romano el personale principal; el comienzo
de una sátira, y unos versos en elogio de la célébre Arria,
madre de Traseas, la cual se habia suicidado para inspirar


(1) Editum librum continuo mirari homines, et diripere cm-
perunt. Auli Persi i Vita.


Persio. 259


a su marido , condenado á muerte por una conspiración,
•el valor de quitarse la vida.

Como se ve, bien pocos son los hechos que senalaron
la corta existencia de un poeta que vivió consagrado & la
práctica de las austeras virtudes ensenadas por la filosofia
-estoica ; pero si se atiende al fondo eminentemente mora!
«de sus eátiras , á la profundidad de pensamiento que en
ellas domina, á la trascendencia de los asuntos que se
propuso tratar, se descubre fácilmente uno de esos gran-
des caracteres que se imponen a la admiración de los
hombres, y se comprende el éxito que su obra alcanzara
desde el momento en que fué dada á luz, éxito que no se
lia desmentido en el largo transcurso de diez y ocho siglos.

En efecto , fácil es seguir al través de los tiempos los
altos testimonios de estima que en favor de Persio han
•dejado los mas ilustres escritores. Marciai dice: *

Scejfivs in libro memoratur Pertius uno

Quam levi» in tota Marsui Amazonide (1).

Quintiliano , cuyo juicio es de tanto peso en materia s
literarias, se expresa en estos términos: Multum et vere*
<jlorice quamvis uno libro Persttts meruit (2). Suetonio
•escribio su vida, y Cornuto un comentario (3). Los Pa-
dres de la Iglesia latina, que hallaron sin duda gran con-
formili ad bajo muchos aspectos entre la moral cristiana
y las máximas de los estoicos , citan á menudo á Persio,
corno consta de varios pasajes de Tertuliano t Lactaneio,
San Agustin y San Jerónimo.

Mas tarde , por los escritos de Sidonio Apolinar y de
Boecio , se sabe que Persio y Seneca servian todavia de


(1) Lib. IV, ep. 29.

(2) Inat. Orat., lib. I, cap. X.

(3) Algunos creen que la vida de Persio atribuida á Suetonio
fué escrita por Probo, y que el Cornuto autor del comentario fué
un gramático distinto del maestro de Persio, que vivió 50 afioe
después. Sea corno fuere, ambos documentos remontan á una
época muy cercana á la aparición de las satiras.


260 SATfaicos látinob.


modelo y autoridad a los literatos y doctores a principios
del siglo vi. Y si el estado material en que se han ha-
Uado los libros de los antiguos fuera una medida exacta
del interés que excitaron en los lectores de la Ed ad Me-
dia, deberia creerse, corno observa Perreau (1), que los
pocos versos de Persio alcanzaron a sus ojos mayor precio
que las grandes composiciones de Tito Livio y Salus-
tio, de Tácito y de Dión Casio; porque mientras que
éstas no nos han llegado sino en f ragmentos , el libro de
las sátiras se ba conservado tan completo corno salió de
manos del primer editor.

Cuando por medio del arte maravilloso de la imprenta
se comenzaron a divulgar los tesoros de la antigúedad
clásica, Persio fué uno de los primeros autores que vie-
ron la luz (2). Pero si en las primeras ediciones apareció
únicamente el texto , pronto se reconoció la necesidad de
anadirle notas y comentarios, aumentándose su número
de un modo extraordinario (3).

Pocos autores, en verdad, necesitan tanto el auxilio de
la erudicióu y de la critica para ser entendidos. La obs-
curidad de Persio ha llegado a ser proverbiai (4); largas y


(1) Satires de Perse, Introduction. Paris, 1840.

(2) La edici ón mas antigua es de Roma 1470, aunque Pe-
rreau cree que es anterior la de Brescia.

(3) Perreau dice haber contado mas de cincuenta comentarios,
desde los de Cantálico Claro (14 72) y de Bart. Foncio (1481), hasta
los de Koenig(Gotting., 1803) y de Achaintre (Paris, 1812). El
mas célébre de todos es el de Isaac Casaubon , trabajo de erudi-
ción prodigiosa, del que decia Escaligero, poco amigo de nuestro

Soeta, la sance vaut rnieux que le poisson. Entre los comenta-
ores espanoles de Persio deben mencionarse Francisco de las
Brozas (el JBrocensé) y Antonio de Nebrija (Webrissemis).

(4) Nuestra célébre poetisa Sor Juana Inés de la Cruz dice,
en unos versos dirigidos corno contestación al Dr. D. Josef de
Vega y Vique:

«Y que no esté en el Parnaso
Sin vuestra fé de registro,
Ni la obscuridad de Persio,
Ni la claridad de Ovidio.»


PERSIO. 261


renidas discusiones se han sostenido sobre la intención
dominante en sus sátiras , y puntos bay no pocos en que,
corno observa Koenig, jamás llegarán tal vez á ser sufi-
cientemente ilastrados. Bayle cuenta (1) que San Am-
brosio arrojó el libro , ex clamando : Lejos de aqui, ya que
no quieres que se te entienda , y que San Jerónimo , por
un acto semejante de impaciencia, echó las sátiras al f uego,
diciendo: Quemémoslas para que se esclarezcan. Tarreo
Hebio elogia a Persio:

Hic vere scripHt legitimam satiram;
pero hace notar su obscuridad :

Ut a liquore potus Hippocrenceo
Dat erudita J l er8ius, sed obscura (2),

Meursio (3) llega á avanzar que el mismo Persio no se
entendia á si mismo; y el P. Vavasseur declara que es im-
posible penetrar en el sentido de sus palabras : Mihi qui-
dem nihil se offeri insignius ipsa obscuritate scriptoris (4).

Aqui se presenta naturalmente una cuestión que Amar
Durivier formula en estos térmiuos (5): «jQué hallaban
alli el juicioso Quintiliano cuando prometia mucha y
verdadera gloria al autor de ese pequeno volumen; el
cáustico Marciai cuando repetia en verso el mismo juicio;
un Casaubon que le enriquece con tan sabio y tan volu-
minoso comentario? Qué ballaban, en .fin, esa multitud
de traductores en prosa y verso , f ranceses y extranjeros,


(1) Dictionnaire eriti que, art. Perse.

(2) Amphith. Sapient. Lib. x, epig. 37.

(3) Citado por Bayle.


(4) Selis enumera cuatro causas á las que hay que atribuir
la obscuridad de Persio: l. a , el carácter especial de su estilo; 2.*


que
ras ediciones impresas.

(B) Jiiographie universeUe, art. Perse.


262 8ÁTIRICOS LAT1N0S.


que marchan hace siglos detrás de Persio? Hallaban,.
admiraban alli una moral sana , una logica apremiante,
un estilo a veces grave y a veces animado. El gusto es
quien ha dictado esa primera sátira en que con tanta
energia se describe la decadencia de la poesia y de la»
elocuencia romana, j Cnán respetable se muestra el es-
toicismo en ese pasaje de la tercera sátira sobre los de-
beres del hombre ! El mismo Boileau no ba podido-
embellecer el pasaje de la sátira quinta, en que la avarici*
incita á embarcarse á un mercader. En fin, no hay
patirá de Persio que no ofrezea pinturas llenas de fuerza r
máximas llenas de verdad.»

Esto es, en efecto, lo que ha inmortalizado el nombre
y la obra de Persio. «No hay poeta latino, dice Perreau,.
no hay tal vez ningún poeta que haya llevado tan lejos
corno Persio la precisión en el raciocinio (1), la rapidez
en la expresión, la originalidad en el giro ó en las iniáge-
nes; y en una época en que todos los escritores aspiraban
& lo sublime, nadie lo ha encontrado mas naturalmente;
Sus máximas son tan felices, que todavia se las repite;.
8us criticas tienen la ingeniosa y verdadera causticidad
que desespera al malvado; sus descripciones , rasgos enér-
gicos y seguros que no se pueden olvidar; sus juicios, el
tono absoluto que conviene al hombre superior. Una
sensibilidad profunda y contenida presta un alto alcance
a sus menores palabras, y cuando se escapa es por mo-
vimientos de una elocuencia generosa ó terrible que
arrebata 6 que agobia. Si en lo general no tiene la
amable jovialidad de Horacio ni la facilidad brillante de
Juvenal, se distingue por la audacia y por los fuertes
tintes de una melancolia que seduce á las almas honra-


(1) Lope de Vega dice en la dedicatoria de su comedia inti-
tulada Santiago el Verde: «Ganó tanta fama Persio , no habien-
do escrito mas que aquel pequeno libro de sus sátiras, por opi-
nion de Marciai j Quintiliano, que á muchos les ha parecido-
que la hallarian mejor por aquel camino que por el de otras"
«mpresas, diciendo bien, dificiles.»


Persio. 263


das ; el tono de Persio senieja a Moliére en el papel del
Misántropo.»

Las opiniones de Persio sobro Dios, sobre el alma,
sobre la moral, pertenecen por completo a la escuela de
Zenón, de quien se manifiesta ferviente discipulo. En
la conciencia estableeian los estoicos el fundamento de
toda certidumbre, y a ella apela Persio conio al testigo
incorruptible de la verdad , corno al juez de todos nues-
tros pensamientos y acciones:

Nec te qncesiveris extra (1).

Ut nemo in sese tentat descendere , nemo (2).
Tecum haóita, et noris, quarti sit tibi curta supellex (3) .

La tendencia a lo absoluto , caracteristica de aquella
escuela , se refleja enérgicamente en su nioral , hacia la
cual , corno a un centro , se dirigian todas las otras partes
de su filosofia. El hombre debe buscar el sumo bien en
la virtud, dirigirse a ella con todas sus fuerzás, conocer
las causas de lo que nos rodea , amueblar el e&piritu por
medio de la instrucción, clasificar los deberes y con-
formarle cada uno con la situación en que ha sido colo-
cado (4). Todas estas altas ensenanzas se encuentran
sembradas por Persio en formas de concisión admirable:


(1) Cauto quilata

Tu propio juicio en ti

(2) jNadie dentro de si bajar intenta,
Nadie en verdad

(3) Tu entretanto

Explora tu interior, y confundido
Verás cuán desprovista se halla tu alma.

(4) En el Mánual de Epicteto, 23, se lee este bello pensa-
mi ento: «Ten presente que estas representando la acción teatral
que mejor le parece al director del teatro; está sera breve cuan-
do él quiera que sea breve, y larga cuando asi lo determine; si
él quiere que tft representes a ud pobre. hazlo de buena volun-
tad, y lo mismo si ha/* de hacer el papel de cojo, de principe ó
de hombre privado. A ti sólo toca desempenar bien el que se te
confie; la efección pertenece á otro.»

D. Francisco de Quevedo, en su Doctrina de Epicteto puesta


264 satIbioos latinos.


Est aliquid quo tendi*, et in quod dirigi* aretini .
An passim sequeris corvos testaque lutoque,
Seeurus quo pesferat, atqne ex tempore vivis? (1)!

Disciteque, ó miseri, et e ausa s cognoseite rerum:
iuid sumus, et quidnam victuri gignimur; ordo
}uis datti*, aut mttee quam molli* fiexus, et unde;
)ui* modus argento; quid fas optare; quid asper
Ttile nummu* habet; patria carUque propinqui*
Quantum elargir i deccat) quem te Deus esse
Jussit, et humana qua, parte locatus es in re (2).


enespafiol, con consonantes , ha vertido este pasaje del modo
siguiente:

«No olvides que es comedia nuestra vida,

Y teatro de farsa el mundo todo,
Que muda el aparato por instantes,

Y que todos en él somos farsantes;
Acuérdate que Dios de está comedia,
De argumento tan grande y tan difuso,
E 8 autor que la hizo y la compuso

Al que dio papel breve

Sólo le tocó hacerle corno debe,

Y al que se lo dio largo,

Sólo el hacerle bien dejó á su cargo;

Si te mandó que hicieses

La persona de un pobre , ó de un esciavo ,

De un rey ó de un tullido,

Haz el papel que Dios te ha«repartido,

Fues sólo está á tu cuenta

Hacer con perfección tu personaje,

En obras, en acciones, en lenguaje:

Que al repartir los dichos y papeles,

La representación , ó mucha ó poca,

Sólo al autor de la comedia toca.»

(1) jExiste algún objeto á donde tiendes

Y al que tu arco dirijas ; ó bien sigues
Como inexperto nino á la ventura,
Que á los pájaros tira lodo y tiestos

Y sin saber dó va vive al acaso?


(2) (Miserable mortali el mal futuro

Aprende á prevenir; sabe las causas


Pero ese principio degenerarla bien pronto en un ri-
gor que la razón no puede admitir. Las máxiraas de qua
todas Ias fultas son iguales , de que todos los ignorantea
aon insensatos, repngnan & la naturaleza huniana, niez-
cla capriehosá de bien y de mal, de elevación j de ba-
jeza, que forma el eterno drama de la vida. Horacio, el
poeta del buen sentido, hizo notar con gracia inimitable
el defecto radicai de la doctrina estoica. Sin embargo,
bay algo que cautiva en ese esfuerzo á sobreponerse y
vencer las pasiones , & someterlas al dominio absoluto de
la razón. Persio expone estas ideas con su acoatumbrada
conciaio ii :

!Vil tibi raareimit ratio: digitimi exere, pecca»;
Et quid, tara partita ett? »ed m/Ale thure titabii ,
Ilcsrcat in stultit brevú ut unmnoia reati.
Jiiee miieere ne/ai: nre, qnum sin ceterafoswr,
Trcs tantum ad numero* tatyri mmeare BatkylU (1).


De lo que te rodea; lo que somos;
Con qué objeto a la vida hemoa venido;
Guái ea el orden dado; cuál el punto
Es de partir; con qué esquisto tacto
Hay que dobl&r la meta; cuftl la regia
Pela riqueza ea; lo quedebemos
Deaeat ea la tierra; de qué sirve
El dinero; hasta dónde el sacrificio
La patria y los parientes nos imponen;
Lo que Dioa aer te manda, y en quo par
De la escala social te ha colocado.


; Y qué mas corto/ Mas uingún incienso
De rectitud al necio un punto alegra.
Imposible es mezclar coaas eontrarias,
Y aiendo he cavador, en tu torpeza,
Ejccutur del bailarln Batilo
Tres pasoa nada mas, nunca pudieraa.

Yéase en una nota de la Sátira T la razón que
haber traducido en eatos ténninoa el principio de e


266 batiricos latinos.


De está manera , la moral no queda r ed acida a la es-
fera de especulaciones nietafisicas , propias para alimen-
tar la sutileza de los sabios , sino que pasa á constituir
un arte comphcado y dificil , que comprende y funda to-
dos los actos de la vida:

Tibi reato vivere talo

Ars dedit? et veri speciem- dignoscere calles,
Ne qua subcerato mendosum tinniat atiro?
Qiueque sequenda forent, quaque evitanda vicissim,
Illa prius creta, inox hcec carbone notasti?
JEs modicus voti? presso lare? dulcu amicis?
Jam nunc adstringas,jam nunc granaria laxes;
Inque lutofixnm poscis trascendere nummum,
Nec glutto sorbere salivam Mercurialem?
Ureo rtiea sttnt, teneo, quum vere dixeris, esto
Liberane ac sapiens, pr est oribus ac Jote dextro (1).

La libertad , bajo este punto de vista , no consiste en
el uso de los derechos que las leyes otorgan , ni en seguir
los impulsos de una voluntad desordenada, sino en ejer-
cer dominio absoluto sobre las pasiones , basta el extre-
mo de permanecer frio é impasible ante aquello que mas
balaga la vanidad, el interés, 6 los apetitos sensuales.
Persio quiere que el sabio se mantenga indiferente , sin


(1) /Te ha concedido el arte, por ventura,

Marchar con recto pie? /La efigie bella
De la verdad disti ngues , y al sonido
Del oro, lo que tiene su apari encia?
Las cosas que evitar ó seguir debes
/Has senalado con carbón ó greda?
/Eres modesto en tus deseos? /Vives
En frugai sencillez, y tu alma llena
De dulzura hallan tus amigos? /Sabes
Cenar y abrir á tiempo tus paneras?
;Puedes pasar acaso indiferente
Sin recoger del lodo una moneda,
Y nunca de Mercurio la saliva
Por tus ávidas fauces atraviesa?
Si eres capaz de responder, diciendo
La verdad , que posees tales prendas,
Libre y sabio eres ; que el pretor y Jove
Los votos de tu vida favorezcan.


Persio. 267


inclinarse á recoger del suelo una moneda, corno antes
se ha visto , y que su corazón no se conmueva ni por los
encantos de la belleza, ni por la ambicion del dinero :

Visa est si forte pecunia, sire

Candida vicini subrisit molle puella,
Cor Ubi rite salit? (1).

Ahora bien : £cuál es el origen de está filosofia , que
parece contrariar tan apertamente todos los instintos é
inclinaciones de la naturaleza humana?

D. Francisco de Quevedo, imbuido en las ideas teo-
lógicas de su epoca, cree hallarle en el libro de Job (2).
«La secta de los estoicos, dice, que entre todas las de-
más miro con mejor v?sta á la virtud, y por esto mereci<S
ser llamada seria, varonil y robusta, que tanta vecindad
tiene en la valentia cristiana , y pudiera blasonar paren-
tesco calificado con ella, si no pecara en lo demasiado

de la insensibilidad ; está doctrina tiene hasta hoy el

origen poco caracterizado , no el que merece y la es de-
cente. No pudieron verdades tan desnudas del mundo
cogerse limpias de la tierra y polvo de otra fuente que
de las sagradas letras. Y oso afirmar que se derivan del
libro sagrado de Job, trasladadas en precepto de sus
acciones y palabras literalmente. » Compara luego algu-
nos pasajes de dicho libro con el Manual de Epicteto,
siendo entre otros notables las conocidas de Job: Dios
me lo dio, Dios me lo quita; corno a Dios agradó ) asi se

ha hecho ; sea el nombre del SeRor bendito Juntos vi-

nieron sus ladrones , y se hicieron camino por mi, y cer-
car on en torno mi taberndculo; palabras que, en efecto,


(1) Si acaso ves el oro ,

Si la hermosa muchacha del vecino
Te sonrie, /tu corazón callado
Palpita igual?

(2) Nombre , origen , intento , recomendación y descendencia
de la doctrina estoica.


268 batiricos látinos.


guardan gran semejanza con las siguientes del filósofo
griego: Nunca digas perdi tal cosa, sino restituita: si se
muere tu hijo, no digas perdile, sino paguéle. Robdronte
la heredad, también dirds que la restituiste. Replicards
es ladrón y malo el que te la roba , iqué cuidado tiene 8 tu
del cobrador que envia el acreedor por lo que le debes? (1).

Dificil seria sostener la tesis del sabio escritor espafiol,
sobre todo, en los términos absolutos que la establece;
pero si puede decirse que en el Oriente se conocian y
practicaban esos principios desde una antigúedad muy
remota, aunque envueltos á menudo en cierta atmosfera
mistica propia del genio de aquellos pueblos. En el
Baghavad Gita, bellisimo episodio del Maha-bharata,
traducido al francés por M. H. gauche, se encuentran
estos pensamientos que coinciden en todas sus partes
con el estado a que la doctrina estoica pretende reducir
al sabio:

«Obrar sin pasión, es el mas alto grado de la virtud
humana. El alma independiente de los objetos exteric-
res y libre de su influencia , debe conservar su impertur-
bable sereuidad. Concéntrese y enciérrese en si misma,
corno la tortuga se encierra en su moviole palacio y se
esconde a todas las miradas; obre, pero sin emoción;
que nunca su calma interior se altere ; que está profunda
impasibilidad no se cuide de los acontecimientos exte-
riores , cualquiera que sea su importancia , la violencia ó

el terror de que se circunden El deleite de los sen-

tidos , sus violentas borrascas , azotan el alma f uerte del
sabio sin conmoverla ; nada es capaz de turbarla. Otro
tanto sucede al mar; en vano mil torrentes impetuosos
se precipitan en su seno; el inmenso Oceano permanece
siempre tranquilo y sublime.» Por último, el alma del
sabio es en está teoria «un eremita en nuestro seno;
lampara suspendida de la bóveda de un pacifico palacio,
cuya llama no agita el mas leve soplo».


(1) Pongo estos pasajes tales corno los trae Quevedo.


Persio. 269


De aqui se puede deducir que los principios funda-
mentales de la doctrina estoica son muy anteriores a la
epoca en que se redujeron a sistema por los maestros
del Portico , no siendo exagerado establecer que brotaron
corno una producción espontánea desde que hubo pen-
sadores que , observando las injusticias sociales , las mi-
serias de la yida, los extra vios de la pasión, lo pasajero
j deleznable de los bienes de fortuna , comprendieron
que no era digno del hombre ceder á la seduccion de
los sentidos ni a las flaquezas de que es vfctima el común
de los mortales , sino que debia aspirar a un estado su-
perior , elevándose, por una lucha constante consigo mis-
mo , a las regiones serenas de una razón libre de toda
clase de prejuicios, sometiéndose sin murmurar al orden
fatalmente establecido por la naturaleza , y conservando
en toda su integridad el principio inteligente y libre que
reside en nosotros.

Naturai era que estas ideas, poderosamente forum-
ladas por ciertas almas de extraordinario tempie, per-
maneciendo las mismas en el fondo, cambiasen en
sus caracteres aparentes según la diversa Indole de los
pueblos , la dif erencia de principios especulativos, y el
espiritu dominante en las sociedades conforme al tras-
curso de los anos. Asi es que se nos presentan en la
India rodeadas de las profundisimas abstracciones del
panteismo , acabando por anonadar toda individualidad
en el seno del mas absoluto quietismo (1); en el libro


(1) El célébre episodio del Maha-bharata en que Crisnades-
arrolla á Aryuna la doctrina panteista, da una idea de los ex-
tremos á que arrastra ese sistema, que acaba por el fatalismo
mas completo, absorbiendo en un mundo de abstracciones la
vida y la muerte, el bien y el mal, desapareciendo la actividad
humana, y confundiéndose en el todo absoluto la virtud y el
vicio. «Aquellos cuya muerte lloras, dice, no merecen tu Uanto;
que se viva ó se muera , el hombre cuerdo no tiene lágrimas
para la vida ni para la muerte. No ha habido nunca un tiempo
en que no existiese yo, en que no existieras tu , en que no exis-
tieran esos guerreros ; jamás sonará la hora de nuestra muerte.


270 SAT1RICOS LATIN08.


biblico la noción monoteista da al hombre el senti mie nto
poderoso de su propia conciencia y le sugiere la idea de
responsabilidad moral , creando corno consecaencia nece-
saria un vtnculo religioso ; en Grecia la razón se eman-
cipa de este vincuio y procura realizar por sus solaa
fuerzas la solución del gran problema (1); en Roma, la
vida pública ha modelado hond amente el carácter del
ciudadano, y el politico se descubrirá a menudo al trave s


£1 alma colocada en nuestros cuerpos atraviesa la edad juvenil,
la edad madura, la decrepitud, y pasando á un nuevo cuerpo,
empieza en él una nueva carrera. Un dios indestructible y
.eterno desenvuelve en eus manos el universo , en el cual está-
mos nosotros: y j.quién sera el que anonade el alma que él ha
«reado/ iQuión destruirá la obradel indestructible?

«El cuerpo, frágil estorbo, se altera, se corrompe, perece;
pero el alma, eterna, inconcebible , no perece jamás. Al corn-
iate, pues, oh Aryuna; lanza á la pelea tus corceles. El alma
no mata , ni se mata ; no se deshace ; no muere ; no conoce lo
presente, lo pa3ado, lo porvenir. Es antigua, eterna, siempre
virgen, siempre joven, inmutable, inalterable. Lanzarse á la pe-
lea, dar muerte a los enémigos, no viene a ser mas que dejar un
vestido ó quitarlo de encima & otro que lo lleva.

» Marena, pues, sin miedo; despójate sin escrúpulo de un
traje ya gastado ; mira sin terror á tus enémigos y á tus henna-
nos abandonar su cuerpo caduco y vestir su alma de nueva
forma. El alma es una cosa que no puede herir la espada ni
consumir el f uego ; que las aguas son incapaces de corromper,
que el viento de Mediodla no marchi ta : cesa, pues , de gemir.»

(1) Las doctrinas de los estoicos sobre el alma y sobre la
Divinidad eran muy variadas. «En general , dice Perreau, no
-distingulan bastante de la materia la causa inmaterial, infinita,
absoluta; en general, eran panteútas; pero el panteismo de los
unos los llevaba de la consideración de las fuerzas que rigen y
man tienen el universo a la religión positiva, y acababa por
confundirse con ella; mientras que el de los otros tendia á des-
prenderse mas y mas de las creencias de la tierra para elevarse
a la noción pura de la omnipotencia que abraza el espacio y el
tiempo. En fin, en un gran n Ameró de ellos, el sentimi ento re-
ligioso se reducia á una f uerte resignación á las leyes inmuta-
bles de la naturaleza que llamaban el orden y de que no reco-
nocian mas causa final que el destino. Los primeros se acercaban
al politeismo; los segundos eran verdaderos deista*; los últimos
se parecian mucho á los llamados ateos.n


PERSIO. 271


del filosofo (1); y, mas tarde, la reacción proelucida por
las ideas cristianas en medio de la corrupción del Imperio,
fundirá en el gran molde de la civilización romana las
abstracciones orientales y el individualismo de los bárba-
ros, acabando por engendrar el misticismo contemplativo
y la resignación de los monjes y de los mártires (2).


(1) «Algunos romanos, dice el autor antes citado, trataron
de crear una fuerza moral que pudiese regenerar las almas, y
una opinion pública capaz de luchar con el despotismo: eran
los deacendientes de la antigua aristocracia. Debilitada por las
guerras civiles y las_proscripciones, reducida al silencio ó á la
adulación en tiempo de Augusto y de Tiberio, consternada por
los furores de Cayo corno el resto de lanación, levantó lacabeza
bajo el reinado de Claudio y eri los primeros anos del de Nerón.
Los excesos de un gobierno de espionaje y deterror, los recuer-
dos todavia poderosos de las virtudes republicanas, y en fin, la
llegada de algunos hombres honrados á los altos puestos, le ha-
bian devuelto la esperanza, y hallo en la doctrina del Portico
una nueva energia. Está doctrina generosa y audaz, que con-
vierte al hombre en atleta luchando contra el destino, convenia
& sus virtudes y a sus desgracias , y se apoderó ávidamente de
sua principios derramándolos en una multitud de obras; lleván-
dolos a la vida pública y á lavida privada, á la ciudad, al
campo, al foro, al ejército, al Senado, á la corte. Seneca y Cor-
nuto fueron susprincipalesdoctores; Persio, Cesio I>aso, Lucano
y Juvenal, sus poetas mas célebres; Burrho, Corbulón, H< lvidio
Prisco, Herenio Seneción y algunos otros, sus héroes y sus már-
tires. Mujeres ilustres la honraron con sus escritos y con su
vida; el carácter romano recobró por ella la dignidad; el elogio
de Catón se hizo texto de moda, y otro Catón, Traseas, formó
en derredor de su grande alma una vali ente oposición. Su si-
lencio , su mismo retraimiento fueron una censura de los cri-
menes del poder, y la ef usión de su sangre una libación á Jú-
piter Libertador.»

(2) Quevedo, en la obra que dejamos citada, trae el curioso
pasaje siguiente: «Su descendencia y genealogia (de la escuela
estoica) empieza en el origén de los cinicos en Zenón , prosigue
en Cleantes, Chrysipo, Zenón Sidonio, Diógenes, llamado Ba-
bilónico, Antipatro, Panecio, Posidonio, Perseo, Grillo , Aristo-
dechio, Athenodoro, Esfero, Zenpdoro, Apolonio, Asclepiodoro,
Archidemo ó Arched y Sotión. A la doctrina estoica anade la
fuente de las ciencias Homero; Seneca, siendo estoico, les negó
está honra y principio en la epistola 88, y con las propias razo-
nes que se le niega, se le debe conceder; no fué en Seneca en-


27'* 8ATIR1C0S LATINOS.


E sto explica el carácter de las satiras de Persio: el
poeta filósofo no se contenta con establecer los princi-
pios de la moral estoica, no se limita a dar reglas de
conducta privada, sino que hace recaer el látigo de su
indignación sobre todos los vicios sociales que le rodea-
ban; censura los extravios literarios en que habian caldo
los romanos de su tiempo ; desciende a los mas bondos


Tidiaculpable, fué severidad celosa. Sócrates no fué estoico,
empero la doc trina estoica fué de Sócrates; lo propio digode
Sóiocles y Demóstenes, de ninguno con mas razón que de Sofo-
clea. Filón se confiesa estoico con el libro Todo sabio es libre.
Platon no se puede negar que fué estoico , si lo profesan sns
obras. Entre los romanos lo fueron los Tuberones, los Catones,
los Varrones, Traseas, Peto, Helvidio Prisco, Rubelio, Plinio y
Tácito, y Marco Antonio, emperador, y todos los que Sexto
Empirico cuenta. Fué estóico Virgilio , y siguió la apatia, corno
expresamente lo ensena en el segundo libro de las Oeórgicas:
Kegue ille, a ut doluit miserati* inopem, aut invidit habenti.
Hubo algunos cristianos en la antigiiedad que sintieron bien
de los estóieos; de éstos fué Arnobio, y mas afecto Tertuliano,
y el grande Panteno, doctor de Alexandria en las cosas sagra-
das. Dicelo San Jerónimo: Panteno* filósofo de la seda estoica,
fué enviado a la India, por la grande gloria de tu erudición t
á predicar a Cristo á los Brahmanes y á los filósofo* de aque-
llas gente*. Autorizó la doctrina estoica Clemente Alejandrino,
corno se conoce leyendo sus admirables escritos. San Jerónimo,
sobre Isaias, cap. xx, los califica con estas palabras: Los estoioos
en muchas cosas concuerdan con finestra doctrina. Li psio afiade
para lustre en nuestros tiempos de los estoicos, á San Carlos
Borromeo, si bien fué mas que estoico, pues no cabe en la doc-
trina suya lo que cupo en su santidad cristiana. Yo anado al
beato Francisco de Sales, pues en su introducción a la vida de-
vota, expresamente incluye el Marmai de Epicteto , corno se
conoce en los capitulos de la humildad. Anado á Justo Lipsio:
fué cristiano estoico, fué deiensor de los estoicos, fué maestro
de está doctrina. El doctor Francisco Sánchez de las Brozas,
blasón de Espana en la Universidad de Salamanca, se precia de
estoico; en el comento que hizo al capitulo vi de Epicteto, él
lo dijo. Yo no me atrevo á referir sus palabras; yo no tengo su-
fici encia de estoico, mas tengo aflción á los estoicos: hame asis-
tido su doctrina por guia en las dudas, por Consuelo en los tra-
bajos, por defensa en las persecuciones que tanta parte han
poseido de mi vida. Yo he tenido su doctrina por estudio conti-
nuo; no sé si ella ha tenido en mi buen estudiante.»


Persio. 273


repliegues del corazón humano para herir el monstruo de
la superstición en sus prácticas pueriles y en sus sacrifi-
cios interesados; censura el orgullo de los grandes fun-
dado en sus riquezas y en su noble prosapia; pone en
toda su desnudez la preocupación patriótica que bacia
gala de despreciar la filosofia y la cultura de los griegos,
y seiiala las consecuencias de la codicia que ahoga todos
los sentimientos de religión y de humanidad.

Nerón era, propiamente hablando, la sintesis de ese
cúmulo de vicios y de errores bajo el cual yacia agobiada
la sociedad romana ; aquel personale f ué , pues , el bianco
de las iras del satirico estoico , quien le analiza en todas
sus faces , presentando sucesivamente sus ridiculas pre-
tensiones literarias, la torpe relajación de sus costumbres,
los groseros pasatiempos a que se abandonaba en sus
correrias nocturnas , su inexperiencia politica y la afición
que mostro siempre de halagar las pasiones del mas vii
populacho. La honda indignación que hervia en el fondo
de aquella alma virtuosa, ante el espectáculo abominable
que daba al mundo el Jefe del Imperio, se revela y pal-
pita , por decirlo asi , desde la primera hasta la última
palabra de esas sátiras, en que recorre todos los tonos,
pasando sin transición desde las alturas de lo sublime
hasta la injuria sangrienta , hasta la obscenidad repug-
nante, no vacilando en descorrer el velo para ofrecer a
los ojos asombrados de la posteridad la imagen energi-
camente trazada de los vicios infames que deshonraban
la púrpura imperiai.

En medio de esa especie de febril arrebato, que con-
denarán los que confunden la bella unidad que debe
reinar en una obra literaria con la uniformidad simétrica
de la palabra y de la idea, Persio se mantiene siempre
fiel a la causa que proclama y defiende; el poeta no se
olvida un solo momento del filosofo; las mas altas lec-
ciones del estoicismo se deslizan en sentencias concisas,
que han liegado a ser frases proverbiales, salvando, con
ese privilegio propio sólo del genio, los limites del tiempo,

18


274 FAT1RIC08 LATINOS.


para con ver tir se en el censor de los vicios que en todas
las epoca s han deshonrado y desbonran a la humanidad.
Nadie ha pintado tal vez con mas sombrios colores
los remordimientos del tirano: el castigo mas terrible
que para él pide al Supremo Hacedor, va* á buscarlo en
la misma conciencia del malvado , que en el silencio de la
nocbe se encuentra frente a frente con sus iniquidades,
y tremalo, agitado, presa de las mas borribles angastias,
contempla las bellezas inefables de la virtud abandonada,
se siente irresistiblemente arrastrado al fondo de un
abismo en donde no esiste el Consuelo de la esperanza,
mientras que su esposa descansa tranquila a su lado,
ignorando los crueles tormentos que despedazan el alma
del reprobo. La belleza literaria se une aqui al mas te-
rrible realismo, los contrastes aparecen corno los toques
de una luz vivisima en un fondo de tinieblas, de donde
se destaca algo monstruoso que laimaginación se esfuerza
en vano por querer abarcar:

((Magne pater Divum, scevos punire tyrannos
Haud alia r attorie veli 9, quum dira libido
Moverit ingenium, ferventi tincta veneno:
Virtutem videant , intabescantque relieta!
Anne magie Siculis gemuerunt cera juvenci,
Aut magie auratis pendens laquearibus enfi*
Purpurea» subter cervices terriiit, IMUS,
Imus PB-EOIPITES, giiam si sibi dicat, et intus
Palleat infelix i quod proxima nesciat uxor? (1).


(1) jGran Padre de los Dioses! al tirano

Que la cruel pasión que en su alma hierve
Suefia satisfacer, no de otro modo
Le castigues que Tea abandonada
La virtud y de angustia se consuma.
iAcaso eran mas hondos los gemidos
Del toro siciliano, mas tremenda
Pendi ente espada de artesón dorado
Sobre real cerviz, que estas palabras:
Corro al abismo en el silencio dichas;

Y las angustias que su pecho turban

Y no conoce la cercana esposa?


Persio. 275


Por lo demás , los asuntos que Persio trató en bus sá-
tiras revelan al filosofo práctico, pudiendo decirse que
«al trave s del estoico se descabre el sentido positivo del
romano , y mas todavia , al hombre de alta inteligencia y
de corazón recto que formula los preceptos de una ino-
rai universal , cuyo rigor, excesivo si se quiere , supera las
f uerzas del común de los mortales , pero que no por eso
dejan de fundarse en las verdades mas transcendentales
<que ha Uagado a alcanzar la conciencia humana. Por un
-enlace perfectamente logico, Persio comienza por esta-
blecer la libertad en el dominio de las propias pásiones,
pues el hombre no se podrá considerar libre mientras
esté sujeto á esa multitud de tiranos ocultos que le arras-
tran en las mas opuestas direcciones.

An dominum ignora» , nini quem xindicta reiaxaV. (1)


.... « Sed 8i infvs, et injecore cegro

Nascantur domini; qui tu impunitio nexis,

Atque Me quem, ad strigiles scutica et metus egibilierilit? (2).

Está doctrina, de exactitud innegable, da motivo al
bellfsimo pasaje (3) en que, personificando la avaricia y
la molicie, presenta al hombre en lucha consigo mismo,
pues a la vez que siente el deseo inmoderado de adquirir
riquezas, la inclinación al reposo y al piacer le mantiene
en una vacilación dolorosa, y jqué hacer en semejante
caso?


(1) jOtro seSor no tiene? que aquel sólo
De quien la vara del pretor te suelta?

(2) Pero si acaso mil senores nacen
Alla en el interior de tu alma enf erma,
/,Te reputas mas libre que el esciavo
Que del sefior ante el azote tiembla.'

\

(3) Sát. v, v. 133 y sig.


276 sátiricos látinos.


En quid agis? duplici in diversum scindevi* hamo:
Hnnccine, an hunc sequerisi subeas alternus oportet
Ancipiti obsequio dominos, alternus óberres.
Kec tu, quum obstiteris semel, instantique negaris
Parere imperio , rupi jam rincula dicas.
Nam et luctata canis nodum abripit: attamen itti ,
Quumfugit , a collo trahitur pars longa catence (1).

Con rasgos no menos atrevidos pasa en revista el amor y
la ambición politica , la super stición,, para dedncir que la
libertad piena consiste en no ceder en un solo punto a*
las diversas pasiones que agitan el corazon humano:

Hie, Me , qnem qvterimus , Aie est;

Non, in festuca, Victor quarti jactat ineptus (2).

Este combate interior a que el hombre se ve sujeto»
durante el curso de su vida, y del cual debe el sabio pro-
curar emanciparse, que es en lo que consiste el gran se-
creto de la filosofia, forma el pensamiento dominante de
Persio; porque, efecti va mente, en vano se buscará la
virilidad de caracter que distingue al ciudadano virtuoso-
en un alma sometida á las influencias halagiieiSas 6 ame-
nazantes del mundo exterior, ó bien a las pasiones des-
ordenadas que arrastran a los excesos de una verdadera
demencia.


(1) Mas jqué haces? te atrae un doble anzuelo
En direcciones á la vez opuestas.

jCuál de ambos seguirás? Es necesario
Que de los dos seflores obedezeas
A su turno el mandato, y que a su turno
Bajo el influjo de los dos te muevas.
Ni digas, si una vez has resistido,
Y á obedecer esa pasión te niegas.
Qae rompiste los vinculos: el perro
Lucha tarabién por libertarse, y quiebra
Un eslabón; pero al huir arrastra
Pendiente de su cuello la cadena.

(2) Áqui está el hombre libre que buscamoej
No en la varilla que el lictor menea.


Persio. 277


Alges, quum excussit membri* tremor albi/s arista»;
Aunc face suppositafervescit sanguis, et ira
Scintillant oculi: diclsqne, facisgue, quod ipse
Non sani esse hominis non sanusjuret Orestes (1).

En suina, puede decirse que en la obra de Persio hay
<los corrientes de ideas que se desarrollan paralelamente :
la critica acerba de los vicios abominables que infesta-
ban la sociedad en que vivia, y la exposición de una
inorai sublime, cuya belleza deslunibradora aparece en
magnifico contraste con los cuadros de la mi s repug-
nante realidad. Este es, sin duci a, el indisputable merito
<que le ha conquistado la admiración de tan larga serie
de generaciones , y que hace que se lean y estudien toda-
via esas satiras en que personas de los paises mas dife-
rentes se identifican en pensamiento con el filosofo de
Volaterras, cuya figura aparece entre los mas grandes
moralistas de la antigua Roma.

E sto explica tambien la multitud de traducciones que
ee han hecho de Persio en alemán , en polaco , en dané§,
-en italiano, en inglés y en casi todas las lenguas de
Europa, contándose sólo en francés de veinte a veinti-
-cinco , tanto en prosa corno en verso , de las cuales cinco
han aparecido desde principios del siglo presente y, ocho
•ó diez en el último, y otras tantas durante los dos siglos
.anteriores.

En cuanto al espanol, no conozco ninguna traducción
completa de Persio, y únicamente he sabido, por D. Ni-
colas Antonio, que Bartolomé Melgarejo hizo este tra-
bajo adornandolo con escolios; pero pareoe que no fué
dado a la estampa , según se deduce de las palabras de


(1) "Unas veces te hielas, cuando el miedo

El vello todo de tu cuerpo eriza;
Otras la sangre tu sembiante enciende
Cuando la ira en tus ojos centellea,
Y dices y haces lo que Orestes* mismo
En medio á su demencia jnraria
Que era propio tan sólo de un demente.


278 rat/ricos latinos.


aquel infatigable erudito (1). Sé también que se atribuye
otra traducción del satirico latino á D. Antonio Gon-
zález de Salas, de la cual no tengo mas noticia que la
siguiente, que me fué comunicada por mi distinguidc*
amigo el Sr. Lic. D. Ezequiel Montes:

Giuseppe Pomba publicó en la ciudsd de Turin una
colección de clásicos latinos , y en el afio de 1 833 le tocd
su turno á Marco Valerio Marciai. En el tomo i hay
una noticia de las ediciones del poeta epigramático , y
en la página 55 se lee lo siguiente : '(Marciai Redivivo r
Hispanice, Bilbilitani nostri poeta; hic interpres est Don
Antonio Gonzalez de Salas , Hispanus. Non vertit omnia
Martialis, sed ea tantum qua risa sunt prmstantiora. Idem
est cui tribuitur versio Persii in lingua castellana, et qui
publicavit Parnaso de Quevedo. Ensayo de una Biblio-
teca de Traductores E8pa£oles , etc, pág. 100.»

Ahora , cuándo y en dónde se haya publicado esa tra-
ducción, son cosas que ignoro absolutamente. Gonzalez.
de Salas, amigo de Quevedo, hizo la primera edición de
las poesias de éste en 1648, y por las ilustraciones y dis-
cursos de que las acompanó , se ve que estaba muy f a-
miliarizado con Persio. En la disertación compendiosa
de que hizo preceder el Sermón estoico y Epistola sati-
rica y censoria , contenidos en Polymnia, musa segunda*
se halla el siguiente pasaje, que parece aclarar está
cuestión:

«La inadvertencia de estas distinciones ha ocasionada
a varones gr&ndes que cayesen en absurdos no pequefios
cerca de está parte de la poética antigua , corno yo ad-


(1) He aqul las palabras de D. Nicolas Antonio (Bibl. Hisp*
Nova): aBa-tolorn&us Melgarejo, Toletanus, Ilispane inter-
pretatus est , scholiisque a'dornavit. Las satiras de Aulo Per-
sio. M. SS. infoilo vidit B. Thomas Thmajus.V)

El Sr. Garcia Icasbalceta, en su precioso libro intitulado
Mexico en 3554, pág. 10, duda si este Melgarejo es el doctor
que con el mismo nombre y apellido aparece corno catedratico
de Derecho, entre los primeros catedraticos que hubo en la Uni-
versidad de Mexico, al f undarse solemnemente en 1563.


t


PBRSio. 279

vierto en lugar oportuno, haciende* disertación previa &
la sátira tercera de Persio, que volvi en numeros caste-
llanos , que si algo en eso jo puedo jozgar , podria ser mi
primera presnneio'n en las traducciones de poeta*: v con
euja insinoación ingenua 7 amigable volvió - nr.
Francisco en rhitftmos seinejantcs la segund
mo Persio, que boy esconde igualmente, ce
otras poesfas , mano inietta ; envidiosa.»

De aqnl se deduce que hasta esa época,
(1648), González de Salas sólo nabla traducili
tercera de nnestro poeta, no babiéndome si
averigaar si posteriormente hizo la traducefór
de todas ellas. En ese pasaje se re también q
do tradnjo la sátira segunda, trabajo euya
lamentata sa entusiasta amigo, j que baste
ha visto la luz pública (1).

Qnevedo, en efecto, es el eseritor espafiol
ha estudiado mas á Persio, lo caal se descul
muchos pasajes iraitados j traducidos, de que
nocer los mas notables en las notas á las sa tir
t seganda, asi comó por los muebos penst
locnciones del satirico latino que se ballan
en las obras del poeta espaBol. En la sola Ep
riva se notan las siguicntes remioiscencias:


SI) Debo ftdvertir aqui que D. Nicolas Antonio, e
ativo á González de Salas, no hace mención
die ha tradueciuii.

(2) Quid aiper

Utile rawmmv» habrt.— Bit. rrr.

(3)


280 satIricos latino*».


A la seda pomposa siciliana

Que muncnó ard'unte murice (1)

Siendo de notar que tal vez al estudio constante del
poeta latino bay que atribuir en parte la audacia de es-
tilo que sorprende en el escritor espanol , cuyas metáfo-
ras raras y violentas le hacen con frecuencia obsouro y
enigmático.

Aqui hay que observar tatnbién , que por la noticia qne
nos da, González de Salas, y por la mayor parte de los
pasajes iinitados, se ve la predilección de Quevedo á la
sátira segunda de Persio. El odio que profesaba á los
hipócritas el satirico espafiol explica suficientemente esto,
de que hallamos varias pruebas.

En el opúsculo intitulado La Cuna y la Sepultura,
cap. iv, se lee lo siguiente: «Lástima tengo á la ninez
que gastas en estudios menos provechosos que los ju-
guetes y dijes, porque éstos divierten y entretienen, y
aquéllos embarazan y persuaden á lo que después no
adniite sin gran dificultad desengaiio. Quien te ve fati-
gar en silogismos y demostraciones, no pudiendo, si no
eres matemático , hacer alguna ; fatigarte en lógicas mal
dispuestas y menos importantes ; y en filosofia naturai
(asi la Uaman ellos, siendo fantástica y sonada); y en
las burlas de que se rie Persio cuando dice que <randan
»los afanosos Solones cabizbajos, horadando el suelo con
3>los ojos, royendo entre si con niurmurio rabiosos silen-
i>cios , pesando con hocico las palabras , meditando sue-
3>nos de enfermo de muchos dias, corno si dijésemos: De
3>nada se engendra nada ; en nada, nada se puede volver.
ajPor esto amarilleas? jEsto es por lo que alguno no
acome? Estos son (dice Persio) los que rie el pueblo.»
Y yo te digo que est os son los que hoy estima, y los que
debia despreciar .i>

Este último rasgo pinta la indignación que rcbosaba


(1) Et caiabrvm eexit vitiato murice vellvs. — Sát. II.


PERSIO. 281


el alma del filósofo en medio de una sociedad pedantesca
4 hipócrita. Bueno es advertir, por otra parte, que el
discurso que traduce Quevedo y que se encuentra en la
sátira tercera, tiene una intención muy distinta de )a que
le presta el autor de La Cuna y el Sepulcro. Persio pone
tales palabras en boca de uno de esos centuriones igno-
ranza y groseros, de gente hircosa, tipos acabados de la
fuerza brutal, que aparecen en las sátiras corno repre-
sentantes de la imbecilidad engreida que burla y escar-
nece todo lo que no entra en el estrecho clrculo de su
obtuso sensualismo. Quevedo no podia ignorar esto; pero
qui so indudablemente aprovechar el retrato con tan fuerte
colorido trazado, para aplicarle a caracteres que nunca
han escaseado, sobre todo en las sociedades dominadas
por la intolerancia y la soberbia de una falsa filosofia.

Todavia en otra parte (1) se descubre este aborreci-
miento de Quevedo a la superstición y a la bipocresia,
yicios repugnantes con los cuales era imposible que ha-
llase su grande alma ningún genero de simpatia. «Pecar
y alabar a Dios en el corazón, dice, entre los pecados es
€l mas frecuente , porque apenas hay pecado sin él ; y oso
decir que en este pecan los demás pecados. Hállase del
poco con este nombre, porque es tan interior y entra-
fiado en el hombre, que sólo el corazón y Dios, que le
descifra, saben del. Ninguno le oye de otro, y pocos no

le atienden en si Pecar v alabar a Dios, es no cono-

cer á Dios ni al pecado.» Cita luego el pasaje que en la
sátira segundacomienza:

Illa sihi intronimi , et sub lingua inmurmurat, etc,

y anade: «Nada le quedó por decir á Persio, ni pudo
encender mas la reprebensión celo gentil. Cuatro dife-
rencias de este genero de pecar describió, y el cuidado
religioso con que se preparaba para agradar a Dios. Se-


(1) La constancia y paciencia del Santo Job en sus perdio
dasj enfermedade8 y persecuciones.


282 PATIRICOS LATIN09.


veramente te pregunta: «iQué sientes de Dios cu andó
»esto haces y dices, siendo maldades tan execrables, que
»si las dijeras a Stayo , que f ué el peor de los hombref,
aclamara á Dios? Y dudas que Dios, con quien lo obras
Dy a quien lo dices, dame a si misrao?»

Finalmente, censurando los votos interesados que f or-
man la mas repugnante manifestación del espiritu su-
persticioso, dice Quevedo (1): «Los gentiles alcanzaron
está verdad , y reprehendieron por descortés este modo
de interesar los dioses para alcanzar su favor con dádi-
vas. Con suma elegancia lo dijo Persio, Sátira n:

Non tu prece pqscit emaci,

»Nadie de aquel tiempo dijo tanto y tan bien en una
palabra , y mas á nuestro proposito : «No pidas tii con
»ruego comprador.» Este genero de ruegos logreros son
buenos para los hombres , no para Dios ni para los san-
tos. Honrarlos á ellos con dones y sacrificios, servir á
la majestad de Dios con todo, es debido, es justo; mas
decir & Dios: «Senor, concederne esto y haréte un tem-
pio» , mas tiene esto de negociación interesada que de
ruego. Y entender que los santos si no les dan no inter-
ceden , impiedad es. Hablando con este que tal presume
de los bienaventurados , dice:

De Jove quid sentisi

y>lQué sientes de Dios? Qué opinion tienes del? Y
mas abajo, mas claro:

..... aut quidnam est, qua tu mercede Deorum
JSnieris auricvlas pulmone , et lactibus unctú?

«Dime (replica Persio) , icon qué mercedes ó dádivas
3>compras las orejas de los dioses, con pulmones y en-


(1) Su espada por Santiago, Memorial dirigido á Felipe IV
el 4 de Mayo de 1628 , con motivo de la célébre disputa sobre el
compatronato de Santiago y Santa Teresa de Jesus.


PERSIO. 28S


atranas y otras ofrendas?» Bien dice Persio lo mal he-
cho de aquellos que comprali las orejas de los santos con
dadi va s y otras ofrendas.»

Las ideas filosóficas de Quevedo, que, corno se ha vis-
to, confesaba pertenecer a la escuela estoica, explican
suficientemente está predilección por el jepresentante
mas caracterizado de dicha escuela entre los poetas lati-
nos. Las citas hechas prueban, por otra parte, que tal
vez ninguno entre los literatos espanoles le habria tra-
ducido mejor. Penetrando en los secretos de su estilo,
reviste su pensamiento con la misma frase osada y pin-
toresca que en vano han pretendido imitar pus numero-
sos intérpretes, y esto hace lamentar la pérdida de la
versión de la sátira segunda a que se refiere González
de Salas, y mas aun que no hubiere ejecutado el pensa-
dor espafiol una traducción completa del satirico latino.

Vengamos ahora al trabajo que forma el objeto de la
presente publicación. Hace algunos afios que, prendado
de las altas dotes de Persio comó poeta y especialmente
corno filosofo, emprendi la traducción en verso castellana
de la sátira segunda, que tras una corrección detenida
di á luz en las columnas de El Siglo XIX, de que era
entonces redactor en jefe. Mi ilustrado amigo, el senor
Lic. D. Ezequiel Montes, uno de nuestros mejores lati-
nistas, apasionado por Persio, de quien ha hecho un es-
tudio cspecial, calificó favorablemente mi trabajo y me
animo á que emprendiese la traducción completa del
poeta satirico. E l-voto de persona tan entendida y mi
amor por está clase de estudios, me decidieron á empe-
fiarmo en una obra cuyas inmensas dificultades no me
eran desconocidas , pero á la que pude dar cima después
de algún tiempo de paciente laboriosidad. Asi permane-
ció varios afios entre mis papeles , hasta que un dia hable
incidentalmente de e'I en presencia del Sr. D. Trinidad
Garda, secretario de Hacienda en el Gobierno de la
Republica, y este senor manifestó el deseo de que se diese
a la estampa á sus expensas, acto de noble desinterés


284 SATJR100S LATIN'.*.


qae me bonro en consigliar aqui, pues sin él es probable
qae el manascrito babria qaedado sin ver la lnz, por no
hallarme en estado de emprender los gastos de nna pu-
blicación qae está destinada a circolar entre nn número
barto reducido de personas.

May lejos estoy de creer qae mi tradacción sea nna
obra acabada ; a las dificultades generales inberentes a
está clase de trabajos, hay otras propias del genero y
estilo de Persio qae bacen sa perfecta tradocción poco
menos qae imposible (1). Ned a presuncicn seria en mi
el creer qae babiese podido realizar lo qae no ba sido
dado basta abora á ningun ingenio : qae babiese ballado
el secreto de expresar en naestra lengna esa prodigiosa
concisión de an poeta qae, segua dice Boilean, encierra
mas pensamientos qae palabras (2), y esto caando, segun
se ba visto, no be tenido á quien seguir en tan ardua
em presa, pues si Horacio, Virgilio y otros poetas clási-
cos ban ballado tantos traductores é imitadores en el
vasto campo de la literatura espafiola , Persio no ha te-
nido lá misma fortuna por causas que seria ocioso in-
dagar (3).


(1) El siguiente pasaje de Perreau, en que no hay nada de
exagerado, da una idea de estas dificultades:

a Oh fait et Von refait sans cesse, depuis troia centi ans, des
tradvctions, des imitations de Perse, sans que Von soit arriré,
jusq 1 ápresent, á quelque elione qui represente atee verité cet
auteur. Ni la rersification, ni la prose d'acune langue, riont pu
saisir encore cette oizarre physionomie: on rien retrovie le ea-
ractere ni dans lefrangais de nos tradueteurSj ni dans les essais
variés des traducteurs du Nord; Dryden et Monti eux-mémes,
atee tonte Vaudace et la souplesse de ieur talent et de levrs id'to-
wes, ne Vont quHmpar/aitement saisie, et nutre Boileau, dans set
imitations, est reste bien loin de la rajfidité énergique de son nio-
dcle. Ily a desauteurs qu'un? traduction ne rendrajamais »

(2) Perse cn ses vers obscurs, mais serrés et pressa nts,
Affecte d'enfermer moins de inots que de gens.

(3) La buena traducción é interpretación de los clásicos sólo
puede sor el resultado de una larga serie de trabajos é investi-


Persio. 285


Mis pretensiones son mas moderadas; yo he procurado
en lo posible acercarmc al originai, expresar con fide-
lidad el pensamiento de Persio, buscar en los pasajes-
obscurós la interpretación que me ha parecido mas plau-
sible entre los varios comentadores que he tenido á la
mano, buscar la forma de una frase análoga en cu anta
lo consiente la indole de nuestro idioma, emplear la*
mismas metáforas y aun usar de palabras peregrinas ai
castellano, en vez de apelar al recurso de la perifrasi»
cuando se trataba de expresar una idea para la cual no-
existe el vocablo respectivo; en suma, he querido hacer
una obra espanola, conservandole la fi sonomia y carácter
del poeta latino.

Basta sólo anunciar el pensamiento para comprender
la gran dificnltad de su desempeno: desde luego no to-
dos los pasajes se prestan a esa versión literal, Uamé-
mosla asi , pues por rica que sea nuestra sintaxis , no e&
posible llegar al grado de soltura y libertad que posee la,
latina. Además, frases que en el idioma de Persio sue-
nanbien, traidas al nuestro quedan desapacibles y du-
ras, sin mencionar aquellas expresiones que por dema-
siado bajas y groseras no se podrian soportar en un libro-


gaciones que se ligan en parte con el progreso de las lenguas
y que se escapan por lo mismo a los esfuerzos de una sola inte-
ligencia. Á est e propósito, y hablando de nuestro poeta, dice
Perreau lo siguiente, que me parece de todo punto exacto:

« A mesure que les travavx sur les textes se multiplient y que
les connaissances sur Vantiquité s'étendent , et que nos langues
deviennent plus riches et plus Jiexibles, il est possibili de rappro-
cker insensiblement davantage des originaux les imitations. Ori
remarque dans les t rad net ioni de Virgile une amélioration pro-
gressive; on j)eut f aire la mems obserration sur celles de Perse,
Ainsi, les rers de Foulon, qui datevi, de 1544, ne valent pas ceux
de le Noble, qui sont du commencement du dix-huit térne siéele t
ni ceux-oi eeux d'un traducteur , notre contemporain. De meme
pour la prose, Durand le céde á Marolles, Uarolles á Tarteron,
Tarteron a Lemonnier et á Sélis. (Test que Vart de traduire va se
perfectionnant , et que dans ce genre, toutes chosses égales d'ai'
UeurSf les derniers venus out nécessairement Vavantage.))


286 SATlfilCOS LATIKOS,

castellano. Asi es que he tenido que seguir un doble ca-
mino, permitaseme la expresión, pues onas veces me he
apegado de tal manera al texto , que creo que en prosa
no habria podido ser mas fiel , mientras que otras, obe-
" ndo a exigencias meludibles, me he visto en la ne-
ad de amplificar la frase, procurando en todos casos
iducir en error a los lectores desprevenidos.
bora, si he conseguido mi objeto , si he llegado a dar
traducción esa homogeneidad de estilo de que no
isible prescindir en una obra Literaria , son cosas que
al juicio de las personas doctas, que, pulsando las
iltades de la empresa, verán con benevolencia los
tos en que hava incurrido. Por lo demás, me creeró
entemente recompensado si logro atraer la aten-
de nuestros jóveues literatos al estudio de los clási-
intiguos, cuyas bellezas imperecederas , qiie sirven
paje á las mas altas lecciones filosóficas , contribu-
i inspirar esas grandes virtudes que tanto admira-
en la antiguedad , y que tanto se necesitan en una
i en que parece descender mas y rais el nivel morsi,
pulsos de sistemai desastrosos que olvidan lo qne
trascenderai en el hombre , sus destinos corno cria-
inteligente y libre. Mucho celebrare' que plumas
r cortadas que la mia vengati mas tarde á enrique-
uestra literatura 'con 'nuevos ensayos de traduccio-
ie un poeta que no se puede leer sin sentirse atraido
1 amor y el respeto , pues corno dice , hablando de e'1
Lucrecio, el autor que tantas veces he citado (1):
y a point de poétes dans l'antiqaite', qui par la nobte
on du bien public, aient mieux meriti de la posteritá.


PROLOGO.


Del alado corcel nunca á la fuente
He acercado mis labios (1) , ni recuerdo
Sobre la doble cima del Parnaso
Haber sofiado para alzarme luego
Hecho poeta (2). De Helicón las hijas ,


(1) En este prólogo finge Persio deprimirse á si mismo para
burlarse de los malos poetas de su tiempo y de los motivos que
les hacian escribir. Esto explica el empieo de ciertas palabras
y figuras impropias de un estilo elevaao , corno lo indica en el
primer verso el adjetivo cdballino aplicado á la fuente Hipo-
crene. Este verso expresarla mejor la niente dei autor, traslu-
cido de este modo:

Nunca mis labios acerqué á la fu-ente
Del cuadrupedo alado, ni recuerdo, etc,

El uso del prólogo era muy común en los escritores antiguos
corno consta de Estacio, Claudiano, etc.

(2) Varios comentadores suponen que aqui se refiere Persio
á Enio, quien pretendia que el alma de H omero habia pasado á
él, dando por prueba que asi lo habia sofiado en el Parnaso.
Perreau liga la locución con la creencia que tenian los antiguos
de que la divinidad se comunica con el hombre en Buenos, por
lo cual iban a buscarlos en los templos y lugares sagrados, na-
ciendo con este fin, preces y ricas ofrendas. En la Sátira segun-
da se encuentra una alusión a está costumbre.


2B8 SAT1R100S LATIN0S.


Xa pálida Pirene (1) a aquellos dejo

Cuyas efigies la flexible yedra

Acaricia. También traigo mis versos,

Aunque semipagano, de los vates

Al tempio sacro (2). Quién consigue diestro

La lengua desatar del papagayo?

A las urracas el humano acento

Quie'n enseno a imitar? jQuién su saludo

Ronco al cuervo decir hizo otro tierapo? (3)

El hambre sólo, preceptora sabia,

Qae logra dar el arte y el ingenio


(1) Pirene, nombre de una fuente situada cerca de Corinto
y consagrada á las Musas. Elitre las varias tradici ones sobre el
origen de está fuente , hay una refenda por Pausanias , según
lacual, Pirene f ué una ninfa que lloró tanto la muerte de su
hija, que los dioses, movidos á compasión, la convirtieron en
fuente. El adjetivo «pálida» puede referirse a la aflicción de la
ninfa , aunque varios comentadores suponen que se ha querido
significar la palidez producida por el estudio.

(2) Se ha creido generalmente que este pasaje se refiere al
tempio que Augusto dedicó a A polo en el Monte Palatino, agre-
gánaole una biblioteca adornada con los bustos de los grandes
escritores. Don José Gerardo de Hervás usó la palabra s&mi-
pagano en su célébre sátira publicada bajo el pseudónimo" de
Jorge Pitillas:

«Y si acaso tu ú otro medijere

Que soy semi pagano y corta* pala,

Y que este empeno mas persona quiere », etc.

(3) Muchos criticos, entre ellos Casaubon , sosti enen que el
verso Corvos quls olim, etc, no es de Persio. Achaintre asegura
que ese verso falta en los mas antiguos manuscritos y afiade:
«Se encuentra en una edición de Persio de Britannicus (Paris,
J. Petit, 1505) está glosa interlineai: Versus hic á Fonteio, n9it
ab aliis ponitur. No habiéndose publicado las sátiras de Persio
sino después de su muerte por los cuidados de sus amigos, uno
de ellos, llamado Fonteyo, habrá incluido el verso en cuestión,
mientras que otros le habrán rechazado. E sto es lo que darla
lugar á creer la glosa que acabo de citar, que parece muy anti-
gua y tomada de manuscrito auténtico.»


pkrsio. 289


Para imitar las voces que ha negado
Natoraleza. Que por un momento
De una falaz moneda la esperanza
Brille, 7 oirás de urracas y de enervo»,
Transformados poetas, la voz rada
Sonar caal suena canto pegaseo (1).


(1) Angelo Policiano dice haber visto en un marniseli to muy
antiguo nectar eu lugar de melos , lección que ha sido adoptada
por Koenig. Sélis, siguiendo la opinion de Turnebo, altera este
Terso, fundado en la necesidad prosódica de la palabra melos.


19


SATIRA PRIMERA.


CONTEA LOS MALOS ESCRITORES (1),


— i Oh necio afán ! i oh vanidad humana!
Quién esto leerá? (2)

— Hablas conmigo?


(1) Persio ataca en está sátira á los malos escritores, critican-
do los falsos sistemas literarios de su tiempo. No olvida la parte
moral, aunque para elio se valga de ciertas expresiones y figu-
ras que no se tolerarian en nuestra época. La satira tiene la,
.forma de diálogo entre el autor y un supuesto personale; la di-
vision de ese diálogo es una de las primeras dificultades con que
«e tropieza, no estando todos los eomentadores de acuérdo en
el modo de hacerla. Nosotros en esto, corno en lo demás, no
hemos seguido una lección determinada, sino que hemos adop-
tado en cada paaaje la que no 3 ha parecido mas, probable entre
los vario8 textos que hemos tenido á la vista. A las obecurida-
-des propias del estilo del autor, hay que agregar frecuentes
alusiones á nombres propios y eostumbree poco conocidas, asi
corno citas de obras que se han peodido , todo lo cual hace mas
dificil el sentido de está sátira q«e el de las otras. Casaubon
hace notar que Persio ha comenzado corno Salomon: Vanita*
uaMitatum-, et omnia vanita». En el final indica el poeta la cla-
•ge de lectores que desea.

(2) Supónese que el poeta es interrumpido al estar declaman-
do algunos versos sobre la vanidad de las cosae humanas, enta-
blándose luogo el diálogo que forma loda la sátira.


292 sat/ricos lalinos.


— Nadie á fé mia.

— Nadie?

— Cosa es liana."
Dos 6 nadie quizás. I Hado enemigo !
— Pero Jpor qué? Tal vez Polidamante

Y las Troyanas (1) quieren á un castigo
Someterme , poniendo por delante

A Labeón? (2) jSimplezas! Si insensata
Llegas a ver la turba que inconstante

De la TIrtud el mérito maltrata ,
Nó accedas, no, ni su torcido examen
Quieras rectificar ; cauto quilata

Tu propio juicio en ti, sordo al vejamen

Y á la alabanza. Porque £quién en Roma ?

( Ah si pudiera hablar ! Mas mi dictamen

Por qué omitir? Si en derredor asoma
Tanta puerilidad , tanta miseria
Cuando el tiempo a la edad las f uerzas doma ;

Si de una corrección áspera y seria
Sentimos ya necesidad ingente,

Entónces (3) Pero Jpuedo esa materia ?

I Oh ! perdonad

—No tal.

— iQuién lo consiente?


(1) Nerón y, sub cortesanos. Por varios pasajes de las cartas
de Cicerón á Atico, parece que, aludiendo a unos versos de Ho-
mero, se ueaba de las palabras polidamante y troyanas, cuando
sedesignaba áuua persona notable, sin querer nonibrarla.

(2) De est e poeta no se sabe mas que se liamaba Accio La-
beón y que hizo una mala traducción de la Illuda, que parece
baber sido muy admirada de Nerón y sub cortesanos.

(3) Solian los padres encomendar á los tlos la educación de
aua hijos; de aqul el proverbio Ae sispatruvs mihi, usado por
fioracio. En la traducción de la frase de Persio he seguido el
sentido adoptado por Perreau.


Persio. 293


Mas ya el bazo reviéntame la risa (1).
— Verso, 6 prosa a la par grandilocuente

Nos encerramos a escribir (2) — Y a guisa

De convidado vas con nueva toga ,
Peinado , y en tu dedo se divisa

Del natal la sorti ja. Ya te ahoga
La emoción ; mas sentado en alta siila
Tu obra recfoás que el laurei se arroga,

Mientras limpias la voz con mielecilla
Que el pecho ablanda, y los ojillos mueves
Con lángida dulzura á maravilla (3).

I Como a la turba lúbrica conmueves !
I Como tti verso provocante llega,
Imprime sus imágenes aleves

Y á su torpe capricho nada niega !
jY juzgas, insensato, noble oficio
Pábulo dar a muchedumbre ciega ,

Hasta que ya apurado el artificio


(1) Era opinion comúnmente recibida entre los antiguoa que
en el bazo se hallaba el efecto de la alegria, corno consta de las
siguientes palabras de Plinio: Intemperantiam risw constare
lienis magnitudine quidam putant.

(2) Este pasaje ha dado materia a largas discusiones entre
los comentadores. Siguiendo el ejemplo de Monti, he puesto el
verso 13 en boca del interlocutor, lo que me ha parecido que
resuelve la dificultad de un modo mas naturai.

(3) M. Perreau hace sobre este pasaje las siguientes obser-
vaciones: «Los autores antiguos están lleno3 de alusiones á
estas lecturas piiblicas. La vanidad de los autores y el poco seso
de los oyentes contribuian sin duda alguna á multiplicarlas y
á hacerlas ridiculas; pero para ser justos, es preciso también
notar que en una época en que no existia la imp recita, eran un
medio de publicacion mas rapido y mas popular que los manus-
critos, que costaban muy caro, y que los pobres no podian pro-
curarse. Juvenal, que en la sátira Vii hace también la deaeri p-
ción cómica de estas lecturas, felicita á Estacio en la rnisma.
sátira y le da las gracias por haber leido al pueblo sa Tebaidaj*


294 SATIRIC08 LATINOS.


Te interrnmpes tu mismo y gritas : ; basta!
Traspasando los limites del vicio?

— i Y a qué fin el saber sus fuerzas gasta,
Si lo que se ha aprendido no revienta
Como revienta fermentada pasta ,

O cual silvestre higaera corpulenta
Que abre la tierra al arraigar?

— jPor<a§eo,
l Oh costumbres ! tu f rente macilenta
De vejez prematura en el exceso
Se inclina sin vigor? jNada es tu ciencia
Si otro no siente de tu ciencia el peso?

— Pero es bueno que noten tu presencia
Y digan : éste es ! l Tienes por nada

Que a juvenii y noble concurrencia

Dicten tus obras ?

— Ved, embriagada
De Rómulo la prole (1) entre la tiesta
Versos pretende oir alborotada.

Un quidam se levanta ; descompuesta
Cuelga del hombro la revuelta capa
De violado color (2) ; luego se apresta ,

Tras excusa nasal que se le escapa ,
A recitar con dulzarrón acento
Alguna flébil narración que atrapa

De Filis, de Hipsipile ú otras ciento (3).


(1) Se refiere á los romanos, en general.

(2) Por elegancia ó moLicie usaban los magnates en sus con-
vites, llevar vestidos de los mas vivos colores, corno violado, es-
cariata y púrpura.

(3) Filis, reina de Tracia, amante desgraciada de Demofón,
bijo de Teseo; Hipsipile, hija de Toante. rey de Lemnos, fué
aJbandonada por Jasón. Ambas historias formaban parte de loa


peesio. 295


Todos aplauden. ; Oh feliz poeta !
l~No oprime su ceniza un monumento

Ya mas ligero , ni su sombra inquieta
Con homenaje tal se satisface
Brotando de su tumba la violeta?

— Te burlas, se dira, porque te place
Tuinspiración seguir: pero £hay acaso
Quien el sufragio público rechace ,

Y no quiera por huella de su paso
Un poema dejar que alce atrevido
El vuelo hasta la curabre del Parnaso ?

— Presta , quienquier que seas , el oido ,
Ya que te finjo hablar : si por ventura,
Lo que muy rara, vez ha sucedido ,

Álgo mi genio al escribir madura
Mas regular, no creas que yo tema
La alabanza , que no es de piedra dura

Mi corazón ; mas que la ley suprema
Sea del gusto el fervido entusiasmo
Que te hace ex clamar: j belleza extrema!

Es lo que niego y negare. jEse pasmo
Comprendes lo que expresa y significa?
De Accio a la lltada (1) rindese I sarcasmo !

De eléboro aturdida ; se dedica
A los pobres versillos que indigesto


asuntos mas trillados por los poetas elegiacos, a lo cual hace
alusión Persio. Dos de las heroides de Ovidio tratan dichos
asuntos.

(1) Véase lo que queda dicho en la nota 2.*, pág. 292. Respecto
de la frase ebria veratro, Persio alude a la costumbre que tenian
los escritores antiguos de tornar eléboro para excitar la imagina-
ción, corno lo hizo Carneades cuando impugnó al estoico Zenón.
De aqul las frases helleborum Hbere, hetleborvm edere, etc.


296 SATfRICOS LáTINOS.


El prócer ha dictado, y justifica .

Guanto en hora menguada se ha compuesto
En un lecho de cidro (1). Delicado
Manjar sabes tener siempre dispnesto ;

Un manto sabes regalar usado
A tu grosero camarada , y luego
Le dices con acento resignado :

€ Cuéntame la verdad. i> j La verdad ? j Ciego !
iQué te puede decir? jSaberla quieres?
A compiacer ya voy tu humilde ruego.

En compoher versillos no te esmeres,
Que tu escaso chirumen se sofoca
En la redonda mole 6 que te adhieres (2).

; Oh Jano , a quien la espalda jamás toca
La punzante cigiiena, á quien no ofende*
Mano que finge orejas y provoca

Tu vanidad , ni lengua que desciende
Mas que de can sediento ! (3) Noble raza ,


(1) El cidro era una de las maderas mas apreciadas que lle-
yaban de Africa á Roma. Petronio dice á este propósito:

ecce Afri* eruta terris
Oitrea mensa,.,,.

(2) Entre los latinos habia este proverbio: Ventri obesitá*
non qignit ingenium. Algunos han creido ver en el pasaje de
Persio una alusión á Nerón, quien, según Suetonio, tenia el
vientre prominente, ventre prqjecto.

(3) M. Le Monnier, refiriéndose & este pasaje. dice lo si-
guiente: «On sait que Janus était representé avec deux visages.

Jam Hceps anni tacite labentis origo,
Solus de superi* qui tua terga vides.

OviD. last.y lib. I.

»Par cette apostrophe á Janus, Perse fait entendre aux poetes
romains qu'on les raillait en secret, aprés les avoir loués ouver-


Persio. 297


>


Si no ves por detrás quién te sorprende ,

Los medios de evitar la burla traza.
— jPero que dice el pueblo?

— I Quo dirla
Sino que nadie en cuanto el mundo abraza

Verso tan fácil fabricar sabria
Que una sutil su trabazón no encuentra ?
El los tiende con sabia simetrla ,

Lo mismo que el artifice concentra
De un ojo la atencion sobre la raya
Que tira diestro. En los dominios entra

De los géneros todos , todo ensaya :


tement. Il rapporte les troia gestes qui marquaient la derisioni
l.o, on faisait le bec de cigogne avec l'index et le pouce rappro-
chés; 2.*, on imitait les oreilles d'áne en placant le pouce entre
les oreilles et en remuant la main; 3.<>, on tirait la langue. Saint-
Jéróme, ecrivant á un moine, lui dit: Ne creda» laudatovibus
tuis; imo ivvisovibus aurem ne libenter accomodes, qui cúm te
adulationibus foverint, et quodammodo impotevi mentis effece-
rint: si subito respexeris, aut ciconiarum depréhendes post te'
colla curvavi; aut manu auriculas agitavi asini; aut cBStuan-
tem canis pvotendi lingurm,))

D. Francisco de Quevedo imitó este pasaje de Persio en el
siguientesoneto:

«Oh Jano, cuya espalda la cigiiena
Nunca picó, ni las orejas blancas
Mano burlona te imitó á las ancas
Que tus espaldas respetó la sena:

Ni los dedos, con luna jaramena ,
De la mujer parlaron prendas francas;
Con mirar hacia atrás las pullas mancas,
Cogote lince cubre en ti la grefta.

Quien no vi ere después de haber pasado,
Y quien después de si no deja oido,
No vi vira seguro ni enmendado.

Eumolpo, esté el cerebro prevenido
Con rostro en las ausencias desvelado,
Que avisa la cigiiena con graznido.»


298 SATIR100S LAT1NOS.


La comedia, la sátira en que el lujo
De los reyes censura ; y no desinava ;

Y siempre de la musa al alto influjo
Le inspira grandes cosas. Ved cuál llega
Tropa imberbe , que al héroe presta el flajo

De su locuela audaz, y que á la griega
Sabe dispara tar, si bien ignora
Pintar el bosque y la florida vega (1),

Y el cesto y el hogar do quieto mora
El rollizo lechón , la humosa fiesta
Que ya & Pales la gente labradora

Para solemnizar tiene dispuesta (2):
Y el origen de Remo , sin que olvide ,
Oh Cincinato, tu actitud modesta

Cuando tu esposa apresurada impide
El surco terminar, pues te ha pasado
La toga dictatoria mientras pide

Y á tu casa el lictor He va el arado (3).
i Salve mil veces, oh, salve, poeta!

Hay quien ve con piacer el libro hinchado
De la Briseida de Accio (4), que respeta


(1) Perreau es de opinion que todo este pasaje, hasta con-
citar con la alusión á Cincinato, se refiere á puntos de amplifi-
caci ón, que con las f órmulas de lugares comimes se dictaban en
las escuelas.

(2) Pales era la diosa de los pastos , cuya fiesta se celebraba
anualmente en el campo con luminarias de paja y heno , al tra-
vés de las cuales pasaban para purificarse. La fiesta tenia lugar
el 11 de las calendas de Mayo, ani versano de la fundación de
Roma.

(3) Conocido es el pasaje de Cincinato, á que se refiere aqui
Persio. (Véase á Tito Livio, III, 26.)

(4) Este Accio, á quien no bay que confundir con Accio La-
beón, de que antes se ha hablado, fué contemporáneo de Pacu-
vio. Briseida es el nombre de una tragedia suya. Entre los


Persio. 299


A Pacuvio j su Antiope granulosa (1),
*Corazón que en los lágrima* vegeta» (2).

Y cuando ves la senda tortuosa
Que padres ciegos á su tierna prole
Obligan á seguir, cuestión ociosa

No es buscar el origen de esa mole
De palabras absurdas que a la lengua
La mas profunda corrupción dejóle,

Y que alabando con furor (oh mengua!
Algun insu8tancial barbilampino

Del teatro en los bancos se deslengua? (3)


fragmentos recogidos por Robert y H. Etienne, se encuentran
los signientes versos de Accio:

JEteriiabilem partissent divitiam,
Ivdecorabiliter alieno» alunt.
Ut rorulentas terra» ferro fida* proscindani gleba*.

(1) Pacuvio, sobrino de Enio, se distinguió por el doble ta-
lento de la pintura v la poesia, y fué autor de la tragedia An-
tiope, á que nace reierencia Persio. Cree Perreau que la critica
de está no se dirige tanto a Accio y Pacuvio, muy recomenda-
bles para el tiempo en que vivieron, cuanto á los contemporá-
neos del satirico latino, que afectaban la mania de imitar el
lengua j e y estilo de los antiguos, cuando tenian á la vista mo-
delos corno Horacio y Virgilio. A corroborar está opinion con-
curren las siguientes palabras de Cicerón, en su tratado De JFi-
nibiis, lib. I, I. jQuis Enni Medeam et Pacuvii Antiopam con-
temnat et rejiciat? Sin embargo, Marciai no se andacon rodeos
al hablar de estos autores , segun se ve en ei siguiente verso,
epigrama 19, lib. xi :

Accius et quidquid Pacuviutqve vomunt.

(2) Algunos han dudado que este verso fuese de Pacuvio, y
suponen que Persio lo fingió, ridiculizando su estilo. Está opi-
nion, sin embargo, no aparece suficientemente f undada.

(3) La palabra trossulus, de que se vale Persio, fué aplicada
originariamente a los caballeros romanos que tomaron por
asalto la ciudad de Trossulum; después se la restringió a los jó-
venes petulantes de está orden. Cluverio pretende que la anti-
prua Trossulum es la ciudad conocida hoy con el nombre de
Montefiascone.


**.


300 satibicos latinos.


jNo te avergiienza acaso, corno un nifio ,
Si al ancia no defiendes, sobre todo,
De un elogio buscar el torpe alino?

«Eres, Pedio, un ladroni» (1). Y jde que" modo
Contesta Pedio? Antitesis limada,
Figura docta , musical periodo.

Y «esto es muy bello», grita entusiasmada
La imbécil multitud. jConque es muy bello?
iDescendencia del héroe degradada! (2)

lUn náufrago infelice, dudas de elio ,
Puede moverme con melifluo canto
Y hacerme darle un as? Cantas , y al cuello

Llevas el cuadro que me inspira espanto? (3)
La verdad , nada mas , nos enternece ;
"No de una noche el preparado llanto (4).

— Mas la antigua rudeza.seennoblece
Con nueva gracia y elegante giro.
— El final de este verso lo encarece :


(1) Supónese que éste es Bleso Pedio, que en tiempo de Ne-
rón f ué acusado por los habitantes de Cirene , de haber robado
el tesoro de Esculapio. (Véase á Tácito, Ann., lib. XIV, capi-
talo XVIII.)

(2) Sobre la palabra usada por Persio , dice lo siguiente Ste-
llati : « Cenere, est clunes movere, ut in canibus videre est, qui
elune» agitando blandiuntur, voce da non esporsi con altra
chiarezza per esser poco onesta.»

(3) Alusión á la costumbre de llevar los que habian sufrido
naufragio, un cuadro que representaba su degracia, para im-

Slorar de este modo la piedad pública. Bajo el punto de vista
terario, es una reminiscencia de Horacio. Arte poética, verso 20.

(4) Imitación de la conocida sentencia de Horacio, Arte
poética) verso 101 :

Si vis me fiere, dolendum est
Primum ipsi Ubi; tunc tua me infortunio, Icedent.


PERSIO. 301


Atis el berecintio (\\jEl zqfiro
Liquido que el del/in raudo surcaba (2),

Y La larga costi Ila que de un tiro

Al Apenino nuestro brázo hurtaba (3).
— Por ventura no encuentras ampuloso

Y de corteza por extremo brava


(1) Monti observa con razón que todos los comentadores es-
tán de acuerdo en deci r que es vicioso este fin de verso, aunque
ninguno diga en qué consista el vicio. Le Monnier afirma que
el defecto está en que se ve una palabra grande seguida de una
pequefia; pero el mismo Monti observa que con está regia peca-
rlan del mismo defecto Berecynthia mater, Berecyntia mag-
nvm y otras cláusulas de Virgilio, siendo de advertir que el
mismo Persio tiene estos finales semejantes: impalletcére oliar-
tis, purgatissima mittunt , etc, Otros han creido que el defecto
consistia en hacer rimar Attin y Delphin, lo que no podria ha-
cerse notar en una traducción castellana; pero á esto opone
tres observaciones Perreau, que en nuestro concepto destruyen
semejante suposición: 1 .*, estos descuidos de versificación no
pueden considerarse corno faltas graves, cuando se ve que los
nan cometido los mejores escritores, inclusive el mismo Virgi-
lio; 2.*, nada prueba que en la pieza de donde Persio ha tornado
los fragmentos que cita, las ri mas fuesen continuas. y por úl-
timo, muchos manuscritos llevan Attis en lugar de Attm. Por
lo demás, parece f uera de duda que este fragmento, lo mismo
que los que siguen, están tomados de un poema de Nerón inti-
tulado: Atti y la Bacante. En cuanto á la fábula de Attis, para
no hacer demasiado larga la presente nota, nos limitamos 4
citar las siguientes palabras de Koening: Attin postar Pkry-
gius á (Jyhele amatiti, cuius fabula obscura est et magna narra-
tionis varietate implicita. Nomcn ipsum varie scriptura exlii-
betur.

(2) El defecto de este verso y del que sigue está puesto en
la hinchazón y lo atrevido de la metafora, no siendo posible,
por otra parte, corno observa Stelluti, encontrarles sentido al-
guno, al ser citados aisladamente.

(3) Courtaud Divernéresse considera este verso corno una
torpe imitación de este bello pasaje de Ovidio:

Ntc brachia lo#go
Margina terrarum porrexentt Amphitrite,


302 SATIRIC08 LAT1NOS.


Las armas y el varón? (1)

— Como el afioso
Alcornoque, cuyo árido ramaje
Maestra del tiempo el paso desastroso.

iNo quieres que te ofrezca de linaje
Tierno al exceso versos que se lean
Con sumisa cerviz? Oye un pasaje (2) :

Ya las bacantes ebrias clamorean
Su voz limando la trompeta ronca;
Los ojos de la Ménade chispean :

Del soberbio becerro ya destronca
La cabeza; con yedras al lince ata;
Y Eco su grito reproduce bronca (8).

jDesbord arase asi tal catarata
De desatinos si el viril alieato
Del padre fuera con su prole ingrata?

Desnuda de vigor y de ardimiento
Nace esa musa y en el labio expira,
En donde vagan faltos de alimento

Atis y la Bacante (4) , que esa lira


(1) Está cita es hecha por el interlocutor con objeto de ta-
ehar de ampuloso el principio de la Eni'ida

(2) Parece que estos versos están tomados de alguna pieza
sopre la muerte de Penteo, rey de Tebas, quien habia despre-
ciado el culto de Baco; éste, para vengarse, turbó 1* razón de
•us tlas , las cuales , tornando por becerro al desgraciado prin-
cipe, se,arrojaron sobre él y le cortaron la cabeza.

(3) A este pasaje se refiere D. José Gerardo de Hervᣠem
lofi siguientcs versos de su citada satira:

*

«Persio á todo un Nerón tiró booados,
Y 8us conceptos saca á la verguenza.,
Á ser eacarnecidos y afrentados.»

(4) Este es uno de los pasajes en cuya interpretación se han
dividkio mas los comentadores. ( Véase sobre esto las extensat
zrotas de Koenig y Perreau.)


PERSIO, 303


Ni rompe con su peso el escritorio
Ni de las alias al morder se inspira.

— Mas jqué te importa el yicio hacer notorio

Y ofender imprudente las orejas
Delicadas de frivolo auditorio?

Que euando asi te burlas y aconsejas,
Al perro excitas (1) que irritado ladra

Y del palacio espléndido te alejas.

— Pero todo está bien ; nada taladra
De pena el corazén ; absorto y ledo
Todo lo miro bianco. jAai te cuadra?

Dices: cAqui las inmundicias vedo.»
Pinta, pues, dos culebras y «Es sagrado
Este lugar ; no entréis» (2). Ya retrocedo.


(1) Por litera canina se ha entendido la r, q%e domina en
el grunido del peno. La metáfora es indudablemente atrevida,
y á este proposito dice Selis: Ilfaut avouerque Perse qui avoit
prU Horacepour modéle, aurait de imiter plus sourent le na-
turel de cepoéte aitnable.

Elsiguiente soneto de Que vedo es unaimitación de este pasaje:

«Raer tiernas orejas con verdades
Mordaces ;oh Licino! no es seguro;
Si desengafias, vivirás obscuro,
Y escándalo seras de las ciudades.

No las hagas, ni enojes las maldades,
Ui mormures la dicha del perjuro,
Qae st gobierna y duerme Polinuro,
Su error castigarán las tempestades.

El que piadoso desengana amigos,
Tiene mayor peli gró en su consejo
Que en su venganza el que agravió enemigos.

Por esto a la maldad y al inalo dejo,
Vivamos, sin ser compii ces, testigos;
Advierta al mundo nuero el mundo viejo.l

(2) La serpiente entre los romanos y los etruscos era par-
ticularmente considerada corno emblema de la santidad; d*
•qui la costumbre á que alude Persio . de pi n tarla en aquellos
kigares que se queria conservar limpio* de toda inmundicia.


304 SATIRICO» LATIN08.


Lucilio la ciudad ha destrozado (1) ,

Y á Lupo corno á Mucio no perdona
Quedando á fuerza de morder cansado ;

Los amigos se rien, y pregona
Sus vicios todos el astuto Horacio (2);
Burla sutil su intimidad sazona

En medio de la plaza 6 el palacio;
jY no podré chistar una palabra
De un hoyo a solas en el corto espacio?

— iOh , no por ciertol

— El labio deja que abra.

Y tu, librillo, la yerdad entierra:

Midas el rey (3), honda emoción me labra,

Tiene orejas de asno, jqué te aterra?
Yo , yo mismo lo vi ; y por la Iliada
No cambio el gozo que está risa encierra.
iOh vosotros, cuya alma es inspirada
Por el ingenio del audaz Cratino (4) :
Que de Éupolis (5) k voz sentis airada


(1) Lucilio fué el primer poeta que culti vara en Roma la
sátira ; nació la vispera de la toma de Cartago, y fué contem-
poráneo del segundo Africano. De est e poeta sólo se conservali
fragmentos.

(2) Selis observa que la frase tuspendere nato es tomada
del mismo Horacio, a quien la aplica rersio.

(3) Conocida es la fábula del rey Midas. Cornuto , amigo de
Persio, susti tuyó á las palabras Jkfida ree estas otras, qui* non,
para no provocar la colera vengati va de Nerón. No es n ecesari o
anadir que si la sustitución de Cornuto fué muy prudente, ca-
rece de toda sai.

(4) Cratino, poeta cómico griego muy dado al vino, <jue fué
el primer actor de la fábula satliica en las fi estas dionisiaa de
Atenas.

(5) Éupolis, poeta griego también , que escribió en el mismo
estilo que el anterior. Compuso diez y siete comedias, y murió
en la guerra naval entre los Lacedemonioi y los Atenienses; sm


PERSIO. 305


s

t


Y del anciano aquel grande y divino (1),
Mirad aqni ; tal vez algo valioso
Halléis también. El depurado tino

De un lector busco serio y estudioso;
No qulero al miserable qae se mofa
De la sandalia griega (2) ; al que chistoso

Halla si a un tuerto, tuerto le apostrofa;
Al edil que en Arezzo destruyera
Falsa hemina y se juzga hombre de estofa (3) ;

Al que objeto de risa considera
El c&lculo en la tabla y la figura
En la arena trazada (4); al que se altera

De gozo al ver que cortesana impura
Del cinico la barba, osada tira (5) :
A e sto s en la manana doy la usura ;
Caliroe en la tarde los inspira (6).


muerte causó tal impresión en Átenas, que se dio un edicto
prohibiendo que los poetas fuesen á la guerra.

(1) Aristófanes, célébre poeta ateniense, que atacó a Sócra-
tes en su comedia intitulada Las Nube*. Bueno es advertir que
estos ataques no influyeron en la condenación del filósofo, la
cual no tuvo lugar sino veintitrés aflos después.

(2) Persio se refiere al vestido descuidado de los filósofos
griegos, que excitaba la burla insustancial de la gente frivola.

(3) Arezzo, pequena ciudad de Toscana. El edil era el úl-
timo de los funcionarios públicos.

(4) Perifrasis para designar la aritmética y la geometria. El
abaco era una tabla cubierta de un polvo preparado al efecto,
donde se trazaban, corno en las modernas pizarras, los números
y las figuras geométricas.

(5) Álúdese á las meretrices de infima clase, Uamadas no-
naria, porque salian a lo hora nona, es decir, hacia las tres de
la tarde. Casaubón pretende que Persio no se refiere a los filó-
sofos cinicos en general, sino á un estoico de su tiempo, llamado
Demetrio Cinico, que adquirió cierta celebridad.

(6) Caliroe, nombrede una cortesana de la época de Persio.
Perreau conjeturaque puede también designar alguna pieza de
teatro ó alguna poesia de aquel tiempo.

20


1


SATIRA SEGUNDA.


DE LA INTENCIÓN SANA (1).


Con bianca pedrezuela marca el dia
Que el curso de los afios, oh Macrino,
Bisuefio siempre al revolver te envia (2).


(1) El argumento de está sátira no podia ser mas elevado;
trata del extravio del principio religioso en su base fondamen-
ta!, en los votos que el hombre dirige á la divinidad, deseando
obtener, no la virtud, ni los medios necesarios para su conser-
vación, sino los bienes-materiales. que alcanzados una vez, sue-
len cambiarse en semillero de desgracias. Juvenal trató des-
pués el mismo argumento en su sátira x. Platon, en El Segundo
Alcibiade*, condena la superstición que lleva al hombre á pe-
dir al cielo únicamente aquello que puede satisfacer sus pasio-
nes, j da la siguiente fórmula de oración: «Gran Dios, concé-
denos los bienes que nos son necesarios, sea que os los pidamos
ó que no os los pidamos; y alejad de nosotros los males, aun
cuando os los pidamos.» Sublime es por cierto esa fórmula; pero
no puede negarse la inmensa superioridad de la oración domi-
nical formulada en el Evangelio.

(2) Se refiere al dia natal de Macrino, á quien dirige está sá-
tira corno un presente. Plocio Macrino f ué un hombre muy ins-
truido, condiscipulo de Persio, á quien óste amó tiernamente.
Los antiguos tenian la costumbre de marcar con piedras blan-
cas los dias f elices , j con negras los desgraciados. Plinio dice
que los Tracios fueron los primeros que practicaron está cos-
tumbre. .


308 SAT1RICOS LAT1NOS.


De tu genio en honor deEraina el vino (1).
Tu no pretendes con impuro voto ,
Comprar corno otros el favor divino.

Callado el prócer llégase y devoto
Su incienso ofrece. Fuera empresa vana
De humildes preces el murmullo ignoto

De los tempi os quitar , y alzar ufana
.Ante el mundo la voz. Asi discreto,
El honor , la virtud , la intención sana

Pide para que se oiga, y en secreto
La misma lengua sin pudor murmura :
3>iOh, si á mi tlo en fúnebre respeto

Pudiera abrir soberbia sepulturaU
«jOh, si Hercules propicio dispusiera
Qucmi rastro tocara por ventura » >

En oculto tesoro!» (2) a; Oh, si pudiera
De la lista borrar de los vivientes
- A ese pupilo cuya herencia entera

Obtendré ; pues de llagas pestilentes
Cubierto, ya la bilis le sofoca!»
«jNerio feliz, que en lágrimas dolientes

Bafia el lecho mortuorio do coloca


(1) Creian los Romanos qne cada hombre tenia un genio 6
demonio particular que le acompanaba desde su nacimiento, y
yelaba en su conservación. De aqui las expresiones latinas in-
dulgere genio, defraudare genuini, belli gei are cum genio, etc;
de aqui también la costumbre de derramar vino en todos lo»
convites, en honor de su buen genio, á la que alude Persio, y
sobrela cual pueden citarse multitud de pasajes de los autore
antiguos.

(2) Se adoraba á Hercules, conio al dios que hac/a hallar los
tesoros ocultos. El originai de la oración que pone aqui Persio,
se halla en Horacio, Sat., lib. ir, sat. 6, verso 10:

si umani argenti fors qua miái rnonstret


PERSIO. 309


A su tercera esposa I j> (1) Y vas corriendo
A hacer santas las preces de tu boca,

En las agaas del Tiber sumergiendo
Tres veces de mattana la cabeza,
Parificar la noche asi creyendo (2).


(1) Créese generalmente que este nombre de Nerio no se re-
fiere á ningdn persona] e real, sino figuradamente al avaro que
se ha enriquecido con las dotes de tres mujeres. I

Entre los versos de D. Francisco de Quevedo se encuentra el
siguiente soneto;

«Con macho incienso y grande of renda, joh Licas!
Cogiendo á Dios á solas, entre dientes
Los ruegos, que recatas de las gentes,
Sin voz á sus orejas comunicata.

Las hoxas pides prósperas y ricas, ,

Y que para heredar a tua parientes,
Fiebres reparta el cielo pestilente»,

Y de ruinas f raternas te fabricas.
jOh grande horror I Pues cuando de ejemplares

Rayos a Dios armó la culpa, el vicio,
Vlctimas le templaron los pesares.

Y hoy le ofenaen ansi, no ya propicio,
Que vueltos sacri legios los altares }
Arma su diestra el mesmo sacrificio.»

Este soneto va acompanado de la siguiente nota de D. José
Antonio González de Silva:

« Discurri endo con D. Francisco en la sátira x de Juvenal,
y il de Persio, donde se abomina la perversidad de los votos hu-
manos, me reflrió los cuartctos de este soneto, pidiéndomele
afiadiera los tercetos, al proposito de lo que yo habia discu-
rrido »

«Resulta, pues (aSade D. Florencio Janer, en la colección
de las poesias de Quevedo, Biblioteca de los Autore* EspaHoles,
tomo lxix), que este soneto es obra de dos ingenios. No todas
las ediciones antiguas publican está nota, ni otras curiosas no-
tas que dio á luz la de iM adrid de 1648.»

(2) El uso de las abluciones era común entre los antiguos,
dinriendo sólo en la forma de practicarlas. Selis atribuye el
origen de está costumbre á que la idolatria nació en paises ca-
lientes; opinion qne no nos parece bastante fundada. E 1 empieo
•del agua en el bautismo es un resto de está ceremonia venida
-del Oriente.


310 SATfRICOS LAT1NOS.


Pero ; yaiuos 1 responde con f ranqueza,
Que averiguar bien poco es lo que quiero ;
De Júpiter iqué opinas? iNo es simpleza

Acaso preferirle?...., — lA quién? — E m pero

A Estayo, por ejemplo (1) — iQué! jVacila

Tu razón sin saber quién mas severo

Juez sera de los dos, ni quién vigila
Al huérfano mejor? Pues bien, ofrece
A Estayo la plegaria que horripila

Las orejas de Jove. Mas le empece ,
Y ;oh, Júpiter, buen Jupiter! exelama.
Jove asl no se invoca? (2) Te parece


(1) Casaubón opina que este Estayo es un juez prevaricador
de quien habla Cicerón en varios pasajes. Perreau observa, sin
embargo, que el persona] e de que habla Cicerón es C. Stalcfius
ó Stawnus, mientras que en todos los manuscritos y en todas-
las ediciones de Persio se lee Status. Además, entre Cicerón y
Persio hay un sigio de intervalo.

(2) Perreau encuentra este rasgo «grande, atrevido y subli-
me», y le compara con estas palabras del Génesi*, cap. xxn
verso 16: Per memet ipsumjuravi dicit Dominus.

Que vedo trae el siguiente soneto:

«jOh! fallezcan los blancos, los postreros
Anos de Olito, y ya que eiercitado
Corvo se luzga el diente del arado,
Brote el surco tesoros y dineros.

Los que me apresuré por herederos,
Parto á mi sucesión anticipado,
Por deuda de la muerte y del pasado,
Cóbrenlos ya los anos mas severos.

jPor quién tienes á Dios? jDe esa manera
Previenes el postrero parasismo?
lL Dios pides insultos, alma fiera?

Pues siendo Estayo de maldad abismo,
Clamara á Dios, job Clito! si te oyera;
Y no temes que Dios dame á si mismo?»

«Este soneto, observa el fino amigo y colector de las poesias
de Quevedo, González de Salas (Madrid, 1648, pág 87», es imi-
tado de Persio en la sátira IT, y ansi de sentencia dificuitosa; y


PERSIO. 311


Que te perdona cuando el rayo inflama,
Y en vez de ti y tu casa en la alta encina
Va a desprenderse la sulfúrea llama? (1)

jPorque en un bosque sacro no confina
Tu cadáver vitando y triste Ergena
Con las fibras de oyejas (2), se imagina


aunque se ayudó en algunas partes para su inteligencia, no
basta sin alguna declaración. Representa los injustos votos y
pretenslones que se suelen pedir á Dios. Estos se contienen en
los cuartetos, en persona de Olito. Luego, en el postrero terceto,
hace este argomento: «Stavo, perversisimo liombre, si oyera
)>iguales peticiones, exclamara a Dios: Sefior, jeémo lo snfres?
»No, pues, podrá el mesmo Dios dejar de exclamar a- si propio,
))siendo la stima bondad.»

El Sr. Janer remite luego al leetor a la sátira de Persio, y
cita el pasaie que comienza: Hcec éancte ut poscas, etc., basta
an scihcet heres?

(1) El rayo y el azufre eran puestos por los Eomanos entre
las cosas sagradas.

(2) Los antiguos pretendian leer en el porvenir en las fibras
ó intestinos de las victimas que inmolaban. El lugar en que
caia un rayo se purificaba inmolando una oveja de dos anos,
bidens, de donde vino bidental, aplicado al lugar. Ergena es el
nombre toscano con que se designaba al arúspice.

Este pasaje, sobre cuya energia es inútil Damar la atención
del leetor, fué traducido por D. Francisco de Quevedo en el si-
guiente soneto:

«Porque el azufre sacro no te queme,
Y toque el robre sin haber pecado,
l Sera razón que digas , obstinado,
Cuando Jove te sufre, que te teme ?

;Que tu boca sacrilega blasfeme,
Porque no eres bidental evitado,
Que en lugar de enmendarte perdonado ,
Tu obstinación contra el perdón se extreme?

I Por eso Jove te dará algún dia
La barba tonta y las dormidas cejas,
Para que las repele tu osadia?

A Dios con qué le compras las orejas?
Que parece asquerosa mercancia,
Intestinos de toros y de ovejas.))

Algunos suponen que Persio hace aqui alusión á Dionisio, el
tirano que mandó quitar la barba de oro á una estatua de Es-


ái 2 SATIRIGOS LATIN08.

Tu impiedad que sus tiros encadena
Júpiter , y su barba puede aoaso
E stolida tirar de miedo ajena?

iQué sacrificio de valor no escaso
El favor de los dioses te conquista?
jEs un pulmón , un intestino graso?

Yed á la abuela 6 tia á quien contrista
El temor de los dioses (1) ; de la cuna
Ya saca al nino, el dedo infame alieta (2)

Con la lustrai saliva y oportuna
Purifica los labios y la frente,
Pues sabe del mal de ojo la fortuna

Conjurar desgraciada (3). Diligente


culapio, riéndose, y diciendo que no convenia que el hijo tu-
viera barba mientras que el padre carecia de ella, pu«s los pin-
tores y poetas representaban á Apolo tampino.

(1) Está ceremonia tenia lugar el noveno dia para los varo-
nes y el octavo para las hembras, despuésdei parto de la madre;
su objeto era purificar al recién nacido. Con relación á está cos-
tumbre, Selis cita el siguiente curioso pasaje de Tertuliano en
sii Tratado del Alma: «j Qué hombre se escapara de las redes
del espiri tu de tinieblas, cuando le invitais al mismo parto por
mil prácticas supersticiosas? Si, es la idolatria la que asiste a
vuestras mujeres; es la idolatria la que nos recibe en sus brazos
en el momento en que entramos á la vida. jNo es consagrar un
hijo al servicio del demonio, adornar el seno de la madre de
f ajas trabajadas en los templos, implorar á grito herido á Lu-
cina y Diana, aderezar una mesa á Juno durante ocho dias, pro-
curar adivinar por no sé qué arte la suerte futura del infortu-
nado que acaba de nacer?»

(2) Sobre estadenominación, extrana á primera vista, dice
Monti : «Il dito medio, detto anche verpus da verpa, hoc est men-
tititi. Dopo questa bella erudizione, il perché gli sia venuto il
nome d'infame sará onesto il tacerlo.»

(3) Selis traduce literalmente las palabras de Eilhard Lu-
b(n, comentador de Persio, sobre este pasaje en los siguientes
términos: Il est prouvé que les regards des sorciers sont mal-
fai sans, a lo que anade luego Sélis por via de reflexión: Les au~
teurs du Moreri assurent qu'Éilhard Lnbln était un grand
philosophe.


PERSIO. 313


Le sacude en segaida con la mano,

Y esa esperanza apenas incipiente ,
Penetrando del tiempo el hondo arcano,

A los dominios de Licinio (1) lleva

O al palacio de Craso (2). jVoto insano!

|Que á buscarle por yerno un rey se atreva!
iQue roben las doncellas sus caricias,

Y broten rosas do su pianta mueva!
De la nodriza esquivo esas primicias,

Y aunque con bianca túnica (3), le niega
Tus miradas, job Júpiter! propici as.


(1) Licinio, liberto de Augusto, que adquirió grandes bienes.
Después de muerto, se le erigió una magnifica tomba de mar-
mo l; esto inspiró á Varrón el siguiente epi grama:

Marmoreo Licinus tumulo jacet; at Cato parvo,
Pompeim nullo: qui* putet esse deos?

(2) Parece que el personale á quien se refiere Persio es el
orador L. Creso, inmensamente rico, de quien nabla Plinio en
el lib. xvn, i.

(3) Persio se burla aqui de la creencia común entre los Ro-
manos de ser el color bianco particolarmente acepto á la di vi-
ni dad. Cicerón dice sobre esto en el lib. il, De JLeg.: Color al-